08/02/10

La relación de la capacidad visual del toro con su comportamiento en un encierro

Foto: Gorka Azpilicueta & Arsenio Ramírez ... Fuente: “porlasrutasdeltoro.com ...


El comportamiento del toro es un fenómeno complejo en el que intervienen todos sus elementos anatómicos y fisiológicos que están en conexión con el medio ambiente, siendo la visión uno de los más determinantes. Por ello, es fundamental conocer algunas de las características básicas de la capacidad visual que posee el toro para poder comprender mejor su comportamiento durante el encierro.


... I.- Capacidad visual del toro

... ..... 1) Campo visual

El toro, como herbívoro que es, tiene miedo a sus predadores, lo que le lleva a permanecer vigilante continuamente para poder huir de cualquier amenaza de ataque. Por ello, a lo largo de millones de años ha seguido una evolución anatómica que, entre otros detalles, le ha llevado a tener situados los ojos en una posición lateral de la cabeza, con lo que dispone de un amplio campo visual panorámico, que viene a ser de unos 300º aproximadamente y en el que sólo queda excluida la sección que ocultan sus cuartos traseros. De esa forma puede controlar su entorno mientras realiza todas sus actividades de conducta habituales.

Los ojos del toro están separados por el hueso frontal, cuya anchura viene a ser de unos 30 centímetros. Si bien esa disposición le otorga unos amplios campos de visión lateral con cada uno de sus ojos (visión monocular), por el contrario le provoca que al frente tenga un menor campo de convergencia ocular o, lo que es lo mismo, de visión con los dos ojos (visión binocular).

Como únicamente se obtienen imágenes tridimensionales cuando se mira con los dos ojos, el toro sólo dispone de ese reducido campo de visión binocular para lograrlas y, así, poder realizar un perfecto cálculo de la distancia real a la que se encuentra un elemento extraño. Por ello mismo, no resulta tan precisa la información que obtiene cuando capta la imagen de ese elemento extraño dentro del campo de visión monocular, lo que le provoca una gran desconfianza. Del mismo modo, el toro siente una gran desconfianza o temor cuando es consciente, aunque no lo pueda ver, que un elemento extraño se encuentra en la zona ciega situada tras sus cuartos traseros.


Por otro lado, esa disposición lateral de los ojos con el hueso frontal de por medio conlleva otra contrariedad para el toro: que tiene un espacio de visión nula delante de su cara cuando mira al frente en busca de obtener una visión con los dos ojos. Ese espacio de visión nula tiene forma de un triángulo isósceles, cuya base es la hipotética recta que hay de ojo a ojo, y sus lados son sendas líneas que van desde cada uno de los ojos hasta el punto de convergencia que le permite el hueso frontal y el tabique nasal. La distancia media a la que se encuentra ese vértice del triángulo de visión nula es de un metro, aproximadamente. Es decir: el toro no ve absolutamente nada en un área frontal triangular que tiene su vértice a un metro de la frente; y, además, a ese área de visión nula hay que adicionarle otra zona de visión difusa, también triangular y cuyo vértice se aleja del anterior hasta el punto donde, además de poder ver, cada animal en particular logra un enfoque nítido de la imagen.

Campo visual del toro. En gris: visión nula. En verde claro: visión binocular. Resto: visión monocular


Ese logro evolutivo de tener una amplia visión panorámica se complementa con una característica del ojo: que sus pupilas son horizontales. Con ello puede percibir mejor las líneas verticales que las horizontales, lo que le permite pastorear al mismo tiempo que vigila todo el entorno que capta con su visión panorámica. El inconveniente que conlleva esa circunstancia es que no le permite la visualización de objetos muy cercanos ubicados por encima de la línea de su cabeza. Salvo que éstos se muevan.

Ese cúmulo de características adaptadas para poder ver en las grandes distancias y captar movimientos acarrea que, en cambio, tengan dificultades para enfocar la vista rápidamente en los objetos cercanos, debido a que sus músculos oculares son débiles, lo que explica los fuertes sobresaltos que sufren cuando algo se mueve repentinamente cerca de ellos.

Otro detalle más es que es muy sensible a los contrastes de luz y de sombra, por lo que tiene una gran tendencia a moverse desde las zonas de escasa iluminación hacia otras mejor iluminadas, pero nunca se acercará a una luz cegadora.


... ..... 2) Discriminación de colores


La luz es la parte de la energía radiante electromagnética capaz de sensibilizar el ojo produciendo el mecanismo de la visión. Su longitud de onda está comprendida entre 380 nm y 780 nm. Esa energía es captada en la retina por unas células que, a su vez, se encargan de transformarla en impulsos eléctricos para transmitirlos por medio del nervio óptico hasta el cerebro, que es donde se obtiene la sensación del color.

En la retina hay dos tipos de células especializadas en recibir esa energía: los conos y los bastones. Los conos actúan con luz intensa, ofreciendo una buena resolución de imagen y permitiendo la visión de los colores. Por el contrario, los bastones funcionan con poca luz, permitiendo ver en condiciones de penumbra, pero sin ofrecer ni una buena resolución ni información de los colores.

Para obtener la percepción del color, los conos poseen unos pigmentos que son sensibles selectivamente a cada una de las diferentes longitudes de onda que tiene cada color primario: uno para las longitudes de onda largas (luz roja), otro que es sensible a las longitudes de onda media (luz verde) y un tercero con mayor sensibilidad a las longitudes de onda cortas (luz azul). De la mezcla de varias de ellas resultan las distintas gamas de colores, y con la superposición de todas juntas se obtiene el blanco.

Pues bien, dependiendo del número de conos con pigmentación diferente que tenga una especie animal, su visión se clasifica en:

-Monocromática: los que sólo tienen un tipo de cono (los mapaches y las salamandras, por ejemplo).
-Dicromática: los que tienen dos tipos de conos (la inmensa mayoría de los animales, entre ellos el toro).
-Tricromática: los que tienen tres tipos de conos (el hombre y los primates).
-Tetracromática: los que poseen cuatro a más conos, por lo que pueden captar incluso la radiación ultravioleta (aves, reptiles y peces).


Refiriéndonos a los bóvidos y más concretamente al toro, es aquí donde surge uno de los debates más típicos: ¿El toro capta el color rojo? Y, en caso afirmativo: ¿El toro siente un especial estímulo para embestir a objetos de color rojo?

Habiéndose superado teorías antiguas que defendían que el toro no distinguía tan siquiera los colores y que su visión era en blanco y negro, o sólo con distintas tonalidades de grises; actualmente todos los investigadores ya mantienen que el toro tiene una visión en la que capta los colores, pero que sólo es dicromática. Es decir que sólo tiene dos tipos de conos y que, por lo tanto, no es capaz de captar uno de los tres colores básicos (que recordemos son el rojo, el verde y el azul).

¡Sí! ¿Pero cuál de ellos?

La teoría más generalizada, o más clásica, indica que el toro tiene una visión dicromática con conos que son más sensibles a la luz amarillenta-verde (552 a 55 nm) y a la azul-purpúrea (444 a 445 nm). Ello conllevaría que no posee conos con una pigmentación que le permita captar las longitudes de onda más largas y que, por lo tanto, no puede distinguir el color rojo. Así, en base a ello, los defensores de esta teoría mantienen que en el movimiento de los objetos es donde encuentra el toro el mayor estímulo para embestir, independientemente del color de esos objetos, y que no hay argumento posible para mantener que el toro embiste al color rojo.


En cambio, C.J.C. Phillips y C.A. Lomas, tras un estudio realizado en el año 2001 con novillas de raza frisona, llegan a la conclusión de que el ganado vacuno es capaz de distinguir la luz de onda larga (luz roja) de la luz de onda media o corta (luz verde o azul). Y que, sin embargo, comparado con los humanos, el ganado vacuno muestra una muy limitada capacidad para diferenciar la luz de media longitud de onda de la de corta longitud, es decir, luz verde de la azul.

Por otra parte, J.A. Riol, J.M. Sánchez, V.G. Eguren y V.R. Gaudioso realizaron en 1989 un experimento con pruebas de comportamiento operante (el animal opera-actúa sobre el medio para obtener una recompensa) con un grupo de novillas de raza de lidia criadas en estabulación desde los 2 meses de edad. Se evaluó la capacidad de los animales para distinguir siete colores del espectro visible (violeta, azul, verde azulado, verde amarillento, amarillo, naranja y rojo) respecto a muestras de gris con una luminosidad equivalente. Los animales fueron sometidos a 80 ensayos de diferenciación entre cada color y su correspondiente gris. A partir de los resultados obtenidos en los ensayo del 61 al 80, con un muy alto porcentaje de aciertos, concluyen que el toro de lidia ve perfectamente los colores con una longitud de onda entre 550 nm y 700 nm (verde amarillento, amarillo, naranja y rojo), pero tienen dificultades entre 400 nm y 500 nm (violeta, azul y verde azulado), pues no se alcanzó un nivel significante de aciertos en esos ensayos.

Resultados similares han obtenido los polacos B. Dabrowska, W. Harmata, Z. Lenkiewicz, Z. Schiffer, R. J. Wojtusiak.


Así, según esta otra línea de investigadores, habría que decir que la atención que el toro pueda mostrar durante un festejo a un determinado estímulo no tiene porqué deberse exclusivamente al movimiento de éste, sino que también puede venir motivada por su color. Y que el toro podría acometer con mayor ímpetu contra estímulos de color rojo, naranja o amarillo, que favorecen dicha reacción, frente a otros estímulos de color verde, azul o violeta.

Como último apunte a esta sección, cabe señalar que una visión dicromática, como la del toro, puede servir para tener una mejor visión nocturna y para detectar mejor los movimientos.


... II.- Zona de fuga

Se han podido corroborar a través de trabajos etológicos que técnicas que se vienen usando tradicionalmente para el manejo de animales herbívoros que viven en manada está relacionadas con principios básicos de comportamiento de este tipo de animales en los que la visión juega un papel importante.

Toda persona que quiera acercarse a un toro, o a un grupo compacto de ellos, debería conocer las reacciones que puede tener ese animal o ese grupo dependiendo del lugar en que se sitúe dicha persona.

Así, ya vimos al tratar la sección del campo visual que el toro tiene una visión periférica de unos 300º y que sólo detrás de él tiene una zona ciega en la que no es aconsejable situarse para no generarle intranquilidad.

Al margen de esa concreta posición, está comprobado que el punto concreto de la cruz del toro actúa de eje determinante en su comportamiento respecto a una persona que se sitúe junto a él. Un toro se moverá hacia delante si una persona se ubica por detrás de la línea de su cruz; y, al contrario, el animal retrocederá si la persona se coloca delante de ese eje.

Estos dos apuntes quedan comprendidos dentro de un principio de comportamiento más amplio que es conocido como la zona de fuga (que en el caso del toro también puede ser de embestida, lógicamente, aunque seguiré denominándola con el nombre genérico de “fuga”).

Figura de la zona de fuga


Directamente relacionado con su campo de visión, el toro tiene un área o espacio que considera propio y cuya amplitud dependerá del lugar donde se encuentre, de su grado de bravura o mansedumbre, del nivel de excitación o de calma, de quien se acerque, de la forma de acercarse a ese área, etc. Así, un caballo muy manso no tiene zona de fuga y cualquier persona puede acercarse, tocarlo y no se alejará.

En la figura anterior se ha dibujado alrededor del toro un círculo representativo de lo que podría ser su zona de fuga, y dos posiciones factibles para señalar las reacciones que se pueden producir en el animal. Si una persona se mueve fuera de la zona de fuga, posición “0”, el animal permanece parado o se detiene, si es que se le estaba moviendo. Si una persona entra dentro de la zona de fuga, el animal se moverá. Se ha señalado como posición “1” un lugar situado detrás del punto de balance, lo que implicaría que, si alguien se sitúa ahí, el animal se movería hacia delante. Lógicamente, una hipotética situación que se marcase con el número “2” y que estuviese delante del punto de balance implicaría que el animal retrocedería.

De todos los animales que observan este principio de la zona de fuga, el toro de lidia es uno de los que sigue unas pautas con algún grado de relatividad respecto al tipo de movimiento que iniciaría, pues su instinto a poder optar entre huir o embestir cuando se siente acosado puede hacer variar ese parámetro.


... III.-Posibles comportamientos del toro en un encierro relacionados con su capacidad visual

El comportamiento de un toro es un fenómeno complejo en el que intervienen muchos elementos y factores. Especialmente trascendente es el de su visión. No obstante, como indicaba al final del capítulo anterior, su instinto a poder optar entre huir o embestir cuando se siente acosado puede hacer variar cualquier argumento que se pueda realizar a priori sobre su comportamiento. Teniendo en cuenta esta premisa, vamos a analizar algunos modelos de conducta del toro imaginando supuestos muy-muy generales dentro del imprevisible acto de un encierro.


Tras la salida del corral de suelta, lo primero que percibirá el toro, o la manada de toros, es que se encuentran en un lugar ajeno a su hábitat natural, en un lugar que identifican como amenazante. Así, azuzados desde el corral, su primera intención será la de huir a la carrera de aquel lugar por el único sitio que se les ofrece: en el sentido que le marca el recorrido del encierro.


Si el encierro es de los de escasa participación, el toro puede visualizar la manga en toda su amplitud y por delante tiene metros suficientes para captar con su visión binocular el movimiento de los pocos corredores que se encuentran por delante en el recorrido. La zona de fuga del toro ocupará todo el ancho de la manga y por delante se extenderá hasta donde se lo permitan su visión y la disposición urbana del recorrido.

Por lo tanto, como son pocos los corredores que hay en el recorrido, y todos irán quedando incluidos dentro de la zona de fuga del toro, a todos ellos los asociará como una amenaza, corran por el centro o corran por un lado, y el toro tendrá espacio suficiente para ir divisándolos con antelación, centrar en ellos su mirada binocular, medir la distancia que les separa y lanzarse tras ellos con la intención de embestirles. El toro irá repitiendo constantemente esa pauta de conducta durante todo el encierro.


Ahora bien, si nos situamos en un encierro de alta participación, como puede ser el de Pamplona, nos encontraremos con situaciones muy diversas y ello conllevará, a su vez, distintos tipos de reacciones en el comportamiento de los toros.

Así, cuando en los primeros metros de carrera los toros empiezan a encontrarse a los lados las primeras figuras de corredores en movimiento resulta típica la imagen en el que los toros giran el cuello en dirección a esos participantes, al tiempo que continúan corriendo hacia delante y pareciera que hasta quisieran apartar sus cuartos traseros del lateral tratando de alejarse hacia el centro de la manga.

Evidentemente, los toros han empezado a captar en los campos monoculares de sus ojos a figuras en movimiento y, además, a una distancia que en principio notan muy cercana. Al margen de que es el inicio del encierro y que los toros, ya sólo por eso, se encuentran en la fase de miedo más aguda, esas apariciones en su campo monocular de figuras en movimiento es algo que los aterra, de ahí que intenten apartarse de ellas y que giren sus cabezas para tratar de enfocar su imagen con la visión binocular. En cualquier momento se puede producir una embestida a cualquiera de esas figuras laterales, especialmente por los toros que van en el centro de la manada, pues son los que más sufren con esas apariciones; pero resulta casi más normal que a los toros les venza el miedo y que sigan huyendo calle adelante hasta que se van acostumbrando al escenario en el que se encuentran y se centran en la carrera.

Transcurridos esos primeros metros de carrera, los toros aprecian como los corredores van acortando progresivamente la distancia a la que corren de ellos, lo que provoca que también se vaya reduciendo su campo de visión y, consecuentemente, su zona de fuga. Llegado un momento, los toros llegan a estar prácticamente rodeados de corredores.


Así, en primer lugar, el toro que abre manada se llega a encontrar con corredores que consiguen situarse a escasos centímetros de sus astas. Esos corredores, que corren a una distancia que se antoja inverosímil, se encuentran: o bien en la zona ciega de visión que el toro tiene a un metro de su testuz, o bien en la zona de visión difusa por falta de distancia para tener un enfoque nítido. Ese toro no puede llegar a definir cuál es el “objeto” que tiene delante; de ahí que, a veces, hasta aparte su cabeza para sobrepasarle en la carrera. Más que una cornada premeditada por el toro, el mayor peligro para ese corredor que corre a escasos centímetros de las astas es el de resultar arrollado o simplemente volteado. Es más común, incluso, que ese toro frene su velocidad y se amolde a la del corredor que tiene justo delante.


Si ese primer corredor que tiene delante el toro que abre carrera, en vez de estar a escasos centímetros de las astas, estuviese a una distancia de tres metros, por ejemplo, ya estaría situado en la zona de visión binocular del toro. El toro le enfoca perfectamente y calcula la distancia. Pero, en principio, ese corredor no es su mayor amenaza, sino los corredores que se van descolgando a sus lados, a los que sólo puede captar con visión monocular. El toro, por tanto, y en principio, se limita a seguir su carrera hacia delante a toda la velocidad que le permiten desarrollar sus fuerzas, huyendo más de esos corredores que percibe a los lados, especialmente los que están tras su punto de balance, que persiguiendo al corredor que tiene delante. El riesgo para este corredor queda pendiente del desarrollo futuro de la carrera, del momento del alcance.


Delante del toro que abre carrera, y también de los del resto de la manada, hay una tercera posición que ocupan algunos corredores: los que están algo más adelantados, pero también algo escorados. El toro, que corre con la vista centrada en su frente, ya no tiene a ese corredor en la zona de visión binocular, sino en la de visión monocular. El toro capta al corredor, pero no le puede definir totalmente; y ello le produce cierta intranquilidad e, incluso, puede llegar a sentirse amenazado por él. El toro se podría sentir tentado en cualquier momento a desviar su trayectoria y embestir a ese corredor. Esa situación se agudiza en aquellos momentos en los que, a la salida de una curva, por ejemplo, se pueda abrir algún hueco entre los participantes y la figura del corredor analizado se haga más concreta.


Las dos siguientes figuras de corredores que rodean al toro ya no están delante, sino a su misma altura.


El corredor que se sitúa a la misma altura de la cabeza del toro se encuentra en la posición más peligrosa. No ya tanto porque esté junto a sus astas, sino porque se encuentra frente por frente a uno de los ojos del toro. El animal puede llegar a sentirse muy amenazado por la figura de ese corredor, tanto por el hecho de estar muy cerca, como por estar en movimiento y, además, en un punto de visión que es únicamente monocular. Todo ello, en conjunto, le aterra al toro y el riesgo que tiene ese corredor de ser embestido es muy alto, pues el toro en cualquier momento puede optar por girar su cabeza y tratar de embestir a ese corredor para quitárselo de ahí.


La siguiente posición es la que ocupa el corredor que se sitúa junto al toro, pero detrás de su punto de balance. El toro, que está rodeado por el resto de sus hermanos de camada y por figuras de corredores, carece totalmente de zona de visión y, por tanto, de zona de fuga. Llega a permitir, incluso, que algún corredor se apoye en su lomo. Algo impensable en cualquier otra situación. Ese corredor, lejos de significar una amenaza para el toro, resulta un “aliado” en su intención, que es la de correr hacia delante; pues al situarse dicho corredor tras el punto de balance del toro, le está incitando precisamente a seguir corriendo hacia delante, que es lo que él quiere. El riesgo de ese corredor es mínimo; por lo que esa escena de corredores apoyados en el lomo de los toros, tan repetida en Pamplona, resulta ser la que conlleva un menor peligro de embestida, al margen de la consideración estética que merezca a cada espectador.


Y, por último, queda el corredor que se sitúa justo detrás del toro y, por tanto, en su zona ciega. En esa posición, el toro no puede ver al corredor. Pero, si sintiera ahí su presencia, se podría sentir inquieto. Por ello mismo, ningún corredor debería situarse en esa posición, no ya por el riesgo que asume, que es prácticamente nulo, sino porque puede causar tal inquietud al toro que podría llegar a girarse para comprobar que es lo que tiene detrás y provocar que se descuelgue del resto de la manada.

Por supuesto, ante la figura de un toro suelto en un encierro, los corredores deben evitar totalmente situarse cerca de los cuartos traseros del animal por ese mismo motivo.


Finalmente, constatar que, si bien es el movimiento el que parece ser el elemento que más estimula la embestida del toro, según las investigaciones a las que aquí se ha hecho referencia, estímulos de color rojo podrían incidir en el ánimo del toro para embestir. Ese dato, que en encierros de poca o media participación podría no ser muy relevante, puede adquirir una mayor significación en el encierro de Pamplona, donde el toro tiene delante de sus ojos una auténtica “pared de pantalones blancos” que bloquean uniformemente su visión, pero donde también aparecen fajines de color rojo que, además, se bambolean sobre ese uniforme fondo blanco. Un elemento, pues, al que cabría dar cierta relevancia según dichos estudios.

...

Repito lo que ya dije anteriormente: cuando hay un toro en la calle, no cabe hablar de pautas generales. Un toro siempre puede tener un comportamiento imprevisible. Pero creo que con esta entrada los corredores tendremos más criterios para comentar en los almuerzos la última carrera que hayamos realizado.

Lagun


NOTA:
En primer lugar, quiero agradecer a Chema Aparicio, veterinario, la aportación de ideas y datos para este texto.
En segundo lugar: la foto de la portada es de Gorka Azpilicueta & Arsenio Ramírez, que en su día me la remitieron del archivo de su web:
http://www.porlasrutasdeltoro.com/. Hoy les pido a dichos autores que me permitan mantenerla publicada junto a este texto, pues con mi bitácora no tengo fines lucrativos.
Por otro lado, las figuras de la visión panorámica del toro y de la zona de fuga, aunque he partido de otras similares que hay en la red, son de elaboración propia.
Por último, las recreaciones de las posiciones de los corredores en carrera junto al toro, son montajes que he realizado partiendo también de otras similares de la red, y que se corresponden a un juego denominado “San Fermín”, cuyos derechos creo que corresponden a “Artheria Network” (
http://www.artheria.com/”). Espero (deseo) que no planteen problemas por su inclusión, pues repito que no tengo ningún fin lucrativo con esta bitácora y las he colgado por una mera cuestión ilustrativa.

01/02/10

Azpeitia


Municipio de la provincia de Guipúzcoa, en la Comunidad Autónoma del País Vasco (España). Se encuentra situado en el centro geográfico de la provincia, a unos 44 kilómetros de San Sebastián.

Basílica del Santuario de Loyola


Dicen que en Azpeitia es imprescindible la presencia del toro para celebrar cualquier tipo de festejo. Con ello, los azpeitiarras no se refieren a la celebración de corridas de toros -aunque tienen una importante feria taurina para las fiestas de San Ignacio- sino a la presencia del toro en la calle, al juego con el toro ensogado o sokamuturra.

Y fiesta es en Azpeitia el Carnaval. Y, además, una de las más importantes.

Por ello, una vez que los “Caldereros” anuncian la llegada del Carnaval a la localidad, la sokamuturra asume durante esos días rango de protagonista principal en sus plazas y calles.


HISTORIA

Restos prehistóricos esparcidos por los montes cercanos a Azpeitia, así como el importantísimo yacimiento de la cueva de Ekain (sito en la demarcación de Deba), indican la ocupación de este territorio desde tiempos que se remontan al Paleolítico.

La fundación de la villa de Azpeitia es contemporánea a la de su vecina Azkoitia, con la que comparte el valle de Iraurgui.

Debido, probablemente, al creciente protagonismo que en la zona estaban tomando los señores feudales, la monarquía trató de garantizar su poder en ella dictando una serie de disposiciones. Así, en referencia concreta a la localidad que hoy se conoce con el nombre de Azpeitia, el rey Fernando IV otorgó carta puebla en 1310 a la villa de Garmendia de Iraurgui, fundándose la villa sobre unos terrenos donados por los propietarios de los solares de Ozaka e Iribarrena. El mismo monarca expediría un año después otro documento en el que a la villa se la da el nombre de Salvatierra de Iraurgui, concediéndola la antigua iglesia de Soreasu y, además de otras exenciones y beneficios, el Fuero de Vitoria.

La villa, por su emplazamiento, permitía controlar una ruta que transcurría paralela al río Urola, que comunicaba Mondragón con Guetaria, y que terminaría convirtiéndose en Camino Real.

La denominada “Guerra de Bandos” entre gamboínos y oñacinos (que se extendió desde el s. XIII hasta el s. XVI) tuvo una especial incidencia en la villa, pues en su territorio tenían su casa solar los Oñaz.

Finalizada la contienda, la región conoció un importante desarrollo económico en relación al comercio con la recién descubierta América y gracias a las conocidas como ferrerías.

Ese sector derivaría en la época contemporánea en la actual industria siderúrgica y del metal, que es base y fundamento de la actividad económica de Azpeitia junto al sector de la madera.

Respecto a la denominación actual de Azpeitia, aún cuando parece haber documentos en los que figura ese nombre desde mediados del siglo XV, en fuentes municipales se establece que el cambio de denominación fue en 1937.


MONUMENTOS

Fuente: http://www.santuariodeloyola.org/


El Santuario de Loyola forma un conjunto monumental y religioso que se desarrolló en torno a la antigua Casa Torre donde en 1491 nació San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús.

Entre los distintos edificios del Santuario, destaca la Basílica, un edificio barroco diseñado por el arquitecto italiano Carlo Fontana en el siglo XVII.

Resulta imposible resumir en pocas líneas este impresionante edificio y las maravillas artísticas que atesora. Por ello, es mucho más recomendable visitar la web del Santuario, pues en ella se da una visión total tanto de la Basílica como de todo el complejo arquitectónico.


EXCURSIONES

Naturaleza.-

Fuente: http://www.ingeba.org/


El valle en el que se encuentra situado Azpeitia se extiende a los pies del Macizo de Izarraitz.

Sus características geomorfológicas, su flora y su fauna convierten al área de Izarraitz en uno de los enclaves más ricos de Guipúzcoa. Y, ante todo, es un lugar inmejorable para realizar todo tipo de actividades relacionadas con la naturaleza: desde simples paseos de montaña a actividades mucho más técnicas, como la escalada, pasando por opciones intermedias como el senderismo o la bicicleta de montaña.

Para una mayor información sobre este entorno de la naturaleza, podéis pinchar en el enlace insertado al pie de la fotografía o visitar la web de Azpeitia o la del Refugio de Xoxote.


Turismo.- Para conocer en su totalidad el municipio de Azpeitia es imprescindible salir del núcleo urbano y recorrer sus barrios y rincones.

La web del Ayuntamiento de Azpeitia ofrece un recorrido por Aratz Erreka, Matxinbenta, Nuarbe, Oñatz, Urrestilla, Elosiaga, Lasao, Landeta y Eizagirre.


CARNAVAL

Escena típica de la sokamuturra de Azpeitia en el día del “Txikiteo elegante”
Fuente: http://www.sokamuturrak.com/


Junto a los sansebastianes, los sanignacios y los santotomases, el grupo de las cuatro fiestas preferidas de los azpeitiarras se completa con los carnavales.

Los festejos del Carnaval de Azpeitia comienzan el domingo con una de sus tradiciones más específicas y llamativas: el día del “Txikiteo elegante”. Hombres y mujeres se engalanan con trajes o vestidos inspirados en la moda de principios del siglo XX, o que se asocien a un día especialmente festivo, y salen en cuadrillas para tomarse unos txikitos o unos zuritos por los bares de la localidad y, como no, también para acudir a la imprescindible cita con la sokamuturra.

No es éste el único día carnavalero que las sokamuturras se adueñan de las calles de Azpeitia. Sus apariciones son asiduas, y siempre hacen las delicias de los aficionados. Como vienen haciéndolo desde el siglo XVI, que es de cuando data la noticia más antigua que allí se conserva de correr toros ensogados.

El Carnaval termina con el “entierro del Toro”. Nada de sardinas. El Toro aquí es siempre el protagonista.

Lagun


NOTAS:
De la primera fotografía soy yo el autor, y puede ser compartida en la red incluyendo un enlace a este blog. Sobre el resto, en las que al pie ya se hace constar su fuente, solicito de los propietarios de los derechos de autor que me permitan mantenerlas publicadas, pues con esta bitácora no tengo fines lucrativos.

25/01/10

En medio del túnel del invierno

........... Foto: Ira Meyer


Recorriendo el túnel del invierno nos encontramos poblaciones con festejos taurinos aislados que son como pequeñas ventanas que nos recuerdan la existencia del Toro. Pero en medio de ese gélido túnel hay dos grandes puertas que nos comunican con sendas localidades que programan importantes ciclos de encierros, dos enormes icebergs con una gran base taurina: Valdemorillo y Ciudad Rodrigo.


Valdemorillo

Si Valdemorillo nos sorprendía en el año 2009, ya en plena crisis, con un significativo serial de encierros, hay que decir que en este 2010 ha bajado el listón notablemente. Se confirma así que aquella buena programación traía origen del presupuesto del año anterior, que aún era de bonanza, y que iba a ser en esta temporada cuando la feria de Valdemorillo se iba a sumar al carro de los recortes.

Hay quien lo achaca a una supuesta rebaja del 20% en la subvención que ofrece el Ayuntamiento a la empresa organizadora. Por contra, hay quien centra las críticas en dicha empresa, alegando que los carteles se podrían haber completado mucho mejor con la cantidad que aportará el Consistorio. Y, lógicamente, también hay quien opina que la mediocridad de la feria de San Blas 2010 es achacable a ambas partes: a la empresa por programarla y al Consistorio municipal por consentírselo cuando menos, si es que no tiene responsabilidad directa en la decisión de reducir el número de festejos, pues con ello se ahorrará los gastos de la infraestructura de un día de encierros.

Ya sea por el uno, por la otra o por culpa de los dos, el caso es que en la feria de Valdemorillo de 2010, además de una merma en la significación cualitativa de los nombres que se anuncian –opinión a la que siempre puede tacharse de subjetiva-, se ha programado una corrida de toros menos que en la temporada anterior y no aparece anunciado concurso o exhibición de recortadores como en otros años –lo que aparece en el cartel es un espectáculo con el título de “Humor Amarillo”-. Por lo que, objetivamente hablando, los corredores de encierros sufriremos una reducción en el número de carreras con las que poder desperezarnos del letargo invernal.

Estos son los carteles:

Jueves, 4 de febrero
Erales de Gabriel Rojas para:
Alberto Escobar, Juan Duque y Alberto López Simón
(Alumnos de la Escuela de Tauromaquia de Madrid)

Viernes, 5 de febrero
2 Novillos de Felipe Navas para:
Noelia Mota (rejoneadora)
4 Novillos de Monte La Ermita para:
Arturo Saldívar y Miguel de Pablo

Sábado, 6 de febrero
Toros de Peñajara
Miguel Abellán, Leandro y Alberto Álvarez

Domingo, 7 de febrero
Toros de Antonio San Román
Curro Díaz, Luis Bolívar y Miguel Tendero.


¡Es lo que hay! Y, en principio, como no se sabe el modo en que se soltarán las reses del viernes, los únicos alicientes que a priori se nos presentan a los corredores son los encierros del fin de semana. ¡Una pena!


Ciudad Rodrigo

Todos los años se oyen rumores que apuntan a disputas intestinas en la elección de los distintos hilos que conforman el conjunto de los festejos del “Carnaval del Toro”. Y en este año, al margen de la eterna polémica sobre la figura del organizador de los festejos, también se adivina la existencia de discordias en relación al origen de las ganaderías contratadas.

De hecho, en el comunicado de prensa del Ayuntamiento notificando la definitiva configuración del cartel de encierros y capeas aparece la siguiente indicación:

“Desde el Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo se ha procurado que la mayoría de los toros del Carnaval procedan de ganaderías salmantinas. Así, y de acuerdo con la oferta de la empresa contratada, excepto tres festejos, el resto se celebrarán con siete ganaderías de nuestra provincia.”

Pero, además de este tema, ha debido de haber otros que han llevado a algún desencuentro respecto a la modalidad del encierro del lunes.

Se venían escuchando desde hace tiempo las ganaderías que contaban con más posibilidades de ser contratadas para el próximo Carnaval, y entre ellas aparecía la gaditana de Cebada Gago, que con buen criterio se pronosticaba que iría situada en el encierro urbano del martes, puesto que podría causar muchos problemas ubicaba en un encierro a caballo.

Finalmente, los toros de Cebada Gago correrán por las calles de la vieja Miróbriga, pero será el lunes y, aunque nada se anuncia en el comunicado de prensa del Ayuntamiento, el encierro se apunta como urbano.

La definitiva composición de festejos queda del siguiente modo:


Viernes, 12 de febrero (noche)
Capea nocturna con dos toros de Francisco Galache.

Sábado, 13 de febrero
Encierro urbano con tres toros de Francisco Galache.
Capea tradicional y desencierro.

Domingo, 14 de febrero
Encierro campero con siete toros de Jacinto Ortega.
Capeas tradicionales y desencierros al mediodía y por la tarde.

Lunes, 15 de febrero
Encierro con siete toros de Cebada Gago
Capeas tradicionales y desencierros al mediodía y por la tarde.
Capea nocturna con dos toros de Francisco Galache.

Martes, 16 de febrero
Toro del Aguardiante: ganadería de Barcial.
Encierro urbano con siete toros de Hernández Pla.
Capeas tradicionales y desencierros al mediodía y por la tarde.


Al margen de las disputas que haya podido haber, a los ojos de los que estamos totalmente fuera de la organización nos resultan muy atractivos los nombres de las ganaderías anunciadas. Sean de la provincia que sean.

Francisco Galache inaugurará el ciclo y dicen que con nota en cuanto a presencia. Los toros de Jacinto Ortega protagonizaron un encierro a caballo el año pasado que aún es recordado. Cebada Gago garantiza un encierro cargado de emociones para el lunes (como un día escuché decir a un amigo mío: “con los toros de Cebada Gago no se pueden planificar las carreras, hay que inventárselas”). El de Barcial asegura una presencia imponente para el Toro del Aguardiante y ojalá que también ofrezca juego. Y las reses de Hernández Pla pueden favorecer ajustadas y vistosas carreras para el martes.

Tras el fiasco del año 2008, el Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo reaccionó en el 2009 y parece ser que en el 2010 se confirma esa tendencia positiva en la programación del “Carnaval del Toro”.

¡Y que dure muchos años!

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Por último, sólo me resta decir que, como en esta bitácora vamos a inaugurar la temporada de encierros del año 2010, en la entrada de hoy ha querido volver a asomarse un viejo amigo:






“¡Tengan cuidado ahí fuera!”

Sargento Phil Esterhaus
... Hill Street Blues

18/01/10

Recordando los encierros del pasado

Foto antigua del encierro de Cortes (Navarra) – Fuente: Biblioteca de Cortes


Si tengo en la bitácora una sección titulada “Naufragando por internet” es por casos como éste. Hace unos meses “googleaba” por la red buscando información sobre las Cortes de Navarra y, pinchando por aquí y por allá, me encontré con esta foto antigua del encierro del pueblo de Cortes (Navarra). Está colgada en una web pública de álbumes de fotografías y, por ello, me la bajé, pensando en la posibilidad de hablar de ella algún día. Y, la verdad, no ha sido ningún hecho real lo que me ha llevado a que hoy la rescatara, sino la circunstancia de que estos meses de reposo invernal, en lo que a encierros se refiere, es un período de tiempo ideal para volver la vista atrás repasando los vídeos o fotos que guardamos. Así, la fotografía que encabeza esta entrada, con sus casi cincuenta años de antigüedad, no servirá para otro fin que no sea el suyo propio: recordar los encierros del pasado.

El pie de foto insertado por la Biblioteca de Cortes dice lo siguiente:

“1966. Fiestas de San Miguel. Encierro frente al cuartelillo de la Guardia Civil. Toda Navarra, con las fiestas de San Fermín de Pamplona a la cabeza, es muy conocida por los espectáculos taurinos de vaquillas en la calle durante los meses de verano. No hay fiesta de los pueblos sin vacas en la calle. Esta curiosa instantánea refleja como los corredores del encierro se refugian en el cuartelillo de la Guardia Civil.”


En efecto, la foto es curiosa, cuando menos, por el concreto lugar donde se intentaba poner al resguardo la montonera de gente que en aquel momento resultó sorprendida por la vaca. Si en vez del cuartelillo de la Guardia Civil se tratase de una casa, una zapatería o una mercería, pongo por casos, la foto no sería tan anecdótica, pero quedaría como realmente quiero mostrarla: un reflejo de cómo se concebían, celebraban y vivían los encierros de hace unas décadas en Cortes y en muchos otros pueblos.


Los encierros no estaban tan encorsetados por los reglamentos como los de ahora, lo que originaba que fueran más espontáneos, más frescos, más variados, más ricos en matices, más... Si no fuera por las diferencias que imponen los recorridos, muchos encierros actuales se nos presentarían como clónicos. Los reglamentos tienden a prohibir elementos de la idiosincrasia local de los encierros y a crear modelos autonómicos, con lo que nos están privando de una parte importante del bagaje cultural que teníamos hasta hace unos años.

Por otro lado, antes en un encierro era más palpable el carácter festivo del acto. Ahora esa particularidad se va difuminando, y la tendencia actual es a convertirlo en un acto meramente funcional, que sólo se caracteriza por su finalidad intrínseca -encerrar los toros- y obvia lo festivo.

A ello no sólo contribuyen los reglamentos, también está incidiendo en esa particularidad el hecho de que muchos corredores nos desplacemos por todo el territorio de nuestro país para participar en gran parte del calendario de encierros pero, en la mayoría de los casos, sin integrarnos en la fiesta; limitándonos a sumar carreras en nuestro currículum como el que añade cromos a una colección.


Reconozco que en la actualidad se ven encierros con carreras más ajustadas que nunca. Por otro lado, hay que felicitarse de que se ha ganado en aspectos tan importantes como la seguridad, se ha conseguido que los encierros se corran con reses de mayor trapío y, algo importantísimo, se observa un mayor respeto hacia los animales. Soy consciente de todo ello y disfruto con ello.

Pero me da rabia ver como las normativas legislativas están reduciendo los encierros a los modelos más previsibles, más fácilmente controlables y, por ello, más susceptibles de reglamentar en todos sus aspectos. En algunos encierros está todo tan pautado, se hace una planificación tan previamente perfecta y se presenta un acto tan atractivo que los corredores tendemos a participar en ellos masivamente. No es que esté abogando por la imperfección en la organización; lo que ocurre es que en encierros así la evolución lógica ya sólo puede seguir dos caminos: el colapso –la muerte por éxito, que diría Javier Solano- o la limitación del número de corredores.

Lo primero llevaría directamente a la desaparición del encierro. Lo segundo, a la pérdida del carácter popular del festejo y, por tanto, a su mutación en un mero espectáculo. En ambos casos, a la muerte de los encierros tal y como los heredamos del pasado.

Deseando que ello no ocurra nunca, y para recordar la imperfecta espontaneidad de los encierros del pasado, vaya la fotografía de Cortes (Navarra) y, además, las dos que os muestro a continuación, que están tomadas del blog “Toreros Antiguos”, fueron realizadas por Manuel Vaquero y pertenecen al Archivo Ragel:
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Encierro de Pamplona (Navarra)
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Encierro de Méntrida (Toledo)
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Tres encierros distintos. Cada uno con sus propias características y su particular idiosincrasia, pero todos igual de memorables.
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Lagun
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NOTA: aún cuando las tres fotografías insertadas aparecen en webs públicas, ruego a los propietarios de los derechos de autor que me permitan mantenerlas en esta entrada, pues con esta bitácora no tengo fines lucrativos.
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11/01/10

El encierro en el Madrid de los Austrias

..... Plaza Mayor de Madrid..............Fuente:“re-moto.com .....


Que Madrid, la capital, tuviese encierros con toros de lidia es un deseo de la inmensa mayoría de los corredores madrileños y de gran parte del colectivo de los corredores de encierros.

Son innumerables las veces que, comentándolo en almuerzos, habrá salido a relucir el tema de que se pudiesen correr encierros en Madrid con los toros de la Feria de San Isidro, en un recorrido que transcurriese por la calle de Alcalá y terminase en la Plaza de Las Ventas.

Claro que, más que un deseo, sería más correcto decir que eso es un sueño. O, incluso, una quimera. Ningún político que llegue a ser Alcalde de Madrid se arriesgará a organizar un encierro en la ciudad. Además, los profesionales del toreo también se opondrían a que los toros anunciados para los festejos isidriles vespertinos se corriesen por las calles al amanecer. La primera excusa que unos y otros emplearían sería la falta de tradición de los encierros en la capital del reino.

Pero hay que decir que Madrid siempre tuvo sus encierros. Como en todas las poblaciones, antes de la invención del ferrocarril el encierro fue un acto previo necesario para poder celebrar un festejo taurino en el recinto dispuesto para la ocasión.

A ese respecto, el del recinto, Madrid ha dispuesto de varios cosos taurinos a lo largo de su historia. El que evoca más solera y tradición entre todos ellos es, sin duda, la Plaza Mayor.

Francisco López izquierdo, en su libro “Plazas de toros de Madrid y otros lugares donde se corrieron” (Ed. Avapiés – 1992, 2ª ed.), nos descubre que fue el 3 de julio de 1619 cuando se celebró la corrida de inauguración de la Plaza Mayor. No obstante, previamente a su construcción, cuando se llamaba Plaza del Arrabal, ya se celebraban en ese mismo lugar corridas de toros. Al menos desde el año 1540. Y allí se estuvieron celebrando hasta que en 1737 se construyó junto al río Manzanares la Plaza de Toros de Casa Puerta y, después, en 1749 la Plaza de Toros de la Puerta de Alcalá. Aún así, la Plaza Mayor de Madrid siguió acogiendo esporádicos festejos taurinos, normalmente relacionados con celebraciones solemnes de la Casa Real, siendo la última vez que se corrieron toros en ese emblemático lugar el día 18 de Octubre de 1846.

Es decir: que la Plaza Mayor ha sido escenario del momento culminante de encierros en Madrid desde 1540, cuando menos, hasta 1846. ¡Trescientos seis años! ¡Ahí es nada!


Durante todo ese tiempo fueron varios los recorridos que se utilizaron para que el encierro desembocase en la Plaza Mayor. Hoy nos vamos a centrar en uno que, muy seguramente, fue el más antiguo de todos.


Óleo sobre lienzo de autor desconocido ... Museo Taurino de la Plaza de las Ventas

Francisco López izquierdo nos describe ese recorrido en las páginas 36 y 37 del libro antes citado:
En fecha inmediata a cada corrida, solían pastar los toros en la Casa de Campo, junto a la Torrecilla. Abrevaban en el arroyo Meaques y también en el Manzanares, y cuando se iban a efectuar los encierros los agrupaban en la Tela -actuales jardines entre el Campo del Moro y la calle Segovia-, conduciéndolos desde aquí por el barranco de la Cuesta de la Vega, que solía ser reparado echando espuertas de tierra para allanar los regatones que ocasionaban las lluvias. En la Puerta de la Vega se hacía un descansadero o toril para, desde allí, hacer el encierro por la calle Mayor, pasando por la Puerta de Guadalajara hasta la Plaza (Mayor) por la Calle Nueva, actual de Ciudad Rodrigo”.


Casualmente, al día de hoy se podría organizar un encierro por ese recorrido cumpliendo con todos los requisitos fijados en el actual reglamento de la Comunidad.


El corral de suelta se podría instalar en la confluencia de la calle Cuesta de la Vega con Cuesta de Ramón. Desde allí, los aproximadamente 70 primeros metros del recorrido, hasta la curva de noventa grados que dibuja el trazado urbano, se podrían dejar de zona libre de corredores. Luego, ya en carrera delante de la manada, se subiría por la Calle Mayor hasta desviarse por la Calle Ciudad Rodrigo y desembocar en la Plaza Mayor, donde se podría instalar una plaza portátil frente a la Casa de la Panadería.

Tramos (mediciones aproximadas a través del Google Earth):


01 ... 070 m. ... 7 % ... Zona libre
02 ... 120 m. ... 8 % ... C/ Mayor hasta cruce con calle Bailén.
03 ... 025 m. ... 0 % ... Cruce de Mayor con Bailén
04 ... 390 m. ... 3 % ... C/ Mayor hasta giro en C/ Ciudad Rodrigo
05 ... 075 m. ... 0 % ... C/ Ciudad Rodrigo
06 ... 062 m. ... 0 % ... Plaza Mayor – Casa de la Panadería


En este recorrido histórico del encierro de Madrid, salvo la curva del inicio, todo la manga sería una larga recta, por lo que carece de puntos de inflexión en los que se pudiera romper bruscamente la configuración de una manada de toros. Dicha configuración quedaría supeditada únicamente a la resitencia de las reses por la distancia y, sobre todo, por el desnivel: 742 metros de continua subida, con un desnivel medio del 4 %. Debiendo destacarse que en los dos primeros tramos el desnivel es del 7 y el 8 %, aproximadamente; y que, después de Bailén, la calle Mayor tiene una pendiente media del 3%.

El hecho de que sea prácticamente recto pudiera dar a pensar que sería algo soso, pero quien se sitúe en la Cuesta de la Vega y enfile hacia la Plaza Mayor verá que es muy exigente. Y la entrada a la Plaza por el túnel de la calle Ciudad Rodrigo es, simplemente, de ensueño.


Debió utilizarse este recorrido hasta 1664, seguramente; ya que el 8 de agosto de ese año el Ayuntamiento propuso modificarlo para evitar “...la inquietud y ruido que se causaba a Palacio, inquietando al Rey Nuestro Señor...”

¡Vaya por Dios!

De otros recorridos ya nos ocuparemos más adelante. Pero, hablando de éste:

¿Te gustaría que algún día se pudiera correr un encierro en Madrid por la Cuesta de la Vega, Calle Mayor, Calle Ciudad Rodrigo y Plaza Mayor?

Lagun

04/01/10

Cuatro siglos de casta Navarra


Estamos en puertas del día más fantástico del año: la festividad de los Reyes Magos. Una ocasión ideal para incluir la recomendación de un libro.

El que hoy os presento es un estudio exhaustivo de la historia de una de las castas fundacionales del toro de lidia: la casta Navarra.

Este libro está escrito por cuatro autores que son perfectos conocedores de ella y cada uno ha desarrollado una materia distinta dentro del conjunto de la obra:

Ramón Villanueva se ha ocupado de estudiar los orígenes de la casta Navarra, demostrando que la primera ganadería fue la de Agustín Ximenez, y no la del Marqués de Santacara, como siempre se había creído. Saturnino Napal nos recuerda el pasado en los ruedos de las afamadas ganaderías de casta Navarra: de los años dorados a la decadencia. Koldo Larrea analiza la pervivencia del ganado bravo de casta Navarra en las vacadas de la zona propia de su crianza y los rastros genéticos que se conocen en diversas ganaderías. Por último, Miguel Reta nos presenta los planes de futuro, que tienen como finalidad principal la recuperación o consolidación del ganado bravo de casta Navarra, sin descartar un posible objetivo a largo plazo que se concretara en una futurible vuelta a los carteles de las ferias taurinas.

Por otro lado, el libro también cuenta con un extenso e interesante prólogo de Rafael Cabrera Bonet.

En suma, una obra muy interesante que no sólo debería atraer la atención de los aficionados a los festejos taurinos populares, que es donde ahora podemos admirar el comportamiento de las vacas y los toros de casta Navarra, sino que debería ser de lectura obligada para los aficionados de todo tipo de festejos taurinos y para los amantes del toro bravo.

Lagun


Título: Cuatro siglos de casta Navarra (1605–2005) Pasado, presente y futuro.
Autor: Koldo Larrea, Saturnino Napal, Miguel Reta y Ramón Villanueva.
Edita: Evidencia Médica, SL.
Precio (aprox): 20,00 €.

31/12/09

Un nuevo día - Un nuevo año

La foto está tomada de “astrored”, y la he volteado buscando el efecto deseado


El planeta Tierra tiene dos movimientos principales: el de rotación sobre su propio eje, que marca los días, y el de traslación alrededor del Sol, que marca los años. Y, a efectos oficiales de calendario, será esta noche cuando la Tierra complete simultáneamente ambos movimientos y, de forma inmediata, comience un nuevo día y un nuevo año.

Viajamos por el Universo a bordo de esta gran nave que es la Tierra y son muy pocos los afortunados que han podido despegarse de ella para partir hacia el espacio. Ellos pudieron verla como, quizás, nunca la veamos el resto, y seguro que tuvieron alguna vez ante sus ojos la misma imagen que encabeza esta entrada: la Tierra componiendo el símbolo mágico del Toro.

El Toro seguirá ejerciendo en el nuevo año que comienza una poderosa influencia en nuestro colectivo, en el de los corredores de encierros. Trataremos de acomodar nuestras vacaciones, nuestros fines de semana, nuestros días e, incluso, algunas horas que le robemos al horario laboral para seguir su llamada y acercarnos a Él. ¡Sí! Una mañana será negro, otra castaño, cárdeno... puede que hasta veamos un “flor de gamón”. Pero es el Toro, con mayúsculas, el que nos llama y el que nos motiva.

Lo que yo deseo es que Él ejerza su influencia sobre muchos otros colectivos. Y que, por ejemplo, el año que va a comenzar no pase a la historia como aquél en que se prohibió al Toro poder manifestarse en un pequeño departamento de esta gran nave que es la Tierra.

Y a vosotros, compañeros, y a todo el que llegue hasta aquí, os deseo que la salud os respete y, a ser posible, un...
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.............................¡¡¡ FELIZ 2010 !!!
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Lagun
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NOTA: Como pongo al pie, la foto está tomada de “astrored” y la he volteado buscando el efecto deseado. La imagen original la podéis encontrar pulsando en este enlace.
Con esta bitácora no tengo fines lucrativos, por lo que ruego que se me permita mantener esa foto en esta entrada y, a ser posible, en la forma en que queda publicada.