11/8/08

Entrevista a un veterano corredor de encierros de Brihuega


El presente en materia de encierros lo estamos viviendo, lo conocemos o existen múltiples y mejores opciones que esta bitácora para poder conocerlo, ya que contamos con muchos medios de comunicación y web’s especializadas que tratan el tema.

Por eso, lo que modestamente se intentará con esta sección es recuperar el pasado, que no queden en el olvido los usos que fueron configurando la tradición de los juegos de toros. Y de ello sólo nos pueden hablar los que nos han precedido en la apasionante costumbre de correr encierros.

En Brihuega existen auténticas sagas familiares de corredores de encierros que se han ido perpetuando generación tras generación en este ancestral rito. Una de esas sagas de corredores brihuegos son los “Jarritos” y tenemos la fortuna de poder contar con el testimonio de uno de ellos.


José Arteaga Hernández, “Jarrito”, de Brihuega (Guadalajara). 73 años.




“O me tuteas o no hablamos” -me dijo José a mi primer intento de tratarle de usted cuando éramos presentados. Así pues:

(P) ¿CÓMO TE LLAMAS?
(R) José Arteaga Hernández.

(P) ¿EN BRIHUEGA ERES CONOCIDO POR ALGÚN APODO?
(R) ¡Sí! El apodo mi familia es “Jarrito” y a mí siempre me llamaron “Pepito, el Jarrito”.

(P) ¿DÓNDE NACISTE Y EN QUÉ FECHA?
(R) En Brihuega, el 22 de abril de 1935.

(P) ¿A QUÉ EDAD COMENZASTE A CORRER ENCIERROS?
(R) Empecé a correr en Brihuega con 11 ó 12 años. A partir de ahí, iba de encierro con mis amigos por los pueblos de alrededor, en bici o andando; aunque a veces iba con mis hermanos mayores, que tenían caballo y carro.

(P) Y... ¿POR QUÉ?
(R) Empecé, en parte, porque de pequeño siempre había visto a mis hermanos mayores correr y yo era lo que quería hacer; y también porque el encierro era el acontecimiento más importante que había en Brihuega durante todo el año y participaba todo el pueblo, cada uno a su manera, y a los chavales nos tocaba correr. Además, había una foto en mi casa de los años 20 o así, que sigue estando en un bar en Brihuega, en la que está mi padre entrando con los toros en la plaza del Coso. Igual es algo genético.

(P) ¿QUÉ OPINABAN EN TU CASA CUANDO COMENZASTE A CORRER?
(R) Al principio nada, porque no sabían que estaba con los toros. Salía de casa a ver el encierro, pero me gustaba verlo desde cerca. Más tarde, lo típico de tener cuidado y demás. Mi madre sabía de sobra que iba a ir con mis hermanos. Mi padre, en cambio, murió antes y no pude vivir un encierro con él.

(P) Y, DESPUÉS DE CASADO, ¿QUÉ TE DECÍA TU MUJER?
(R) Ya vivía en Madrid cuando me casé y no iba de encierros, salvo al de Brihuega, al que sigo acudiendo todos los años, por lo que mi mujer nunca me dijo nada.

(P) ¿CÓMO ERAN LOS ENCIERROS DE BRIHUEGA EN TUS AÑOS MOZOS?
(R) En Brihuega, más que correr, era estar con los toros durante tres días. Originariamente, la noche del 14 al 15 de agosto traían los toros a “La Cerca de las Cinco Esquinas”, en el Monte Ibarra. De allí, se los solía llevar el día 15 a “Valdelamadera”, y de allí a “Valdeatienza”.
El día 16, los que estaban con los toros decidían más o menos cuando llevarlos al pueblo, hasta el corral de San Felipe. Pero los toros entraban por donde se podía; ni había un recorrido establecido ni una hora fija.
Ya el día 17 se hacía el encierro propiamente dicho por las calles, que es lo que hoy se llama “bajada” y que coincide en fecha y recorrido: salían del corral de San Felipe, bajaban por la carretera, torcían por la calle Ancha, calle de Las Armas y calle de los Rosales hasta acabar en El Coso, que era donde se ponía la Plaza con carros.
[Actualizado: avenida de la Constitución (115 metros), calle Camilo José Cela (35 metros), calle de las Armas (90 metros) y calle Mayor (90 metros). Total 330 metros].
El encierro de ahora no tiene nada que ver. Pero es lógico, son muchos años y se va avanzando: se metieron las talanqueras y cuando hubo plaza fija (1965) se cambió el sentido del encierro y los tiempos: el primer día salen por la tarde desde la plaza hacia el campo para, luego, subirlos al pueblo por la noche hasta San Felipe (la “subida”); y el segundo día se les vuelve a bajar (la “bajada”) desde San Felipe hasta El Coso. Antes, el encierro de verdad por las calles era sólo lo que hoy es la “bajada” del día 17.

(P) ¿CÓMO CONDUCIAIS LOS TOROS POR EL CAMPO HASTA EL PUEBLO?
(R) Con los mayorales, los bueyes y hablándoles. Usábamos “técnicas” que funcionaban para guiar a los toros. Por ejemplo, sabíamos que en determinado momento buscarían agua, por lo que los dejábamos ir hacia donde ellos sabían u olían que había agua; allí descansaban y los parábamos para seguir luego. Y si no queríamos que pasaran por un lugar concreto, para que no se desviaran del camino al pueblo, quemábamos un cuerno en un determinado lugar y sabíamos que el toro rehuía el pasar por ahí. También era importante si había luna llena o luna nueva.
Lo mas bonito era cuando hacían noche y nos quedábamos allí con la manada. Los toros sentían que estábamos allí y nosotros a ellos también, pero ambos nos respetábamos. No como ahora, que hay un acecho continuo a los toros con coches, motos… Todo eso habría que limitarlo. Prohibirlo, incluso.

(P) Y ¿DÓNDE CORRÍAS: EN EL CAMPO O EN LAS CALLES? ¿EN QUÉ TRAMO?
(R) Primero estaba en el campo, conduciendo los toros, y ya en el pueblo, en el encierro por las calles, les veía bajar por la carretera desde lo de “Celestino” (actual esquina de la avenida de la Constitución con la calle “Ancha” o Camilo José Cela) y cogía la calle “Ancha” para bajar con ellos la calle de Las Armas hasta la casa de “las Zamorano”, al final de Las Armas a la izquierda, donde acaban los soportales.
Más tarde, cuando se hizo el encierro hacia arriba, me colocaba en la calle de los Rosales, para verles subir por El Coso, y corría la calle de Las Armas, tomando la curva y hasta donde pudiera; generalmente, usaba como referencia la casa de mi tía, la “Jarrita”, o lo que era el estanco antiguo, en los soportales.

(P) ¿ALGÚN PERCANCE SERIO?
(R) ¡No! Algún susto, como la primera vez que corrí, que se me echó encima un toro y caí en una acequia; pero no fue más que el susto y el golpe.

(P) ¿RECUERDAS ALGÚN NOMBRE DE OTROS CORREDORES DE TU EPOCA?
(R) ¡Sí! Iba por familias, por “sagas”. Los hermanos mayores de mis amigos, al igual que mis hermanos, eran los que nos marcaban el camino. En la calle y en el campo estábamos siempre los mismos: Nosotros, los “Jarritos”, los “Insurretos”, los Romera, los Ortega y los Serrada (Toñi, Eduardo y Abelardo). Yo siempre corría mi tramo con “Manoli” Leal. Y también estaba “El Cereza”, que era el que siempre se liaba con el toro más complicado o con el que se iba o daba más guerra.

(P) ¿EN QUÉ SE DIFERECIAN LOS CORREDORES DE ANTES A LOS DE AHORA?
(R) La forma de tomarse el encierro por los corredores era distinta. Nosotros no es que fuésemos “corredores”, como ahora, sino que éramos los chavales que más disfrutábamos corriendo con los toros, en el campo y en las calles. No teníamos presiones por hacerlo bien o mal, era salir a disfrutar de los toros y de los amigos. Sin más.

(P) ¿Y LA MANERA DE CORRER?
(R) Antes era impensable correr en los terrenos donde se corre ahora. Era imposible. No corría nadie en la calle de Los Rosales y en la calle de Las Armas éramos dos. Ahora está todo lleno de corredores y los ves con los toros en los riñones. Pero estoy seguro que yo sentía la misma emoción que siente hoy alguien que corre más cerca, porque yo veía como me venía el toro, hacia donde se vencía, que buscaba… aunque fuese con más distancia, la relación entre el toro y el corredor era mayor, o al menos de otra manera. Claro que sentirte tan cerca del toro, o incluso sentir como le templas tú mismo la carrera tiene que ser de lo mas bonito que pueda sentir un corredor. Pero para eso hace falta no sólo valor, sino tener muy bien la cabeza en todos los sentidos y prepararte a conciencia. Incluso vivir el encierro durante todo el año. Antes eso era impensable.

(P) ¿ENTRENABAS PARA LOS ENCIERROS?
(R) ¡Noooo!

(P) ¿USABAS ALGUNA ROPA ESPECIAL PARA CORRER?
(R) Nadie se cambiaba de ropa para correr en el encierro, cada uno corría con lo que podía o tenía, que ya era bastante.

(P) ¿ANTES DEL ENCIERRO REZABAS, TENÍAS ALGUNA MANÍA O SUPERSTICIÓN QUE CUMPLIR?
(R) ¡No!

(P) ¿POR QUÉ SIGUES ESTANDO EN LA CALLE EN EL MOMENTO DEL ENCIERRO?
(R) Por sentirlo de cerca. Mi tía María, “la Jarrita”, estuvo desde pequeña hasta el año de su muerte entre dos columnas en plena calle de Las Armas. Es sentir el encierro, aunque no corras. A cada edad o momento vives el encierro de una manera, y a lo mejor lo disfrutas igual, como siempre, aunque sean dos pasos, te llena echarte tu carrerita. Eres corredor siempre.

(P) UNA ÚLTIMA PREGUNTA: ¿QUÉ SUPONE EL ENCIERRO DE BRIHUEGA PARA TÍ?
(R) Salí al encierro cuando empecé a tener edad y ya no pude quitarme, creciendo año tras año con el encierro hasta que me fui de Brihuega. Aunque siempre vuelvo para el encierro. Es como una historia de mi vida, de toda la familia y del pueblo en general. La fiesta nos unía. Como todo, va evolucionando hasta ser lo que es y lo que somos hoy en día. De aquello viene esto, y por mis hermanos corría yo y por ellos mis sobrinos y mis hijos; y por ellos los hijos de mis sobrinos y mis nietos cuando los tenga, aunque no hayan nacido aquí, pero el encierro es el pueblo, y el pueblo es nuestro origen.

(...)

(NOTA: Sigue habiendo nuevas generaciones de “Jarritos” que son corredores de encierros y es precisamente a uno de ellos al que debemos dar las gracias por su colaboración en esta entrada, facilitándonos la entrevista y aportándonos la fotografía de nuestro compañero corredor de encierros “Pepito, el Jarrito”, al que esperamos ver en la calle de Las Armas por muchos años).

8 comentarios:

Uro dijo...

Hola de nuevo, expectacular entrevista llena de sentimiento y verdad.

Pero me hago una pregunta: ¿Porque las preguntas van en mayusculas y las respuestas en minuscula?
¿No sera mas importante la respuesta a la pregunta?

Independientemente de eso muy buena la entrevista.

Enhorabuena a Pepito el Jarrito por seguir disfrutando del encierro.

LAGUN dijo...

Uro: se hizo notar su ausencia el día que tratamos sobre usted; mejor dicho: sobre el origen del toro de lidia que, precisamente, es el uro.

Lo de poner las preguntas con mayúsculas y las respuestas con minúsculas no es sino una forma de diferenciar ambas cosas y, a la vez, los distintos apartados. Lógicamente, estoy con usted, son más importantes las respuestas, pero las mayúsculas en internet se leen muy mal y por ello tomé la decisión de aplicar las mayúsculas a lo que es más breve, que es la pregunta. Podía haber utilizado la negrita, pero apenas resalta con la plantilla que tiene la bitácora.

Por lo demás: gracias. Y su enhorabuena a Jarrito va ya de camino.

Javier dijo...

Sí señor, me gustaría llegar a tener 73 años y haber podido dejar a mi hijo algo tan especial como la afición por sentir los encierros.

Gracias lagun, gracias Jarrito

Rosa dijo...

Hola Lagún

Me ha gustado mucho esta nueva entrada. La entrevista está genial.

Es así como se comprende la afición de algunos corredores de encierros, transmitida por su familia de una manera tan especial y sentida.

Mi abrazo grande para José al cual le doy las gracias por dejarme estar con él en la puerta de las Zamorano durante el encierro de Brihuega y morirme de miedo a la vez.

Media Verónica

Granicea dijo...

Magnifica entrevista. Si no tienes inconveniente la reproduciré integra en mi página sobre Brihuega, "Plaza del Coso" (http://brihuega.dsland.org)

LAGUN dijo...

Granicea: Lagún se encentra de vacaciones y en septiembre se pondrá en contacto contigo para, previa autorización del entrevistado, poder pasarte la entrevista.

Anónimo dijo...

Fantastico, sin palabras ya las ha dicho todas él. Se nota que hay mucha verdad en esas palabras. Me ha encantado.
Un saludo.

Garrapo dijo...

Si señor, buena entrada esta, me ha gustado mucho. Un pero... ¿por que se nos deja con ese regusto amarguillo de no ver esa foto del padre de Jarrito? Yo me he quedado con ganas de verla ¿usted no cree que no debo ser el único?

Gestione con quien corresponda, por favor, y cuelgue esa foto, sino, esta entrevista queda coja.

Yo pienso como él, un corredor siempre será un corredor y la emoción que él debio sentir en la Calle de Las Armas al ver venir un utrero no tiene nada que envidiarle a aquel que ahora lo lleva a menos.

Sin duda, esta sección es, para mi, la mas enriquecedora. Lo siento, no pude aguantar hasta septiembre.