14/12/08

Federico García Lorca


No voy a colgar un texto de introducción sobre la influencia del tema taurino en nuestra literatura. Y no lo voy a hacer fundamentalmente por una razón: no estoy capacitado para ello. Hay eruditos con un bagaje cultural infinitamente superior al mío que tratan esta materia y, si esos expertos ya confiesan que resulta imposible realizar la tarea en unas pocas cuartillas, os podéis imaginar como quedaría el resumen que yo hiciera.

Es por ello que a los interesados en el tema os remito a obras como El Cossío, por ejemplo, que en varios de sus tomos aparecen estupendos artículos que hacen referencia a esta materia; o a este mismo medio, a internet: como muestra os enlazo el discurso de ingreso del Dr. José Antonio Trujillo Ruiz en la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas, cuyo título fue, precisamente: “Los toros en la literatura”.

Lo más que puedo hacer yo es centrarme concretamente en alguno de nuestros literatos más reconocidos, dejar alguna que otra pincelada de su obra y, con ello, descubrir algunas de las genialidades que el mundo de los toros ha inspirado en aquellos que dominaron la pluma. Después, será labor vuestra profundizar en esos y en otros autores.

Así, hoy, por ser la primera vez que toco el tema de la literatura, me he decidido por hablaros de Federico García Lorca. Hay muchas razones para esta elección, sobre todo por calidad, pero os cuento sólo una que tiene un trasfondo cultural muy genérico:

Actualmente somos testigos de un fenómeno que hacía tiempo no se producía. El torero José Tomás ha despertado el interés por los toros en gente de la literatura, la música, las artes en general y muchos otros sectores sociales que hacía mucho tiempo que no se asomaban al balcón de este viejo rito. Así, vemos frecuentemente en los medios de comunicación a personas del campo artístico o escénico que le siguen allá donde torea. Es más: José Tomás está siendo fuente de inspiración para todos ellos y al cabo de unos años habrá obras que versarán sobre este torero en particular y sobre el mundo de los toros en general.

Hace algo menos de cien años ocurrió un fenómeno parecido; puede que de mayor calado artístico, pero eso son cosas de los tiempos. Ignacio Sánchez Mejías, un torero con menguadas cualidades artísticas, pero valiente como ningún otro, fue fuente de inspiración de toda una generación de artistas, especialmente del mundo de las letras: la Generación del 27. Entres sus componentes, elogiaron la figura de ese torero Miguel Hernández, Rafael Alberti y, como no, su amigo Federico.

Federico García Lorca (1898-1936), natural de Fuente Vaqueros (Granada).

Su estilo como dramaturgo es muy poético, se desarrolla en espacios míticos y encara problemas sustanciales del ser o el existir. El tema taurino aparece dentro de su obra teatral en “Mariana Pineda” (1927). En una de las escenas describe una corrida de toros en la plaza de Ronda.

“En la corrida más grande
que se vio en Ronda la vieja.
Cinco toros de azabache,
con divisa verde y negra...”

“Cinco toros mató; cinco,
con divisa verde y negra.
En la punta de su espada
cinco flores dejó abiertas,
y a cada instante rozaba
los hocicos de las fieras,
como una gran mariposa
de oro con alas bermejas...”
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Donde García Lorca juega más veces con el tema taurino es en su poesía. En su obra poética conviven la tradición culta y la más popular, y es el reflejo de un sentimiento trágico de la vida. Así, una obra donde se alude al tema de los toros y que sirve como ejemplo de su estilo es el “Romancero Gitano” (1928), en el que los dos grandes temas son la muerte y la incompatibilidad moral del mundo gitano con la sociedad burguesa.
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Uno de los poemas que están incluidos en él es “Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla”.

“Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre
va a Sevilla a ver los toros...”

(...)

“Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir...”


Ahora bien, la inspiración taurina más fuerte de Federico García Lorca estalla con la desaparición de Ignacio Sánchez Mejías, que murió de gangrena por la cornada del toro “Granadino” en Manzanares.
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“Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” (1935) está considerada como su obra cumbre y, además, como la cima de toda la poesía elegíaca.

En el primer poema, “La cogida y la muerte”, Lorca nos habla del momento de la cogida del torero y de su posterior muerte por gangrena, pero no concatena los dos momentos, el tiempo lo detiene “a las cinco de la tarde” y la repetición de ese verso tiene el mismo sonido de una campana tocando a muerto.

“A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde...”

(...)

“Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde...”


En el segundo poema, “La sangre derramada”, García Lorca se muestra conocedor del necesario y trágico peaje que lleva implícito el toreo, pero aquella vez le había correspondido pagarlo a un amigo y Lorca no puede resistir el dolor que le causa saber que nunca más podrá disfrutar de su presencia, que ese ser tan querido ha partido hacia... la eternidad:

“¡Que no quiero verla!

Dile a la Luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.

¡Que no quiero verla! ...”

(...)

“¡Que no quiero verla!
Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea! ...”


Después, en el mismo poema, convierte al torero muerto en héroe de los héroes y en espejo en el que deberían mirarse el resto de los humanos:

“No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada
ni corazón tan de veras...”


En los dos últimos poemas, “Cuerpo presente” y “Alma ausente”, Federico García Lorca nos habla de la defunción, de la ausencia, del tiempo, del olvido... pero él se aferra al recuerdo de su amigo:

“No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre...”

(...)

“No te conoce nadie. No. Pero yo te canto
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento...”


“Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” es un canto de amistad de Federico García Lorca, pero también un conjunto de poemas en los que la fiesta y la tragedia de los toros irrumpen en la poesía y dan esplendor a nuestra literatura. Podéis disfrutarlo en este enlace, pero yo os recomiendo adquirir un libro para poder leerlo siempre y en cualquier momento.
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5 comentarios:

Anónimo dijo...

Asique esto de los toros no es cultura no?

Qué atrevida es la ignorancia!

Juan Nuñez "Sentimientos"

ivan fuenla dijo...

Como ya es habitual, ENHORABUENA, me ha echo descubir poemas que ni por asomo conocia.

La reflexion que saco en limpio de esta entrada (a lo mejor erronea),y que no me gusta, es que la gente mediatica, periodicos, televisiones, radios, etc, solo se dejan ver y se decantan por un torero cuando este llega al limite entre el arte y la tragedia, como el ejemplo que ponia usted de hace menos de cien años con un torero con menguadas cualidades pero valiente como ningun otro.

Siempre es mucho menor la repercusion que tiene un torero que sale por una puerta grande, que la que tiene otro que sale por la puerta de la enfermeria.

Un saludo

LAGUN dijo...

Amigo Iván:
Efectivamente, la impresión que has sacado es errónea. Ignacio Sánchez Mejías no fue elogiado por la Generación del 27 porque fuese un... un..., quien te diría... un Padilla tremendista... o... un José Tomás temerario.

Ignacio Sánchez Mejías fue novillero, banderillero, nuevamente novillero, torero, atractivo físicamente (con todo lo que ello conlleva en un personaje así), actor de cine, jugador de polo, presidente del Betis, de la Cruz Roja..., poeta, novelista y, sobre todo, muy vanguardista culturalmente: fue el responsable de la reunión en la que se gestó la Generación del 27; incluso se dice que fue mecenas de algunos de sus componentes. Pero sobre todo fue amigo de todos ellos. En fín, que debió ser alguien fascinante. De ahí el "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías" de Federico García Lorca.

Anónimo dijo...

Buenos dias !

Noto tener cierta influencia en este texto ... me confundo?? jajajaj , me ha alegrado gratamente que mi regalo haya servido para que sacases ideas para tu nuevo texto , eso si nadie como tu para darle ese sentido.

Yo afortunadamente trabajo con gente que adora a esta figura, simbolo nacional por escelencia , que es el toro , y he podido ver en escena una representación inédita de gente que por afición la llevo a cabo aquí en mi localidad ( Olmedo ) realizando ellos mismos los textos , sacados algunas veces de textos ya escritos y otras de invención propia .

Pero no me quiero enrollar y solo quiero felicitar a Lagun que ha plasmado a su modo , la imagen del toro en la literatura de una manera muy comprensible y agradable de leer , pues muchas veces la literatura es muy pesada .

Un saludo y esperemos el proximo texto , que ya en las fechas que estamos debería de ser relativo a la navidad ... ahi queda eso .

Sonia ( Olmedo )

LAGUN dijo...

¡Buenos días, Sonia!

La verdad es que la mayoría de los textos procuro llevarlos por adelantado y esta entrada estaba ideada y preparada desde hace tiempo.

No obstante, me gusta recibir sugerencias y, sobre todo, material para elaborar textos. Y por eso te agradezco el regalo que me hiciste, pues seguramente me servirá para el futuro. No lo dudes.

Un abrazo.