5/10/09

Evolución histórica del antitaurinismo

El antitaurinismo ha ido evolucionando desde los postulados de la Iglesia, con base en los razonamientos del cardenal Juan de Torquemada, hasta las tesis de colectivos como PETA
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Es evidente que soy un aficionado a los toros y, lógicamente, todos los textos de esta bitácora tienen como fundamento esa premisa. Pero no sería fiel a la realidad si al menos en un texto no recogiera la opinión de quienes no piensan o sienten como yo: de los antitaurinos.

Va a ser hoy. Y voy a intentar hacerlo con objetividad y, sobre todo, con mesura; es decir, sin ánimo de contrarrestar su opinión, sin insultarlos, pero también sin incidir en la habitual retahíla de verbos y apelativos que ellos nos suelen dedicar a los taurinos.


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Desde que contamos con fuentes escritas, está acreditado que los distintos tipos de juegos de toros que ha habido a lo largo de la historia siempre tuvieron detractores de todos los ámbitos de la sociedad.


Ya en la antigua Roma hubo moralistas como Cicerón o Séneca que criticaron los espectáculos en los circos con fieras de cualquier especie. Esas criticas tuvieron continuidad posteriormente en escritores cristianos de los primeros siglos de la Iglesia, entre los que cabe citar a Prudencio, Casiodoro, San Agustín o San Juan Crisóstomo, que fueron forjando una línea de pensamiento que, finalmente, en el siglo XV, el cardenal Juan de Torquemada aplicó concretamente al ámbito taurino, al censurar específicamente los primitivos juegos de toros del Medievo por considerarlos como uno más entre los distintos tipos de enfrentamiento del hombre con fieras.

El argumento principal del posicionamiento antitaurino de la Iglesia era que quien osaba participar en un juego de toros cometía una ofensa contra Dios por arriesgar su vida de forma voluntaria, ya que la vida es obra de Dios y no le estaba permitido al hombre poner en riesgo lo que no le pertenecía.

El punto culminante del antitaurinismo religioso llegó en 1567 con la bula “De salutis gregis dominici” del pontífice Pío V, en la que se dictó la prohibición de los espectáculos en los que se corrieran toros, bajo pena de excomunión para los que permitiesen su celebración y para los clérigos que tomasen parte en los mismos, condenándose también a quien pudiese morir mientras participaba en uno de esos espectáculos a no recibir una sepultura eclesiástica.

Esa bula contra los festejos taurinos conllevó su instantánea erradicación en Italia, su desaparición en la mayor parte del territorio de Francia -siguieron celebrándose en el sur- y la adopción en Portugal de alguna medida correctora en los esquemas de la lidia. En España, en cambio, no acarreó consecuencias, pues Felipe II no favoreció el cumplimiento de los requisitos formales previos para que la bula tuviera vigencia y no se aplicó.

Tras Pío V, los sucesivos pontífices mantuvieron posiciones ambiguas respecto a la prohibición ordenada en dicha bula de 1567: Gregorio XIII suavizó preceptos, Sixto V volvió a adoptar una postura de firmeza, y Clemente VIII ordenó su derogación.

La corriente antitaurina de procedencia religiosa se mantuvo latente durante el siglo XVII, pero iría perdiendo contundencia. Desde entonces la Iglesia no ha vuelto a definirse con claridad determinante al respecto.


Si fue importante la postura de la Iglesia respecto a los festejos taurinos, más determinante resulta la de quien está al frente del Poder del Estado.

En el s. XIII el rey Alfonso X el Sabio prohibió matar toros a pie y por dinero, pero al mismo tiempo alentó las suertes a caballo, pues dispuso que todo guerrero que las practicase sin ánimo de obtener ganancia por ello se le reconocería fama de hombre esforzado y valiente. Estas ordenanzas recogidas en Las Siete Partidas promocionaron durante los períodos de entreguerras de la Reconquista la práctica de juegos de toros a caballo por parte de miembros de la nobleza y de todo caballero cercano a la Corte, y ocasionaron que el toreo medieval tomase un carácter cortesano, aristocrático y caballeresco.

No la gustaron los juegos taurinos a Isabel I, la Católica, pero tampoco ordenó su prohibición. Posteriormente, una vez finalizada la Reconquista, perduraron durante el s. XVI por la postura de Felipe II ante las directrices abolicionistas de la Iglesia. Y en el s. XVII, cuando cesó la presión eclesiástica, las corridas caballerescas llegaron a gozar de su época de mayor esplendor.

Sería en el s. XVIII, con la llegada al trono de la dinastía Borbón, cuando tuvo lugar la mayor corriente antitaurina proveniente del Poder del Estado.

Tras la muerte sin descendencia de Carlos II, Philippe de Bourbon, duque de Anjou, nacido y criado en Versalles, se trasladó con diecisiete años a España para hacerse cargo de la Corona y españolizó su nombre para reinar como Felipe de Borbón: Felipe V. Por su afrancesada y refinada educación, muy distinta en gustos a los imperantes entonces en la sociedad española, el primer Borbón de la Casa Real española sintió una profunda aversión hacia los festejos taurinos, lo que provocó que la nobleza y toda la clase cortesana dejase de participar en ellos, desapareciese la corrida caballeresca y surgiera un primitivo toreo a pie que fue el germen de las actuales corridas de toros. Aquel primer Borbón no quiso o no se atrevió a prohibir los festejos taurinos, pero sí lo hizo Fernando VI, aunque permitía celebrarlos si los beneficios se destinaban a beneficencia.

No obstante, con quien alcanzó su cenit la política antitaurina de los Borbones fue con Carlos III, quien 1785 prohibió las corridas de toros en todo el reino. Carlos IV volvió a insistir en la prohibición en 1805; y es que el pueblo español debió mantenerse fiel a sus tradiciones, pues en 1790 se había dictado una Real Provisión por la que se prohibía correr toros de cuerda por las calles.

Durante el tiempo de gobierno de José Bonaparte, y sin duda para contentar al pueblo español, se autorizó la celebración de corridas de toros. Y, una vez finalizada la Guerra de la Independencia, Fernando VII levantó todas las prohibiciones y los festejos taurinos volvieron a celebrarse por todo el reino.

Ya en nuestros días, sin poderes absolutistas, las competencias en materia taurina están transferidas a las Comunidades Autónomas; y una de ellas, la de Canarias, tiene prohibida la celebración de festejos taurinos desde 1991. En la actualidad, se encuentra pendiente de debate en el Parlamento de Cataluña una iniciativa legislativa popular para la abolición de la tauromaquia en el ámbito de su Comunidad.


Pero el antitaurinismo no ha sido un sentimiento exclusivo de algunas de las grandes personalidades del Estado o de la Iglesia. Entre nuestros literatos, filósofos e intelectuales también ha habido representantes que en sus obras, reflexiones y opiniones han mostrado su rechazo a los festejos taurinos. De algunos siempre cabe la duda de si el parecer que podemos leer en sus obras es debido a su propia convicción o si simplemente se trata de giros literarios; pero en otros, en cambio, es más que evidente su postura antitaurina.

Los nombres son muchos y su enumeración podría resultar extensa. Por ello, a modo de ejemplo, cabe citar a algunos que aparecen en todas los listados, como el Padre Mariana, Gaspar Melchor de Jovellanos, José de Vargas Ponce, Mariano José de Larra o Fernán Caballero. Pero cuando se habla de antitaurinismo relacionándolo con nuestras letras hay que hacer una mención especial a la Generación del 98.

La gran mayoría de los componentes de la Generación del 98 mostraron en algún momento su aversión por las corridas de toros. La idea más común era que, junto a la religión, consideraban a la afición por los toros un símbolo del atraso intelectual del pueblo español y una de las causas que provocaban la abulia y frivolidad que demostraba la sociedad ante los problemas reales de España. Criticaron, por ejemplo, que el pueblo pasease por las calles en hombros a Rafael Guerra, Guerrita, el mismo día que hundieron nuestra escuadra naval en Santiago de Cuba y se consumó el “Desastre del 98”.

Como muestra del sentir antitaurino de este grupo, se puede hacer constar algunas citas.

Antonio Machado retrata a esa España que criticaba la Generación del 98 en El mañana efímero (1913):

“La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María...”

Y augura, o desea, su fin: “...ha de tener su mármol y su día...”

Pío Baroja describe las impresiones del protagonista de La busca (1904) cuando acude por primera vez a una corrida de toros: “Le pareció el espectáculo una asquerosidad repugnante y cobarde...”

De Miguel de Unamuno provienen las críticas más numerosas contra las corridas de toros. Incide en la misma idea común:

"...Mientras la gente discute la última estocada de “Pavito” y su escapatoria con la cupletista Carmen o Conchita, no habla de otras cosas, y es muy conveniente hacer que el público tenga hipotecadas su atención y su inteligencia en variedades de ésas..."

Para él, que declaró que “siempre me han aburrido y repugnado las corridas de toros”, la causa de su rechazo no fue la crueldad hacia los toros, sino su repercusión social y las negativas consecuencias que causan en la economía del país por los grandes e improductivos latifundios que se destinan a su cría.

Y, por poner un último ejemplo de la Generación del 98, Azorín comienza su artículo “Toritos, barbarie” (1913) diciendo: “Asistimos en estos tiempos a un renacimiento de la barbarie taurina...”; y él se incluye entre “cuantos no amamos esta fiesta cruel y estulta, cuantos detestamos los toros...”

La cita de ese famoso artículo de Azorín no es caprichosa, pues en él critica, no el fondo, sino las vehementes formas del adversario más acérrimo de las corridas de toros entre los componentes de aquella generación, del escritor que las atacó con mayor tesón y pasión: Eugenio Noel.

Eugenio Noel consagró prácticamente toda su vida y su obra a la denuncia de las corridas de toros y el flamenquismo. Curiosamente, por lo mucho que investigó sobre ambos temas, a él se debe el conocimiento de datos que no se pueden encontrar en ninguna otra fuente.

Este ingenioso a la vez que peculiar “noventayochista” llevó a cabo por toda España una campaña antitaurina y antiflamenca dando conferencias con tanta pasión que a menudo provocó tumultos e intentos de agresión contra su persona.

Curiosamente, por entonces surgió la figura del torero Juan Belmonte y, al renunciar en sus encuentros con el toro a la lucha y recurrir a la estética, hizo callar a la inmensa mayoría de los intelectuales de la época, que pasaron de repudiar la “Fiesta” a convertirse en acérrimos partidarios de El Pasmo de Triana.

Manuel Vicent es en la actualidad uno de los más conocidos escritores de militancia antitaurina. Es conocida su costumbre de escribir un artículo todos los años al comienzo de la Feria de San Isidro.


Y, desde luego, siempre ha habido una parte de la sociedad que se ha sentido antitaurina.

Sus argumentos, aunque con matices, siempre han tenido como fundamento básico la crueldad. Pero hay que hacer constar que, mientras en la antigüedad la crueldad hacía referencia a las personas que resultaban heridas o fallecían por las embestidas de los toros y que posteriormente se refería tanto a las cornadas que sufrían las personas como a la muerte de los toros y la forma en que ésta se producía, en la actualidad hay un sector de antitaurinos, cada vez más numeroso, que sólo hablan de crueldad, de tortura, en referencia a la muerte de los toros, al tiempo que festejan el hecho de que resulte herido o muera un participante en el festejo, sea profesional o no.

Por otro lado, en los antitaurinos que tienen una ideología política de izquierda más extremista y en los independentistas, además de la crueldad, tiene un gran peso en su sentimiento la vinculación que imputan a las corridas de toros con la ideología política de derechas, especialmente con el régimen franquista, así como la negación de España y todo lo que a ella pueda representar, como es el caso de los toros.

Hay que destacar que en la actualidad no es ningún poder fáctico quien con mayor ahínco critica la celebración de las corridas de toros y pide su abolición, sino la población antitaurina. Y ello es debido a su agrupación en organizaciones que, además de proporcionar una voz común que llegue a toda la sociedad, convoca multitud de movilizaciones o actos de protesta.

Hay organizaciones de índole internacional, siendo la más conocida y la más importante por número de miembros “People for the Ethical Treatment of Animals” (PETA). El eslogan de PETA es “los animales no son nuestros para comer, vestir, experimentar o usar para entretenimiento”.
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La manifestación de PETA más conocida en España es la que convocan todos los años en Pamplona al inicio de los sanfermines, con el nombre de “encierro humano”, aunque su repercusión viene dada, no por el número de asistentes, que no suele ser elevado, sino por el hecho de que se manifiestan por las calles prácticamente desnudos.

La organización ha sido criticada por el gran numero de animales que eutanasian en sus dependencias -alrededor del 95 % de los que están a su cargo-, así como por sus campañas, ya que si la consigna en Pamplona es que en la cabecera de la manifestación se sitúen mayoritariamente mujeres que no lleven más ropa que un tanga y muestren el resto de su cuerpo, en sus campañas publicitarias suelen recurrir a mujeres famosas que también posan desnudas, lo que provoca críticas por un supuesto uso del cuerpo de la mujer para sus fines publicitarios.

Entre las organizaciones nacionales cabe mencionar, entre otras, a AnimaNaturalis, cuya finalidad es establecer, difundir y proteger los derechos de los animales, para lo que pretenden transmitir información y sensibilizar a la opinión pública con campañas de protesta, manifestaciones, conferencias, mesas informativas y actos coloristas y reivindicativos como los que suelen convocar al inicio de las más importantes ferias taurinas.

Existe también un partido político denominado “Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal” (PACMA), El ideario programático de PACMA es crear una relación armoniosa entre el ser humano y los animales, para lo que promueven medidas en la legislación, la educación, la concienciación social y la prohibición de todo tipo de espectáculos públicos con animales. Entre las distintas manifestaciones que convoca, siempre ha elegido desde su constitución la localidad de Tordesillas para protestar contra el festejo conocido como “Toro de la Vega” y solicitar su prohibición.


Ahora bien, si la sociedad civil es la que a través de distintas organizaciones representa actualmente la corriente antitaurina de mayor fuerza, quienes tienen un mayor poder de influencia y ejercen una mayor presión son determinados medios de comunicación. Entre ellos, la televisión, que es el medio que llega a un mayor número de hogares, siendo varias las cadenas generales con programas en los que el mensaje es nítidamente antitaurino.

Destaca sobremanera por su antitaurinismo Tele 5. Curiosamente, en la actual línea editorial de los informativos de esa cadena no se suelen atacar las corridas de toros, a las que son aficionados sus directores y presentadores, pero son reiteradas las informaciones y las imágenes con las que se trata de influenciar de forma negativa en la audiencia contra los encierros, capeas y resto de festejos taurinos populares.

Las organizaciones antitaurinas cuentan con un poderosísimo aliado en la televisión y en el resto de medios, puesto que a sus manifestaciones no suelen acudir más que unos centenares de personas, pero siempre aparecen incluidas como noticia relevante, y la mayoría de las veces en portada.

Fotógrafos que parecen más pendientes de la aparición de las primeras tetas en la cabecera de la manifestación que de captar una imagen que muestre el número de manifestantes


Con todo, al mismo tiempo que en los últimos decenios los festejos taurinos populares han cobrado un gran auge tanto en participación como en seguimiento y resulta casi imposible conseguir una entrada para asistir a los festejos de las grandes ferias de la temporada, las encuestas señalan que decrece el porcentaje de españoles interesados en las corridas de toros.

Independientemente de que toda sociedad cambia en sus gustos e ideas, una de las razones para entender esa evolución de la opinión de los españoles es que las sociedades del mundo rural son cada vez más urbanas, que se extienden los gustos y sentimientos propios de las grandes urbes y se pierden aficiones como la de los toros que están mucho más ligadas al campo que a la ciudad.

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16 comentarios:

LAGUN dijo...

No creo haber utilizado ningún insulto y no voy a permitir que nadie los utilice en sus comentarios. Si alguien quiere comentar algo sobre la entrada, que lo haga, pero sin insultos ni descalificaciones. Por otro lado, no voy a entrar en la típica discusión de “toros sí – toros no”. Y, finalmente, este no es un foro para antitaurinos. Ya tienen los suyos propios. Pero sí que podría publicar el comentario de algún representante de sus organizaciones si el mensaje que remitiese aportase algo más que eslóganes, reivindicaciones o deseos que ya suelen emitir en sus actos y manifestaciones.

José Enrique dijo...

Tu artículo me parece sumamente interesantes. Tampoco es demasiado tendencioso, y ofrece una información que se ajusta bastante a la realidad. Quizás se oiga hoy en día con demasiada frecuencia que en el movimiento antitaurino hay mucho independentista. Bueno, es un argumento más, pero que no es de recibo.
José Enrique Zaldívar
Vicepresidente de AVAT
Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia.

www.avat.org.es

LAGUN dijo...

¡Buenas, José Enrique!

Me alegra leer el contenido de tu comentario porque con él me das a entender que, desde tu punto de vista, he conseguido ser objetivo a la hora de redactar el texto, tal y como yo pretendía.

Respecto a la precisión que haces sobre los independentistas y el movimiento antitaurino, tú entiendes que no es de recibo la simbiosis de sentimientos, y en teoría así debería ser, pero la realidad es la que es: hay personas que han llegado al movimiento abolicionista de la Tauromaquia partiendo de la negación de España. Y que conste que yo no he llegado a decir eso en el texto de una forma tan categórica, pues si lo vuelves a leer detenidamente verás que está relativizado.

Y, finalmente, creo que no es muy "diplomático" (permíteme la expresión) que hayas incluido la dirección de vuestra página web. Pero, bueno, en atención a los buenos modos que has empleado a la hora de redactar tu comentario, ahí queda.

Un saludo.

José Enrique dijo...

Gracias por tu comentario. Lo de enlazar la página de nuestra asociación es una costumbre que tengo, y era más que nada para dejar constancia de que existimos. En mi blog personal tengo por costumbre que cuando un taurino se expresa con corrección y me deja el enlace de su blog o web, ahí queda. Creo que en este debate, el de taurinos-antitaurinos, debe fluir la información y la opinión de las dos partes, para que el público en general, es decir, esa mayoría que es indeferente, pueda decantarse por una opinión o por otra. De cualquier modo, si no te parece bien que figure el enlace de AVAT, lo puedes quitar tranquilamente. Tengo idea de enlazar tu blog al mio, si es que no tienes inconveniente.
Saludos.
Pd: en nuestra página, verás que se puede acceder al blog taurino: Toro, torero y afición.

SILVIA dijo...

Amigo Lagun...
Me ha gustado especialmente esta entrada. Has sido objetivo, diplomático, y tu argumentación es contundente. Te diré, que soy antitaurina (aunque no una fanática), porque estoy en contra de infringir cualquier tipo de daño a animal alguno ( y en ellos incluyo, por supuesto, al hombre).
Pero, respeto todas las posturas.
hace mucho que creo firmemente que el respeto es la base fundamental de todo, y con tu entrada, te has ganado un poquito más el mío.
A tí te gustan los toros, bien a mí no, y ¿cual es el problema? a mí me gusta la cerveza y quizá a tí no, y sigue sin haber problema.
Lo cierto es que el ser humano tiende a enfrentarse continuamente por nimiedades. Y eso no va conmigo.
Y con esto no quiero decir que los toros, o el atitaurismo sea una nimiedad, que nadie se ofenda, por favor.
Simplemente quiero decir, que cada cual con sus gustos, y cada uno que defienda sus ideas. Y no por ello unos son mejores que otros, no crees?
Definitivamente, me gustó tu entrada. Hace falta más diplomacia en estos tiempos que corren.
Gracias por el respeto demostrado, y ójala tu, seas igual de respetado.
Un saludo, y besitos desde Bilbao.
PD: Muy acertado también el comentario de Jose Enrique.
Silvia.

LAGUN dijo...

Para José Enrique:
Si decides poner un enlace a mi bitácora desde tu blog, por mí, encantado. Es tu decisión.
Pero no voy a ser recíproco. ¿No sé si lo entenderás? No puedo colgar en mi barra lateral enlaces a páginas donde, como taurino que soy, se me insulta. La dirección a vuestra web quedará aquí, en la zona de comentarios de una entrada con la que guarda relación, pero nada más.
Un saludo.

Para Silvia:
Tras leer tu comentario, aumenta el sentimiento de agradecimiento que te tengo por colgar en tu blog un enlace al mío por tu propia voluntad, sin conocernos, sin haber hablado previamente por ningún medio.

Por cierto: ¡¡¡Me encanta la cerveza!!!

Un beso, Silvia.

chirrina dijo...

¡Antitaurinos con extremado respeto!

¿Acaso ha aparecido el nuevo Belmonte?

sáhe dijo...

Gracias Lagun, IMPRESIONANTE. Creo que la entrada y el blog en general son grandes herramientas para el diálogo entre posturas que, a mi modo de entender, aún no están bien definidas. ¿Contra qué está el antitaurino? ¿A qué es aficionado/apasionado el corredor de encierros? En unas declaraciones de Peta, entendí que no protestaban contra los encierros y como en los dos casos hay opiniones de todo tipo, seguro que el entendimiento entre las posturas menos extremas desembocarían en un objetivo común, el bien de: El Toro Bravo.
Ojalá me haya explicado bien. Saludos.

LAGUN dijo...

¡Hola Sáhe!

He entendido perfectamente tu idea. Pero creo que en este debate existe un problema que hace que el entendimiento, más que difícil, sea imposible. Porque, en contra de lo que tú piensas, las posturas están muy definidas.

Por un lado, entre la población civil antitaurina que no está organizada hay quien está en contra de las corridas de toros, pero en cambio sí que admite festejos como los concursos de recortadores e, incluso, los hay que llegan a tolerar hasta un encierro tipo SanSe, tan sumamente organizado previamente y con un altísimo tanto por ciento de corredores mentalizados para correr y nada más. Pero el problema radica en que en una supuesta mesa de negociación esa parte de la población apenas tendría representantes, porque la mayoría de la representación antitaurina recaería en las organizaciones ya constituidas que son, precisamente, las que tienen las ideas más extremas: no a cualquier tipo de festejo taurino.

Y, por el otro lado, es cierto que dentro de los distintos ámbitos de lo taurino hay mucha más variabilidad respecto a la afición que se siente. A muchos sólo les gusta el festejo popular y no se sienten atraídos por las corridas de toros. Pero ocurre lo mismo que con la otra parte en discordia: en una supuesta mesa de negociación, el sector taurino estaría representado mayoritariamente por los distintos profesionales del toreo que, como muchos otros aficionados, nunca concertarían un acuerdo en el que se mantuvieran festejos populares como los que antes decía y desaparecieran las corridas de toros. Pero es que en el hipotético caso de que, aboliendo las corridas de toros y permitiendo los festejos populares, se llegase a un principio de acuerdo entre la minoría de los antitaurinos y una minoría del sector taurino, la puntualización que terminaría por disolver a esas minorías sería: ¿qué festejos populares se admiten y cuáles no? Porque esa puntualización también saldría a relucir y, por ejemplo: olvídate de la modalidad del toro de cuerda, tan extendida en Andalucía.

Como tú dices: ¿no sé si me he explicado bien?

Un abrazo (y gracias por vuestra labor en la web de “ahí abajo”).

sáhe dijo...

Comprendido Lagun, y ¡menos mal que no estamos de acuerdo en algo! De acuerdo en todas las posturas que has definido y añado la de aficionados a la llamada lidia sin sangre que podría eclipsar a las dos extremas. En lo que no estoy de acuerdo es, como te imaginas, en olvidarme de la modalidad del toro de cuerda ya que, estudiando bien los casos, podría catalogarse como algo más que festejo taurino popular. En alguno que otro... propondría festejo de culto taurino popular. Desde el Sur (hoy sí), nuestro agradecimiento y aprecio. Un abrazo.

Javier dijo...

"SAPERE AUDE" Del latin: "Atrévete a saber"

Amigo Lagun

Mucho tiempo sin aparecer por aqui, pero aqui estoy. Aunque esta entrada sea de hace tiempo, no se quedará antigua.

Me agrada ver que es posible acercarse a este "debate" sin ir más allá que exponer unas ideas. Me daclaro (y estoy sumsmente orgulloso de ello) un defensor a ultranza de todo lo que tenga que ver con el toro y su lidia, incluídos festejos populares, etc. Pero por otro lado me siento tambien un defensor de los animales. ¿Incongruencia? Creo que no, pero por si acaso les aviso: lo llevo bien...

Desde el respeto más absoluto, creo que los detractores del toro (Digo "detractores" porque no me gusta llamar a nadie "anti" nada, creo que eso ya es negativo para empezar cualquier dialogo. Y digo "del toro" porque al desaparecer la lidia y festejos, desaparecería tambien el toro de lidia)deberían sumergirse más en los aspectos culturales del toro y de su mundo. No es fácil entender todo lo relacionado con este animal ni con sus festejos y su lidia. Hace falta leer mucho, interesarse, pensar e incluso reflexionar sobre bastantes asuntos. Si nos declaramos "anti" nos estamos declarando "anti" demasiadas cosas. Cosas importantes que tocan las manifestaciones culturales, históricas, antropológicas, sociales... y sinceramente creo que si nos acercasemos a la fiesta y a al toro con respeto, si "conocieramos" (en el sentido más amplio de la palabra) ese "anti" se convertiria en otra cosa.

Personalmente creo que la relación toro-cultura (y no solo manifestaciones culturales)es sumamente amplia. Pero igual que ha hecho Lagun aqui, es necesario tener valentía y de verdad tener ganas de ser "anti" para bucear en ellas.

Ahí es donde están nuestros verdaderos argumentos para defender al toro y donde quedan eclipsados otros argumentos "anti".

Hagamos un debate serio. Nacionalismos? pues claro que si. No están usando el futbol en Barcelona para lo mismo? (veanse declaraciones del Sr. Laporta). Les da igual fútbol o toros.

Si el movimiento "detractor del toro" estuviese organizado, creo que no lo permitiría. Os hace daño.

Lean, escuchen, investiguen, piensen, reflexionen y no tengan miedo a debatir y a hablar desde el respeto. Quizá encuentren motivos para, al menos, no ser "anti" nada.

"Sapere aude"

Javier Arteaga Moralejo (En este asunto prefiero no usar "apodos")

LAGUN dijo...

Amigo Javier:

Si hubo algo que me impactó de ti desde el mismo día que nos presentaron fue ese "sapere aude" que emanas.

No voy a tirar del latín para dejar otra frase o lema al uso. Me voy a limitar a guardar silencio y a volverme a leer tu inteligentísimo comentario. Ya sabes que siempre estoy dispuesto a saber, a aprender (de ti, en este caso).

Un abrazo. Nos vemos camino de Francia.

Abisal dijo...

La razón de que los antitaurinos salgan casi desnudos es porque es la solución que les queda si quieren la mayor presencia mediática posible. Ninguno está deseando ponerse en bolas en el medio de lacalle y muchos se tragan la vergüenza para denunciar lo que creen una injusticia. Y a mí me parece muy lícito. Otros defienden los suyos por metódos más sucios, como hackear las webs de los que atentan contra sus intereses económicos.

Has conseguido una gran objetividad en tu post pero leo dos cosas en las que te creo equivocado:
- parece que hablas de los antitaurinos como los que piensan diferente a ti, como si tu fueses de un equipo de fútbol y ellos de otro, cuando se trata de una lucha mucho más importante, de ética y moral, no de equipos ni partidos políticos.

- yo soy de campo, rural, aldeana si quieres... y no concibo que se mate a un animal nada más que si va a ser nuestro alimento. No te confundas, no toda la gente del campo acepta las corridas. Precisamente por estar en el campo y el contacto directo con los animales muchos son más sensibles.

Perdona lo extenso de mi comentario.

LAGUN dijo...

En respuesta a “Abisal”:

Como no has tocado directamente el debate “toros, sí – toros, no”, sino otras cuestiones colaterales, y dado lo correcto de tu comentario, lo he admitido y paso a saludarte, al tiempo que me permito dejar unas indicaciones a tus palabras.

En primer lugar, te agradezco que sepas reconocer la objetividad del texto. Y, en segundo lugar, respecto a tus objeciones, permíteme explicarme.

Una persona se puede manifestar de muchas formas, por lo que hacerlo casi desnudos nos es “la solución que les queda” a los antitaurinos, sino la que eligen de forma premeditada para publicitar su protesta a los medios y, de paso, a los usuarios de esos medios. Y si está convenido que, para publicitar un “producto”, es discutible el uso publicitario de la desnudez de un cuerpo (especialmente de la mujer), por eso mismo también hay quien discute en este caso la opción de los antitaurinos para lograr una mayor difusión mediática. Y de manera muy especial cuando se realizan grandes campañas publicitarias utilizando el cuerpo desnudo de hombres o mujeres que son famosos por, digamos, la “promoción” de su cuerpo.

Por otro lado, estamos de acuerdo en que el tema de los toros no es algo tan banal como el fútbol, sino un problema filosófico, pero es evidente que en él existen varias corrientes de pensamiento enfrentadas; entre otras razones, porque no existe una ética ni una moral universal. Tú misma te puedes poner como ejemplo de corriente intermedia: dices admitir que se mate un animal para servirnos de alimento y sabes que hay corrientes de pensamiento antitaurinas y animalistas que ni tan siquiera admiten lo que tú sí.

Por último, se haya nacido en una sociedad más urbana o más rural (como tú o como yo), siempre habrá personas que tengan líneas de pensamiento distintas. Es evidente. Pero creo que también es notorio que la afición por los toros está mucho más arriesgada en el campo que en la ciudad. Quizás en tu comunidad autónoma no, pues es de la menos taurinas, pero sí en la mayoría de comunidades.

Por lo demás, Abisal, te envío un saludo.

Rafael Ávila dijo...

Es evidente el esfuerzo por ser imparcial que a veces se torna en divertido por el tono versallesco del intercambio. Creo que habría que precisar las bases del debate: me gusta/no me gusta (los toros, la cerveza) está bien para un jardín de infancia, pero banaliza el intercambio y no es un criterio serio que sirva como base para una discusión. El criterio por el que nos guiamos es moral. La moral es siempre convencional, pero en todos los países de nuestro entorno social y cultural (excepto pequeñas áreas de Francia) las corridas y festejos son rechazadas; el mismo tratamiento dispensado a cualquier otro animal es, en teoría penado por la ley (en la práctica no parece haber mucho interés por hacer cumplir la ley. La excepción se basa en argumentos voluntaristas y de poco calado. Una obviedad: si todas las personas son respetables, no todas las posturas lo son, ni merecen tolerancia; de hecho, algunas son difícilmente tolerables en 2010. Por último, asimilar nacionalismo con antitaurinismo es una afirmación carente de base y muy utilizada para desviar el sentido del debate. Chiquito de Amorabieta... era Jon Idígoras.

LAGUN dijo...

Para RAFAEL ÁVILA:

No suelo admitir comentarios de personas que se manifiestan en contra de “los toros” (hablando en términos de festejo y en su acepción más general), puesto que ese posicionamiento tiene sus propios espacios en la red y "abrir el melón" del debate suele degenerar en el envío de comentarios fuera de tono. No obstante, he admitido el suyo por varias razones:

La principal, porque parece estar hecho con respeto, sin entrar en insultos ni descalificaciones. Y, además, por estas otras:

Como ya indiqué en el primer comentario de este texto, y como aclaro en el párrafo anterior, con esta entrada no pretendo abrir el debate... llámelo como quiera. Con este texto sólo pretendo exponer la “evolución histórica del antitaurinismo”. Creo que todos los que hasta ahora han dejado algún comentario así lo han comprendido, y de ahí que el tono de sus mensajes no sea de debate, o de intercambio, y que a usted le pueda parecer versallesco y, por ello, divertido. A mí, al menos, no me lo ha parecido así.

Y, como aquí no pretendo abrir ese debate, tampoco creo que sea procedente hablar de las bases del mismo. No obstante, dada su indicación sobre lo banal que podría resultar si se hace en base a los posicionamientos habituales de toros sí o no, tengo que decirle que a mí también me parece banal que sólo se haga desde la moral, pues en el debate habría que estimar otras ramas de la filosofía y otras especialidades científicas. Y, ya que se acoge a la globalización de nuestro entorno social y cultural, le diré que para mí no habría un debate serio si se hace con referencia a un único animal, como es el toro, pues se debe globalizar ese debate al resto de las especies animales. Y no me estoy refiriendo sólo a caballos, perros, gatos, aves en general... Ni tan siquiera me conformaría con hablar de los ratones de laboratorios (y ya ahí puede que muchos animalistas quisieran abandonar el debate, al no querer renunciar a los logros obtenidos en medicina a través del “uso” de esos animales en la investigación). No. El debate debe ir más allá. ¿Y por qué limitarlo sólo a los animales vertebrados con un sistema nervioso centralizado, tal y como hacen la inmensa mayoría de los animalistas? No. El debate debería ir mucho más allá. Si no es así, a mí ese debate también me parecería banal.

Respecto a su apreciación sobre la respetabilidad de las personas, y/o de sus posturas, y de lo intolerantes que pueden llegar a ser algunas de éstas, yo también creo que en el 2010 hay posturas que no se pueden calificar como tolerantes, como son las de aquellos que desean y festejan la muerte de otro ser humano por el mero hecho de que participe en un festejo taurino.

Y, por último, en mi texto yo no he asimilado nacionalismo con antitaurinismo. Si lo repasa verá que yo hablo de “los antitaurinos que tienen una ideología...”. Por supuesto que hay antitaurinos que no tienen esas ideas a las que me refiero, como también quiero creer que habrá personas con esas ideas políticas que sean taurinos. O, al menos, así creo que es. Porque sería altamente sospechoso que no lo fuera.

¡Ah! Se me olvidaba recordarle que en el País Vasco está mucho más arraigado el taurinismo que en Cataluña. Pero, vamos, que ejemplos en todas las direcciones seguro que los hay. Y no es cuestión de dar nombres ni ejemplos, pues no estoy al cabo de posibles resoluciones judiciales y en todo caso habría que respetar la presunción de inocencia.

Finalmente, aunque usted no lo haya hecho, yo le voy a mandar un saludo. Pues, repito, me ha parecido que su comentario está escrito desde el respeto. Así lo he entendido y del mismo modo he intentado responderle.

Un saludo.