22/12/09

Toro Nupcial

Autora: Anna Nelubova, “Loky”, de Moscú (Rusia)...Fuente: “Loca un poco


El hecho de que hacia el 7.000 a.C. el Toro empezara a ser elevado a la categoría de figura sacra, como símbolo del poder fecundador y, por tanto, garante de fertilidad, parece coincidir en el tiempo con la época en la que el hombre comenzó a dominar la técnica de la domesticación de bóvidos; lo que lleva a imaginar a los investigadores que aquella decisión del hombre de las primitivas culturas neolíticas estuvo directamente relacionada con la práctica de mantener uros sin castrar con el fin de servir de sementales.

Así, al ser el uro un animal que destacaba por su poderío sobre el resto de la fauna y ante la evidencia empírica de la efectividad de su poder fecundante, el hombre habría comenzado a rendir culto a la figura del Toro (uro) para rogar fertilidad en todos los ámbitos que la precisaba: fertilidad del ganado, del campo y de la unión de un hombre con una mujer.

Resulta ya imposible conocer todos los tipos de ceremonias ideados por el hombre para los rituales, pero hubo dos muy comunes en aquellos casos en los que el icono de culto era un animal en general o un toro en particular. Por un lado, la práctica de sacrificios para utilizar la sangre del animal de culto con fines expiatorios (de pecados, culpas o peligros) y rogatorios (de bienes, logros o éxitos). Por otro lado, sin que fuese necesario el sacrificio del animal de culto, la práctica de ceremoniales de simple contacto, en los que el favor deseado se veía cumplido por “transmisión mágica”. Lógicamente, también cabe pensar en fórmulas intermedias: prácticas rituales donde se provocase un leve derramamiento de sangre para utilizar la sangre del animal de culto como agente transmisor del poder venerado.

Siguiendo ceremoniales de esos tipos, el hombre celebró distintos ritos de culto al Toro. Sólo alguno ha llegado hasta nuestros días, pero en todo caso con una evolución que ha menoscabado su original componente ritual y los ha convertido en meros festejos lúdicos. El resto, la inmensa mayoría, fueron desapareciendo; y entre ellos está, precisamente, el que es objeto de este estudio: el Toro Nupcial.

Partiendo del hecho de que el hombre eligió al Toro como símbolo de poder fecundador y que creía que ese poder se podía transmitir para garantizar la fertilidad en la unión del hombre con la mujer, el momento más emblemático para elegir la escenificación de un rito con ese fin es, sin duda, el de la formalización de la unión; es decir: el del casamiento o las nupcias, que es justo el acto en el que se celebraba este rito del Toro Nupcial.

Don Ángel Álvarez de Miranda, catedrático de Historia de las Religiones en la Universidad de Madrid, recogió en su libro Ritos y Juegos del Toro (Biblioteca Nueva, 1998) la descripción del rito del Toro Nupcial que en 1902 había realizado el folklorista Publio Hurtado en su obra Supersticiones extremeñas.

“En Extremadura, en la región de Hervás, Casas de Montes, La Zarza y otras, existe la costumbre de comenzar las ceremonias nupciales dos días antes de la boda. En este día, el novio y sus amigos sacan un toro del matadero, atado por los cuernos con una fuerte maroma. Recorren con él todo el pueblo, toreándolo con las chaquetas, hasta llegar a la habitación de la prometida, donde es muerto, después de que el novio le ha colocado un par de banderillas previamente adornadas por la novia.”

(He respetado la literalidad de, al menos, mi ejemplar del libro de Álvarez de Miranda; pero donde se refiere a “Casas de Montes” y “La Zarza” creo que en realidad se trata de “Casas del Monte” y “Zarza de Granadilla”.)

El investigador don José María Domínguez Moreno describe de una forma parecida a la anterior el rito del Toro Nupcial en un estudio de 1984 que lleva por título Ritos de fecundidad y embarazo en la tradición cacereña, si bien nos da referencias de un mayor número de localidades donde se celebraba:

“En Hervás, Casas del Monte, Zarza de Granadilla, Jarilla, Segura de Toro, Ahigal y otros pueblos del norte de la provincia existía la costumbre nupcial de, en víspera de una boda, pasear los mozos un toro fuertemente atado por las calles del pueblo. El recorrido finalizaba en casa de la novia, siendo muerto el animal en la misma habitación de la casadera. Previamente el novio ponía al animal unas banderillas adornadas por su dama. Este derramamiento de sangre en presencia de la novia, junto a su lecho, respondía al lógico deseo de poner en contacto a la joven con un animal eminentemente fecundador y, mediante una simpatía mágica, hacerla propicia a la concepción... En estas corridas el novio utilizaba su chaqueta para sortear el toro, cuyo contacto con la prenda le hacía recibir la fuerza genésica del animal. Pero al mismo tiempo se usaban también en el toreo, al estilo de las actuales muletas, las sábanas blancas del ajuar de la novia, a las que finalmente, por idéntico contacto, quedaría vinculado todo ese poder de fecundidad.”

Otra mención al Toro Nupcial la encontramos en el profesor don Félix Barroso Gutiérrez, que en un trabajo sobre El Toro de San Juan en Coria nos ofrece otras pistas sobre el rito:

“Se podrían traer más referencias históricas, como las de La Zarza de Granadilla, Casas del Monte, Galisteo..., en algunas de las cuales se nos cuenta, también, la costumbre de espurrear la sangre del toro sobre el umbral de la casa donde vivía la novia.”

Como vemos, el profesor Barroso ya no sitúa la acción final del rito en la misma habitación de la novia, sino a las puertas de su casa.

Como último ejemplo de descripción contemporánea del rito del Toro Nupcial reseñaré la que aparece en el libro Teatro, religión y sociedad, Edición de José Monleón y Nel Diago, Universidad de Valencia (2005), donde se incluye un artículo de Manuel V. Vilanova que lleva por título Pervivencia de los dioses ibéricos y contiene el siguiente párrafo:

“A finales del siglo XIX todavía venía celebrándose en Extremadura el llamado toro nupcial, cuyo desarrollo es el siguiente: el novio y sus amigos cazaban un toro bravo y, tras atarlo con cuerdas, lo llevaban a la ciudad y lo arrastraban hasta la casa de los futuros esposos. El toro era introducido en la habitación nupcial donde el novio le clavaba un par de banderillas blancas, construidas previa­mente por la propia novia, derramando la sangre del ani­mal por el tálamo nupcial. De esta manera, al entrar en contacto la habitación nupcial con la sangre derramada del toro bravo se oficiaba un sortilegio de fecundidad. Al acabar el ritual el toro volvía a ser llevado al prado y se le devolvía su libertad.”

El autor no nos hace constar la fuente de la que se ha servido para esta descripción que contiene un elemento diametralmente opuesto al de las anteriores, como es el hecho de que el novio y los mozos cazaban al toro en el campo y que, finalmente, el animal era devuelto al prado, por lo que no era sacrificado y el rito se consumaba con la simple impregnación del tálamo nupcial con la sangre del toro tras clavarle el novio el par de banderillas construidas por su prometida.

Curiosamente, el catedrático Álvarez de Miranda, que ya citamos en primer lugar, llega a esa misma conclusión para el ámbito temporal de la Edad Media: que el rito del Toro Nupcial no comprendía la muerte del animal. Y ello a pesar de que él sí que se sirvió de una fuente escrita de 1902 donde se dice que el toro era sacrificado al final.

El catedrático de Historia de las Religiones en la Universidad de Madrid basa su conclusión, principalmente, en un documento literario y pictórico que se conserva en el Monasterio de El Escorial, un códice del siglo XIII que recoge e ilustra las Cantigas de Santa María, del rey Alfonso X el Sabio (1221-1284). En la cantiga CXLIV (144) se relata un supuesto milagro que no incumbe a este estudio, pero aporta un dato muy significativo al mismo, ya que ese suceso milagroso habría ocurrido con ocasión de la celebración de un festejo similar al del rito del Toro Nupcial, según asegura el malogrado catedrático.

...
La cantiga cuenta que un caballero que debía casarse mandó que le trajesen toros para celebrar su boda, que eligió el más bravo entre todos y ordenó que lo corriesen.

“Ond’un cavaleiro ben d’i casou da vila, e touros trager mandou pera sas vodas, e un’apartou d’eles chus bravo que mandou correr”

Álvarez de Miranda, tras estudiar las miniaturas que ilustran el texto, dice encontrar en ese festejo un “reflejo exacto de la tradicional fiesta del Toro Nupcial”, dando a entender con ello que es un retrato del propio rito, según se desprende del contexto de todo el capítulo de su libro.

Así, siguiendo a Álvarez de Miranda, ese documento escrito y las miniaturas artísticas nos aportarían unos datos muy importantes:

En primer lugar, que estamos ante un códice del s. XIII y que, por tanto, fuese realmente un milagro o no lo que acaeció, lo que sí se podría asegurar es que el Toro Nupcial ya se celebraba a mediados del s. XIII, cuando menos.

En segundo lugar, que la acción se sitúa en la ciudad de Plasencia, que es una localidad cercana a todas las del norte de la provincia de Cáceres que han ido citadas con anterioridad (entre veinte y cuarenta kilómetros de distancia).

Y, en tercer lugar, que en el suceso que se narra en la cantiga no parece que el festejo terminase con la muerte del toro, lo que induce a pensar a Álvarez de Miranda (junto con otros argumentos de apoyo) que el rito del Toro Nupcial no acababa en la Edad Media con el sacrificio del animal y que su celebración se consumaba con la simple impregnación de la sangre en las telas del ajuar de la novia o en la ropa del novio al torearlo después de ponerle banderillas; entendiéndose que con ello ya quedaba transferido el poder genésico del toro a los futuros esposos y “asegurada” la fertilidad de la pareja.

Con el debido respeto, y desde mi modesto punto de vista, creo que era posible que se diesen ambas formas de finalizar el rito. Aunque hablemos de pueblos vecinos, nos solemos encontrar con tal variedad de ceremonias de un mismo festejo que raramente existe coincidencia en todos sus elementos entre una localidad y otra. Por ello no debe resultar extraño que en unos pueblos no se diese muerte al toro y que fuera devuelto tras ser banderilleado y capeado por el novio, mientras que en otros sí que podría finalizar el rito con el sacrificio del toro, ya fuese en la puerta de la casa de la novia (como cuenta Félix Barroso), ya fuese en su misma habitación (como contó Publio Hurtado); algo que, por otro lado, resultaría difícil de llevar a cabo siempre.


Por ello creo que lo importante del rito del Toro Nupcial, se encuentra en la conjunción de los elementos siguientes:

1) La idea de considerar al Toro como símbolo de un poder fecundador que podía ser transmitido por “magia de contacto”.

2) La celebración del rito en las vísperas de una boda o, en todo caso, previamente a la consumación del matrimonio, como parece ser el caso de la narración que realiza Lope de Vega en la obra de teatro Peribáñez y el Comendador de Ocaña.

3) El protagonismo del novio, programando el festejo, eligiendo al toro, poniéndole banderillas y capeándole para impregnar con la sangre del animal su ropa o la del ajuar de la novia, y tratar de lograr así el mágico contacto por el que se transfiriese a la pareja el poder fecundador del Dios-Toro.

4) Y el destacado papel de la novia, que aportaba unas banderillas que ella había preparado previamente para colaborar en la provocación del derrame de la sangre del toro; lo que además ocurría en su presencia y ante la puerta de su casa. A ello se sumaba el hecho de que el novio pudiera lancear al toro con ropa de su ajuar, para que también se impregnasen de sangre y se produjese directamente en ella la transmisión mágica. Y es que no hay que olvidar que la futura esposa era la destinataria final del poder fecundador en que se fundamentaba el rito.

(Llegado este momento, no me he resistido a la tentación de volver a insertar la acuarela que Anna Nelubova, Loky, ha creado específicamente para esta entrada; haciendo hincapié en que, pese a la distancia que separa nuestros países y sus culturas, ha sabido interpretar con increíble visión artística la simbología de este rito)

5) Por último, y sólo como posible variante, la culminación del rito con el sacrificio final del toro.


Y es que, hablando de variantes, era algo muy común en la Península Ibérica de la Edad Media la programación de festejos taurinos con ocasión de la celebración de bodas. Así, si la noticia más antigua que se tiene hasta el presente sobre corridas de toros es del s. XI, concretamente del año 1080, hay que dejar constancia de que dicho festejo fue una corrida nupcial que se celebró en Ávila con ocasión de la boda del infante Sancho de Estrada con la noble doña Urraca Flores. Como esta primera referencia, a lo largo de la Edad Media nos encontramos con otros muchos casos en los que las bodas son motivo para la programación de unos festejos con toros que fueron derivando en ejercicios caballerescos por una prohibición de festejos de toreo a pie contenida en otra obra del rey Alfonso X el Sabio: Las Partidas.

En razón a esa prohibición, además del paso de las centurias, tiene mucho más mérito que en un pequeño y recóndito valle del centro peninsular se mantuviese la costumbre del rito del Toro Nupcial. Claro que la conservación de dicha costumbre quizás se deba a ese hecho precisamente: a lo pequeño y recóndito que es el valle donde se conservó hasta el siglo XIX.


Reflexionando sobre ese detalle, obtuve un dato sobre la localización histórico-geográfica del rito que no he viso reflejado en ninguna de las fuentes que consulté. Aunque ese dato, a su vez, me ha abierto unos interrogantes cuyas respuestas se me escapan, ya que sólo están al alcance de personas cualificadas científicamente.

Está muy ampliamente documentado que en la Edad Media fue costumbre arraigada en distintas regiones de la Península Ibérica celebrar las bodas con corridas nupciales. Ahora bien, gracias a la obra de don Publio Hurtado y al detallado estudio de don Ángel Álvarez de Miranda, también sabemos que en una zona concreta del norte de la provincia de Cáceres se mantuvo hasta finales del siglo XIX un especialísimo ritual que se practicaba en vísperas de los casamientos: el rito del Toro Nupcial. Dadas sus características, es evidente que dicho ritual es profano, que debe ser muy anterior a las fechas en las que estaría acreditada su práctica por las fuentes (del s. XIII al s. XIX, según Álvarez de Miranda) y que su procedencia habría que buscarla en creencias de la primitiva mitología hispánica.

Por ello, ubiqué geográficamente en la época prerromana las poblaciones donde a finales del s. XIX aún se celebraba el rito del Toro Nupcial y vi que:

Hervás, Zarza de Granadilla, Segura de Toro, Casas del Monte y Jarilla son unas poblaciones ubicadas en el valle del río Ambroz; desde su nacimiento, en las inmediaciones de Hervás, hasta su desembocadura en el río Alagón, que es donde se encuentra Ahigal, otra de las localidades señaladas. Por su parte, Plasencia y Galisteo, que son las otras dos citadas, están situadas en el valle del río Jerte, que baja paralelo al del Ambroz y también confluye en el del Alagón; estando esas dos poblaciones a distancia muy cercana de todas las anteriores. Nunca superior a los cuarenta kilómetros. Un área geográfica muy concreta que en época prerromana estaba situada dentro del territorio que ocupaban los vetones.

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Mapa de ubicación del territorio de los vetones. En blanco aparece el área geográfica aproximada de las poblaciones con noticias de celebración del rito del Toro Nupcial
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Ese es el dato que no he visto reflejado en ninguna de las fuentes que he consultado: que el rito del Toro Nupcial se conservó hasta el s. XIX en un área geográfica que en época prerromana estuvo ocupada por los vetones. Y, dado que este pueblo estuvo muy ligado a la cultura del Toro, me surgieron los interrogantes a que hacía referencia:

1º.- La costumbre de celebrar en vísperas de las bodas el rito del Toro Nupcial, stricto sensu, sólo se conservó hasta el s. XIX en el valle del río Ambroz, pero dónde tuvo su origen: ¿en distintos puntos de la Península Ibérica, en todo el territorio de los vetones o sólo en el valle del río Ambroz? Concretando: ¿el rito del Toro Nupcial es un ceremonial originario de los vetones?

2º.- La costumbre de celebrar las bodas con corridas nupciales, lato sensu, estuvo muy extendida por toda la Península Ibérica desde el s. XI hasta principios del s. XVIII, pero ¿es una costumbre que tuvo su origen en distintos puntos de la Península Ibérica o, por el contrario, es una costumbre con origen en un único pueblo prerromano que después se expandió por toda Hispania? ¿Pudiera ser una costumbre vetona?

3º.- Y el interrogante subsiguiente: ¿Es el rito del toro Nupcial, stricto sensu, el único y exclusivo origen de todos los tipos de corridas nupciales, lato sensu?


Los ritos más ancestrales suelen tener un origen ligado al ámbito agrario, al mundo rural, y en sociedades más urbanizadas, aunque se sigan celebrando, tienden a perder sus originales componentes rituales y a convertirse en meros festejos lúdicos. Por ello sería comprensible que un rito con unas raíces tan prehistóricas como el del Toro Nupcial pudiera haber nacido como un ritual de fertilidad que en pequeñas aldeas se celebraba con la única participación del novio y su más íntimo grupo de amigos, pero que, según fueron creciendo las poblaciones, el rito evolucionó en el sentido de que la participación se fue haciendo cada vez más generalizada y tumultuosa, llegando a convertirse en algo parecido a lo que hoy conocemos como una capea, en un festejo popular para celebrar una boda y en el que el papel del novio fue pasando a ser el de mero organizador: una corrida nupcial sin apenas carga ritual para la pareja de los futuros esposos y convertida en festejo lúdico para toda la población. Y, por supuesto, también sería comprensible que, al tiempo, los rituales se siguieran manteniendo sin evolucionar en las poblaciones más pequeñas.


Hoy resulta imposible pensar en una celebración del rito del Toro Nupcial tal y como la recogió en 1902 Publio Hurtado. Pero hay que destacar el hecho de que las gentes del valle del río Ambroz mantuvieran durante miles de años ese primitivo rito taurino de fertilidad. Y es que la cultura del Toro en la zona norte de la provincia de Cáceres debió ser siempre arraigadísima, como se prueba por el hecho de que también allí, en poblaciones de las diócesis de Coria y Plasencia (además de la de Cáceres-capital), fue donde se mantuvo por más tiempo la celebración del rito del Toro de San Marcos.

El Toro fue un animal sagrado en la antigüedad que inspiró múltiples ritos. Y, curiosamente, allí donde en su día se asentaron los vetones han perdurado durante más tiempo algunos de esos ritos taurinos.
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Lagun
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He esperado hasta hoy para publicar esta entrada porque dentro de unas horas tendrá lugar el sorteo de lotería, ese acto con el que solemos decir que arrancan las fiestas de Navidad.
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Por ello, os quería desear a todos:
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¡¡¡ Feliz Navidad !!!
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NOTA: Como ya he hecho constar en el texto, la acuarela del encabezamiento ha sido creada para ilustrar esta entrada por Anna Nelubova, Loky. Por ello, quiero mandarla un abrazo y darla las gracias públicamente. Y a los que leáis esta nota, rogaros que os paséis por su blog, "Loca un poco", para que disfrutéis de todas sus obras.
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16 comentarios:

ROBERTO dijo...

Una pena que no se siga manteniendo este rito,porque seria muy curioso ver a un novio de hoy en dia pegando unos recortes antes de subir al altar;aunque si alguno pudiera estoy seguro que lo haria.
Un saludo y Feliz Navidad a todos.

chirrina dijo...

¡Feliz Navidad!

Jam^2 dijo...

Lagun otra vez te sales. Me encantan tus entradas. Tu blog es la mejor argumento para descubrir y enseñar el mundo del toro.

LAGUN dijo...

ROBERTO:
Como digo en el texto, al día de hoy es imposible que se pueda celebrar el rito del Toro Nupcial tal y como se hacía desde antiguo. En Teruel, para celebrar las bodas de Isabel de Segura, se viene haciendo por toda la ciudad una especie de gran representación teatral de la trágica historia de los amantes de Teruel, en la que se incluye un festejo de toro ensogado con los participantes vestidos de época y que simularía la celebración de un Toro Nupcial; o, más bien, siguiendo lo que hemos tratado en el texto, una corrida nupcial a pie.
Un abrazo y Feliz Navidad.

CHIRRINA:
Ya sé que te gusta lo concretito, pero...
Pues venga: Feliz Navidad.

Para JAM^2:
No sé si es la primera vez que dejas un comentario, pero en todo caso: ¡Bienvenido!
Gracias por tus palabras, y vuelve siempre que quieras a dejar muevos comentarios. Que tengas una Feliz Navidad.
Un abrazo.

Loky dijo...

Feliz Navidad!

sáhe dijo...

Esta vez, además de un placer, es un honor haber leido y aprendido del gran artículo y haber comprobado nuestra inclusión dentro de los enlaces a páginas.

Muchas gracias por todo y que disfrutemos de grandes momentos en estas fechas.

LAGUN dijo...

LOKY:
Quiero darte nuevamente las gracias por tu colaboración, creando la fantástica ilustración que ilustra esta entrada.
Te deseo que tengas una Feliz Navidad.
Un beso desde España.

SÁHE:
Es un placer compartir con vosotros todo lo referente a nuestra afición, incluidos los espacios internautas.
Te deseo una Feliz Navidad a ti, compañero, y a toda la gente de "El Sur..."

chirrina dijo...

Dos cosas que me llaman la atencion:

La complicidad de la novia, en este rito, haciendo las banderillas; y el valor del novio (hay que joderse lo que tenia que hacer el novio para demostrar su "fecundidad").

¿Se podria trasladar el gesto de valentia de los novios a la epoca actual?

Un saludo.

Mabeltranh dijo...

Precioso trabajo de documentación y muy interesante las cuestiones planteadas. Muchas gracias.
Inquietante la posibilidad de que una tradición prerrománica haya llegado hasta "casi" nuestros días. Quién sabe si la pasión que siento por el Toro (queda por demostrar mi poder fecundante..), se forjara en la víspera de la boda de mis tatarabuelos, originarios de la Comarca de estudio en el Norte de Cáceres.

FELIZ NAVIDAD!!

xavier dijo...

kurioso el rito del toro nupcial. muchas gracias por kontarnos esta nueva historia y felicita a loky por la pintura.

feliz navidad

SILVIA dijo...

¿ Sabes? Yo soy de cerquita, de esos lares, de Bejar (Salamanca), concretamente.
Un rito curiosisimo el que relatas, una vez mas te superas Lagun,
FELIZ NAVIDAD Y QUE EL NUEVO AÑO TE SONRIA, TORERO!!!
Mil besitos!!!

LAGUN dijo...

CHIRRINA:
¡Tú mismo! ¿Lo harías tú? ¿Cumplirías con el rito del Toro Nupcial?.
Un abrazo y felices fiestas.

MABELTRANH:
¿Quien sabe, amigo? Pásalo bien y disfruta de estas fiestas. Un abrazo.

XAVIER:
Gracias, una vez más, por seguir ahí. Felicitaré a Loky de tu parte.
Recibe un abrazo y que pases unas felices fiestas.

SILVIA:
Algo sabía de tus orígenes bejaranos, pero si guardo discreción sobre mi persona, más aún trato de hacerlo con la de quienes por aquí os paseáis.
Un beso y disfruta de estas fiestas.

Marina dijo...

Pues yo ya te había dejado un comentario y no le veo.

Hoy sólo me da tiempo a decirte que ¡Olé!, por el texto y por el lugar (es que barro para mi casa)
Un beso amigo

LAGUN dijo...

MARINA:
¡Otr@ amig@ del blog originari@ de tierras vetonas! Ya sois tres. Me alegro.
Por otro lado, te puedo asegurar que a mi central de comentarios no ha llegado ningún otro mensaje tuyo. Siento la incidencia, pero no ha sido por mí.
Un beso, amiga.

Garrapo dijo...

Buen texto.

Yo, si tuviese que cumplir alguno de esos ritos estaría soltero.

Feliz año 2010 a todos los que nos vemos por aqui.

Quedan mas o menos 5 semanas para que el toro vuelva a las calles por la zona centro y la calle se llene de corredores ansiosos de templar la embestida de un Peñajara.

Le deseo lo mejor.

LAGUN dijo...

GARRAPO:
Pues yo creo que usted estaría casado y... con hijos, porque tiene arrestos de sobra para cumplir con el rito del Toro Nupcial.

Yo también le deseo lo mejor.
Un abrazo.