4/12/10

Visita a “Zahariche”


Quisieron los dioses que el pasado 27 de noviembre lloviese en la cuenca del Guadalquivir; y, concretamente, las tierras de la provincia de Sevilla recibieron, de media, el obsequio de cincuenta litros por metro cuadrado. Lora del Río no fue una excepción, y también fue agraciada con su ración de agua correspondiente. Y en Zahariche...

Podría haber llovido cualquier otro día; pero, no, el elegido por los dioses fue el mismo que nosotros habíamos acordado semanas antes con la familia Miura para visitar la finca de su histórica ganadería.

Los efectos de ese fenómeno meteorológico condicionaron, sin duda, nuestra visita a Zahariche, pero no impidieron que la jornada del 27 de noviembre de 2010 pase a engrosar mi listado de fechas inolvidables.

Así, al cruzar su singularísima cancela de entrada sentí como un estremecimiento recorría mi cuerpo: entraba en la finca de los miuras. Y una vez que llegamos al cortijo, al pasar a su patio de entrada, no pude evitar la evocación de la imagen de don Eduardo Miura Fernández con sus particulares patillas. Sí. Pese a las inclemencias del tiempo, las sensaciones brotaban de continuo.


Entre esas sensaciones, a todos nos llamó la atención la rusticidad del patio, sin ningún tipo de concesiones de cara a la galería, por lo que intuimos desde el primer momento que la palabra que siempre ha debido ser imperante en la ganadería es: “trabajo”. Allí, en Zahariche, desde 1941; pero en esta familia ganadera desde 1842, que fue el año en el que don Juan Miura Rodríguez fundó la vacada.


Al cabo de unos breves minutos, que aprovechamos para asomarnos a las caballerizas, se presentó en el patio don Manuel García, el mayoral, montado a caballo y enfundado en un poncho de agua que sólo dejaba al descubierto sus ojos y poco más. Desde su montura, dadas las condiciones meteorológicas, nos hizo la pregunta de rigor. Y nuestra respuesta no lo fue menos: “p’alante”.


Don Manuel se puso al frente de la marcha, componiendo bajo aquel persistente aguacero una imagen que resultaba impactante y, a la vez, emocionante. Abriendo y cerrando cancelas, nos fue acompañando hasta los cercados donde se encuentran los toros de saca para la próxima temporada. Nueve corridas, según me dijo él, personalmente; ocho, según nos contó a todos don Eduardo Miura, con el que estuvimos compartiendo impresiones al final de la visita.


Zahariche es una finca de unas 600 hectáreas, y los dos cercados que vimos están en consonancia: grandes, extensos, con unos límites que en parte se pierden entre las suaves ondulaciones que presenta el terreno. Por ello, los miuras se encontraban algo desperdigados y el mayoral se tuvo que emplear a fondo para moverlos.


Como es habitual en la ganadería, son variopintos los pelajes de los toros de esta camada, pero los que más atraen la atención son los de unos ejemplares salineros.


Respecto a las hechuras, como es lógico, aún están por rematar; y, además, el ganado andaba algo encogido por la lluvia. Pero ya se les veía su habitual conformación: altos de agujas, largos y con una gran caja, pero sin aparentar el peso que luego dan en la báscula, puesto que no son barrigones.


Un prototipo racial que parece estar fijado en la ganadería desde 1854, que fue cuando se terminaron de realizar las compras masivas de ganado, se concretaron las primeras grandes selecciones y se practicaron los cruces más básicos.

A este respecto, hay que recordar que don Juan Miura Rodríguez fundó la vacada en 1842 con reses de don Antonio Gil Herrera, de origen Gallardo; y que siete años después, en 1849, se compraron reses del mismo origen a don José Luis Alvareda. Posteriormente, entre 1850 y 1852, la vacada se consolidó con la compra de la mayor parte del ganado que había pertenecido a don José Rafael Cabrera, cuyo origen pasó a ser preponderante en la ganadería. Y que, por último, en 1854 se incorporaron dos sementales de don José Arias Saavedra, que eran de casta Vistahermosa por la rama de Barbero de Utrera.

Con esas compras realizadas en el espacio de doce años fue con lo que se conformó la base de la ganadería Miura. No obstante, hay que constancia de que se han ido añadiendo otros sementales, aunque la finalidad buscada no era ya la modificación del tipo del ganado, sino atemperar su comportamiento.

Así, se sabe de la incorporación de un toro de casta Navarra llamado “Murciélago”, que el diestro Lagartijo le regaló a don Antonio Miura tras lidiarlo en Córdoba y lograr su indulto. Era un ejemplar colorado y ojo de perdiz que descendía de la ganadería de Pérez Laborda, aunque ya llevaba el hierro de Joaquín del Val. En este caso sí que se comenta que pudo influir en la aparición en la ganadería Miura de los pelajes colorados y castaños.

Es sabido también que se añadió otro toro del duque de Veragua, aunque su influencia en la vacada debió ser escasa, pues murió muy pronto como consecuencia de una pelea con otros toros. Finalmente, hacia 1920 se incluyó como reproductor el semental “Banderillero”, de la Marquesa de Tamarón, encaste Parladé. Y se habla de otro más del Conde de la Corte. A partir de ahí, todo queda en el secreto de la familia; como es la supuesta incorporación de algún semental de Palha a cambio de los miureños que forjaron el célebre encaste de la ganadería portuguesa.


Volviendo a la visita, los responsables de la ganadería suelen comentar que los miuras son muy temperamentales, por lo que son habituales las peleas entre ellos; de ahí que los mantengan en grandes grupos y no los aparten hasta pocos días antes de las corridas. También suelen comentar que, por la misma razón de su carácter, es muy complicado el manejo de estos toros en el campo, por lo que no es raro que se produzcan arrancadas imprevistas hacia los criadores, vaqueros y, más aún, a los extraños. Y, vive Dios, en nuestra visita tuvimos una buena muestra de ello.

Andaba el mayoral afanándose en reagrupar uno de los grupos, y todas las reses parecían moverse en la dirección deseada, cuando uno de los toros (del que me reservaré el número que lucía en el costillar para no fomentar prejuicios), de repente, se nos vino hacia nosotros con una velocidad tremenda y en clara actitud de acometida.


Resultó evidente que la alambrada le impidió culminar sus intenciones. Pero, aún así, siguió mostrándose desafiante y muy agresivo, moviendo reiteradamente la cabeza y tratando de levantarla por encima de la cerca, incluso.


Y no se vino una vez sólo. Puesto que, aunque regresó junto a sus hermanos tras el primer arreón, en ningún momento dejó de medirnos, y volvió a repetir la arrancada una segunda vez.

Fue, sin duda, la anécdota de la visita. Al menos, la más comentada entre nosotros.

Tanto fue así que salió a relucir el incidente con don Eduardo Miura, que vino a atendernos al final de la visita. Y, al margen de decirnos que era algo normal en la ganadería, nos contó otra anécdota que guarda relación, aunque se remonta a tiempos de 1910, más o menos, y su protagonista fue el propietario de otra ganadería: don José Anastasio Martín.

Se cuenta, según don Eduardo, que por la finca de don José Anastasio solía ir periódicamente el “recovero” (persona que se dedicaba a la compra de huevos, gallinas y otras cosas semejantes para después revenderlas), y que un día le dijo al ganadero: “Don José, hay un toro que, cada vez que vengo a su finca, me mira mal”. A lo que le contestó el interpelado: “Vístete de picador y cruza tranquilo”.

¡Jugosísima la historia!

Como decía antes, don Eduardo Miura y, posteriormente, su hermano don Antonio estuvieron compartiendo con nosotros y respondieron a cuantas preguntas les hicimos. Las más recurrentes hicieron referencia a los resultados de la pasada temporada, las perspectivas para la que se avecina y, como no, a la conflictiva prohibición de los toros en Cataluña, que don Eduardo contestó con la solvencia y las tablas obtenidas a lo largo de su experiencia de ganadero y los cargos que ha ocupado. Fue al hilo del último tema de los indicados cuando el ganadero se refirió al mundo de los festejos taurinos populares. Y dijo que él y su hermano son muy partidarios de este tipo de festejos, puesto que las corridas de toros sólo son el vértice de la amplia pirámide que conforma el mundo del toro, pero que toda ella se sustenta en una gran base, que es la que conforman los festejos taurinos populares. Y que, por eso, ellos siempre los defenderían.

También salió a relucir el tema de las normativas europeas sobre el ganado bravo, referido al hecho de que éste esté incluido en el mismo grupo que todo el vacuno; a lo que el ganadero vino a decir que sí que sería muy interesante un tratamiento normativo específico para el ganado bravo.

No puedo dejar de reseñar que también estuvimos en otras dependencias de la ganadería. Así, pudimos ver el largo embudo que conduce al encerradero de la finca. En éste, por otro lado, se puede ver un azulejo que rememora que el toro con el que se inauguró dicho encerradero se llamaba "Tejón", herrado con el número 66, que fue encajonado el día 5 de julio de 1965 para la corrida que se lidió en Pamplona el día 12 del mismo mes y año en las Fiestas de San Fermín.

Allí fue donde me comentó el mayoral que la ganadería está formada actualmente por unas 650 reses; de las cuales, 260 son vacas de vientre y 8 los sementales. Y un dato curioso: me explicó que en la ganadería es común que salgan por camada más hembras que machos, unas 20 aproximadamente.

También se nos permitió entrar a su característica y muy peculiar plaza de tientas cuadrada. Respecto de ella, me dijo el mayoral que su forma obedece, simplemente, a la tradición. Como en todo lo que se hace en esta ganadería...

Desde que la fundara don Juan Miura y después la regentara su viuda, doña Josefa Fernández, pasando todo ese tiempo por la siempre comentada dirección del hijo mayor: don Antonio Miura, que luego también la regentaría. Continuando por su hermano menor: don Eduardo Miura, aquél de las célebres patillas, que hizo de la ganadería la más importante de su tiempo. Siguiendo por la regencia conjunta de los hermanos don Antonio y don José Miura, a los que dio continuidad don Eduardo Miura, hijo y sobrino, respectivamente. Para llegar a estas fechas, en las que nuevamente dos hermanos: don Eduardo y don Antonio Miura siguen al frente de la más histórica y carismática de nuestras ganaderías bravas. Todos ellos siguieron los ejemplos recibidos de sus antecesores y trataron de mantener tanto los usos tradicionales que de ellos aprendieron como la histórica línea ganadera que fueron heredando.


Cuando se escriben artículos sobre visitas a Zahariche se suele recurrir al término "leyenda" para aplicarlo a la historia, trayectoria y vicisitudes de la ganadería Miura; y también es muy común la utilización de expresiones como "legendarios" y "míticos" aplicadas a los toros que se crían en esta afamada finca. Pero los miuras no son una ficción, ni su historia forma parte de narraciones situadas fuera del tiempo histórico. Como dijo Rafael el Gallo: “el miura existe”. Por ello no he empleado en este texto aquellos términos fantasiosos tan al uso. Cuando pienso en Zahariche y en la ganadería Miura prefiero recurrir a términos como criterio, trabajo, fidelidad y tradición; y cuando en mi retina aparece la imagen de un miura: belleza, poderío y casta.


Cumplida la visita, lo que ahora deseo es que en el próximo 2011 pueda volver a Pamplona para encontrarme con seis de estos miuras que tuve la fortuna de ver en su finca el pasado 27 de noviembre. Y, como no, volver algún día al mojón que en la carretera de Lora del Río a La Campana marca la entrada a Zahariche.
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NOTA: Como muestras de agradecimiento, además de a los titulares, mayoral y vaqueros de la ganadería Miura, quiero dejar constancia que los autores de las fotos publicadas en esta entrada son: Miguel Pedrero, que se jugó su máquina por la maldita lluvia de aquel día; y Jesús Martínez, que me las ha remitido desde su página de referencia “elpuyazo.es”. También hay alguna de quien suscribe.
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Lagun
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13 comentarios:

Anónimo dijo...

Cojonudo ¿No?, se nota que disfrutasteis el viaje de lo lindo. Me alegro muchisimo desde mi envidia hacia vosotros.
Bonito reportaje.
Un saludo. Papi

SILVIA dijo...

Regreso de nuevo, con más ganas que nunca de estar con vosotros...
Un abrazo!!
Gracias por tus palabras...siempre.

chirrina dijo...

¡Como vivis los funcionarios!

El toro que se os encaro es muy chico, ¿no? ¿que guarismo tenia?

Garrapo dijo...

Los taurinos suelen decir que el toro bravucón en el campo suele salir manso en la plaza.

Una curiosidad: ¿Se atrevio a preguntarle porque dejo de vender sus productos a los empresarios de San Sebastian de los Reyes?

Un saludo.

Anónimo dijo...

No ha dejado de venderlos a Sanse, es Sanse el que no olvida. Lo del ultimo año fue imperdonable.
Al cabo de los años, y de primera mano, me entere de lo que ocurrio con aquella corrida y como fue la historia. Algun dia os la contare y veras por donde salio todo....
Un saludo. Papi

LAGUN dijo...

PAPY:
Pues... no fue un buen día de campo, sino un buen día para el campo; y no pudimos disfrutar de la visita tranquilamente, pues tenías que concentrarte en obviar lo malo para poder disfrutar con lo bueno. Un abrazo.

SILVIA:
Me alegro de tu vuelta. Un beso.

CHIRRINA:
Visto el miura desde las alturas, puede dar esa impresión. Pero no era chico. Y, sobre tu otra pregunta, estuve pendiente de ver su número y sólo al final se puso en la posición correcta para identificarlo; pero fue un instante, y para el guarismo no tuve tiempo. Un saludo.

GARRAPO:
Eso es lo que se dice, y de ahí que no haya puesto el número con el que está herrado. Y de la otra cuestión que me indicas, la verdad: ni acordarme de ese tema.
Por cierto, anoche acepté todos los comentarios que estaban pendientes de publicar, y había otro de usted que también debía aparecer aquí. En mi escritorio figura como publicado, sin embargo no se le ve por aquí hasta este momento en el que escribo. Puede que al incluir éste salte el otro también, pero... Un abrazo.

Garrapo dijo...

Posteé en otra entrada que ha pasado totalmente desapercibida, quiza sea ese comentario el que le aparecía.

Papi, aunque Sanse no olvide, tampoco hubiese estado de mas conocer la opinion del ganadero a toro tan pasado, creo que son 11 años de aquel fiasco y se le hubiese podido sacar alguna palabra, aunque tambien es cierto que no seria muy ético publicar lo hablado en petit-comitee. Desconozco lo que ocurrio con aquellos toros en el tema del serruchazo que sufrieron, pero, creo con ellos se perdieron unos encierros emocionantisimos, creo recordar que se palpaba un poquito mas de miedo en las caras del habitual esas tres mañanas que corrieron por las calles de Sanse, tambien es cierto que era un encierro muy diferente al de ahora. Para la historia quedará ese último encierro de 1998 que tantisimas anécdotas originó en su desarrollo. Recordad como huian los que se sientan en La Montes a ver pasar el encierro.

Me he ido del tema, lo siento.

Un saludo a todos.

Marina dijo...

Gracias por tu clavel. Puse el mío en nombre de todos.

Preciosas fotos de toros. ¿Les pediste permiso para fotografiarles? Mira que si no te pueden denunciar (ja ja ja)

Un besote chavalín

sáhe dijo...

Ni la lluvia pudo evitar que disfrutárais de la Historia viva. Pronto os olvidaréis de las inclemencias y centraréis vuestro recuerdo en los buenos detalles que narras. Tal y como está el tiempo, seguro que, al igual que con los Toros de la nieve, pronto hacen reportajes de los Toros acuáticos. A ver si la lluvia se reparte mejor.

Un abrazo.

LAGUN dijo...

GARRAPO: Ya localicé su comentario en la entrada que comenta. Al respecto, no tengo nada que decir. El público es soberano.

Por cierto, PAPY: ¿podías seguir comentando el tema "Miura-SanSe" con Garrapo?

MARINA: Las fotos se hicieron con todos los permisos pertinentes. Respecto a lo de "chavalín", sé de más de uno que se estará partiendo de risa.

SAHE: ¿"Toros acuáticos", dices? ¡¡¡Ozú!!!

Besos y abrazos para todos.

Mabeltranh dijo...

Me alegro de que cumplieses, uno de los sueños de todo aficionado al Toro: pisar Zahariche...
Un abrazo!

Marina dijo...

Compartimos gusto por la noche y por los toros...que ya es mucho.
Un abrazo compa y unas felices fiestas y que la felicidad se extienda a los demás días del año.

Jemapemo dijo...

Enhorabuena y saludos.
Comparto contigo la sensación de pasar la cancela de Zahariche, yo también lo hice pero unos días más tarde concretamente el 9 de Diciembre de 2010.
No era un día para felicitaciones y alegrias en Miura porque esa noche dos toros se mataron en distintas peleas, precisamente por lo que comentas del carácter y también fruto del tiempo que hizo esos días de lluvia y fuertes tormentas que hace aún más sumar a el carácter del toro de miura la excitación por esta climatología.
Todo en Miura es distinto…, y tal como comentas desde la plaza de tientas (cuadrada) hasta la veleta de Zahariche que representa al toro “Bombito” que aguanto 8 minutos en el caballo del picador en los Sanfermines de 1999.
De nuevo enhorabuena y saludos.

http://miuralaganaderia.blogspot.com/