11/8/08

Entrevista a un veterano corredor de encierros de Brihuega


El presente en materia de encierros lo estamos viviendo, lo conocemos o existen múltiples y mejores opciones que esta bitácora para poder conocerlo, ya que contamos con muchos medios de comunicación y web’s especializadas que tratan el tema.

Por eso, lo que modestamente se intentará con esta sección es recuperar el pasado, que no queden en el olvido los usos que fueron configurando la tradición de los juegos de toros. Y de ello sólo nos pueden hablar los que nos han precedido en la apasionante costumbre de correr encierros.

En Brihuega existen auténticas sagas familiares de corredores de encierros que se han ido perpetuando generación tras generación en este ancestral rito. Una de esas sagas de corredores brihuegos son los “Jarritos” y tenemos la fortuna de poder contar con el testimonio de uno de ellos.


José Arteaga Hernández, “Jarrito”, de Brihuega (Guadalajara). 73 años.




“O me tuteas o no hablamos” -me dijo José a mi primer intento de tratarle de usted cuando éramos presentados. Así pues:

(P) ¿CÓMO TE LLAMAS?
(R) José Arteaga Hernández.

(P) ¿EN BRIHUEGA ERES CONOCIDO POR ALGÚN APODO?
(R) ¡Sí! El apodo mi familia es “Jarrito” y a mí siempre me llamaron “Pepito, el Jarrito”.

(P) ¿DÓNDE NACISTE Y EN QUÉ FECHA?
(R) En Brihuega, el 22 de abril de 1935.

(P) ¿A QUÉ EDAD COMENZASTE A CORRER ENCIERROS?
(R) Empecé a correr en Brihuega con 11 ó 12 años. A partir de ahí, iba de encierro con mis amigos por los pueblos de alrededor, en bici o andando; aunque a veces iba con mis hermanos mayores, que tenían caballo y carro.

(P) Y... ¿POR QUÉ?
(R) Empecé, en parte, porque de pequeño siempre había visto a mis hermanos mayores correr y yo era lo que quería hacer; y también porque el encierro era el acontecimiento más importante que había en Brihuega durante todo el año y participaba todo el pueblo, cada uno a su manera, y a los chavales nos tocaba correr. Además, había una foto en mi casa de los años 20 o así, que sigue estando en un bar en Brihuega, en la que está mi padre entrando con los toros en la plaza del Coso. Igual es algo genético.

(P) ¿QUÉ OPINABAN EN TU CASA CUANDO COMENZASTE A CORRER?
(R) Al principio nada, porque no sabían que estaba con los toros. Salía de casa a ver el encierro, pero me gustaba verlo desde cerca. Más tarde, lo típico de tener cuidado y demás. Mi madre sabía de sobra que iba a ir con mis hermanos. Mi padre, en cambio, murió antes y no pude vivir un encierro con él.

(P) Y, DESPUÉS DE CASADO, ¿QUÉ TE DECÍA TU MUJER?
(R) Ya vivía en Madrid cuando me casé y no iba de encierros, salvo al de Brihuega, al que sigo acudiendo todos los años, por lo que mi mujer nunca me dijo nada.

(P) ¿CÓMO ERAN LOS ENCIERROS DE BRIHUEGA EN TUS AÑOS MOZOS?
(R) En Brihuega, más que correr, era estar con los toros durante tres días. Originariamente, la noche del 14 al 15 de agosto traían los toros a “La Cerca de las Cinco Esquinas”, en el Monte Ibarra. De allí, se los solía llevar el día 15 a “Valdelamadera”, y de allí a “Valdeatienza”.
El día 16, los que estaban con los toros decidían más o menos cuando llevarlos al pueblo, hasta el corral de San Felipe. Pero los toros entraban por donde se podía; ni había un recorrido establecido ni una hora fija.
Ya el día 17 se hacía el encierro propiamente dicho por las calles, que es lo que hoy se llama “bajada” y que coincide en fecha y recorrido: salían del corral de San Felipe, bajaban por la carretera, torcían por la calle Ancha, calle de Las Armas y calle de los Rosales hasta acabar en El Coso, que era donde se ponía la Plaza con carros.
[Actualizado: avenida de la Constitución (115 metros), calle Camilo José Cela (35 metros), calle de las Armas (90 metros) y calle Mayor (90 metros). Total 330 metros].
El encierro de ahora no tiene nada que ver. Pero es lógico, son muchos años y se va avanzando: se metieron las talanqueras y cuando hubo plaza fija (1965) se cambió el sentido del encierro y los tiempos: el primer día salen por la tarde desde la plaza hacia el campo para, luego, subirlos al pueblo por la noche hasta San Felipe (la “subida”); y el segundo día se les vuelve a bajar (la “bajada”) desde San Felipe hasta El Coso. Antes, el encierro de verdad por las calles era sólo lo que hoy es la “bajada” del día 17.

(P) ¿CÓMO CONDUCIAIS LOS TOROS POR EL CAMPO HASTA EL PUEBLO?
(R) Con los mayorales, los bueyes y hablándoles. Usábamos “técnicas” que funcionaban para guiar a los toros. Por ejemplo, sabíamos que en determinado momento buscarían agua, por lo que los dejábamos ir hacia donde ellos sabían u olían que había agua; allí descansaban y los parábamos para seguir luego. Y si no queríamos que pasaran por un lugar concreto, para que no se desviaran del camino al pueblo, quemábamos un cuerno en un determinado lugar y sabíamos que el toro rehuía el pasar por ahí. También era importante si había luna llena o luna nueva.
Lo mas bonito era cuando hacían noche y nos quedábamos allí con la manada. Los toros sentían que estábamos allí y nosotros a ellos también, pero ambos nos respetábamos. No como ahora, que hay un acecho continuo a los toros con coches, motos… Todo eso habría que limitarlo. Prohibirlo, incluso.

(P) Y ¿DÓNDE CORRÍAS: EN EL CAMPO O EN LAS CALLES? ¿EN QUÉ TRAMO?
(R) Primero estaba en el campo, conduciendo los toros, y ya en el pueblo, en el encierro por las calles, les veía bajar por la carretera desde lo de “Celestino” (actual esquina de la avenida de la Constitución con la calle “Ancha” o Camilo José Cela) y cogía la calle “Ancha” para bajar con ellos la calle de Las Armas hasta la casa de “las Zamorano”, al final de Las Armas a la izquierda, donde acaban los soportales.
Más tarde, cuando se hizo el encierro hacia arriba, me colocaba en la calle de los Rosales, para verles subir por El Coso, y corría la calle de Las Armas, tomando la curva y hasta donde pudiera; generalmente, usaba como referencia la casa de mi tía, la “Jarrita”, o lo que era el estanco antiguo, en los soportales.

(P) ¿ALGÚN PERCANCE SERIO?
(R) ¡No! Algún susto, como la primera vez que corrí, que se me echó encima un toro y caí en una acequia; pero no fue más que el susto y el golpe.

(P) ¿RECUERDAS ALGÚN NOMBRE DE OTROS CORREDORES DE TU EPOCA?
(R) ¡Sí! Iba por familias, por “sagas”. Los hermanos mayores de mis amigos, al igual que mis hermanos, eran los que nos marcaban el camino. En la calle y en el campo estábamos siempre los mismos: Nosotros, los “Jarritos”, los “Insurretos”, los Romera, los Ortega y los Serrada (Toñi, Eduardo y Abelardo). Yo siempre corría mi tramo con “Manoli” Leal. Y también estaba “El Cereza”, que era el que siempre se liaba con el toro más complicado o con el que se iba o daba más guerra.

(P) ¿EN QUÉ SE DIFERECIAN LOS CORREDORES DE ANTES A LOS DE AHORA?
(R) La forma de tomarse el encierro por los corredores era distinta. Nosotros no es que fuésemos “corredores”, como ahora, sino que éramos los chavales que más disfrutábamos corriendo con los toros, en el campo y en las calles. No teníamos presiones por hacerlo bien o mal, era salir a disfrutar de los toros y de los amigos. Sin más.

(P) ¿Y LA MANERA DE CORRER?
(R) Antes era impensable correr en los terrenos donde se corre ahora. Era imposible. No corría nadie en la calle de Los Rosales y en la calle de Las Armas éramos dos. Ahora está todo lleno de corredores y los ves con los toros en los riñones. Pero estoy seguro que yo sentía la misma emoción que siente hoy alguien que corre más cerca, porque yo veía como me venía el toro, hacia donde se vencía, que buscaba… aunque fuese con más distancia, la relación entre el toro y el corredor era mayor, o al menos de otra manera. Claro que sentirte tan cerca del toro, o incluso sentir como le templas tú mismo la carrera tiene que ser de lo mas bonito que pueda sentir un corredor. Pero para eso hace falta no sólo valor, sino tener muy bien la cabeza en todos los sentidos y prepararte a conciencia. Incluso vivir el encierro durante todo el año. Antes eso era impensable.

(P) ¿ENTRENABAS PARA LOS ENCIERROS?
(R) ¡Noooo!

(P) ¿USABAS ALGUNA ROPA ESPECIAL PARA CORRER?
(R) Nadie se cambiaba de ropa para correr en el encierro, cada uno corría con lo que podía o tenía, que ya era bastante.

(P) ¿ANTES DEL ENCIERRO REZABAS, TENÍAS ALGUNA MANÍA O SUPERSTICIÓN QUE CUMPLIR?
(R) ¡No!

(P) ¿POR QUÉ SIGUES ESTANDO EN LA CALLE EN EL MOMENTO DEL ENCIERRO?
(R) Por sentirlo de cerca. Mi tía María, “la Jarrita”, estuvo desde pequeña hasta el año de su muerte entre dos columnas en plena calle de Las Armas. Es sentir el encierro, aunque no corras. A cada edad o momento vives el encierro de una manera, y a lo mejor lo disfrutas igual, como siempre, aunque sean dos pasos, te llena echarte tu carrerita. Eres corredor siempre.

(P) UNA ÚLTIMA PREGUNTA: ¿QUÉ SUPONE EL ENCIERRO DE BRIHUEGA PARA TÍ?
(R) Salí al encierro cuando empecé a tener edad y ya no pude quitarme, creciendo año tras año con el encierro hasta que me fui de Brihuega. Aunque siempre vuelvo para el encierro. Es como una historia de mi vida, de toda la familia y del pueblo en general. La fiesta nos unía. Como todo, va evolucionando hasta ser lo que es y lo que somos hoy en día. De aquello viene esto, y por mis hermanos corría yo y por ellos mis sobrinos y mis hijos; y por ellos los hijos de mis sobrinos y mis nietos cuando los tenga, aunque no hayan nacido aquí, pero el encierro es el pueblo, y el pueblo es nuestro origen.

(...)

(NOTA: Sigue habiendo nuevas generaciones de “Jarritos” que son corredores de encierros y es precisamente a uno de ellos al que debemos dar las gracias por su colaboración en esta entrada, facilitándonos la entrevista y aportándonos la fotografía de nuestro compañero corredor de encierros “Pepito, el Jarrito”, al que esperamos ver en la calle de Las Armas por muchos años).

4/8/08

Brihuega

Municipio de la provincia de Guadalajara, en la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha (España), situado a unos 33 kilómetros de la capital provincial y en plena comarca de La Alcarria.

(Autor: J.A. Cifuentes)

En La Alcarria son tradicionales los encierros por el campo y los organizan según se acostumbra en la comarca: primero se sueltan los toros en el pueblo para que “escapen” al campo, donde intentarán recogerlos jinetes a caballo y corredores a pie para tratar de conducirlos de nuevo al pueblo y, una vez allí, encerrarlos en el corral.

El encierro por el campo más representativo de la comarca de La Alcarria es el de Brihuega, que está declarado de interés turístico provincial.


HISTORIA

Brihuega aparece hundida y abrigada del páramo alcarreño según se llega por Torija; y, en cambio, se alza orgullosa sobre una gran roca bermeja cuando se accede a ella por el valle del Tajuña. Y es así porque se extiende en un plano intermedio entre la llanura de La Alcarria y la vega del río.

Parece evidente que fue esa dualidad entre lugar de abrigo y posición estratégica la causa de que allí se asentaran poblados celtíberos; de hecho, el nombre de Brihuega procede del vocablo íbero “briga”, que significa “lugar amurallado”. Esa debió ser la causa para que, siglos después, también fuera un enclave romano al que se denominó “Castrum Brioga”, y para que los árabes, posteriormente, erigieran allí el castillo de la Peña Bermeja.




Quien luego sería Alfonso VI, tras huir de la Corte por problemas con su padre, estuvo viviendo en Brihuega acogido por el rey de Toledo Al-Mamún. Años después, en 1086, tras conquistar Toledo y convertirse en rey, donó la villa a los Arzobispos de Toledo. Entre estos, don Rodrigo Jiménez de Rada fue quien enriqueció el patrimonio local, con obras como las iglesias de Santa María de la Peña y San Felipe. También fue el artífice en el s. XIII de la concesión a la ciudad de un Fuero, que la permitió crecer y tener feria.

Continuaría siendo ciudad de señorío hasta que en 1584 fue anexionada a la corona por Felipe II; aunque pocos años después los Arzobispos volvieron a tomarla en posesión en la persona del cardenal Sandoval y Rojas.

En 1710 tuvo lugar en Brihuega un hecho clave para la historia de España: se había asentado en la villa una parte del ejército inglés, que en la Guerra de Sucesión defendía los intereses al trono de España de la casa de Austria, y fueron sorprendidos y aniquilados por las tropas franco-españolas, que defendían la causa de la dinastía Borbón; al conocerse la noticia, el grueso del ejército británico acudió a la defensa de su posición en Brihuega y se libró una ulterior batalla en el cercano campo de Villaviciosa del Tajuña. El resultado de esa batalla, unido a otros sucesos, decantó la Guerra de Sucesión hacia la dinastía Borbón y otorgaría la Corona de España a quien sería su primer representante: Felipe V.

La época ilustrada de los borbones trajo a la ciudad un renacer de su industria con la instalación de la Real Fábrica de Paños, que la dio prosperidad y fama.

Como enclave estratégico que es, Brihuega vivió otras duras jornadas, como fueron el enfrentamiento en 1823 entre absolutistas y constitucionales, así como la batalla que allí se libró en marzo de 1937, correspondiente a la Guerra Civil, que fue la que mayor huella ha dejado en esta villa alcarreña.

MONUMENTOS Y ARTE

Para quien no lo sepa, advierto que al encierro de Brihuega hay que ir con tiempo, porque se cierran los accesos por carretera horas antes de la suelta de los toros. Parte de ese tiempo lo podemos aprovechar para visitar a la imagen de la Virgen de la Peña, en cuyo honor se celebran estas fiestas de agosto.

La iglesia de Santa María de la Peña fue construida en el s. XIII por orden del arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada y es un perfecto ejemplo de la arquitectura cisterciense de transición del románico al gótico. En su interior se conserva la imagen de la Patrona de la localidad, la Virgen de la Peña, cuya talla es de autor y tiempo desconocidos, aunque estudiosos la tienen datada como del s. XII.

(Autor: Foto Estudio Gómez)

Para una información más amplia de esta temática, pulsad aquí


EXCURSIÓN

Naturaleza y turismo.- Para los que se encuentren de vacaciones por la zona, hay una excursión obligatoria.

La comarca de La Alcarria está íntimamente unida a Camilo José Cela, quien en 1946 recorrió mochila al hombro el campo alcarreño y, luego, como resultado, escribió su universalmente famoso “Viaje a La Alcarria”. Quien haya leído el libro y, luego, haya visitado la comarca habrá podido comprobar que ya no existe La Alcarria que, con su crudeza habitual, nos describió Cela, pero sí continúan ahí los pueblos que recorrió, y uno de ellos es Brihuega. Si seguís la ruta que hizo don Camilo podréis conocer como son estos paisajes, sus pueblos y sus gentes.
Aunque la web pertenece a otro municipio, os enlazo la ruta pulsando aquí


FIESTA

El santoral católico señala el 15 de agosto como la festividad de la Asunción de la Virgen María, un día de advocación mariana que en muchos pueblos se hace coincidir con la fiesta de su patrona; como ocurre en Brihuega con la Virgen de la Peña.

Cuenta la leyenda que Elima, una princesa árabe hija del rey de Toledo, gustaba de pasar largas temporadas en Brihuega, donde fue instruida en el cristianismo por un esclavo cristiano. Una noche que Elima estaba asomada al valle del Tajuña divisó una luz y, a continuación, una imagen de la Virgen con el niño que descendía por la peña. Avisado el esclavo cristiano, descendió con una cuerda y encontró la imagen que hoy se venera.

La tarde del día siguiente, 16 de agosto, comienza en Brihuega el antiguo rito del toro.



(Autor: Foto Estudio Gómez)

Tras el peculiar pasacalles del “Parapachumba” (que realmente es el pasodoble “Sangre torera” con un sui géneris arreglo local de la letra), comienza el encierro de Brihuega, declarado de interés turístico provincial. En una continuada cuesta arriba, los toros recorren las calles del pueblo hasta salir al campo, donde jinetes a caballo, con la ayuda de corredores a pie, los recogen en su subida hacia “las alcarrias” para intentar conducirlos hasta la "Boquilla".

Tras lograrlo, toros y cabestros se refrescan en aquel paraje, y el gentío que ha acudido a presenciar la tradición se retira mayoritariamente. Pero el encierro de Brihuega aún no ha terminado.

Horas después, hacia las tres de la madrugada y, por tanto, en la más absoluta oscuridad, la manada de toros y cabestros es conducida de nuevo hacia el pueblo, intentando que entre por el Convento. Un puñado de corredores de encierros, casi todos locales o de la comarca, aguardan impacientes hasta que el sonido de las “zumbas” de los cabestros les anuncia la llegada de la manada y, con ella, el comienzo de la “subida”. Desde San Miguel hasta San Felipe, donde se instala el corral, una cuesta tremenda de unos 300 metros facilita, junto al cansancio de los astados, que esos pocos corredores puedan realizar carreras muy ajustadas y templadas.

En la mañana del día 17 tiene lugar la última y definitiva carrera: la “bajada”, desde San Felipe hasta la plaza de toros.

Al s. XVI se remontan las noticias sobre los encierros de Brihuega y desde 1965, fecha de la construcción de la plaza de toros, los brihuegos dieron al rito la configuración que hoy conocemos, obteniendo como resultado un encierro precioso y único ¡Para disfrutar! Y todos los corredores forasteros que les visitamos tenemos la obligación de respetarlo: es su encierro y es su tradición.
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(NOTA: El autor de la primera de las fotografías publicadas es J.A. Cifuentes y está tomada de panoramio.com; el autor de las otras dos es Foto Estudio Gómez y me las ha facilitado nuestro compañero "Bombe". Con esta bitácora no tengo fines lucrativos y ruego se me permita mantener dichas fotografías; no obstante, serán eliminadas si los propietarios de los derechos de autor así me lo solicitan.)



1/8/08

Encuesta (2)

.............(Toro de raza "betizu")

¿Crees que sobreviviría la raza del toro de lidia si se llegaran a prohibir las corridas de toros?

48 ...................... Total de votos

03 ... 06,25 % ... Sí, con ganaderos románticos
04 ... 08,33 % ... Sí, en fincas públicas
07 ... 14,58 % ... Sí, pero se descastarían los ejemplares
34 ... 70,83 % ... No


El resultado de la encuesta ha sido el que queda reflejado y es evidente que la mayoría de los participantes cree que la prohibición de la corridas de toros provocaría la extinción de la raza del toro de lidia. Argumentos para opinar así hay más que de sobra.

No obstante, respetando a la mayoría, se me hace difícil imaginar a la familia Miura o a los Prieto de la Cal mandando a todos sus toros al matadero. Por eso comprendo a los que han votado la opción de la conservación de la raza por algunos ganaderos.

Por otro lado, también pienso que los políticos de turno, por convicción o porque siempre “se la cogen con papel de fumar” en temas que puedan dar votos, adoptarían alguna medida similar a la acordada por los gobiernos de las comunidades del País Vasco y Navarra con el ganado de raza “betizu”, que se lo compran a los pocos ganaderos que aún lo mantienen en sus fincas para evitar su extinción y lo sueltan en montes públicos para que viva en estado semisalvaje. Confieso que ésta es la opción que he votado yo y de ahí la elección de la foto que encabeza esta entrada.

Pero, tanto en este caso como en el anterior, la pregunta es evidente: ¿mantendrían su casta los animales supervivientes? Y la duda más que razonable.

Ahora, si es que así lo desean, pueden extenderse con algún comentario personal al respecto.

(...)

Señores: Comienza agosto y quien suscribe entra en período vacacional. Aunque estaré durante bastantes días en una zona de España en la que el ADSL es tan hipótesis de futuro como lo de un viaje tripulado a Marte, voy a intentar por todos los medios añadir dos entradas sobre Brihuega los días 4 y 11, otras dos referentes a San Sebastián de los Reyes para los días 17-18 y 21-22, más una ficha de Cuellar que entraría el día 28 o el 29. Ustedes podrán seguir realizando sus comentarios a cada una de esas entradas, pero comprenderán que yo no podré hacer un seguimiento diario de su aprobación y publicación. Se hará cuando se pueda.

(NOTA: La fotografía que encabeza esta entrada está tomada de la enciclopedia libre “wikipedia” y no consta su autoría. Con esta bitácora no tengo fines lucrativos y ruego se me permita mantenerla; no obstante, será eliminada si así me lo solicita quien posea los derechos de autor.)

28/7/08

Partido de Resina: problemas y más problemas

.....(Óleo sobre papel: Pablo Moreno Alcolado)


Naufragando por internet te encuentras con todo tipo de noticias. Muchas de ellas conocidas, pero también hallas algunas que nunca habías escuchado. Y no sólo eso, por otro lado, viendo los resultados que aparecen en cada búsqueda, también se obtiene una referencia de la repercusión que cada noticia ha tenido en la red.


Digo esto porque me voy a hacer eco de una información que no es nueva; ya saltó a los medios en diciembre del 2007. Unos, los más, la habríais escuchado en su tiempo, pero puede que algún otro no llegara a enterarse. Es referente al grave problema sanitario por el que pasó el año pasado la ganadería de Partido de Resina, y que la llevó casi al borde de la extinción. Pues, a pesar de ello, de esa noticia apenas se encuentran referencias en la red.

El día 16 de diciembre de 2007 se realizó una entrevista en el programa Clarín de RNE a don José Luis Algora, representante de la ganadería de Partido de Resina, en la que se desveló que en dicha ganadería había aparecido un brote de brucelosis.

Recordemos que la brucelosis bovina es una enfermedad infectocontagiosa producida por la bacteria “Brucella abortus”, que afecta, principalmente, a las hembras bovinas en edad reproductiva, provocándoles abortos. Los machos también pueden infectarse y la enfermedad se manifiesta con pérdida de la fertilidad.

Pues bien, como consecuencia de la enfermedad detectada en la ganadería, fue necesario sacrificar un gran número de animales y, en lo que a vacas de vientre se refiere, sólo se salvaron treinta reproductoras.

Para hacernos una idea de la gravedad del problema por la que pasó la legendaria vacada de Pablo Romero, me volví a dejar arrastrar por la corriente de internet y arribé hasta un artículo de Ignacio de Cossío escrito en julio de 2002, en el que decía que Partido de Resina contaba en esas fechas con 250 vacas de vientre y unos 10 sementales.

Es decir, si en el 2007 la ganadería mantenía la misma cantidad de vacas que en el 2002 (que no andaría muy lejos), quiere decir que tuvieron que sacrificar al 88% de las mismas por el brote de brucelosis, y que las salvadas son el número mínimo que se viene a echar a un único semental. Una base genética muy escasa para salir de un gran atolladero.

Retomando la entrevista a la que estamos haciendo alusión, el Sr. Algora dijo que el brote estaba superado, pero que la consecuencia a corto plazo es que Partido de Resina no podría dar ninguna corrida en esta temporada del 2008, aunque sí lidiaría novilladas, y que para el 2009 dispondría de dos corridas de toros; siempre que no surjan nuevos contratiempos.

Esa era la noticia (repito: de diciembre de 2007), y ahora viene la segunda parte de esta entrada: ¿Pensáis que tuvo una gran repercusión en la red?

Si entramos en Google y escribimos en la ventana del buscador: “Partido de Resina” “brucelosis”, los resultados que se obtienen en el mayor buscador del mundo son... ¡¡¡ OCHO !!!

¡Sí, señores, ocho! Yo, la verdad, no lo entiendo y esa es la razón principal de haber traído a la bitácora siete meses después esa noticia del pasado año. Para que podáis comprobarlo, os dejo el enlace aquí.



Comparto todo lo escrito en esas pocas páginas, pero quiero resaltar las palabras y las ideas que Salvador Giménez dejó escritas en una de ellas, en el blog cordobataurina:



“...¿Que ocurriría si alguna ganadería poseedora de un encaste único tuviese que ser sacrificada en su totalidad? ¿Se imaginan que Miura, Prieto de la Cal o el mismo Pablo Romero tuviesen algún día un problema sanitario de este nivel? Sería una gran tragedia, se perderían encastes únicos y la rica variedad de la cabaña brava se empobrecería notablemente.

Los organismos públicos no deben de mirar para otro lado. Aunque los animales pertenezcan a una propiedad privada, estos encastes minoritarios forman parte del patrimonio ganadero del país y a su vez una especie única, autóctona e irrepetible. Se debe de subvencionar a estas ganaderías para la creación de bancos de embriones y semen, para salvaguardar lo que a todos nos pertenece. Luego, en caso de producirse algún incidente que acabara con algunas de estas castas, alguna considerada fundacional, quejarse sería demasiado tarde.

Los programas conservacionistas del lince o del lobo están dando su fruto, ¿acaso el toro es menos ibérico que estas dos especies?”


Suscribo todo lo anterior de la cruz a la fecha.



El toro de Pablo Romero es el de más guapeza de toda nuestra cabaña brava. Todo el que haya visto alguno en el campo o en una plaza, sea aficionado o no, seguro que se habrá emocionado ante su presencia física, y no creo equivocarme si digo que todos los que hemos tenido la suerte de correr algún encierro de esta ganadería guardamos en nuestra retina la imagen de, al menos, uno de sus toros.

Si ya fue triste ver como esta ganadería cayó hace años en el pozo de la falta de fuerzas y de la carencia de raza, saber que ha estado al borde de la extinción por una enfermedad era la peor noticia que, en su momento, pudimos recibir todos los amantes del toro de lidia.


Desde aquí quiero expresar públicamente mi mayor deseo de recuperación a la antigua ganadería de Pablo Romero, ahora Partido de Resina, para que supere esta crisis y no se pierda el encaste único que nutre la sangre de sus toros.


(NOTA: El autor del óleo publicado es Pablo Moreno Alcolado y queda autorizada su reproducción con la condición de citar su autoría)

21/7/08

El toro de lidia: origen

En un encierro sólo hay un protagonista principal: el TORO.
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(Foto: Costillares)
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Y es así porque, aunque parezca imposible concebirlo sin corredores, un encierro no los precisa; es más, son una dificultad añadida para el buen fin del acto de conducir unas reses hasta encerrarlas en un corral, que es el significado de la palabra encierro. Cierto es que sin corredores faltaría el elemento “peligro” que tantos espectadores atrae, pero el paso de una manada de toros en solitario, sin corredores, debe inspirar belleza y emoción por sí solo.
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Sobre el origen del toro de lidia existen muchas teorías científicas y analizarlas todas desbordaría la pretensión de este texto. Por ello, sólo trataré de plasmar una serie de ideas que aporten un conocimiento básico sobre el tema.
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Del uro al toro
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Según la mayoría de los tratadistas, el toro de lidia (junto con la mayoría del ganado vacuno actual) proviene del uro. Un animal primitivo y salvaje con una antigüedad superior a los 500.000 años.
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En lo que difieren dichos tratadistas es en si hubo un único tipo de uro (como asegura la teoría monofilética), o si hubo varios (como defiende la teoría polifilética); y en este caso si los tipos de uros fueron dos, tres o más.
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A la vista de la imagen del uro que aparece en el grabado anónimo que he insertado más arriba, encontrado a principios del siglo XIX por un zoólogo inglés en la tienda de un anticuario de Augsburgo, diríamos que es evidente el parecido con un toro de lidia. Pero hay que aclarar que la alzada media del uro macho era de 1,80 m., la longitud de 3,00 metros y el peso de unos 1.000 kilos. Es decir: el uro tenía el doble de corpulencia de la que tiene el toro de lidia medio actual. La capa solía ser negra y uniforme, pero con una franja blanquecina a lo largo del lomo (listón) y con pelo también blanquecino y rizado en la frente (carifosco); además, su cuerna era muy desarrollada y curvada hacia arriba. Habitaba en zonas de temperatura templada, con abundante agua y vegetación arbustiva, pero también ocupaba áreas de monte poco densas; y se agrupaba en manadas conformadas por machos, hembras y sus crías; aunque los machos viejos tendían a abandonarlas.
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El uro halló su hábitat ideal en todo el área mediterránea, puesto que una serie de glaciaciones, con sus avances y retrocesos, cubrieron de hielo el norte y el centro del continente euroasiático hasta hace unos 35.000 años, aproximadamente, lo que le llevó a descender hasta la latitud en la que estaba su límite de habitabilidad: los 30º N, que es precisamente donde están las riberas sureñas del Mediterráneo. Luego, una vez que acabó la última glaciación, la especie se expandiría por toda la placa continental.
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Siendo esa la descripción del uro, ¿cómo se puede entender que en la evolución al toro de lidia actual se pudiera producir una disminución de tamaño tan grande entre el antecesor y su descendiente?
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.....................(Dibujo: Pablo Moreno Alcolado)
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Hay teorías que aseguran que un proceso natural de reducción de tamaño afectó a algunos uros salvajes. Parte de la cabaña de uros no emigró al sur en las glaciaciones y permaneció en centroeuropa. Estos uros evolucionaron para soportar tan rigurosas condiciones en los 70.000 años que de media duraron las dos últimas glaciaciones, lo que se concreta, principalmente, en una reducción corporal. Estos uros aún salvajes, pero ya degenerados en el tamaño, habrían entrado a la Península Ibérica posteriormente por el norte en sus migraciones naturales.
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Por otro lado, hace unos 8.000 años ocurrió un hecho que fue determinante: el comienzo de la domesticación del uro salvaje. Con ese proceso inducido, el hombre provocó en el uro una variación de su genotipo que derivó en la aparición de toda una serie de razas diferenciadas y nuevas: la mayoría de las razas del ganado vacuno actual y, entre ellas, el toro de lidia. Cada una de esas razas tendría sus propias características, pero en la mayoría de los casos se dio la particularidad de la reducción del tamaño, ya que el hombre buscó con ello un mejor manejo de la especie.
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A este respecto, habría que aclarar que, mientras la práctica totalidad de las razas de ganado vacuno habrían sufrido una domesticación completa y total, el toro de lidia sólo habría sido sometido a una domesticación incompleta, pues no se le eliminó el elemento genético de la bravura.
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El hombre del Paleolítico era un cazador que cobraba animales ocasionalmente; en cambio, el del Neolítico se hizo ganadero: ideó formulas para conducir manadas de uros salvajes a grandes cercados para asegurarse su necesidades alimenticias.
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Fue hacia el 4.000 a.C. cuando en las culturas mediterráneas se eligió al toro como emblema de fuerza y fertilidad, por lo que fue elevado a figura sacra, objeto de culto y ritos religiosos con múltiples caracterizaciones; y, además, por su especial agresividad, se le comenzó a incluir en celebraciones festivas.
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Por ello, siempre hubo ejemplares a los que no se les cerró el proceso de domesticación; permanecían cercados en amplias heredades, pero respetándoles su agresividad y su bravura para emplearlos en juegos taurinos; y está contrastado que, por el mero hecho de vivir en un espacio acotado, aunque no se pierda agresividad, sí se produce con el devenir de las generaciones unos cambios hormonales y unas modificaciones en la estructura ósea que provocan, entre otras consecuencias, una disminución corporal de la especie. De ahí esta teoría para dar una explicación de la reducción de tamaño en la evolución del uro al toro.
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Estos animales, bravos, pero más o menos degenerados, habrían entrado a la Península Ibérica por el norte y muy especialmente por el sur, acompañando al hombre en sus viajes migratorios, colonizadores y comerciales.
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Finalmente, además de esas dos teorías, existe otra que defiende que el toro de lidia proviene de una rama de uros autóctonos de la Península, especialmente de la zona central, a la que se denominaría Tronco Ibérico del ganado vacuno, y que habrían subsistido hasta la Edad Media en la franja de terreno yermo que separó a moros y cristianos.
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Como es lógico, hay que admitir cruces, ya sean naturales o provocados, entre los uros salvajes que nunca abandonaron la Península Ibérica, los uros salvajes pero ya degenerados que volvieron de centroeuropa, así como los domesticados que entraron por el norte junto con poblaciones celtas y los que las culturas mediterráneas introdujeron por el sur de la Península.
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Ya sea por una u otra vía, y posiblemente por el cúmulo de todas ellas, aquel colosal uro primitivo y salvaje pasó por un proceso evolutivo del que surgió el actual toro de lidia, que el hombre mantuvo en sus fincas sin domesticar por completo y, por otro lado, sin realizar sobre él específicos controles de selección respecto a su agresividad o bravura.
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No será hasta el s. XVIII de nuestra era cuando surgirán las primeras ganaderías dedicadas específicamente a la cría y selección de toros por su bravura. Ganaderías que tuvieron su asiento, curiosamente, en Navarra (norte), en el valle del Guadalquivir (sur) y en ambas mesetas del centro de la Península; y, además, esas ganaderías se formaron con toros que mostraban unas claras diferencias morfológicas entre sí, lo que lleva a pensar que, en efecto, pudo ser toda una conjunción de factores lo que influyó en el proceso evolutivo entre el uro y el toro.
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La extinción del uro
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El hombre fue aumentando su presión sobre los uros salvajes que permanecían aún libres, pues siguió cazándolos por su carne y, además, fue ocupando progresivamente su hábitat natural para destinarlo a la agricultura y a la ganadería. Antes de la época romana ya se había extinguido el uro en las zonas más urbanizadas del Mediterráneo, en Mesopotamia y en la India. En la baja Edad Media sólo abundaba en el centro de Europa y en el s. XVI sólo se tiene constancia de la presencia de uros en dos bosques de Polonia. El último ejemplar de uro salvaje del que se tiene registro fue una hembra, que murió en 1627 en el bosque polaco de Jaktorow, donde se ha levantado un monumento.
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Lagun
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(NOTA: El autor del dibujo publicado es Pablo Moreno Alcolado y queda autorizada su reproducción con la condición de citar su autoría. Por otro lado, el autor de la primera fotografía publicada es "Costillares" y ha sido tomada del blog "toro, torero y afición"; las dos fotografías restantes han sido tomadas de la enciclopedia libre "wikipedia" y no consta su autoría. Con esta bitácora no tengo fines lucrativos y ruego se me permita mantener todas las reproducciones; no obstante, serán eliminadas si así me lo solicitan quienes posean los derechos de autor.)

15/7/08

¡Otra de cabestros!

El paso de los sanfermines siempre va haciendo mella en las caras y en las fuerzas de los corredores. Izaskun, en cambio, parece que aún sigue por el día del chupinazo. Sin perder su enigmática sonrisa, nos fue tomando nota de los almuerzos que la íbamos solicitando y, luego, nos fue trayendo los platos con su habitual amabilidad.

Cuando tuve enfrente de mí el de huevos con txistorra que había pedido, me dispuse a almorzar, y también a comentar con los compañeros lo más sobresaliente de estos sanfermines 2008. Y no hablamos sobre la manida masificación, que siempre es un tema muy recurrente. Lo más comentado fue las cabestradas que han tenido que comerse los corredores, especialmente los de Santo Domingo, por segundo año consecutivo.

Porque ya ocurrió lo mismo el año pasado, pero era la primera vez que pasaba algo similar en los últimos tiempos y se le dio una importancia relativa. En cambio, según iban pasando los encierros de este 2008, se veía claro que la parada de cabestros conducida por el equipo que capitanea Rastrojo no iba a permitir ni una sola alegría a los corredores de la primera mitad del recorrido.

Una tarde, en el encierrillo, le pregunté al respecto a Miguel Reta y me dijo que la parada la conformaban diez cabestros de Miranda de Pericalvo y que, del grupo de seis mansos que conduce el encierro cada mañana, iban rotando dos cada día. A todos los pastores, y especialmente a Rastrojo, se les notaba que estaban encantados con esta parada de cabestros. Y no es para menos, pues llevan dos años haciendo unas conducciones casi perfectas.

Si hacemos un repaso a los encierros corridos este año podremos comprobar que en seis de las ocho ocasiones han llegado al Ayuntamiento los cabestros por delante; que solamente el día 7 se asomó un toro del Conde de la Corte a la cabeza y que el día 13, ese sí, dos miuras abrieron carrera desde los primeros compases. El resto de los días era habitual que cuatro cabestros encabezasen la manada y que los seis toros se apelotonasen detrás de ellos formando un grupo compacto.

Pero, no sólo en Santo Domingo, es que en Mercaderes ha ocurrido algo similar: además del día de Miura, sólo en el tercer encierro hubo un “fuenteymbro” que se adelantó y que llegó por delante a la curva de Mercaderes con Estafeta. El resto de los días también han mandado allí los cabestros.

¿Y por Estafeta? ¡Pues, también! En siete encierros han llegado los mansos por delante al ruedo y en cuatro ocasiones hasta adelantados a los toros. Lógicamente, en esa segunda mitad del recorrido ya se abren huecos en las conformaciones de las manadas y los corredores de esos tramos han podido disfrutar más de las astas de los toros. No obstante, la conducta de los mansos ahí queda.

Pero... Aunque en su fuero interno muchos corredores hayan visto frustradas sus ansias de toro, ¿hay que sentirse enojado por un desarrollo así de estos sanfermines? Pues hay que decir que NO. La mayor parte de las carreras se han desarrollado con limpieza, sólo han resultado corneados cuatro mozos (la mitad de la media de heridas por asta de toro en los encierros de Pamplona) y eso debe alegrar a todos los corredores. Así pues, DESEOS PERSONALES APARTE (que todos los corredores los tenemos), bienvenidos sean estos cabestros, el antideslizante y cuantas medidas contribuyan al buen resultado de este encierro tan representativo (a todos los efectos; antitaurinos incluidos).

De lo que ya no estoy tan seguro (y puede que vaya a decir una brutalidad producto del pacharán que llevo a estas alturas del almuerzo) es que algún directivo de “Cuatro” esté conforme con las imágenes que realmente han conseguido emitir.

Como digo, sólo ha habido cuatro heridas por asta de toro y apenas han sido captadas por las cámaras, por lo que “Cuatro”, que ha tirado hasta del circulito de Moncholi, se ha debido conformar con sacar esos planos bajos y cortos en los que se ve como los pitones pasan rozando los cuerpos de los corredores sin llegar a herirlos y, por contra, no ha podido obtener imágenes morbosas de carnes desgarradas.

¿Qué estoy desvariando? Pues ya me dirán ustedes a qué obedece el hecho de que "Cuatro" sacara el día de la carrera de Miura un primer plano de un charco de sangre en el piso de Estafeta, lo que nos llevó a muchos a pensar en un primer momento que era de un conocido corredor segoviano que ese día había sufrido ahí mismo una aparatosa caída. Gracias a Dios, no lo era.

¡Que se jodan!

¿Qué sigo desvariando? Bastante más me molesta a mí que filmen primeros planos de las caras de los corredores en esos momentos tan íntimos en los que ellos desean estar a solas consigo mismos y, sin embargo, “gracias a Cuatro”, los meten en las casas de toda España y de medio mundo. Al menos podían preguntar, que seguro que algunos estarían encantados de salir. Es más, a alguno no le importa salir en primerísimo plano ni cuando está rezando al santo.

(...)

Pedí a Izaskun otro pacharán para intentar volver a centrarme en mis comentarios. Pero seguro que ya llevaba demasiadas copas, porque a quien me pareció ver que traía la bandeja era al mismísimo Rastrojo.

-“¿Qué nos vas a preparar para el año que viene, Rastrojo?” –le pregunté.
-“¡Otras ocho raciones de cabestros!” –me contestó.

(...)

Sólo deseo que no ocurra un día que salgan estos cabestros del corral de Santo Domingo a toda velocidad, se dejen atrás a todos los toros y se forme la “universal”; porque en una buena parada de seis cabestros no debería haber cuatro que pugnen por mandar en la carrera, también son necesarios los que arropan la manada e, incluso, alguno de cola para recoger animales que se puedan ir descolgando.
(Nota: El cartel oficial de estos sanfermines 2008 es obra de Miguel Angel Antoñanzas y la reproducción la he tomado de la web pamplona.net Con esta bitácora no tengo fines lucrativos y ruego se me permita mantener dicha reproducción; no obstante, será eliminada si así me lo solicita quien posea los derechos de autor)

9/7/08

Escuela gráfica de toros


La primera inquietud que debería tener todo corredor de encierros es conocer al animal con el que se enfrenta: el toro.
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Esa es la razón por la que he elegido este libro para inaugurar la sección a la que he denominado “Biblioteca”.
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El autor de este libro, Luis Alberto Calvo Sáez, es veterinario de profesión y analiza al toro bravo desde los puntos de vista de la zootecnia y del fenotipo. Y no lo hace con palabras, sino con dibujos. El libro se compone de 272 páginas repletas de imágenes gráficas de un gran interés didáctico, que logran que la información se reciba básicamente a través de la vista y que no haya que realizar ningún esfuerzo de imaginación para interpretar los conocimientos que divulga el autor.
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A través de unos espléndidos dibujos, que en algunos casos van acompañados por gráficos o textos muy breves, resulta fácil aprender conceptos del toro referentes a las capas y sus accidentales o a las distintas partes de su anatomía. Es muy útil también para conocer, asimilar y comparar las diversas morfologías que puede presentar el toro bravo dependiendo de cual sea su casta y su encaste. Y, en todo caso, teniéndolo en nuestra biblioteca, será siempre un libro de consulta al que se podrá recurrir cuando se tenga alguna duda.
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Título: Escuela gráfica de toros
Autor: Luis Alberto Calvo Sáez
Edita : Ilustre Colegio Oficial de Veterinarios de Valladolid
Precio (aprox): 50,00 €