Entre la fauna que predominaba en la Península Ibérica durante el paleolítico estaba el uro, que se habría asentado ahí como consecuencia de una expansión natural o de migraciones, también naturales, por razones climáticas.
Fue posteriormente, en el neolítico, cuando el uro comenzó a ser domesticado y, a partir de entonces, las nuevas razas de vacuno que iban surgiendo de ese proceso acompañaban al hombre en sus movimientos migratorios, colonizadores y comerciales. Así, otro tipo de uro apareció por el norte de la península con la cultura celta; varios siglos después, las culturas del norte de África introducirían una nueva variante por el sur; y, lógicamente, debemos pensar que se tuvieron que producir cruces naturales o inducidos entre estos nuevos prototipos de uros y los ancestrales que se encontraban en las zonas en las que aquellos fueron introducidos.
Las barreras que suponen los grandes accidentes geográficos limitaron aquellos primitivos movimientos migratorios, tanto del hombre como de los animales que lo acompañaban y, por supuesto, de las especies autóctonas, lo que coadyuvó para que se fueron formando en la Península Ibérica diferentes concentraciones de ganado vacuno que, dado el cierto grado de aislamiento al que estaban sometidas, presentaban unas características morfológicas distintas entre sí por su variado origen y, además, por el diverso clima, entorno y pastos de la concreta región en la que cada una de esas concentraciones quedó asentada durante miles de años.
Por ello, se puede hablar de tres grandes raíces del toro de lidia:

B) Una raíz andaluza, que se correspondería con el ganado asentado en la cuenca fluvial del Guadalquivir y que podría proceder del introducido por el hombre desde el norte de África con posibles cruces con uros autóctonos de la zona.
C) Una raíz castellana, que se correspondería con el ganado asentado en las dos mesetas centrales de la península, con una rama ubicada en la cuenca fluvial del Duero y otra distinta que ocupaba las de los ríos Tajo y Guadiana, con una posible procedencia derivada en ambos casos de uros autóctonos, aunque siempre cabe la posibilidad de hablar de contactos con reses introducidas por el hombre en zonas aledañas.
Los propietarios de ganado mantuvieron sus vacadas sin realizar una selección orientada de forma específica a los primitivos juegos de toros.
Hablando en términos generales, se podría decir que fue con el inicio del toreo a pie, en la primera mitad del siglo XVIII, cuando algunos ganaderos contemplaron la posibilidad de realizar selecciones y programar la reproducción de sus vacadas con la finalidad de criar unos ejemplares que reuniesen una serie de características para poder destinarlos a la lidia. Entre esas características, que han ido cambiando o evolucionando con el devenir del tiempo, ha habido una que se mantenido como eje: la bravura.
Fue así como surgió el toro de lidia. Y esas primeras vacadas dedicadas a su crianza han sido denominadas castas fundacionales, ya que posteriormente resultaron ser las matrices de la totalidad de la cabaña brava.
Los tratadistas no se ponen de acuerdo respecto a su número, pero siguiendo un criterio bastante generalizado vamos a fijar las siguientes castas fundacionales del toro de lidia:
.

1.- Casta Navarra. Aunque parece ser que hubo ganaderos desde siglos anteriores, fue a finales del XVII cuando don Joaquín Antonio de Beaumont de Navarra y Ezcurra Mejía, Marqués de Santacara, tras recoger y seleccionar el ganado salvaje existente en los términos próximos a las Bárdenas Reales, se erigió en el primer ganadero de relevancia de reses de raíz navarra con destino a la lidia y, a posteriori, en el tronco del que arrancaron las más prestigiosas ganaderías de reses de esta procedencia.
El ganado de casta Navarra era, muy mayoritariamente, de capa colorada, pequeño tamaño y con astas acarameladas, veletas y de escasa longitud.
2.- Casta Morucha Castellana. Dada su antigüedad, las reses que se criaban en El Raso de Portillo, en el término de La Pedraja de Portillo (Valladolid), tenían el privilegio de romper plaza en los festejos reales. Unos tratadistas dicen que era ganado autóctono de Castilla, mientras que otros argumentan razonamientos para defender la existencia de cruces con reses de casta Navarra. Aún cuando en un principio se criaron en régimen de comunidad de bienes, a nivel individual se nombra a don Alonso Sanz como el primer ganadero que, hacia mediados del s. XVIII, crió reses de este origen.
Eran toros de hechuras grandes, cornalones y, generalmente, de pelaje negro.
3.- Casta Jijona y Toros de la Tierra. Aprovechando las posibilidades que le ofrecía su cargo de intendente de la vacada del Real Patrimonio, don Juan Sánchez Jijón Salcedo fundó a principios del siglo XVII una ganadería en Villarrubia de los Ojos, seleccionando toros de los que pastaban en tierras de Madrid, Toledo, Ciudad Real y Albacete.
Uno de los criterios que siguió el fundador fue elegir toros de pelaje colorado encendido. Por otro lado, eran reses de cornamenta muy desarrollada y de gran alzada, corpulencia y peso.
Los denominados como “Toros de la Tierra” tienen realmente el mismo origen que los de casta Jijona, aunque se podría establecer como mínima diferenciación que, en su génesis, hay más presencia de reses procedentes de la cuenca del Jarama y del área de Colmenar Viejo; por otro lado, sus capas eran más variadas, incluso predominaba el pelaje negro, y eran toros muy recios de patas, quizás derivado de la dureza del terreno donde pastaban.
El primer ganadero de Toros de la Tierra fue el colmenareño José Rodríguez García, a mediados del siglo XVII.
4.- Casta Cabrera-Gallardo. Hay opiniones encontradas entre los tratadistas respecto a si el ganado de origen Gallardo debe considerarse como una de las castas fundacionales o si, por el contrario, debe quedar incluido dentro del grupo de casta Cabrera. Ante la discrepancia, he optado por hacer una denominación conjunta.
Fue hacia mediados del siglo XVIII cuando don Luis Antonio Cabrera fundó en Utrera una ganadería con reses de las que se ignora su procedencia, aunque históricamente se viene manteniendo que era ganado de alguna comunidad andaluza de religiosos que, a su vez, traía origen del cobro de los diezmos.
Los toros de Cabrera eran largos, de gran alzada, corpulencia y peso, pero de aspecto agalgado, con defensas desarrolladas y pelajes muy variados.
Con reses del mismo tronco frailero, aunque cruzadas con otras de casta Navarra, partió en el siglo XVIII el sacerdote de Rota Marcelino Bernaldo de Quirós para crear una vacada que posteriormente adquirió don Francisco Gallardo. Este ganadero de El Puerto de Santa María, tras eliminar lo de procedencia navarra y llevar a cabo una rigurosa selección, fue quien fijó los caracteres de estas reses: corpulentas, de gran trapío, muy dotadas de cuerna y con gran variedad de capas; muy en consonancia con los de casta Cabrera.
5.- Casta Vistahermosa. En la segunda mitad del siglo XVIII fundó su ganadería don Pedro Luis de Ulloa, el primer Conde de Vistahermosa, al comprar la vacada de los hermanos Rivas, de Dos Hermanas (Sevilla), que estaba compuesta de reses de origen desconocido.
Los pelajes primordiales de los toros de esta ganadería eran negros, cárdenos y colorados; por otro lado, presentaban unas cornamentas proporcionadas y eran finos de hechuras, aunque algo terciados.
6.- Casta Vázquez. Con toros de procedencia desconocida, don Gregorio Vázquez fundó una ganadería en Utrera (Sevilla) a mediados del s. XVIII. Años después agregó reses de casta Cabrera, que proporcionaron a la ganadería mayor corpulencia y peso; pero sería su hijo, Vicente José Vázquez, quien daría el elemento definitorio decisivo a la vacada: consiguió reses del Conde de Vistahermosa que, al cruzarlas, aportaron una mayor dosis de bravura.
Eran toros cortos de patas, anchos, muy bien armados y, por la diversidad de sangres, salían con capas variadísimas.
La suerte que han corrido estas castas fundacionales es muy dispar. Hay práctica unanimidad en dar por extinguidas las castas Morucha, Jijona y de Toros de la Tierra. Respecto a la casta Navarra, si bien se mantienen ganaderías con reses de este origen, actualmente se descartan para los festejos de lidia ordinaria. De la casta Cabrera sólo resta como representante en la actualidad la ganadería de Miura; y Partido de Resina de la casta Gallardo. De Vázquez se citan como supervivientes a Concha y Sierra, Prieto de la Cal y la ganadería portuguesa de Fernando Pereira Palha, aunque algunos especialistas les niegan la pureza a todas ellas. Finalmente, la historia más fecunda la proporciona la casta Vistahermosa, pues de ella proceden la práctica totalidad de las ganaderías bravas actuales; incluso se han ido formado estirpes de ella, “encastes”, que presentan diferencias morfológicas entre sí.
Precisamente, la encuesta que dejaré abierta en el lateral durante las dos próximas semanas versa sobre la cuestión apuntada en el párrafo anterior. Y digo apuntada porque en próximos textos se tratará de analizar la historia y evolución de cada una de las castas fundacionales del toro de lidia.
.
(NOTA: Los dos gráficos que os ofrezco son de autoría propia. Dados mis escasos conocimientos de informática, son demasiado simples y toscos, por lo que pido disculpas por ello; no obstante espero que sirvan al lector para, al menos, hacerse idea de la información que he tratado de ofrecer. En cambio, la fotografía que encabeza esta entrada es de Etienne Barbazan y está colgada en la web "toroslidia.com". Con esta bitácora no tengo fines lucrativos y ruego se me permita mantener dicha reproducción; no obstante será eliminada si así me lo solicita el propietario de los derechos de autor)



La devoción al Cristo de la Misericordia y el creciente protagonismo de sus fiestas terminaron por eclipsar a San Esteban; aunque aún se conserva como fiesta local. 



