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7/9/10

Entrevista a un veterano corredor de encierros de Cedillo del Condado

En el mes de junio del presente 2010 publicaba la ficha de la localidad toledana de Cedillo del Condado, pues para entonces, para el 13 de junio, se celebra allí la fiesta de San Antonio de Padua, en la que se incluyó en años no muy lejanos la costumbre de correr encierros. Pero, si hay una fiesta en Cedillo que históricamente está ligada a la tradición de los toros y de los encierros, esa es la del 8 de septiembre, en la que honran a su patrona: la Virgen de la Natividad. Al margen de los actos litúrgicos de ese día, el acontecimiento de las fiestas que concitaba la atención de todos los habitantes de Cedillo tenía lugar el día siguiente, el 9 de septiembre: los toros y, como era obligado desde antiguo, su llegada al pueblo conducidos por el campo para ser encerrados en la plaza.

Al igual que ocurre en cada localidad, los naturales de Cedillo tenían su particular de forma de entender “su” encierro: querían que durase el máximo tiempo posible, pues sólo se celebraba uno al año y había que disfrutar de la presencia de toros en el pueblo todo lo posible. Por lo que los mozos salían de madrugada al campo a recibir a la manada que conducían sus mayorales, y trataban de espantar a los toros. Sólo así se garantizaban la posibilidad de que el encierro, y la participación popular en la fiesta de los toros, durase más tiempo que los escasos minutos que resultan estrictamente necesarios para conducir ordenadamente una manda de toros hasta los corrales de la plaza.

Habrá corredores y aficionados a los que les parecerá incorrecta esa práctica de espantar a los toros en el encierro, pero era una costumbre muy común en nuestros pueblos. Actualmente está prohibida esa práctica, salvo en las pocas localidades que han logrado conservar esa forma de entender los encierros como elemento característico de “su” festejo y han conseguido dotar a su tradición de legalidad. En Cedillo del Condado, en cambio, y como ha ocurrido en otros muchos lugares, se desfiguró esa forma de entender y celebrar el encierro, y la tradición se perdió.

De esto, y de otras muchas cosas, nos va a hablar un nuevo compañero que se incorpora a la relación de veteranos que tienen la amabilidad de hacernos participes de sus vivencias y de recordarnos como eran los encierros en sus tiempos mozos.


Benedicto Zoilo Martín-Martín Preciados, “Zoilo”,
natural de Cedillo del Condado (Toledo). 78 años.



(P) ¿CÓMO SE LLAMA?
(R) Benedicto Zoilo Martín.

(P) ¿ES CONOCIDO POR ALGÚN APODO?
(R) No, me llaman Zoilo.

(P) ¿DÓNDE NACIÓ Y EN QUÉ FECHA?
(R) En Cedillo, el día 12 de noviembre de 1931.

(P) ¿EN SU FAMILIA HABÍA ANTECEDENTES DE CORREDORES DE ENCIERROS O, AL MENOS, DE PERSONAS QUE CORRIERAN EN EL ENCIERRO DE CEDILLO?
(R) Sí que iba mi padre alguna vez a verlo.

(P) ¿A QUÉ EDAD COMENZÓ A CORRER?
(R) De mozo. No sé los años que tendría, a lo mejor 18 ó 20.

(P) Y... ¿POR QUÉ?
(R) Porque me gustaba e iba todo el pueblo a ver como traían los toros.

(P) ¿QUÉ LE DECÍAN SUS PADRES CUANDO EMPEZÓ?
(R) Que tuviera cuidado. Pero no era como ahora. Antes se iba al encierro y ya está, porque era lo más importante de las fiestas.

(P) DESPUÉS DE CASARSE, ¿SU MUJER LE PEDÍA QUE LO DEJASE?
(R) No sé. Como te he dicho antes, se iba al encierro y ya está. Algo me diría.

(P) ¿CÓMO ERA EL ENCIERRO DE CEDILLO EN SUS AÑOS MOZOS?
(R) El encierro era siempre el 9 de septiembre. Los toros los traían de varias ganaderías y pasaban la noche en el campo antes de llegar al pueblo. Venían por varios sitios dependiendo de la ganadería que fueran los toros y pasaban la noche con los mayorales en el campo hasta que amanecía. La gente no dormía esperando a que fuera por la mañana para ir a por los toros al campo.

Por la mañana los mayorales levantaban el ganado y lo conducirán hacia el pueblo. Iban muchos caballos de Cedillo y de otros pueblos, y cuando iban a llegar al pueblo los mozos salíamos a espantarlos. Alguna vez se iba algún toro y había que ir a buscarlo con los caballos. Una vez mi abuelo fue a recoger un toro escapado con sus vacas de labranza. Luego entraban en el pueblo y los encerraban en los toriles de la plaza del pueblo, que se hacía con carros y palos.

Antes del encierro, las mujeres, con pañuelos en la cabeza y con bastones grandes, cantaban canciones de toros y de cogidas.

Se hacía “Toro del aguardiente” la noche antes del encierro, hasta que amanecía. Por la tarde se hacía la corrida. Y algunas veces traían un toro para que lo torearan los mozos del pueblo después de la corrida, pero esto ya era más moderno.

Los toros que traían eran muchas veces de ganaderías de primera, como la del Marqués de Perales o de las Infantas de Añover de Tajo. También se traían de ganaderías de Salamanca y hasta de la parte de Andalucía… y otras de Mariano de León, de Casarrubios del Monte. Unas veces traían más toros y otras menos.

Venias muchos maletillas al encierro para torear a los toros cuando estaban en la plaza. Una vez trajeron 18 toros y vinieron muchos maletillas de todos los pueblos. Luego, cuando terminaban, ponían un capote en el suelo y la gente les daba dinero que luego se repartían.

Muchas corridas de toros tenían que pasar por Cedillo para ir a otros pueblos y los mozos salíamos igualmente a espantarlos, y se enfadaban con nosotros, por lo que procuraban pasar de noche para que no hiciéramos nada.

Los toros no eran como los de ahora. Eran mucho más bravos que ahora, más pequeños pero más bravos.

Para hacer los toros se pedía dinero a todas las familias del pueblo, porque si no, no se hacían.

(P)¿RECUERDA QUÉ PASÓ CON EL ENCIERRO DE CEDILLO EN LA GUERRA CIVIL?
(R) No me acuerdo bien, pero hubo unos años en los que no se celebró. Creo que un año en guerra y luego después también. Además, en guerra, el ejercito republicano mató muchos toros de ganaderías para que las tropas pudieran comer, así que había menos toros. En San Martín de la Vega mataron una ganadería de primera entera de unos ganaderos llamados Gerónimo Díaz y Antonio Llanos, que tenía los toros pastando allí. Creo que alguno era de Salamanca.

(P) ¿PARTICIPABA EN EL ENCIERRO A CABALLO O A PIE?
(R) Participaba andando para espantar a los toros, aunque alguna vez me llevaban en algún caballo.

(P) ¿EN QUÉ TRAMOS DEL ENCIERRO LE GUSTABA CORRER?
(R) Yo iba al campo, como toda la gente. En el pueblo quedaba poca gente.

(P) ¿RECUERDA LOS NOMBRES DE OTROS MOZOS DE SU ÉPOCA QUE CORRIESEN EN EL ENCIERRO?
(R) Manuel y algunos más. Todos íbamos a ver los toros al campo.

(P) APARTE DEL ENCIERRO DE CEDILLO, ¿PARTICIPABA EN LOS DE OTROS PUEBLOS?
(R) Íbamos a muchos pueblos: a Carranque, a Lominchar , a Recas, a El Alamo... A todos los pueblos de por aquí, y también salíamos al campo a espantar a los toros cuando los mayorales los pasaban por Cedillo para ir a otros pueblos.

(P) ¿CÓMO SE DESPLAZABA EN SUS AÑOS MOZOS?
(R) Siempre había alguien que te llevaba, o a caballo o como fuera.

(P) ¿ALGÚN PERCANCE SERIO?
(R) Alguna vez me he llevado topetazos de vacas y una vez me caí de un caballo, pero no tengo ninguna cornada. Una vez había una vaca y me dijeron que la toreara, así que cogí un capote y me fui acercando poco a poco hasta que se arrancó y me quitó hasta la capa. ¡¡¡Si me llega a pillar…!!!
¡Ah! Y una vez cogió a la pareja de la Guardia Civil.

(P) ¿EN QUÉ SE DIFERECIAN LOS CORREDORES DE ANTES A LOS DE AHORA?
(R) Ahora no tiene nada que ver el encierro con el de antes. Antes casi ni se dormía para esperar a que los toros llegaran al pueblo y se iba a el campo a esperarlos y espantarlos hasta que entraban en el pueblo. Ahora sólo es en el pueblo.

(P) ¿ENTRENABA PARA LOS ENCIERROS?
(R) Pues no.

(P) ¿USABA ALGUNA ROPA ESPECIAL PARA CORRER?
(R) No teníamos nada más que un hato y roto.

(P) ¿ANTES DEL ENCIERRO REZABA, TENÍA ALGUNA MANÍA O SUPERSTICIÓN QUE CUMPLIR?
(R) Pues no.

(P) ¿CUÁNDO DEJÓ DE CORRER Y POR QUÉ?
(R) Cuando dejaron de hacer el encierro por el campo. Luego ya solo lo veía.

(P) APARTE DE CORRER EL ENCIERRO, ¿PARTICIPABA DE ALGUNA OTRA FORMA EN LAS FIESTAS?
(R) Las fiestas de Cedillo eran los toros, luego íbamos a misa y al baile.

(P) ¿QUÉ SUPONE PARA USTED EL ENCIERRO DENTRO DE LA PROGRAMACIÓN DE FESTEJOS DE CEDILLO?
(R) Si no hay encierro… pues las fiestas no son nada.

(P) ¿CÓMO VE EL ENCIERRO DE ESTE AÑO?
(R) Bien, sólo que me gustaría que fuera como antes, cuando las fiestas eran los toros, y no como ahora, que apenas ves los toros en el encierro. Antes había toros todo el día.

(P) ¿CREE QUE SE PODRÍA RECUPERAR ALGO DE TODO ESO?
(R) ¡Hombre! ¿Si hay alguien que quiera hacerlo...? Pero creo que ya no sería como antes.
.
(...)
.
Quiero agradecer a Zoilo la amabilidad que ha tenido para con esta bitácora. E, igualmente, me gustaría felicitarle por seguir queriendo el encierro de su pueblo, aunque la forma actual de realizarlo no sea la que a él más le gusta. Seguro que disfrutará el próximo día 12 de septiembre, que es cuando este año 2010 tendrá lugar el encierro de Cedillo del Condado para estas fiestas patronales. Claro que, por el hecho de haber evocado ahora sus años mozos, puede que sienta algo más de añoranza al recordar cómo celebraban por entonces la llegada de los toros a Cedillo.

Por otro lado, quiero dejar constancia que todos los honores del trabajo de esta entrada corresponden a J-A.M.M., pues es el artífice de la entrevista, así como de la foto elegida para ilustrarla, para cuya realización pudo contar con el decorado de la casa de Alejandro Martín, un hombre de Cedillo muy vinculado al mundo de los toros.

A todos, de verdad: ¡GRACIAS!

19/8/09

Iván Moreno Báez, “Buty”, natural de San Sebastián de los Reyes (1978-2008)

...............................Foto: "Tradiciones Taurinas"


Iván corría encierros para colmar su felicidad personal. Satisfacía así algo tan íntimo y privado que no necesitaba ni quería hacer pública su faceta de corredor de encierros en ningún medio de comunicación. Donde a él sí que le gustaba hablar de encierros era en los almuerzos posteriores a las carreras. Ahí, rodeado de compañeros, sí que contaba su manera de entender los encierros; ahí, rodeado de amigos, se mostraba feliz, él reía y también nos hacía reír a todos.

Desgraciadamente, Iván ya no puede asistir a esos almuerzos. Los que le conocimos ya no podemos disfrutar ni de su compañía ni de su alegría, y ya no podemos hablar de encierros con él. Además, los nuevos compañeros que se van incorporando al mundo de los encierros ya no podrán conocerle, no podrán disfrutar de su humor ni podrán saber cómo entendía él los encierros.

Por ello le dedico a Iván esta entrada, pensando especialmente en los más jóvenes, para que conozcan quién era y cómo pensaba. Sólo por ese motivo saco a relucir públicamente la figura de este corredor de encierros.

...


Iván Moreno Báez nació el 21 de diciembre de 1978 en la maternidad de la Clínica “La Paz” de Madrid, pero él era de San Sebastián de los Reyes. Allí vivió desde su nacimiento y sus calles fueron las que le vieron crecer. Es cierto que se trasladó a la vecina Alcobendas cuando creó su propio hogar junto a su mujer, pero uno de sus deseos más fervientes era fijar su domicilio de forma definitiva en su pueblo, en SanSe; y a ser posible en una calle del recorrido del encierro. Un deseo que, quizás, sólo habría cambiado por el de vivir en el campo, en plena naturaleza.

En la familia de Iván no existían precedentes de corredores de encierros. Pero de pequeño, como vivía en la calle Juan Olivares, junto a la calle Estafeta, bajaba con su padre a ver el encierro de SanSe; luego, ya de chaval, iba él sólo y se subía a un poste de la talanquera que cierra la curva de Real con Estafeta para tener la mejor visión del paso de los toros y de las carreras de los mozos. Así surgió en él la afición por los encierros.

Pero sus inicios como corredor no fueron los típicos de la mayoría de los chavales, que un día, sobre los dieciséis años, corren su primer encierro y después, poco a poco, van ganando confianza y reduciendo distancias en la carrera.

Iván sí que corrió su primer encierro en SanSe siendo sólo un adolescente, pero la repetición de aquella primera experiencia tardó años en producirse, porque lo que más atraía a Iván en sus años de juventud era el movimiento punk. Sí, Iván era un punky; y, además, muy radical. Algo que marcó su juventud. Una época de su vida que fue, digamos, difícil y no exenta de problemas. También marcó su estética e, igualmente, por ahí vienen los apodos con los que le conocimos. De aquellos años procedía el que a él más le gustaba: “Buty”. Pero también tenía otros: “Pumuki”, que era como le llamaban en uno de sus trabajos; o “Pinky”, que fue el que le puso uno de los componentes de mi cuadrilla en el inolvidable viaje en autobús al encierro de Saint Sever, cuando Iván ya se hizo un habitual en el circuito de los encierros.

Y es que, pese a la complejidad de su vida juvenil, Iván sentía un vacío en su interior que nada ni nadie lograba llenar por entonces. Hasta que una día, cuando contaba con 24 años, se levantó una mañana y se fue de encierro, volvió a correr y repitió aquella primera experiencia que tuvo cuando sólo era un adolescente. Ahí reflotó esa afición que dormitaba en lo más profundo de su ser. Y debió tener aquella mañana unas sensaciones tan especiales que ya no dejó de buscarlas, ya no dejó de correr encierros. Luciendo crestas, coletas o peinados que denotaban su cultura punk, Iván se convirtió en un corredor de encierros habitual.


Le gustaba correr en tramos de la primera mitad del recorrido para medirse con toros en plenitud de fuerzas. Por otro lado, prefería los encierros de manadas completas, y a ser posible con toros para la lidia –ahí está el picante, decía-. Por ello le gustaban los encierros de Colmenar de Oreja, Arganda o Los Molinos; por poner tres ejemplos. Pero en su idea de lo que debe ser un encierro, o de lo que significa “ir de encierro”, debía estar incluido el concepto “fiesta”; y así, por esa razón, sus encierros preferidos eran los de San Sebastián de los Reyes (la fiesta de su pueblo), Pamplona (la fiesta más universal) y Ciudad Rodrigo (la fiesta que más le gustaba). Otro encierro fijo en su calendario (otra fiesta) era el del pueblo de su madre: Bañobárez, en Salamanca.


Iván no era una persona supersticiosa y en los momentos previos a un encierro no seguía ningún tipo de ritual especial; tampoco rezaba, ni se encomendaba a ningún santo. Además, cuenta de él un compañero de tramos que impresionaba la entereza con la que afrontaba esos últimos minutos antes de la carrera, pues no se le mudaba el gesto; como nos ocurre a la mayoría.

No obstante, sí que había un detalle que nos daba entender los días que Iván se encontraba especialmente motivado para correr; ya fuese por razón de la localidad o del tipo de encierro en cuestión. Ese detalle era verle aparecer en el recorrido con “su” camiseta roja, la del logo de “La Bella Easo” en el pecho y el número “ 9 ” a la espalda.

Y he entrecomillado lo de “su” camiseta, porque en realidad era de su padre, que falleció en un accidente laboral cuando Iván era sólo un chaval. Concretamente, era la camiseta del equipo de fútbol al que entrenaba su padre y que, tras su prematura muerte, la madre de Iván conservó y luego él tomó como prenda favorita para correr en los encierros más significativos. Para correr recordando a su padre.


Pero, ¿qué tal corredor era? Seguro que, entre los que no conocieron a Iván, siempre habrá alguien que se hará esa pregunta o que querría conocer la respuesta.

Pues bien, lo que menos le preocupaba a Iván era como había corrido él en un encierro. Lo más importante para nuestro compañero era que en la carrera no le hubiera pasado nada malo a nadie, que todos saliésemos ilesos de nuestro enfrentamiento con el toro. ¡Sí! Para él, un encierro con éxito significaba sencillamente que no hubiera heridos, el disfrute sano del mismo y que después nos pudiésemos reunir todos para almorzar. Independientemente o además de las sensaciones íntimas que él obtenía de cada carrera, lo que Iván deseaba era poder juntarse después con todos sus compañeros y tomarse unas cervezas; reunirse con sus amigos y echarse unas risas; compartir vivencias con otros corredores. Y es que el concepto que más estimaba dentro del mundo de los encierros era el del tipo de AMISTAD que en él había encontrado. Si de algo se sentía contento dentro del mundo de los encierros era del grupo de amigos que había conocido en él.

Unido a la felicidad que le proporcionaban su mujer, su familia y su entorno diario, Iván colmó esa placentera sensación cuando se hizo corredor de encierros. Y esa afirmación no es algo inventado por mí, me lo dijo su mujer cuando la pedí que me ayudara a preparar esta entrada:

“Iván era un alma libre, libre de verdad. No le importaba lo que opinasen de él, sólo se dedicaba a buscar su felicidad.

Desde que empezó a correr encierros estaba más ilusionado, contento, entretenido... y finalmente encontró la felicidad. Porque puedo afirmar que murió cuando más feliz se sentía”.


Huelgan más comentarios tras esas frases que me transmitió María, la mujer que íntimamente conoció a Iván antes y después de correr encierros.


Y, por supuesto, huelga extenderse en aquellos temas que, relacionados con los encierros, Iván no compartía o detestaba. Por ello, simplemente dejaré constancia que él no era partidario de personalizar las carreras ni menos aún de otorgar “premios al mejor corredor”; y sobre los medios de comunicación sólo diré que huía de ellos y que los aborrecía por la forma en que tratan la temática de los encierros.


Aunque Iván tardara años en conjugar aficiones, en los seis últimos de su vida supo llevar a cabo la fusión de unas ideas tan aparentemente contradictorias como ser un punky y contribuir generacionalmente a mantener vivo el atávico rito de correr encierros. Y tan es así que, como se desprende de la fotografía que encabeza esta entrada, una de las actividades con la que más disfrutaba nuestro compañero era la de colaborar en la celebración de los encierros infantiles. Deseaba que el rito de correr encierros no desapareciera, que surgieran nuevas generaciones de corredores de encierros. Por ello, siempre que podía se agarraba a un carretón y ayudaba a la celebración de encierros para niños.

¿Se le puede tachar de tradicionalista por esa razón? ¡No! ¡Qué va! Iván siempre fue un punky. Un punky corredor de encierros o un corredor de encierros con alma de punky. Y su canción preferida: “Historia triste”, de Eskorbuto, era para él toda una declaración filosófica y, por desgracia, fue un vaticinio. Él sabía que la vida se nos puede escapar en el próximo día, en el próximo minuto, en el próximo segundo; por eso decía: “¡Vive el momento!”. Y él vivió todos sus momentos al máximo de intensidad.

Los últimos instantes de su vida en plenas facultades mentales fueron como corredor de encierros: el día 1 de octubre de 2008, en el encierro de Las Rozas. Esa mañana trató de esquivar el arreón de un cabestro y, por desgracia, no pudo lograrlo. Como consecuencia del golpe en el suelo, sufrió un traumatismo craneoencefálico contra el que estuvo luchando seis días. Trató hasta el final de vivir el momento, pero no pudo más. Iván Moreno Báez falleció el 7 de octubre de 2008.

Los que le quisimos no queremos olvidarle, pues recordándole Iván seguirá vivo entre nosotros. Tanto él como su forma de entender los encierros.

Por cierto. Él nunca lo habría dicho, pero yo sí que se lo voy a reconocer aquí: Iván era un gran corredor de encierros. Además, era una gran persona y un buen aficionado. Y allá donde esté ahora seguirá cogiendo carretones para que los niños de ese lugar puedan aprender a correr encierros y después llamará a su madre para decirla que todo ha ido bien. Celia: esas son las llamadas que crees oír algunos días.

“Iván: va por ti”.
...
...
(NOTA: Quiero agradecer la ayuda prestada por la familia y amigos de Iván para la preparación de esta entrada. Del mismo, quiero agradecer a "Tradiciones Taurinas" la cesión de la foto del encabezamiento sin su logo; por ello, ruego el máximo respeto para dicha imagen y que nadie la utilice en lugares que haya el más mínimo interés comercial)

10/8/09

Entrevista a un veterano corredor de encierros de Falces



Los corredores de encierros, especialmente cuando somos jóvenes, solemos presumir de afición diciendo que hemos corrido centenares encierros a lo largo de la temporada.

El compañero que hoy vamos a conocer no corría en sus años mozos tantos encierros en un año, pero será difícil encontrar a alguien más aficionado que él, porque hay que tener mucha afición para ir de encierros teniendo que hacerse veintidós kilómetros andando.

Estos compañeros, los que nacieron hace “nosécuantos” años, son dignos de admiración y tenemos que aprender muchas cosas de ellos. Por ello me gusta conocer sus historias; y, como no, compartirlas con todos los que os pasáis por esta bitácora para que no caigan en el olvido.


Jesús Lacalle Pérez, “Zarpas”,
vecino de Falces (Navarra). 81 años.



(P) ¿CÓMO TE LLAMAS?
(R) Jesús Lacalle Pérez.

(P) ¿ERES CONOCIDO POR ALGÚN APODO EN FALCES?
(R) “Zarpas”. Y también como “el mecánico de la Tejería”.

(P) ¿DÓNDE NACISTE Y EN QUÉ FECHA?
(R) Nací en Larraga (Navarra), el día 27 de agosto de 1927.

(P) ¿Y DESDE CUÁNDO VIVES EN FALCES?
(R) Desde los 30 años. Pero venía a menudo ya antes, porque mi mujer es de aquí y tenía que venir a cortejarla.

(P) ¿EN TU FAMILIA HABÍA ANTECEDENTES DE CORREDORES DE ENCIERROS O DE PERSONAS QUE CORRIERAN EN EL ENCIERRO DE FALCES?
(R) ¡No! No tengo ningún familiar que corriera o recortase vacas ni toros. Yo empecé, como pasa en los pueblos, para que las “muetas” me verían.

(“muetas”: niñas)

(P) ¿A QUÉ EDAD COMENZASTE A CORRER?
(R) A los 16 años.

(P) Y... ¿POR QUÉ?
(R) Pues, por lo que te he dicho antes. Y porque me gustaba correr. Los amigos también me decían: vamos a echar unas carreritas, y entonces le vas cogiendo más gusto.

(P) ¿QUÉ TE DECÍAN TUS PADRES CUANDO EMPEZASTE?
(R) Mi padre me decía: “a torear al campanario y a replicar a la plaza”. Pero salía cuando no me veía y fuera.

(P) DESPUÉS DE CASARTE, ¿TU MUJER TE PEDÍA QUE NO CORRIESES?
(R) Me renegaba mucho, pero no le hacía caso y yo seguía con lo mío.

(P) ¿POR QUÉ AL ENCIERRO DE FALCES SE LE LLAMA EL ENCIERRO DEL PILÓN?
(R) Antes, hace muchos años, los ganaus pasaban por esa cuesta cuando iban al monte a trabajar; y, al oscurecer o cuando ya terminaban el trabajo, los animales bebían en un pilón que tenía una fuente que todavía existe: la fuente de “Los Pajaricos”. Por eso se le llama el encierro de “El Pilón”, por la pila que había en la fuente de esa cuesta.

(P) ME HAN CONTADO QUE ANTIGUAMENTE LOS MOZOS SÓLO EMPEZABAN A CORRER A PARTIR DE LA ZONA LLANA DE LA ENTRADA AL PUEBLO. ¿ES CIERTO? ¿CONOCISTE LA BAJADA POR EL PILÓN SIN CORREDORES EN LA CUESTA?
(R) Yo no lo he conocido sin gente que no correría por El Pilón, porque cuando empecé ya corría algún loco (je, je, je...). Pero sí que me contaban que antes la gente sólo corría en lo llano.

(P) ¿QUÉ CAMBIOS HAS CONOCIDO EN EL ENCIERRO DE FALCES?
(R) Antes traían las vacas por “El Pilón” y entraban al pueblo por la placeta Maya y la calle Etxarri hasta la plaza de los Fueros. Luego, el encierro seguía por la calle Caballeros, la Cruz y por Fausta Elorz hasta el cuartel. Y a la tarde el encierro sólo se hacía desde el cuartel a la plaza de los Fueros.
Las fiestas eran en septiembre, pero a los que trabajaban en el campo siempre les pillaba la recogida de algún fruto y, entonces, las cambiaron a las fechas de ahora, en agosto. Eso sería sobre los años 65 al 69. No me acuerdo bien.
El encierrillo se empezó hacer, más o menos, cuando se cambiaron de mes. Y los corrales eran de maderos, como los de la cuesta, y todos los años los quitaban los del ayuntamiento; hasta que los pusieron fijos.
Y antes no estaba el final de la cuesta con tierra como estos años, antes tenía unas piedras del copón. Como está por arriba, así estaba toda la cuesta.

(P) ¿SABES SI HAY ALGUN OTRO PUEBLO QUE TENGA UN ENCIERRO TAN PECULIAR COMO ÉSTE?
(R) Quisieron hacer en otros pueblos algo parecido, pero “na de na”. Este encierro es único en el mundo entero y no se puede copiar. Luego está el encierrillo, que en muchos sitios no se hace, y si lo hacen no es igual. Aquí puedes correr p’arriba y luego p’abajo.

(P) ¿RECUERDAS LOS NOMBRES DE MOZOS DE TU ÉPOCA QUE CORRIESEN EN EL ENCIERRO?
(R) ¿De mi tiempo? Chucho, Reta, Pituto, Pezuño, Ibarrola... Había más, pero la mayoría ya murieron. También había un cura que corría con sotana y todo, pero no me acuerdo de su nombre.

(Tres son los curas que se recuerdan corriendo en el encierro: don José, que era el más viejo, don Luis y otro muy querido en el pueblo, pues en él nació y se crió: don Juan José, de mote “Pichón”)


(P) ¿EN QUÉ PARTE DEL RECORRIDO TE GUSTABA CORRER?
(R) En la cuesta, desde la última curva hasta donde llegase. Era donde corríamos la mayoría, pues arriba corría poca gente.
¡Nos dábamos cada hostia! Total, igual que ahora. En eso no ha cambiado.


(P) APARTE DEL ENCIERRO DE FALCES, ¿CORRÍAS EN LOS DE OTROS PUEBLOS?
(R) Sí. En Larraga, que era con caballos y vacas, en Artajona, Peralta y, como no, en Pamplona.

(P) ¿CÓMO TE DESPLAZABAS EN TUS AÑOS MOZOS?
(R) Andando hasta que no tuve una bicicleta. Había días que nos hacíamos veintidós kilómetros. Y eso que los hacíamos por el monte.

(P) ¿ALGÚN PERCANCE SERIO?
(R) Una vez me rompí la paletilla, pero cornadas no; sólo trompazos y golpes.

(P) ¿Y NO TE ENTRARON DUDAS A RAIZ DE ESE PERCANCE?
(R) No, porque las hostias te las llevabas a todas horas. El que conoce este encierro sabe a que se mete y, como decimos aquí, sarna con gusto no pica.

(P) ¿CUÁNDO DEJASTE DE CORRER? ¿O SIGUES TRASTEANDO?
(R) Bueno, me pongo en el final de la cuesta, donde se pone mucha gente, en el rincón, y cuándo pasa la ultima vaca yo suelo salir para tocarla el cuerno. Algún día se volverá y me dará.
A los 56 dejé de correr por culpa del “Chucho”, que me dio un trompazo, y ya vi que no tenía edad para correr, pero poniéndome al final del encierro gozo mucho y me quito el gusanillo.

(P) ¿Y TIENES ALGUN HIJO QUE CORRA O HAYA CORRIDO EN EL PILÓN PARA SEGUIR CON LA TRADICIÓN FAMILIAR?
(R) Dos de mis hijos, pero tienen mas miedo que el copón. Silvestre, que es el mayor, corrió alguna vez el Pilón, pero no le gusta esta afición; y Luis lo mismo. Ellos corrían en el tramo de las piedras, en la curva de arriba y hasta la fuente de “Los Pajaricos”.

(P) ¿EN QUÉ SE DIFERECIAN LOS CORREDORES DE ANTES A LOS DE AHORA?
(R) Antes corría poca gente, y todos del pueblo. No como ahora, que corre mucha gente, y de los que corren casi la mitad son forasteros. Da igual de donde sean, pero sería bonito que los jóvenes de Falces se animaran a correr. Hay que animarles a que salgan más a las vacas.
Yo por que no puedo. ¡Si nooo...!

(P) ¿Y LA MANERA DE CORRER?
(R) Yo creo que igual, todos íbamos a lo mismo, unos pillaban y otros no. Menos gente, pero de la misma forma.

(P) ¿ENTRENABAS PARA LOS ENCIERROS?
(R) ¡¡¡No!!! Te parece poco lo que teníamos que hacer para poder ir a los sitios. Luego, como me gusta mucho cazar a la perdiz, pues me daba unas sobas cazando que cómo para entrenar.

(P) ¿USABAS ALGUNA ROPA ESPECIAL PARA CORRER?
(R) La misma que para trabajar, no como ahora que la gente se pone de todos los colores para salir en la televisión. O eso creo yo.

(P) ¿ANTES DEL ENCIERRO REZABAS, TENÍA ALGUNA MANÍA O SUPERSTICIÓN QUE CUMPLIR?
(R) No, en la vida. Pero lo del cántico me gusta. Aquí se empezó hacer sobre el 80, mas o menos. Fue uno que vive cerca de la cuesta y dijo: ¿por qué no podemos tener nosotros un cántico? Pues, hala. No te puedes imaginar lo que atrae, y como es muy bonito...

(P) APARTE DE CORRER EL ENCIERRO, ¿PARTICIPABAS DE ALGUNA OTRA FORMA EN LAS FIESTAS DE FALCES?
(R) Antes sacaba a los santos en procesión. Como soy muy alto me tocaba sacarlos a mí, pero no me importaba. Ahora ya no puedo, son muchos años.

(P) POR MI PARTE, UNA ÚLTIMA PREGUNTA: ¿QUÉ SUPONE PARA TI EL ENCIERRO DEL PILÓN?
(R) Este es el mejor encierro del mundo. No hay otro igual. Y supone fama para el pueblo, porque cuando se acaba el encierro el pueblo se llena de gente para los almuerzos en lo piperos y en los bares.

(P) ¿QUIERES AÑADIR ALGUNA COSA, JESÚS?
Que gracias por contar conmigo para esto. Ya verás cuando mis hijos lo vean. A mis años haciendo esto... (je, je, je).

(...)


Soy yo el que tiene que estar agradecido a Jesús Lacalle por su colaboración. Y lo que deseo es, primero, que por muchos años se siga poniendo ahí, en el rincón; y, segundo, que lleguen las fiestas de Falces de este año para darle un abrazo.

Y también quiero dar las gracias a dos compañeros y amigos de Falces. Uno de ellos es quien, prácticamente, ha realizado todo el trabajo de esta entrada: elegir al corredor veterano, realizar la entrevista y mandarme la foto. El otro amigo, charlando con él, me ha ayudado a centrar alguna idea, más que en esta entrada, en la de la semana anterior. Por ello, como muestra de agradecimiento a ambos, me veo en la obligación de darles las gracias públicamente, aunque sea sin citar sus nombres. Ellos ya me entienden.

22/6/09

Entrevista a un veterano corredor de encierros de Pamplona


Sucede en los encierros de Pamplona que, pese a la gran cantidad de corredores que participan, en los momentos previos a la carrera siempre sueles tener a tu lado y enfrente a los mismos compañeros, y que de algunos no conoces ni su nombre ni su procedencia ni, tan siquiera, su timbre de voz; sólo su cara, que siempre la encuentras en el mismo punto del recorrido del encierro. Luego, el resto del año no te vuelves a cruzar con esas caras, con esos compañeros, hasta que llega un nuevo 7 de julio y... ¡ahí están de nuevo!

Eso es, precisamente, lo que me venía sucediendo a mí durante años con este compañero, hasta que un día, por un hecho muy concreto, me acerqué a saludarle.

No obstante aquel saludo de hace ya algunos años, lo que realmente nos ha dado la oportunidad de conocernos algo más a fondo ha sido “la magia de internet” y, todo hay que decirlo, decenas y decenas de correos electrónicos en los últimos cinco meses. A través de ellos he confirmado mi impresión de que este veterano compañero es un impenitente corredor de encierros; pero, además, he podido descubrir a todo un sanferminero de pro, a un auténtico “casta”, como dicen por su tierra.

No fue fácil convencerle para que sus recuerdos y opiniones sobre el encierro de Pamplona puedan aparecer publicados hoy en esta bitácora. Pero, bueno, aquí tenemos una pequeña parte del contenido de los muchos correos que nos hemos remitido en estos meses. Y eso es algo que siempre le agradeceré; no ya por mí, sino por todos los seguidores de este blog.

En lo que ha sido inflexible es en su exigencia de que no apareciese publicada una foto suya. Alguien podrá pensar que esta entrada resulta incompleta sin la publicación de la fotografía de nuestro compañero, pero... se lo he respetado. ¡Bueno! Se lo he respetado sólo en el sentido literal de la palabra “foto”; porque esta vez ilustraremos la entrevista a un veterano corredor de encierros recurriendo a la magia del dibujo, de la caricatura. Con su punto de gracia, pero respetuosa, por supuesto.

Ha sido el propio compañero, que tiene un humor muy sanferminero, el que ha elegido la caricatura que os presentamos, en la que aparecen fundidas dos facetas que van muy ligadas a él: una, la de corredor impenitente del encierro; y, otra, la de ser un poco cocinillas en una conocida Sociedad Gastronómica pamplonesa.


José Miguel García Gobeo, “Txemi”,
de Iruña-Pamplona (Navarra). 61 años.


“Txemi” visto a través del rotulador de Pablo Moreno Alcolado.


(P) ¿CÓMO TE LLAMAS?
(R) José Miguel García Gobeo.

(P) ¿ERES CONOCIDO POR ALGÚN APODO?
(R) ¡No! Pero te diré que, según los círculos y edades de mi vida, me han llamado de muy diversas maneras tomando parte de mi nombre o alguno de mis dos apellidos. En la actualidad, los amigos me llaman “Gobeo” o “Txemi”.

(P) ¿DÓNDE NACISTE Y EN QUÉ FECHA?
(R) En Iruña–Pamplona, el 21 de agosto de 1947.

(P) ¿Y A QUÉ EDAD COMENZASTE A CORRER ENCIERROS?
(R) Corrí mi primer encierro el 9 de julio de 1964. Por tanto, tenía 16 años.

(P) ¿EN TU FAMILIA HABÍA ANTECEDENTES DE CORREDORES DE ENCIERROS?
(R) En mi casa no había tradición de correr. Cuando yo era pequeño, mi padre nos llevaba a mi hermana la mayor y a mí a ver el encierro al balcón de algún amigo, principalmente en la calle Estafeta, o a la Plaza de Toros. Y recuerdo cómo, cuando íbamos a Estafeta, él bajaba a la calle y justo se ponía al lado de unas ventanas para guarecerse en caso de peligro. Es decir: era uno más de los que “estorban”.

(P) Y, ENTONCES, ¿DE DÓNDE CREES QUE TE VIENE LA AFICIÓN?
(R) Por el riesgo, por el sentimiento de no dejar pasar esa ocasión única que te ofrece un encierro, con todo su peligro e indefinición, para ganar el espacio de libertad que te da el riesgo, el miedo, esa sensación de peligro indescriptible, los nervios “pre” y la satisfacción “post”, cuando la tuve. Supongo que también por la costumbre, todo el mundo lo hacía; pero, si analizo, de mis amigos fui yo el único corredor constante, permanente, sin que por ello quiera ponerme a más altura que nadie.

(P) ¿QUÉ OPINABAN EN TU CASA CUANDO COMENZASTE A CORRER?
(R) Mis padres no se enteraron en bastante tiempo que corría, pero como mi madre (¡ah las madres!) siempre sospechaba, me quitaba el despertador, me bajaba la persiana, me cerraba la puerta y, aún teniendo un sueño muy ligero siempre, los días de San Fermín dan para mucho cansancio y muchos días ni me enteraba que mi madre había entrado en la habitación y me había hecho aquella faena. Esto me llevó a dormir a menudo en casa de un amigo, Montxo (el cual murió el 15 de abril del año pasado), pues su madre estaba encantada de que corriéramos y nos despertaba ella. Allí teníamos hasta la ropa limpia y todo. Y... ¡a correr!

(P) Y TU NOVIA O MUJER, CUANDO TE CASASTE, ¿TE PEDÍA QUE NO CORRIESES?
(R) La chavala poco a poco se fue percatando de que aquello no tenía solución y lo dejó, porque sus protestas eran inútiles.

(P) ¿EN QUÉ TRAMOS DEL ENCIERRO HAS CORRIDO?
(R) Aquel 9 de julio de 1964 nos lanzamos un amigo mío, también llamado José Miguel, y yo desde el Ayuntamiento hacia Estafeta, y en la esquina esperamos a ver aparecer los toros por el Ayuntamiento. En ese instante nos echamos a correr cada vez más fuerte y nos cogió la manada a la altura de la Bajada de Javier, momento en el que me aparté lleno de miedo.
Ese mismo año corrí otro día de la misma manera, y un toro se quedó parado a la altura de una carbonería que había justo enfrente de la puerta en que yo me resguardé. El toro empezó a dar cabezadas, a trastear, voltear gente y yo no pude ni moverme del miedo que tenía, del pánico más bien. Así que decidí que yo allá no iba a correr más y al año siguiente me fui a Santo Domingo, donde tenía a gente conocida corriendo en esa zona.

(P) ¿CÓMO ERAN ANTES LOS ENCIERROS DE PAMPLONA Y COMO HAS VISTO SU EVOLUCIÓN?
(R) En cuanto a la evolución, estos últimos años se ha diferenciado más por el exceso de gente, mientras que a finales de los 70 lo fue por la preparación física que poco a poco íbamos teniendo los mozos. Y no sólo por el encierro, sino en nuestra vida cotidiana. La práctica de deporte con asiduidad, una mejor alimentación, etc., nos permitía correr en Santo Domingo 70 ó 100 metros con los toros detrás y nosotros aguantando la carrera ¡Una maravilla! Poca gente, espacios, manada agrupada, conocimiento..., todo se cruzaba.
Respecto al otro tema, antiguamente corrían en Santo Domingo corredores de gremios comerciales de la Plaza Vieja, como le llamábamos al Mercado de Abastos que hay justo ahí. Había un trozo para los carniceros, abajo del todo, y otro para los pescaderos, un poco más arriba. Corrían menos y muchos de ellos con la mandarra típica del trabajo; así como en Mercaderes y en Estafeta se corría hasta con traje y corbata, y si hacía mal día con la gabardina en el brazo. Todo un lujo aquellas fotos de los años 50.
En Mercaderes era distinto. La carrera más corta, entrecortada por la incertidumbre de acabarse la cuesta y la mucha anchura. Aquí, en aquel entonces, corría gente que le decían que eran carlistas, gente txapelgorri, boina roja. Cierto o no, era una chorrada como otra cualquiera, pero diferente también.
En Estafeta, antes corría poca gente en la esquina con Mercaderes, pero al final de esta calle, ya más cerca de la Plaza de Toros, siempre ha habido carreras de cine: los hermanos Unzu, en sus tiempos inconfundibles los gemelos, o Barón, siempre con su txapela enfundada, para más tarde pasar a los corredores habituales de hoy, con mucho nombre, muchas facultades, pero con más espacio. Todo era para ellos y ahora es parecido, con la salvedad de que la masificación les lleva a estar más perdidos en el tumulto. Masificación que, curiosamente, viene de fuera y no de corredores locales. De éstos hay pocos, cada día menos, y se dan más en Santo Domingo.

(P) Y EN LA PREDISPOSICIÓN, ¿HAY DIFERENCIAS SIGNIFICATIVAS ENTRE LOS CORREDORES DE TUS AÑOS MOZOS Y LOS DE AHORA?
(R) Cuando empecé (mediados los 60) no se corría todos los días; dos encierros corría yo, a veces tres o cuatro, pero nunca todos. El día que estabas de andada y pasabas la noche era obligatorio dianas, encierro, almuerzo y cama si no aguantabas más. Fíjate: ¡qué barbaridad! La antítesis del buen corredor. Pero era así. Y corríamos con alpargatas de esparto atadas con las cintas, sin calcetines, etc. Todo un horror y un error, pero así eran las cosas. Luego, había otros días que no te levantabas al encierro o a lo sumo ibas a verlo.
El pasar de correr al principio dos días, luego alguno más y posteriormente todos nace, sobre todo, a raíz de los sucesos de 1978, que marcaron a mi entender el devenir de los sanfermines. Se impuso la pauta de que todo el mundo debía estar todos los días en todos los actos de la fiesta o acabaríamos tachándolo de poco sanferminero, mal pamplonica, poco casta... Ello llevó a una situación que también afectó al encierro, como un acto más de todos los que hay en las fiestas, y había que participar todos los días.
Y así fue. Aún cuando antes de todo esto ya había quienes corrían a diario, como Javier Hermosilla y Fermín Echeve, como los más conocidos y sin citar a otros que también lo hacían, por tener la cabeza más comida con el tema del encierro, siguiéndoles la costumbre poco a poco más y más gente, todos ellos de Pamplona, residentes o allegados. También evolucionó con los extranjeros, que se apuntaban a la fiesta y todos los años corrían en el encierro, varios de ellos todos los días; si bien es verdad que el resto de la fiesta como tal, nunca la llegaban a gozar, porque su vida se circunscribía a eso: el encierro, un almuerzo, descansar, toros, salida de peñas suave y a casa, cenar y descansar para al día siguiente correr en plenas facultades.

(P) TE HAS REFERIDO A LOS “SUCESOS DE 1978” Y SEGURO QUE LOS MÁS JÓVENES NO SABEN A QUÉ TE ESTÁS REFIRIENDO. ¿NOS PODÍAS DECIR QUÉ PASÓ ESE AÑO EN LOS SANFERMINES Y QUÉ CONSECUENCIAS TUVO?
(R) Aún cuando los bien pensantes siempre dicen que la política no se debe mezclar en la fiesta, a mi entender, es algo inevitable. No sólo en la actualidad, siempre ha sido así.
Aquellos años, en plena transición de la dictadura a la monarquía parlamentaria, fueron convulsos, reivindicativos y violentos. Mucha protesta, mucha formación política por parte del pueblo llano, mucha desavenencia con el poder establecido y una parte de lección que nos quisieron dar en general a todos, para comprobar la fuerza del poder, hizo que aquel 1978 fuera una locura, y por una simple pancarta sacada en la plaza de toros tras la corrida se desencadenó toda la tragedia. Gente con pistola en mano, la policía entró a saco tras los niños y sus pancartas y aquello fue el caos. En la ciudad se vivieron momentos de auténtica guerra de guerrillas, hasta que al caer la noche uno de los muchos disparos que hubo por parte de la policía mató a Germán Rodríguez y con ello mató los sanfermines del 78.
Aquello marcó un momento, una época y una manera de entender los sanfermines. Unos por miedo, otros por precaución, otros por querer seguir disfrutándolos, la mayoría porque no quiere violencia, se acabó gritando eso de “San Fermín, San Fermín”, no ya como petición de fiesta, sino como grito represor ante cualquier “sugerencia” de alguien, grito, petición, protesta o pitada en los toros. Una aberración. Con la cual se perdió, a mi juicio, parte de la libertad que tenemos como personas y por supuesto como participantes de la fiesta más espontánea, alegre y reivindicativa de cuantas existen. Nos dieron una “lección” que todavía dura.
Por ello es por lo que te decía que la labor ciudadana fue importante para recuperar la fiesta.

(P) ADEMÁS DE CORRER EN LOS ENCIERROS DE PAMPLONA ¿HAS CORRIDO EN LOS DE OTRAS LOCALIDADES?
(R) Sólo he corrido delante de toros, nunca con vacas o vaquillas, y sólo en Pamplona y Tafalla; y en ésta pocas veces. Para mí lo de Pamplona era sagrado y lo guardaba con respeto e intimidad de algo que no quería que me arrebataran.

(P) ¿HAS SUFRIDO ALGÚN PERCANCE SERIO EN LOS ENCIERROS?
(R) A lo largo de tantos años, siempre algo sucede, desde los pequeños tropiezos, caídas, empujones, pisotones, golpes con el testuz, roces con el lomo y vueltas de campana. Cosas sin importancia; salvo que, conforme la edad va pasando, la recuperación siempre es más lenta, hasta llegar a la última que fue una cornada seria que me atravesó la pierna derecha de lado a lado, sin que afectara a huesos ni arterias importantes, pero que me dejó secuelas añadidas al deterioro que ya tenía en esa rodilla, al habérmela roto dos veces y tener tres operaciones más.

P) ¿TE RECUPERASTE TOTALMENTE DE ESA COGIDA?
(R) Para la vida normal y cotidiana, sí. Pero ya no me deja hacer deporte; algo que practicaba antes con cierta normalidad. ¡Bueno! La excusa es la pierna, por no decir la edad... que cuenta y más de lo que parece.

(P) Y... ¿TUVISTE QUE DEJAR DE CORRER EN EL ENCIERRO?
(R) En realidad quería haberlo dejado el año anterior, pero tuve un percance el día 8 de Julio, donde me tropecé con alguna “raya de lápiz”, me cayeron un montón de mozos encima y de los toros solo pude ver sus pezuñas, amén del golpe, del cual no me pude recuperar hasta pasados los sanfermines.
Llevaba cuarenta años corriendo, número redondo, y consideraba suficiente ya el tiempo, las facultades iban fallando, los reflejos, las formas, la gente, todo influía, así que dije: este año no, el siguiente. Y mira por donde con doble ración y todo.
Así que la decisión de dejarlo ya estaba tomada, lo que sucedió es que me fui, como quien dice por la puerta de atrás, con una cornada, aunque no tan funesta como a otros corredores que murieron cerca mía en años anteriores y que también me hicieron replantear si debía seguir o no, pero se ve que no influyeron lo suficiente.

(P) ¿Y AHORA...?
(R) Todos los días de San Fermín, salvo causa de fuerza mayor, a las 8 de la mañana estoy en la Cuesta de Santo Domingo, para seguir sintiendo la emoción, ya algo alejada, pero emoción, de ver pasar los bichos al lado, aun sabiendo lo mal que está el hacerlo. Antes siempre me quejaba de “esos viejos apoyados en la pared molestando e incordiando la retirada”. Ahora yo soy uno de esos viejos con la tripa hacia fuera, esperando ver pasar los toros como si en ello me fuera la vida. Como decía Darwin, debe ser la evolución de las especies.
Hay un dato imperceptible para el resto de corredores, pero importante, satisfactorio y tremendamente emocionante para mí, y es que a partir de la fecha de mi cogida, el día que el encierro es de la misma ganadería que la del toro que me corneó, mi hermano Otilio, el que me sigue en edad, ya que corremos los tres que somos, se queda a mi lado en la acera. Nunca había visto a un acérrimo corredor de encierros que se quedara sin correr uno en solidaridad con “nada”. ¡Uff! Fuerte, emocionante e indescriptible.

(P) ¿ANTES DEL ENCIERRO CANTABAS AL SANTO, TENÍAS ALGUNA MANÍA O SUPERSTICIÓN QUE CUMPLIR?
(R) Antes del comienzo del encierro ni rezaba ni cantaba al Santo. Nunca lo he hecho. Pero... ¿Superstición? ¡Qué curioso! No soy nada supersticioso en la vida, pero... ¡Ah! El encierro, el mito, te hace ir por otros derroteros. Yo, concretamente, hasta que corrí, solía ir casi siempre andando al encierro y hacía el mismo recorrido, tocaba la corteza de los mismos árboles, pasaba por las mismas calles y siempre iba solo, jamás acompañado. Y, estando en el recorrido, pocas veces daba la cara a la gente, todo ello por los nervios que me atenazaban. Comprar el periódico ahí, donde Matxela, era también un rito, apoyarme en la pared, pasar hojas sin poder leer... Desayunar con mis hermanos era otro rito, otro momento maravilloso de la vida. Unas veces éramos dos y otras los tres, los que hubiésemos corrido. Ahora, ya sin correr yo, lo seguimos haciendo. Yo siempre, el viejo, el mayor, dando lecciones de pundonor, de permanencia ¡No te jode!

(P) HAY VARIAS CUESTIONES EN RELACIÓN AL ENCIERRO DE PAMPLONA SOBRE LAS QUE ME GUSTARÍA SABER TU OPINIÓN: VESTUARIO, MASIFICACIÓN, ANONIMATO Y TELEVISIÓN. HÁBLAME DE LA PRIMERA, DEL VESTUARIO.
(R) La vestimenta sanferminera es uno de los muchos agobios, intransigencias y maneras de entender la fiesta, nuestra fiesta.
En principio, según los estudios existentes, parece ser que el traje blanco con pañuelo, faja y txapela tradicionales, nace de los bailes folklóricos de nuestra tierra. Poco se diferencia un dantzari de Bizkaia con uno de Navarra o de Araba, uno de Cortes a uno de Bera, del Roncal a Viana. Todos son parecidos. Y, además, algo que sólo es folklórico lo convertimos en político y social. Con lo que, en conclusión, el tra-je-tí-pi-co-pam-plo-ni-ca se va al carajo. Las cosas son más universales de lo que nos parece.
En los tiempos de mi primer encierro eran muy pocos los que practicaban la vestimenta llamada sanferminera: algún mozo de peña, de los recalcitrantes, los dantzaris y poco más, si acaso te la ponías algún día. Luego todos les fuimos siguiendo para no estar desubicados de la especie sanferminera y en la actualidad no se concibe por la mayoría de los que disfutamos de las fiestas, siendo indígenas, que salgamos a la calle de otra manera.
Pero también es una mera circunstancia de la actualidad, donde lo mismo te critican por llevarlo, porque eres un folklórico y ya sólo te falta la peineta, como por no llevarlo, porque pareces dar a entender que estás en contra de ello y, ya en el encierro, te quieres hacer distinguir para que se te vea más.
¿Quién sabe por qué se viste cada uno como lo hace? Sólo quien se viste, uno mismo, pero los demás nos convertimos en jueces y sentenciamos.
¡Qué más da como vayas vestido, si lo que somos es personas y no un vestido!

(P) VAMOS CON LA SEGUNDA: LA MASIFICACIÓN.
(R) Lo de la masificación es el eterno problema, del cual se hablaba ya en los años 70 y comparativamente éramos cuatro.
¿A quién le dices que no participe en el encierro? ¿A los menores de 16 años? ¿A los mayores de 65? Por ahí eliminaríamos en la pirámide de edad a un buen montón, pero es entre esas edades donde más gente existe. ¿A quien quitamos de ahí? ¿A los casados? ¿A los que son padres? ¿A los que no van de blanco?
¿Por qué y en qué calidad damos paso a unos sí y a otros no? ¿A los que diéramos un carnet? ¿Con qué mérito? Porque soy corredor de siempre, porque soy de Pamplona, porque vivo aquí al lado, porque vengo de una provincia cercana, porque vengo de una provincia lejana, porque soy extranjero, porque voy de blanco, porque tengo pelo, porque no fumo, porque no bebo...

(P) SOBRE EL ANONIMATO
(R) En este momento el anonimato es ya imposible a nada que destaques en algo. A nivel local, el periodismo está ávido de noticias y todos los días tiene a su propia competencia, más la radio y la televisión. Por otro lado, hay personas que no se resisten al gusto que da ser famosillo y es uno de los males, no sólo de quien te busca, sino que si eres fácil de encontrar está hecho el binomio perfecto.

(P) Y SOBRE LA TELEVISIÓN, ¿ESTÁS A FAVOR O EN CONTRA DE LA RETRANSMISIÓN DE LOS ENCIERROS?
(R) Sé que para las arcas de la Casa de Misericordia es un palo, y para la gente en general también; pero yo diría que no, radicalmente.

(P) ¿Y TÚ CREES QUE LAS DISTINTAS COMISIONES O FOROS QUE SE CREAN TODOS LOS AÑOS EN RELACIÓN CON EL ENCIERRO PROPICIARÁN CAMBIOS QUE PALÍEN SIGNIFICATICAMENTE ALGUNOS DE SUS PROBLEMAS?
(R) La realidad es que, como siempre, los cambios son difíciles. Como decía antes: ¿Dónde y por qué pones el límite? Criterios, susceptibilidades, cuestiones hirientes por mor de la edad, estado civil, preparación, vestimenta, día, carnet, etc. etc.
Así que supongo que echarán en la curva de Estafeta la pasta para que no se resbalen los morlacos, modificarán alguna parte del vallado que estará estropeada y cambiarán algún tornillo roñoso; pero en lo principal, a mi juicio, para evitar la masificación o, cuando menos, disminuir el número de corredores, no adoptarán ninguna medida por impopulares o, incluso, ilegales, como sería que no se pudiera grabar y retransmitir el encierro o publicar y distribuir fotos de la carrera.
Ese sería el cambio ideal. Así, nadie tendría fotos, películas ni entrevistas y la gente vendría a San Fermín a participar lisa y llanamente, anónimamente.

(P) ¿QUÉ SON PARA TI LOS SANFERMINES?
(R) Parto de la base de que a mi padre le gustaban los sanfermines a morir y quizás de ahí viene mi afición a ellos, pero a ellos en general, no sólo al encierro.
Yo reivindico la fiesta total, no la parcial. No sólo encierro, no sólo procesión, no sólo Riau-Riau, no sólo corrida, no sólo almuerzo, no sólo copas, no sólo comidas y cenas, quiero todo y a todas horas mientras el cuerpo aguante y cuando ya no pueda más a casa o, como antes, a la Peña y a dormir en un banco o en una silla durante las horas que sean necesarias.
Para mí, los sanfermines es la fiesta por excelencia, la entrega a la juerga absoluta, el desmadre, la desinhibición, la trasgresión de las formas, la perfección de la locura general, la catarsis mundial al juntarse gentes tan dispares para pasarlo bien. Además, es la fiesta de mi pueblo y lo que quiero es diversión perdido en el anonimato de la masa para gozar como dice la canción de “una fiesta sin igual”.

(P) ¿ESA PASIÓN POR LOS SANFERMINES QUE TRASMITES TE HA LLEVADO, APARTE DE A PARTICIPAR Y DISFRUTAR, A VINCULARTE CON ELLOS A UN NIVEL, DIGAMOS, DE SU DEFENSA, PROMOCIÓN U ORGANIZACIÓN?
(R) ¡Sí! A raíz de los sucesos de 1978, entre unos pocos amigos y corredores del encierro organizamos en septiembre los sanfermines “txikitos”. Aunque sea inmodestia decirlo, creo que aquello fue un hito, que tuvo un éxito abrumador y que ejerció una gran influencia en el devenir social que marcó en cierta manera el futuro de nuestras fiestas durante varios años. Hicimos muchas cosas, propusimos alguna que todavía se conserva y, realmente, fue un tiempo maravilloso por los años, la plenitud, la labor realizada, la fuerza que teníamos y el entusiasmo que pusimos. También te diré que durante dos años hicimos un programa de radio con el tema monográfico de los sanfermines y editamos un pequeño libro que salió a la luz en junio de 1979. En fin, como te decía, una época sensacional.

(P) Y, POR ÚLTIMO, HABLANDO DEL ENCIERRO EN CONCRETO, ¿QUÉ ES PARA TI EL ENCIERRO?
(R) Qué difícil es explicarlo; sobre todo, llevándolo tan dentro. Considero que el encierro es algo que está entre el riesgo, el deber, el sentimiento, la inconsciencia, la temeridad, la satisfacción, la tradición, la pasión, el amor y algo tan complejo como sería descifrar cada neurona de uno mismo para poder decir aquello que fuera bonito y preciso de cada una de todas sus acepciones.


(...)

Quiero volver a agradecer a Txemi su autorización para publicar esta entrevista y, además, su consentimiento para presentarla con una caricatura.Y, en segundo lugar, decirle que comparto, si no todas, la inmensa mayoría de sus reflexiones; pero hay una con la que estoy en total desacuerdo: cuando nos ha dicho que “me fui, como quien dice por la puerta de atrás, con una cornada”. Amigo Txemi: no te has ido, ni muchos menos aún por la puerta de atrás, tú sigues siendo un corredor de encierros. Y, por mi parte, si siempre deseo la llegada del día 7 de julio para disfrutar del encierro de Pamplona y de los sanfermines, este año tengo un aliciente añadido: poder darte un abrazo de compañero y amigo.

12/9/08

Entrevista a un veterano corredor de encierros de Fuenlabrada

Para preparar la ficha de Fuenlabrada (Madrid) conté con la ayuda de Candelas Naranjo, una fuenlabreña de pura cepa, licenciada en Historia, que se ha preocupado de investigar la historia de su pueblo. Además, casualmente, esta mujer es hija de un veteranísimo corredor de encierros.
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Esta circunstancia me proporcionaba una oportunidad única que no iba a desaprovechar: realizar una nueva entrevista para esta bitácora y recuperar el pasado de los encierros de otra localidad. En este caso, además de presentaros a un nuevo compañero, trataremos de averiguar cómo eran los encierros de Fuenlabrada en tiempos de la posguerra.
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Cecilio Naranjo González, “Bonifa”,
de Fuenlabrada (Madrid). 83 años.
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(P) ¿CÓMO SE LLAMA?
(R) Cecilio Naranjo González.

(P) ¿ES CONOCIDO POR ALGÚN APODO EN FUENLABRADA?
(R) ¡Sí! Por el mismo que toda la familia de mi padre: “Bonifa”.

(P) ¿DÓNDE NACIÓ Y EN QUÉ FECHA?
(R) En Fuenlabrada, el 15 de febrero de 1925.

(P) ¿EN SU FAMILIA HABÍA ANTECEDENTES DE CORREDORES DE ENCIERROS?
(R) ¡No! Nunca escuché a mi padre que le gustase correr, ni nadie me lo ha dicho tampoco.

(P) ¿A QUÉ EDAD COMENZÓ A CORRER ENCIERROS?
(R) Desde que en Fuenlabrada se reanudó la tradición después de Guerra, por lo que tendría 14 ó 15 años, depende de que el primero fuese en 1939 ó 1940.

(P) ¿Y AÚN SIGUE EN LA BRECHA?
(R) Correr, lo que se dice correr, ya no puedo. ¡Qué más quisiera! Pero me gusta estar cerca de los toros y, como aún estoy bastante ágil, me muevo por la calle, voy de puerta en puerta y de ventana en ventana para ver lo que ocurre. Procurando siempre no estorbar a los chavales.

(P) ¿CÓMO FUE ESE PROCESO DE CORREDOR A ESPECTADOR PRIVILEGIADO?
(R) Hasta los 35 años trabajé con mi padre en la huerta y tuve mucha libertad para ir de encierros, ya que planificaba el horario de trabajo a mi manera.
Luego entré en una fábrica y ya sólo pude ir de encierros en el mes de permiso, pues trabajaba todos los días de la semana, incluidos los domingos. Por eso, y porque la responsabilidad ya era mayor, empecé a pensármelo más y fui quitándome poco a poco, hasta que llegó el momento en el que me limité a observar, pero siempre lo más cerca posible del toro.

(P) DESPUÉS DE CASARSE, ¿SU MUJER LE PEDÍA QUE LO DEJASE?
(R) Ella ahora lo está negando con la cabeza, pero sí que empezó a decírmelo cuando llegaron los hijos.

(P) ¿CÓMO ERAN LOS ENCIERROS DE FUENLABRADA EN SUS AÑOS MOZOS?
(R) Hay que distinguir dos períodos: En los años 40’s los toros pasaban la noche anterior al encierro en un prado llamado “Taraza”, a un kilómetro y medio del pueblo. Por la mañana íbamos allí, unos a pie, como yo, y otros a caballo, y los traíamos al paso hasta que se empezaban a ver las casas. Ahí era cuando los jinetes arreaban a la manada y la traían a la carrera para encerrarla en el corralón de “Pichorronco” por una puerta que daba a las traseras (esquina de la avenida Francisco Javier Sauquillo con callejón de la Huerta en la actualidad).
Luego, después de dejar pasar un tiempo para que pudiéramos llegar los que habíamos salido a pie, volvían a soltar la manada por otra puerta del corralón que daba a una calle del pueblo, y el encierro terminaba en la plaza del Ayuntamiento, donde se montaba una plaza con carros y se podía recortar a los toros hasta que entraban en el toril. En esta segunda parte sólo había un jinete que era el que abría el encierro gracias a una subasta.
Pero había veces que uno o varios toros se espantaban antes de entrar al corralón y, entonces, además del encierro por la calle con los toros que habían entrado, el del campo podía durar todo el día.
Después, en los años 50’s y en los 60’s, ya no se traían los toros desde el campo. Unos días antes de la fiesta los traían en camiones al corralón de “Pichorronco” y el encierro sólo era por las calles y en la plaza. Y tampoco salía ya el jinete abriendo carrera.

(P) ¿QUÉ CALLES ERAN LAS QUE COMPONÍAN EL RECORRIDO URBANO?
(R) La puerta del corralón de “Pichorronco” por donde comenzaba el encierro daba a la calle de la charca y a muy pocos metros estaba la esquina de la calle Madrid; seguía por esta calle hasta la esquina donde empieza el “Pelagatos”, y por ahí subía hasta la entrada al Ayuntamiento.
[Actualizado: calle Miguel de Unamuno (15 metros), calle de la Paz (80 metros) y calle Maximino Pérez (60 metros). Total 155 metros. Un encierro corto, con calles de tierra y la última en cuesta y cerrándose en embudo].

(P) ¿SABE SI HABÍA ALGUNA RAZÓN CONCRETA PARA QUE EL ENCIERRO SE ORGANIZARA DE ESA FORMA?
(R) Después de Guerra, “Taraza” y otros prados comunales estaban arrendados a “Pichorronco” y a cambio, entre otras condiciones, tenía que dar gratis los toros para la fiesta; y él montaba el encierro así. Luego se dejaron de hacer a caballo porque se pusieron de acuerdo todos los ganaderos de los pueblos de la comarca para dejar de hacerlo por el campo, ya que hacen falta muchos cabestros para mover el ganado y no les compensaba tenerlos todo el año para los pocos días de las fiestas.

(P) ¿CORRÍA MUCHA GENTE ENTONCES EN EL ENCIERRO DE FUENLABRADA?
(R) Por el “Pelagatos” corríamos todos los mozos del pueblo, unos más “apretaos” y otros menos, pero a recortar ya salíamos menos.

(P) ¿RECUERDA LOS NOMBRES DE OTROS MOZOS DE SU ÉPOCA QUE ANDASEN BIEN CON LOS TOROS?
Así, de repente, me acuerdo de “Burrión” y de “el Chato”, aunque éste era más de andar trasteando. Y el que era bueno toreando era “el tío Canete”.

(P) HA DICHO QUE EN FUENLABRADA SE PODÍA RECORTAR, ¿QUÉ LE GUSTABA MÁS A USTED: CORRER O RECORTAR?
(R) Las dos cosas, pero más recortar.

(P) PUES, DIGANOS: ¿CÓMO RECORTABA?
(R) Yo lo que hacía era entrar al toro por delante y en la reunión le ponía entre los cuernos la vara que siempre llevaba para que el toro derrotara; entonces, me ajustaba todo lo posible a sus riñones para forzarle y si me buscaba salía corriendo hacia los carros para saltar a lo alto de la rueda.

(P) Y ¿DÓNDE CORRÍA: EN EL CAMPO O EN LAS CALLES? ¿EN QUÉ TRAMO?
(R) En el campo, más que correr, iba moviendo a los toros apoyándome con los caballos, por si se venía alguno.
Luego, cuando soltaban los toros por el pueblo, lo que yo pretendía era entrar a la plaza, por lo que corría al final, en el “Pelagatos” (calle Maximino Pérez). Me ponía en la esquina de “Paca, la Esquila” (calle de la Paz con calle Maximino Pérez), esperaba a que aparecieran los toros por la esquina de la charca (calle Miguel de Unamuno con calle de la Paz) y yo arrancaba cuando los toros pasaban por “en ca el Chato”. Y, como el “Pelagatos” se estrechaba, lo que hacía era medir al primer toro que venía para tratar de entrar a la plaza justo delante de él. Pero hubo alguna vez que me vi muy “apretao” antes de llegar y la única solución era tirarse al suelo y rezar.

(P) APARTE DEL ENCIERRO DE FUENLABRADA, ¿CORRÍA EN LOS DE OTROS PUEBLOS?
(R) Cuando trabajaba en la huerta iba a todos los pueblos en los que había encierro entre Madrid y Toledo: Humanes, Móstoles, Navalcarnero, El Alamo, Carranque, Cedillo...; ¡A todos, vamos! Luego, al entrar en la fábrica, ya sólo iba a los que había en septiembre, que es cuando cogía el permiso.

(P) ¿CÓMO SE DESPLAZABA EN AQUELLA ÉPOCA?
(R) Iba en bicicleta; hasta que me compré una Vespa al año de entrar en la fábrica.

(P) ¿ALGÚN PERCANCE SERIO?
(R) Sí, uno. Con 28 años me cogió un toro en Fuenlabrada y me pegó una cornada en una pierna. ¡Bueno! Otro año me pegó un pisotón un toro al ir a recortarlo, pero no me llegó a coger.

(P) ¿Y NO LE ENTRARON DUDAS A RAIZ DE ESA COGIDA?
(R) Mis padres, porque aún no me había casado, se pusieron muy serios conmigo y algo sí que bajé el pistón, pero seguí corriendo encierros bastantes años más.

(P) ¿POR QUÉ CORRÍA ENCIERROS?
(R) ¡Anda! ¡Porque me gustaba!

(P) ¿ENTRENABA PARA LOS ENCIERROS?
(R) ¡Sí! ¡En la huerta con el azadón!

(P) ¿USABA ALGUNA ROPA ESPECIAL PARA CORRER?
(R) ¡No! La ropa de diario.

(P) ¿ANTES DEL ENCIERRO REZABA, TENÍA ALGUNA MANÍA O SUPERSTICIÓN QUE CUMPLIR?
(R) ¡No!

(P) APARTE DE CORRER EL ENCIERRO, ¿PARTICIPABA DE ALGUNA OTRA FORMA EN LAS FIESTAS DE FUENLABRADA?
(R) Lo típico: iba a la procesión el día del Cristo y al baile todas las noches. Lo que también hice muchos años fue ir con “la Justicia” a escoger los toros del encierro.

(P) Y, POR ULTIMO, ¿HASTA CUANDO PIENSA DEJARSE VER POR EL ENCIERRO?
(R) Mientras tenga salud y fuerzas...

(...)

(NOTA: Deseo que la salud y las fuerzas acompañen por muchos años a nuestro compañero corredor de encierros “Bonifa”. Por otro lado, sólo me resta dar las gracias a Candelas Naranjo por toda la ayuda prestada y a Miguel Pedrero, nieto del protagonista de esta entrevista, por conseguir la difícil tarea de realizar la fotografía que encabeza esta entrada)

11/8/08

Entrevista a un veterano corredor de encierros de Brihuega


El presente en materia de encierros lo estamos viviendo, lo conocemos o existen múltiples y mejores opciones que esta bitácora para poder conocerlo, ya que contamos con muchos medios de comunicación y web’s especializadas que tratan el tema.

Por eso, lo que modestamente se intentará con esta sección es recuperar el pasado, que no queden en el olvido los usos que fueron configurando la tradición de los juegos de toros. Y de ello sólo nos pueden hablar los que nos han precedido en la apasionante costumbre de correr encierros.

En Brihuega existen auténticas sagas familiares de corredores de encierros que se han ido perpetuando generación tras generación en este ancestral rito. Una de esas sagas de corredores brihuegos son los “Jarritos” y tenemos la fortuna de poder contar con el testimonio de uno de ellos.


José Arteaga Hernández, “Jarrito”, de Brihuega (Guadalajara). 73 años.




“O me tuteas o no hablamos” -me dijo José a mi primer intento de tratarle de usted cuando éramos presentados. Así pues:

(P) ¿CÓMO TE LLAMAS?
(R) José Arteaga Hernández.

(P) ¿EN BRIHUEGA ERES CONOCIDO POR ALGÚN APODO?
(R) ¡Sí! El apodo mi familia es “Jarrito” y a mí siempre me llamaron “Pepito, el Jarrito”.

(P) ¿DÓNDE NACISTE Y EN QUÉ FECHA?
(R) En Brihuega, el 22 de abril de 1935.

(P) ¿A QUÉ EDAD COMENZASTE A CORRER ENCIERROS?
(R) Empecé a correr en Brihuega con 11 ó 12 años. A partir de ahí, iba de encierro con mis amigos por los pueblos de alrededor, en bici o andando; aunque a veces iba con mis hermanos mayores, que tenían caballo y carro.

(P) Y... ¿POR QUÉ?
(R) Empecé, en parte, porque de pequeño siempre había visto a mis hermanos mayores correr y yo era lo que quería hacer; y también porque el encierro era el acontecimiento más importante que había en Brihuega durante todo el año y participaba todo el pueblo, cada uno a su manera, y a los chavales nos tocaba correr. Además, había una foto en mi casa de los años 20 o así, que sigue estando en un bar en Brihuega, en la que está mi padre entrando con los toros en la plaza del Coso. Igual es algo genético.

(P) ¿QUÉ OPINABAN EN TU CASA CUANDO COMENZASTE A CORRER?
(R) Al principio nada, porque no sabían que estaba con los toros. Salía de casa a ver el encierro, pero me gustaba verlo desde cerca. Más tarde, lo típico de tener cuidado y demás. Mi madre sabía de sobra que iba a ir con mis hermanos. Mi padre, en cambio, murió antes y no pude vivir un encierro con él.

(P) Y, DESPUÉS DE CASADO, ¿QUÉ TE DECÍA TU MUJER?
(R) Ya vivía en Madrid cuando me casé y no iba de encierros, salvo al de Brihuega, al que sigo acudiendo todos los años, por lo que mi mujer nunca me dijo nada.

(P) ¿CÓMO ERAN LOS ENCIERROS DE BRIHUEGA EN TUS AÑOS MOZOS?
(R) En Brihuega, más que correr, era estar con los toros durante tres días. Originariamente, la noche del 14 al 15 de agosto traían los toros a “La Cerca de las Cinco Esquinas”, en el Monte Ibarra. De allí, se los solía llevar el día 15 a “Valdelamadera”, y de allí a “Valdeatienza”.
El día 16, los que estaban con los toros decidían más o menos cuando llevarlos al pueblo, hasta el corral de San Felipe. Pero los toros entraban por donde se podía; ni había un recorrido establecido ni una hora fija.
Ya el día 17 se hacía el encierro propiamente dicho por las calles, que es lo que hoy se llama “bajada” y que coincide en fecha y recorrido: salían del corral de San Felipe, bajaban por la carretera, torcían por la calle Ancha, calle de Las Armas y calle de los Rosales hasta acabar en El Coso, que era donde se ponía la Plaza con carros.
[Actualizado: avenida de la Constitución (115 metros), calle Camilo José Cela (35 metros), calle de las Armas (90 metros) y calle Mayor (90 metros). Total 330 metros].
El encierro de ahora no tiene nada que ver. Pero es lógico, son muchos años y se va avanzando: se metieron las talanqueras y cuando hubo plaza fija (1965) se cambió el sentido del encierro y los tiempos: el primer día salen por la tarde desde la plaza hacia el campo para, luego, subirlos al pueblo por la noche hasta San Felipe (la “subida”); y el segundo día se les vuelve a bajar (la “bajada”) desde San Felipe hasta El Coso. Antes, el encierro de verdad por las calles era sólo lo que hoy es la “bajada” del día 17.

(P) ¿CÓMO CONDUCIAIS LOS TOROS POR EL CAMPO HASTA EL PUEBLO?
(R) Con los mayorales, los bueyes y hablándoles. Usábamos “técnicas” que funcionaban para guiar a los toros. Por ejemplo, sabíamos que en determinado momento buscarían agua, por lo que los dejábamos ir hacia donde ellos sabían u olían que había agua; allí descansaban y los parábamos para seguir luego. Y si no queríamos que pasaran por un lugar concreto, para que no se desviaran del camino al pueblo, quemábamos un cuerno en un determinado lugar y sabíamos que el toro rehuía el pasar por ahí. También era importante si había luna llena o luna nueva.
Lo mas bonito era cuando hacían noche y nos quedábamos allí con la manada. Los toros sentían que estábamos allí y nosotros a ellos también, pero ambos nos respetábamos. No como ahora, que hay un acecho continuo a los toros con coches, motos… Todo eso habría que limitarlo. Prohibirlo, incluso.

(P) Y ¿DÓNDE CORRÍAS: EN EL CAMPO O EN LAS CALLES? ¿EN QUÉ TRAMO?
(R) Primero estaba en el campo, conduciendo los toros, y ya en el pueblo, en el encierro por las calles, les veía bajar por la carretera desde lo de “Celestino” (actual esquina de la avenida de la Constitución con la calle “Ancha” o Camilo José Cela) y cogía la calle “Ancha” para bajar con ellos la calle de Las Armas hasta la casa de “las Zamorano”, al final de Las Armas a la izquierda, donde acaban los soportales.
Más tarde, cuando se hizo el encierro hacia arriba, me colocaba en la calle de los Rosales, para verles subir por El Coso, y corría la calle de Las Armas, tomando la curva y hasta donde pudiera; generalmente, usaba como referencia la casa de mi tía, la “Jarrita”, o lo que era el estanco antiguo, en los soportales.

(P) ¿ALGÚN PERCANCE SERIO?
(R) ¡No! Algún susto, como la primera vez que corrí, que se me echó encima un toro y caí en una acequia; pero no fue más que el susto y el golpe.

(P) ¿RECUERDAS ALGÚN NOMBRE DE OTROS CORREDORES DE TU EPOCA?
(R) ¡Sí! Iba por familias, por “sagas”. Los hermanos mayores de mis amigos, al igual que mis hermanos, eran los que nos marcaban el camino. En la calle y en el campo estábamos siempre los mismos: Nosotros, los “Jarritos”, los “Insurretos”, los Romera, los Ortega y los Serrada (Toñi, Eduardo y Abelardo). Yo siempre corría mi tramo con “Manoli” Leal. Y también estaba “El Cereza”, que era el que siempre se liaba con el toro más complicado o con el que se iba o daba más guerra.

(P) ¿EN QUÉ SE DIFERECIAN LOS CORREDORES DE ANTES A LOS DE AHORA?
(R) La forma de tomarse el encierro por los corredores era distinta. Nosotros no es que fuésemos “corredores”, como ahora, sino que éramos los chavales que más disfrutábamos corriendo con los toros, en el campo y en las calles. No teníamos presiones por hacerlo bien o mal, era salir a disfrutar de los toros y de los amigos. Sin más.

(P) ¿Y LA MANERA DE CORRER?
(R) Antes era impensable correr en los terrenos donde se corre ahora. Era imposible. No corría nadie en la calle de Los Rosales y en la calle de Las Armas éramos dos. Ahora está todo lleno de corredores y los ves con los toros en los riñones. Pero estoy seguro que yo sentía la misma emoción que siente hoy alguien que corre más cerca, porque yo veía como me venía el toro, hacia donde se vencía, que buscaba… aunque fuese con más distancia, la relación entre el toro y el corredor era mayor, o al menos de otra manera. Claro que sentirte tan cerca del toro, o incluso sentir como le templas tú mismo la carrera tiene que ser de lo mas bonito que pueda sentir un corredor. Pero para eso hace falta no sólo valor, sino tener muy bien la cabeza en todos los sentidos y prepararte a conciencia. Incluso vivir el encierro durante todo el año. Antes eso era impensable.

(P) ¿ENTRENABAS PARA LOS ENCIERROS?
(R) ¡Noooo!

(P) ¿USABAS ALGUNA ROPA ESPECIAL PARA CORRER?
(R) Nadie se cambiaba de ropa para correr en el encierro, cada uno corría con lo que podía o tenía, que ya era bastante.

(P) ¿ANTES DEL ENCIERRO REZABAS, TENÍAS ALGUNA MANÍA O SUPERSTICIÓN QUE CUMPLIR?
(R) ¡No!

(P) ¿POR QUÉ SIGUES ESTANDO EN LA CALLE EN EL MOMENTO DEL ENCIERRO?
(R) Por sentirlo de cerca. Mi tía María, “la Jarrita”, estuvo desde pequeña hasta el año de su muerte entre dos columnas en plena calle de Las Armas. Es sentir el encierro, aunque no corras. A cada edad o momento vives el encierro de una manera, y a lo mejor lo disfrutas igual, como siempre, aunque sean dos pasos, te llena echarte tu carrerita. Eres corredor siempre.

(P) UNA ÚLTIMA PREGUNTA: ¿QUÉ SUPONE EL ENCIERRO DE BRIHUEGA PARA TÍ?
(R) Salí al encierro cuando empecé a tener edad y ya no pude quitarme, creciendo año tras año con el encierro hasta que me fui de Brihuega. Aunque siempre vuelvo para el encierro. Es como una historia de mi vida, de toda la familia y del pueblo en general. La fiesta nos unía. Como todo, va evolucionando hasta ser lo que es y lo que somos hoy en día. De aquello viene esto, y por mis hermanos corría yo y por ellos mis sobrinos y mis hijos; y por ellos los hijos de mis sobrinos y mis nietos cuando los tenga, aunque no hayan nacido aquí, pero el encierro es el pueblo, y el pueblo es nuestro origen.

(...)

(NOTA: Sigue habiendo nuevas generaciones de “Jarritos” que son corredores de encierros y es precisamente a uno de ellos al que debemos dar las gracias por su colaboración en esta entrada, facilitándonos la entrevista y aportándonos la fotografía de nuestro compañero corredor de encierros “Pepito, el Jarrito”, al que esperamos ver en la calle de Las Armas por muchos años).

3/7/08

Fermín Echeverría, "Etxebe" (Pamplona, 1940-2003).

Yo no pude ver correr a Fermín Echeverría hasta 1982, como mínimo, ya que ese fue el primer año que se televisaron en directo los encierros de Pamplona; y, en concreto, no recuerdo si fue en esa edición de los sanfermines cuando me fijé en él por primera vez. Lo único que puedo asegurar es que, como suele ocurrir, un día le vi realizar una gran carrera y, a partir de ahí, siempre le busqué en las imágenes. No sabía su nombre, pero me daba igual: le admiraba como corredor.
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Ese seguimiento televisivo me permitió ver una secuencia que no olvidaré jamás: en el encierro del día 13 de julio de 1986, con toros de Murteira Grave, se ve en las imágenes como Fermín toma la curva de Mercaderes con Estafeta llevando de la mano a un joven corredor, enseñándole a tomarla y colocándole en rectitud para afrontar Estafeta. Así era Etxebe: un MAESTRO. Un corredor de los grandes y, además, de los que no dudaba en darte un consejo, en correr contigo para enseñarte. ¡Que envidia siento de no haber podido ser uno de sus alumnos!
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Fermín Echeverría, que había nacido el 5 de septiembre de 1940 en Pamplona (Navarra) (1), corrió su primer encierro por las calles de la vieja Iruña con tan sólo catorce años y ya no dejó de hacerlo en toda su vida.
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Le llegó a apasionar tanto el encierro que, “cuando se casó, le dijo a su suegro que lo hacía con una condición: que su hija nunca le pidiera que dejara de correr” (2). Y su mujer, María Jesús Amorena, nunca se lo pidió; o puede que sí, pero Etxebe siempre se presentó a su cita mañanera.
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Una pasión que, incluso, llegó a transmitir a sus dos únicas hijas, que también fueron corredoras en el tramo de Santo Domingo.
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Aunque en pueblos como Tafalla, Falces o Tudela también pudieron disfrutar con las carreras de Fermín Echeverría, el encierro que él prefería era el de Pamplona; y allí terminó haciendo suya la calle Mercaderes a base de carreras prodigiosas.
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En el bar “Etxebe”, del que era propietario, podemos contemplar un puñado de fotografías que nos permiten hacernos una idea de su dimensión como corredor. Son de hace unas décadas, de un tiempo en el que aún había huecos en la calle y el toro te hacia hilo porque te podía ver; pero él, además de hábil buscando la cabeza de la manada, era un experto practicando la técnica de salirse de la trayectoria de los toros. De hecho, al margen de algunas leves lesiones por las típicas caídas, nunca sufrió heridas de gravedad. Nunca, hasta el 8 de julio de 2003.
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Ese día un toro de la ganadería de Cebada Gago (1), “Clavelito” (que no “Castillero”), arrolló a Fermín Echeverría en Mercaderes y lo lanzó al adoquinado con tanta violencia que sufrió un traumatismo craneoencefálico del que ya no pudo recuperarse; falleciendo el 24 de septiembre de 2003, después de permanecer dos meses y medio en coma.
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Amigos suyos aseguran que morir corriendo el encierro era su sueño. ¡Sí, seguro que así era! Pero eso no sirve de consuelo a su familia, a quienes le conocieron y a quienes le admiramos.
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Aquel 8 de julio se truncó la vida de Fermín Echeverría y, con ella, la carrera de un hombre que iba camino de cumplir cincuenta años como corredor del encierro de Pamplona; lo que le convertía, casi con toda seguridad, en el decano de los corredores y en testigo directo de la evolución que ha experimentado este antiguo rito en la capital navarra durante toda la segunda mitad del siglo XX.
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Dicen los que le conocían que era un casta, que vivía como el que más las fiestas de San Fermín y que intentaba que también lo hiciera todo su entorno; que por ello formó parte en 1977 del grupo de socios fundadores de la peña San Juan (hoy, “Donibane”) (3). Además, fue entrenador de un equipo de Boscos y participó en la junta directiva del Club Atlético Osasuna cuando era presidente Javier Miranda.
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Termino esta breve semblanza recogiendo las palabras de su amigo Eneko Andueza en el artículo “Homenaje a Fermín Etxeberría”, publicado en elchofre.com (4):
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“...Pamplona llora porque sabe que se ha ido uno de los grandes, de los que dejan huella, de los que crean escuela, de los que son capaces, como tú, de dejarse la vida por sentir de cerca las astas, por sentir de cerca algo tan indescriptible como los sentimientos que se viven en el encierro.
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Has pasado a la leyenda, pero no al olvido. Ahora brilla más que nunca tu recuerdo y, sobre todo, las magistrales carreras por la calle Mercaderes. Ahí estás, junto a los grandes, ..., todos aquellos que marcasteis todas las épocas de ese sentimiento tan nuestro que es para todos los navarros el encierro...
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Descanse en paz, Fermín Etxeberría.”
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NOTAS:
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(1) Los datos concretos sobre la fecha de nacimiento de Fermín Echeverría y, por otro lado, el nombre del toro que realmente lo arrolló, “Clavelito”, los he obtenido gracias al gran aficionado de San Sebastián, pero navarro de corazón, T.L.A., al que agradezco su colaboración.
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(2) Según declaró a la prensa su amigo Javier Iracheta y apareció en diariodenavarra.es el 9 de julio de 2003.
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(3) Peña Donibane.
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(4) Enlace.
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Por último, la fotografía que encabeza esta entrada fue publicada el 15 de julio de 2003 en diariodenavarra.es, pero no recuerdo que apareciera el nombre del autor.
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Con esta bitácora no tengo fines lucrativos y ruego se me permita mantener dicha fotografía; no obstante, será eliminada si el propietario de los derechos de autor así me lo solicita.