17/5/10

Rabo de Toro


Las previsiones meteorológicas que daban para este fin de semana pasado eran de que íbamos a poder disfrutar de buen tiempo. ¡Por fin!

Y, claro, eran dos buenos días para poder disfrutar del Toro.

En mi caso, como no me apetecía ir de encierro (ya tengo una edad en la que tengo que seleccionar mucho las pocas carreras que pueden dar de si mis piernas) y como mis entradas del abono de San Isidro para ver a “El Juli” y compañía con los garcigrandes se las había cedido a los amigos de Fregenal de la Sierra (generoso que es uno, y ellos que se lo merecen), la mejor manera que se me ocurrió para disfrutar del Toro y del Sol fue la cocinar, para luego degustarlo, un buen rabo de toro en el jardín de mi retiro alcarreño... Y con fuego de leña, claro; que eso de la olla express está muy bien para unas prisas, pero si hay tiempo, campo y solcito lo mejor es preparar leña de encina, una trébedes, un caldero y... lo más fundamental:

1 rabo de toro
3 tomates maduros
2 pimientos rojos
2 cebollas
2 zanahorias
2 dientes de ajo
Aceite de oliva
Vino
Tomillo
Laurel
Clavo
Nuez moscada
Pimienta negra
Sal
Agua


Desde luego, hay muchas formas de preparar un rabo de toro, tantas como cocineros, por lo que os contaré como lo preparé yo; en este caso con las “limitaciones” que conlleva el campo y no tener a mano todos los utensilios y elementos de una cocina.

El viernes, antes de salir para La Alcarria ya me había hecho con todos los ingredientes, incluido el rabo de toro-toro, que no de ternera. Sólo me quedaba el tomillo que iba a añadir como condimento por aquello de darle un toque campero, pero es que ese detalle de unas pocas ramitas de fresco y aromático tomillo prefería obtenerlas en el día durante mi paseo matutino con Chico, con mi perro.

Así, pues, ya de vuelta en el jardín de casa, preparé el fuego y...

Mientras se calentaba en el caldero un buen chorro de aceite de oliva y lo aromatizaba por un momento con los dientes de ajo, pelados aunque enteros, salé los trozos del rabo de toro y los enhariné para, luego, con los ajos ya retirados y reservados, sofreír los trozos de carne por todos los lados. Una vez doraditos, los reservé en una fuente.

En el mismo aceite, pero retirando una parte para que no me quedase el sofrito muy aceitoso, eché primero los pimientos muy troceaditos y, algo después, incorporé cebolla y media cortadas en juliana (la otra media me la reservé para el momento de añadir el clavo). Una vez que vi tiernos esos ingredientes, agregué las zanahorias peladas y cortadas en rodajas, las mareé un poco y, por último, agregué los tomates pelados y troceados.

Mientras el fuego cumplía su función con las verduras y las hortalizas, pero removiéndolas de vez en cuando para que no se agarraran, en un mortero preparé un majado con los dientes de ajo que había utilizado para aromatizar el aceite, unos granos de pimienta negra, las ramitas de tomillo y una ralladura de nuez moscada.

Cuando el sofrito estuvo convenientemente reducido, incluí en el caldero los trozos de rabo de toro y, tras revolverlo todo un poco para que la carne se impregnara de los sabores de nuestra huerta, añadí el majado del mortero que ya tenía ultimado. Una nueva vueltecita e, inmediatamente, le tocó el turno al vino.

¿Cuánto? Desde luego, al gusto. Hay quien le echa un vaso, mientras que otros... Yo suelo utilizar como medida mi mortero, que no es muy grande, y de esa manera “rebaño” los restos que hayan podido quedar del majado.

¿Qué vino? En Córdoba se suele tirar de Montilla o de Moriles. Los hay que primero flambean una copita de brandy y, luego, un vino blanco o tinto de calidad. Yo lo suelo hacer con vino tinto. Nada más. Eso sí: un vino tinto bueno.

Así pues: incorporé el vino y, tras unas vueltecitas para que se evaporara el alcohol, añadí agua hasta cubrir todos los ingredientes.

Aquí, hay gente que en vez de agua le añade caldo de carne. Yo soy más bien de agua, pero es que esta vez, además, es lo que decía al principio: que allí, en medio del jardín, me tenía que apañar con lo justo. Así que: agua de un manantial de La Alcarria. ¡Muy rica!

Y los penúltimos toques: dos hojitas de laurel y la media cebolla reservada para clavar en ella el clavo, valga la redundancia (así le tengo controlado hasta el final para luego retirarlo).


Hasta aquí lo más entretenido de la preparación del estofado. Ahora ya sólo me quedaba lo más “divertido”: dejarlo cocer durante horas, aunque removiéndolo de vez en cuando y vigilándolo para que no se agarrara. ¿Cuántas? Dos, tres... hasta que la carne estuviese prácticamente desprendida de los huesos. Tiene que estar supertierna.

¿Y eso es lo “divertido”? Se preguntará alguno. Pues sí, porque en el mortero no cabía todo el contenido de la botella de vino y, entre trago y trago, también me había preparado unos taquitos de jamón y de queso para almorzar al solcito.


Una vez que estuvo listo el estofado, lo rectifiqué de sal y de pimienta, y lo dejé reposar. Simplemente. En casa me podría haber entretenido pasando la salsa por el chino para que quedara uniforme, aunque dejando siempre alguna rodaja de zanahoria entera para que la presentación del plato tenga ese tipo de toques que le dan en los restaurantes. Pero en el campo no se hacen esas cosas, se sirve tal y como ha quedado en el caldero y punto.

Y así fue como disfruté del Sol y del Toro este fin de semana: cocinando en el jardín un estofado de rabo de toro y comiéndomelo con mi mujer.


Por supuesto, esta entrada la encuadro dentro de la sección “comentarios en el almuerzo”. Yo, con mi mujer, almorcé y a vosotros (si estáis por la labor esta semana) os toca poner los comentarios.

Tenéis tema libre: podéis comentar lo que queráis sobre la Feria de San Isidro... podéis hablar del encierro o encierros que hayáis corrido este finde... los que este año vayan a por esa marca mítica de los doscientos encierros, que es donde parece estar el nivel de los más renombrados corredores, pueden contar cuántos llevan ya a estas alturas de la temporada... los que entrenan todo el año, y aquellos que afinan su forma física específicamente para los sanfermines, pueden decirnos si han realizado algún test en estos días y si están en tiempos de un encierro de Dolores Aguirre, Miura o Jandilla... Lo que queráis, vamos, sobre cómo habéis disfrutado del Toro en este fin de semana. Yo ya os lo he contado.

Lagun


NOTA: No tenía cámara para haber hecho una foto al caldero con el estofado de rabo de toro, así que la de portada la he sacado del blog “amiloquemegustaescocinar” y le ruego a su autor que me permita mantenerla.
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10/5/10

Mariano Benlliure

.......... Primer tumbo


Aunque la temática taurina fue fuente de inspiración artística para que creara carteles de importantes corridas de toros, así como pinturas al óleo, acuarelas y pequeños apuntes, Mariano Benlliure es conocido sobre todo por su obra escultórica, que le consagró como un maestro de la escultura taurina y, teniendo en cuenta el conjunto de su obra, uno de los escultores españoles más famosos de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Por ello, a lo largo de su carrera, obtuvo numerosos galardones, recibió incontables menciones honoríficas y logró muchos premios en certámenes nacionales e internacionales.


Mariano Benlliure y Gil (1862-1947) nació en el Grao de Valencia, en el seno de una familia de pintores de reconocido prestigio, lo que propició que entablara contacto con las artes plásticas desde su más tierna infancia y que fuera un artista precoz. Así, con tan sólo seis años ya realizó una pequeña escultura titulada “Frascuelo entrando a matar” que expuso en su Valencia natal, y siendo aún muy joven, con catorce años, se presentó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid con un pequeño grupo modelado en cera que tenía por título “La cogida de un picador”. De esa misma época es “La cogida de Frascuelo”.

Su precocidad artística es, pues, una evidencia; como también lo es su temprano gusto por la plasticidad de la lidia, que llegaría a ser una de las temáticas más recurrentes a lo largo de toda su carrera artística.

Mariano Benlliure fraguó su personal estilo de esculpir partiendo del clasicismo en el que se educó, dotándolo de realismo y naturalismo, con un modelado muy detallista, y utilizando innovaciones de la plástica modernista. Característico de sus obras es la veracidad anatómica de las figuras. Pero, sin duda, el mayor exponente de Mariano Benlliure es la maestría con la que consiguió reflejar el movimiento y la expresión. Por esa razón, y porque se interesó especialmente por los momentos más dramáticos de la lidia, una de las definiciones que la crítica especializada atribuye a la interpretación que lograba en el gesto de sus figuras es la de dramatismo expresivo.

Esas notas características se hacen palpables en dos de las obras que el genial artista valenciano presentó en el año 1900 en la Exposición Universal de París: “La estocada de la tarde” y “Primer tumbo”. Esta última escultura citada fue adquirida por el estado francés para el Museo de Luxemburgo y actualmente se expone en el Museo de Orsay (foto de portada).

Resulta imposible destacar todos los magníficos detalles de esta obra. A la vista quedan. Por ello, sólo llamaré la atención en dos apuntes curiosos. En primer lugar, que la violencia del encuentro se hace patente en las tres figuras de la escultura, y también en el significativo detalle de representar al picador sin castoreño, al haberlo perdido tras la impetuosa embestida del toro contra el caballo. Y, en segundo lugar, que resulta sorprendente en la obra como Benlliure representa al caballo: revolviéndose para intentar morder el morrillo del toro que le está embistiendo.

La evolución del artista en esta secuencia de la lidia le llevará a eliminar de la escena a la figura del picador, como se aprecia en una obra posterior (1914) que lleva por título “Las víctimas de la fiesta”, en la que un toro poderoso, apoyado en sus cuartos traseros, levanta sobre uno de sus pitones el cuerpo crispado de un caballo.

.......... Las víctimas de la fiesta


A modo de paréntesis y como reflexión personal, quiero recordar que Picasso también encontró su mayor fuente de inspiración en la suerte de varas, y que una de sus obras tiene un título parecido: “Las víctimas”. No obstante, hay que apuntar que, si el genial pintor malagueño se decantó por representar a sus caballos con un grado de total sumisión, el ilustre escultor valenciano solía representar a todas sus figuras en actitud combativa.


Posteriormente a la Exposición de París, Mariano Benlliure volvería a inspirarse con asiduidad en el momento de la suerte suprema. Así, tras la faena memorable que el 9 de mayo de 1907 realizó Machaquito en Madrid a un toro de Miura de nombre Barbero, Benlliure modeló una escena versionada de la que presentó en la capital francesa que lleva por título “Una estocada de Machaquito”, también llamada “Sin puntilla”.

.......... Una estocada de Machaquito


El trágico final del sacrificio ritual del toro queda magníficamente interpretado en esta obra, en la que el animal expresa con su agónico gesto todo el dolor que siente tras la fulminante estocada, pero sigue demostrando su bravura al mantenerse en pie hasta ese último momento, para no ceder ante el rival, ante el torero, que Benlliure ha sacado de la escena, aunque dejando evidencia del coraje que el diestro también ha puesto en la suerte suprema con el trozo de la taleguilla que queda colgado en el pitón derecho del toro. Y todo ello ante el entusiasmo del público, reflejado en sombreros y otros presentes que ha arrojado al albero.


Otra obra singular de Mariano Benlliure es la que lleva por título “El coleo”, en la que representa a un toro que lleva clavada en su costado una vara quebrada y que, tras derribar al caballo y al picador, se revuelve pisoteando al varilarguero y a su montura, al tiempo que un torero trata de hacer el quite coleando al astado.

.......... El coleo


Este conjunto escultórico fundido en bronce, que fue presentado en Madrid antes de ser enviado por Benlliure a la Exposición Internacional de Roma de 1911, está emplazado actualmente en el municipio de Güines, La Habana (Cuba); y es, curiosamente, la única escultura taurina que está emplazada en un lugar público de la isla.


El más importante de todos los monumentos taurinos que creó Mariano Benlliure tiene como motivo, triste motivo, la muerte del torero José Gómez Ortega (Joselito), ocurrida el 16 de mayo de 1920 en Talavera de la Reina, tras resultar corneado por el toro Bailaor, de la señora viuda de Ortega.

.......... Mausoleo de Joselito – Foto: González-Alba, en Flickr


Por encargo de la familia, Mariano Benlliure diseñó y creó el monumental “Mausoleo de Joselito”, el más grande los toreros clásicos, y cuya muerte, prematura e inesperada, provocó una gran conmoción en toda España. Por ello, sin duda, Benlliure concibió la obra representando al pueblo, el sevillano y el de toda España, con gentes de todo sexo, edad y condición, portando el féretro del torero a hombros, como tantas tardes le sacaron de las plazas de toros, pero esta vez camino del cielo.

Fundido el conjunto en bronce, la representación del cortejo fúnebre está interpretada con un realismo excepcional. El dramatismo, en este caso, viene caracterizado en el pesar de ese pueblo, y se acentúa por el contraste que ofrece el mármol blanco con el que Benlliure cinceló el cuerpo yacente del torero.

En 1926 quedó definitivamente instalado en Sevilla, en el cementerio de San Fernando.


Muchas otras obras de temática taurina surgieron del cincel de Mariano Benlliure. Entre ellas, no podemos dejar de reseñar en este bitácora la escultura que lleva por título: “El encierro”, también conocida como “Camino del encierro” o “Transporte de una corrida”.

.......... El encierro


Fue modelada en 1920 y reproduce el traslado a campo abierto de una torada, precedida por un cabestro y conducida por un mayoral sobre su montura. Al margen del minucioso realismo del conjunto, destaca la maestría con la que Mariano Benlliure consiguió interpretar el dinamismo de la escena.

Como en otros casos, Benlliure realizó versiones de esta obra, incluyendo a un segundo jinete que va cerrando la torada.


Mariano Benlliure fue autor de una innumerable producción de obra civil, con estatuas ubicadas en plazas públicas de muchas ciudades de España, Europa, Estados Unidos y de distintos estados iberoamericanos. Por otro lado, en los últimos años de su vida también incorporó la imaginería religiosa a su repertorio temático. Pero hay que volver a subrayar que no es menos numerosa, importante y variada su obra taurina. Y en este ámbito, aunque sus esculturas más renombradas están inspiradas en los momentos más intensos de la lidia, Mariano Benlliure tiene representaciones de todos los instantes y suertes de una corrida de toros. A modo de ejemplo, y para finalizar, en 1944 presentó una exposición en Madrid con una selección de sus mejores obras: “El encierro”, “Alguacilillos”, “Paseíllo”, “Toro de salida”, “Toro arrancándose”, “Primera vara”, “Las víctimas de la fiesta”, “Primer par de banderillas”, “Brindis”, “La estocada de la tarde”, “El arrastre”... y, así, hasta un total de dieciocho bronces de don Mariano Benlliure: todo un genio.

Lagun


NOTA: De las distintas fotografías publicadas con obras de Mariano Benlliure, sólo he encontrado constancia del autor de la correspondiente al “Mausoleo de Joselito”. Por ello no he citado al resto. Pero, tanto al citado como a todos aquellos que posean derechos de autor sobre dichas fotografías, ruego que se me permita mantenerlas en esta entrada, que sólo tiene ánimo divulgativo y en ningún caso interés lucrativo.
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3/5/10

San Felices de los Gallegos


Municipio de la provincia de Salamanca, en la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Está situado en la comarca del Abadengo, a unos 105 kms. de la capital de su provincia en dirección oeste.

Autor: SeRGiuKo, en “Flickriver” y su blog: “Descubriendo Rincones


Muchos, y de todo tipo, han sido los motivos que históricamente hemos encontrado para señalar una festividad en la que pudiéramos correr toros: bodas, nacimientos, obtención de títulos, victorias bélicas, creencias religiosas... Incluso, hasta desastres naturales.

Pero hay un pueblo que, en este aspecto, se lleva la palma en originalidad, ya que el motivo por el que en su día acordaron señalar una conmemoración festiva anual fue la obtención de una sentencia favorable en un juicio. Claro que el reconocimiento judicial que obtuvieron justificaba tal alegría, pues significó la definitiva liberación de un yugo económico feudal contra los vecinos de la localidad. Y, efectivamente, entre los actos que se programan está la celebración de encierros. Ese pueblo es San Felices de los Gallegos.


HISTORIA

Según cuenta el historiador local don Guillermo Toribio de Dios, la villa de San Felices de los Gallegos fue fundada por un obispo de Oporto llamado don Félix cuando corría el año 690, y la denominó “San Felices” en honor del santo de su nombre, añadiéndole “de los Gallegos” porque, supuestamente, la pobló con una colonia de gallegos.

No obstante, la ocupación humana de su territorio es mucho anterior, como lo atestiguan algunos dólmenes que en él se conservan, así como castros cercanos y la propia existencia de un verraco dentro de su casco urbano, que hace pensar en un asentamiento prerromano de origen vetón.

Tras la invasión musulmana, la población debió ser reconquistada en el siglo XII y recibió el título de villa en el siglo XIII, pues como tal fue denominada cuando Sancho IV de Castilla la concedió en 1291 el privilegio de tener mercado todos los lunes.

La circunstancia de estar situada junto a la frontera hispano-lusitana provocó que se viera involucrada en las guerras fronterizas entre Castilla y Portugal, llegando a formar parte de una u otra Corona en épocas sucesivas. El episodio bélico más significativo en este conflicto ocurrió en el año 1296, cuando el rey portugués don Dionis conquistó la villa. Debió ser por entonces, muy probablemente, cuando se ordenó por ese monarca la construcción del actual castillo de San Felices.

Durante los siglos XIV y XV se produjeron sucesivos cambios de titularidad en la posesión de la villa, hasta que quedó incluida en la corona de los Reyes Católicos, quienes se la cedieron en régimen de señorío en 1476 a García Álvarez de Toledo, primer duque de Alba. Bajo su jurisdicción se impuso a los ciudadanos de la villa de San Felices “El Noveno”, un impuesto consistente en entregar a la casa ducal una novena parte de todos los frutos y ganados que se produjesen y criasen en la villa. Ese impuesto, con sus discordias, estuvo vigente hasta el 11 de mayo de 1852, fecha en la que, tras tres siglos de pleitos, se dictó sentencia definitiva por la que se declaraba abolido.

Al margen de lo anterior, San Felices de los Gallegos vivió durante el siglo XVI una época de prosperidad, en la que se relanzó la economía local y, con ello, aumentó la población progresivamente. En los siglos XVII y XVIII fue una de las posiciones militares estratégicas en la zona fronteriza con Portugal. Y ese hecho también fue determinante en la Guerra de la Independencia, durante la cual fueron ocupados por el ejército francés la villa y su castillo.

El tumultuoso siglo XIX fue negativo para la villa. Y, ya en el siglo XX, la emigración y el éxodo rural provocaron una caída demográfica y su retraso económico.

En la actualidad se viene dotando a San Felices de los Gallegos de todo tipo de servicios e infraestructuras, lo que unido a su promoción turística y cultural ha abierto una vía de progreso para la localidad.


MONUMENTOS

Entre la rica arquitectura monumental de San Felices de los Gallegos, que le valió la declaración de Conjunto Histórico Artístico en 1965, sobresale su recinto amurallado y, más concretamente, la Torre del Homenaje.

Autor: Cuasca, en “Flickriver” y su web: “Festes Valencianes


El Castillo de San Felices fue edificado en el siglo XIII por órdenes de don Dionis. En origen, debió ser una torre que posteriormente se desmochó y que se reconstruyó en el siglo XV por la Casa de Alba, erigiéndose la Torre del Homenaje que ha llegado hasta nuestros días. Bien conservada por fuera, su interior estaba en ruinas, pero recientemente fue restaurado todo el conjunto y actualmente alberga un Aula Histórica de San Felices.

Rodeando la Torre, se levantó en primer lugar una muralla a la que se denomina “Cerca Vieja” y posteriormente otra más moderna que se conoce como “Cerca Nueva”, pero de la que sólo quedan dos puertas.

La construcción de la “Cerca Vieja” se atribuye también a don Dionis, en el siglo XIII, pero en varios estudios se ha identificado alguna fase constructiva que sería anterior a aquella época y que distintos tratadistas ubican en época tardorromana o, incluso, prerromana, lo que, de ser cierto, llevaría a pensar en un asentamiento vetón.

Para una mayor información del castillo podéis consultar el siguiente enlace. Y un análisis técnico del recinto, realizado por Luis Serrano-Piedecasas y Miguel Ángel Muñoz, puede ser consultado en este otro enlace.

Respecto a otros monumentos de la villa: el verraco prerromano (conocido popularmente como "Burro de San Antón"), la Torre de las Campanas, el Arco del Puerto..., así como sus edificios religiosos y civiles, tenéis una detallada relación en la siguiente publicación.


EXCURSIONES

Turismo.- Al oeste de la provincia de Salamanca, en territorio fronterizo con Portugal, se encuentra la comarca histórica del Abadengo. Pertenece al partido judicial de Vitigudino y al obispado de Ciudad Rodrigo, y está conformada por doce municipios: Ahigal de los Aceiteros, Bañobárez, Bermellar, Cerralbo, Fuenteliante, Hinojosa de Duero, La Fregeneda, La Redonda, Lumbrales, Olmedo de Camaces, San Felices de los Gallegos y Sobradillo.

Visitando estos pueblos y su entorno descubriremos un rico patrimonio monumental que se fue erigiendo en distintas épocas de nuestra historia, además de unos recursos naturales que conocieron todo ese pasado y que han sobrevivido hasta el presente: bosques de robles, quejigos, endrinos y encinares enmarcados entre profundos cañones horadados por la acción milenaria de los ríos.

Para tener más referencia del Abadengo, podéis visitar la web de este enlace.


Naturaleza.- San Felices de los Gallegos es uno de los municipios incluidos en el Parque Natural de Arribes del Duero, un espacio natural de una belleza espectacular, en el que su mayor característica son los grandes desniveles de los cañones por los que discurre el río Duero en su tramo internacional, así como sus afluentes: los ríos Tormes, Uces, Huebra, Esla y Águeda.

Arribes del Águeda - Autor: Victorino G. Calderón - Fuente: Panoramio


Es precisamente el río Águeda el que nos sitúa en San Felices de los Gallegos. Y disponemos de la ruta denominada GR-14.1 para conocer particularmente las Arribes del Águeda. Una agreste reserva animal en la que destacan especialmente las aves, con la presencia estelar del Águila Real y el Buitre Leonado.


Fiesta: EL NOVENO

Encierro de San Felices de los Gallegos – Autor: Javi Valladares – Fuente: OjoDigital

Los Reyes Católicos entegaron la villa de San Felices de los Gallegos al primer duque de Alba en 1476. Desde entonces, la Casa de Alba impuso a los vecinos de la villa (y otras próximas) un impuesto conocido con el nombre de “El Noveno”, por el que debían entregar una novena parte de toda su producción, agraria y ganadera principalmente.

En tiempos de Felipe II, los habitantes de la villa compraron las tierras de su término para dejar de ser un lugar de señorío y pasar a convertirse en lugar de realengo, con lo que dependerían únicamente de la jurisdicción del rey. Fue entonces cuando iniciaron un pleito para conseguir que la justicia les librara de aquel impuesto feudal, pues ya no pertenecían a la Casa de Alba. Pero el litigio, con varias sentencias contradictorias, se extendió durante trescientos años, hasta que el 11 de mayo de 1852 se dictó, por fin, una sentencia definitiva que declaraba abolido “El Noveno”.

Desde entonces, y ya va a hacer 158 años, San Felices de los Gallegos (junto con Ahigal de los Aceiteros y Puerto Seguro, antaño denominado Barba de Puerco, que eran los otros dos pueblos involucrados en el litigio) viene rememorando la abolición de aquel arcaico impuesto con unas festividad que tomó su mismo nombre: la Fiesta de “El Noveno”, que se celebra en el fin de semana más próximo al día 11 de mayo y en la que, entre sus actos, estando en tierras de raíz vetona y de carácter ganadero, no podían faltar los festejos taurinos, con sus encierros a caballo, capeas y desencierros correspondientes.

Para la ocasión, la Plaza Mayor de la localidad de San Felices de los Gallegos se cierra utilizando carros de labranza antiguos, lo que ofrece una aire de tradición secular que, entre otros detalles, ha servido para que la Fiesta de “El Noveno” esté declarada de Interés Turístico Regional.

Lagun

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NOTA: ruego a los respectivos propietarios de los derechos de autor de las fotos publicadas que me permitan mantenerlas en esta entrada, puesto que no tengo ningún fin lucrativo con mi bitácora.

26/4/10

Tentativa de hacking por un antitaurino


Un hacker está atacando la blogoesfera taurina desde hace semanas, y el pasado viernes lo intentó con esta bitácora.

Gracias a que informaron de ello los compañeros que han ido siendo víctimas del hackeado de sus blogs, no caí en el correo trampa que me encontré en mi buzón. Si no hubiera sido así, reconozco que habría picado el anzuelo de ese correo que, aparentemente, me remitía “Blogger” y, a estas horas, quienes hubierais entrado a visitar esta bitácora os habríais encontrado para siempre con una carátula fija de carácter antitaurino, con la famosa fotografía del manifestante animalista vomitando, algún slogan al uso, alguna frase despreciativa o insultante y, todo ello, enmarcado con la firma, dibujo o logo del autor del ataque.

El contenido de esta bitácora habría sido censurado y silenciado, y esa carátula habría quedado indefinidamente unida a esta dirección de internet, como una muesca más en el teclado del ordenador de este hacker justiciero de la causa animalista.

Sería inútil, tratar de dejarle a este señor algún mensaje argumentativo de lo improcedente de su acción. Para él, su causa está por encima de cualquier otra cosa, por encima incluso de la Ley y de normas tan fundamentales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que en su artículo 19º reconoce el derecho a la libertad de opinión y expresión, lo que incluye que todo individuo tiene derecho a “no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar, y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Él, este hacker, tiene su opinión. Y, según él, sólo es válida su opinión, sólo es defendible su opinión y sólo se puede difundir su opinión. Los demás, los que no pensamos ni sentimos como él, debemos callar, y si no lo hacemos, ahí está él para silenciarnos.


Podría haber dedicado la entrada de esta semana a hablar de cualquier tema referente al mundo de los encierros y del Toro. Podría haber hablado de un tema tan recurrente como la gravísima cogida sufrida por José Tomás, a quien deseo desde aquí una pronta y total recuperación. Podría, en fin, haber optado por silenciar el intento de ataque que he recibido con la esperanza de que, obviándolo, no se volviera a repetir. Pero he optado por denunciarlo públicamente para poner en alerta a otros compañeros, para decirles que no abran ningún correo que les parezca sospechoso, aunque lleve la aparente firma de “Blogger”. Para avisar de que sigue actuando este hacker antitaurino que nos quiere silenciar.

Y, desde aquí, toda mi solidaridad con los compañeros que ya han sido hackeados y han visto como su opinión era definitivamente violentada y censurada.

Lagun

19/4/10

Beas de Segura


Municipio de la provincia de Jaén, en la Comunidad Autónoma de Andalucía. Está situado en la comarca de la Sierra de Segura, a unos 120 kilómetros en dirección noreste de la capital de su provincia.

Puente Mocho, sobre el río Guadalimar ... Fuente: “Cosas de Beas


El Toro de San Marcos fue el rito taurino más famoso y extendido de todos los que se celebraban en la Península Ibérica; ya que, hasta hace unos pocos siglos, eran muy numerosos los pueblos de España, además de algunos de Portugal, que honraban a San Marcos con actos y simbologías de carácter taurino.

En la actualidad, en cambio, si a cada uno de nosotros se nos pidiera una relación de sitios que celebren actos o festejos taurinos con motivo de la festividad de San Marcos, la inmensa mayoría sólo seríamos capaces de citar unas pocas localidades. Ahora bien, es prácticamente seguro que en todas las listas se repetiría un mismo nombre: Beas de Segura.


HISTORIA

En el entorno de Beas de Segura está acreditada la existencia de grupos humanos que se remontan al Paleolítico Inferior y Medio por el hallazgo de materiales achelenses en el yacimiento de Puente Mocho, un extenso hábitat al aire libre junto a las terrazas del río Guadalimar. La ocupación humana debió ser muy intensa en la Edad del Bronce dado el tipo de asentamientos existentes, como el de Cornicabral, situado en la vega, o el del Cortijo de los Cuatro Vientos, en una zona alta. Y ya en tiempos de los íberos nos encontramos con poblados como El Castellón o El Morrón de Guadahornillos, que evocan a centros desde los que se ejercía un control del territorio.

Todo ello, en conjunto, indica que Beas, además de poseer una zona rica de huertas, siempre fue un punto territorial estratégico, pues está en las inmediaciones de una divisoria de aguas, las del Segura y las del Guadalquivir, y en las estribaciones de las zonas mineras de Sierra Morena, lo que conlleva a que se creen confluencias de vías de comunicación.

Esas circunstancias motivaron que los romanos atribuyeran gran importancia al territorio de Beas y que consolidaran su núcleo de población. Así, de esa época nos han llegado numerosos restos de villas, calzadas, puentes, molinos, etc. Y, por otro lado, también hay vestigios visigodos, como los de Bastagoya.

El periodo de dominación islámica en Beas duró cinco siglos, en el cual debió erigirse una fortaleza de la que apenas quedan restos actualmente, pero que debió tener, al menos, cuatro torres y un segundo recinto con un alcázar. A lo largo de ese período islámico, Beas tuvo épocas de gran esplendor, como ocurrió en tiempos de Abderramán III.

La localidad fue conquistada durante el reinado de Fernando III el Santo, en una fecha imprecisa hacia el primer tercio del siglo XIII. Una vez incorporada a la corona de Castilla, Beas fue donada por el rey al Obispo de Osma; y éste, en 1239, se la permutó a la Orden de Santiago a cambio de otros bienes. Fue por entonces cuando Beas se repobló con gentes del norte de Castilla, recibió fueros, privilegios y el título de villa, y comenzó una nueva fase de esplendor.

Así, en las Relaciones Topográficas de Felipe II consta que Beas tenía en 1575 unos 4.500 habitantes, una fuerte impronta agraria y, por otro lado, una importante industria de paños.

En ese mismo año, 1575, Santa Teresa de Jesús fundó en Beas el primer Convento de Carmelitas Descalzas de Andalucía. Tres años después llegó a la villa San Juan de la Cruz y poco después fue nombrado Prior del Convento del Calvario.

Tras toda esa fase de esplendor, los siglos XVII y XVIII fueron años de declive económico para la localidad, que vio como, en consecuencia, la población se iría reduciendo de forma progresiva.

En 1750 se ordenó por el Consejo de Órdenes Militares que fuera derribada la fortaleza de Beas.

El siglo XIX tuvo unos inicios desastrosos para la villa. Durante la Guerra de la Independencia, Beas fue saqueada e incendiada repetidamente por las tropas francesas, causándola un enorme deterioro en su patrimonio.

En 1833, al conformarse la división del territorio español en cuarenta y nueve provincias, la localidad de Beas, que hasta entonces pertenecía al Reino de Toledo, pasó a quedar incluida en la provincia de Jaén y a ser denominada tal y como hoy la conocemos: Beas de Segura.


MONUMENTOS

El Convento de Carmelitas Descalzas, declarado Bien de Interés Cultural, es el edificio histórico-artístico más importante de Beas de Segura.

Convento de Carmelitas Descalzas ... Fuente: “Cosas de Beas


El Convento fue fundado por Santa Teresa de Jesús en 1575, pero apenas queda nada de aquella edificación debido a episodios bélicos y a períodos de obligado abandono.

La iglesia cuenta con una estilizada portada barroca del siglo XVII, y su interior presenta una única nave cubierta con bóveda de medio cañón y brazos de crucero con media naranja.

En el año 2003 se terminó una última reforma que imprimió al conjunto su aspecto actual.

Para obtener una mayor información referente a este monumento, podéis pulsar el siguiente enlace. Y os ofrezco otro más para que podáis conocer otros bienes del patrimonio cultural de Beas de Segura.


EXCURSIONES

Naturaleza.- El GR 144: La Trashumancia en la Sierra de Segura.

Beas de Segura es una de las puertas de entrada al Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, el mayor espacio protegido de España y el segundo de Europa.

Nacimiento del río Segura


Una buena forma de conocer ese espacio natural es adentrarse en él andando; cruzarlo, incluso. Y esa es, precisamente, la posibilidad que nos ofrece el GR 144: una ruta de 52 km con la que se puede cruzar el parque; una importante vía pecuaria que permite evocar la legendaria tarea ganadera de la trashumancia; un itinerario por el que, además de admirar los paisajes, la flora y la fauna de las zonas alta, media y baja de las montañas segureñas, podremos acercarnos a dos auténticas maravillas de la naturaleza: el nacimiento del río Segura, una poza de aguas verdes y transparentes; y el Pino Galapán, árbol emblemático del parque por sus 39 metros de altura, 10.40 metros de perímetro en la base y sus 400 años antigüedad calculada.


Turismo.- Aldeas de Beas de Segura.

Conocer el municipio de Beas de Segura también implica visitar sus aldeas: Prados de Armijo, Cuevas de Ambrosio y Cañada Catena; así como acercarse a sus cortijadas, algunas de ellas abandonadas y donde parece que se hubiera detenido el tiempo.

En este enlace tenéis información al respecto.


SAN MARCOS

Cartel de las fiestas de San Marcos 2010


Sobre el posible origen de la celebración de la festividad de San Marcos en Beas de Segura, hay dos versiones transmitidas oralmente.

Una se remontaría al año 1575 y hace referencia a la supuesta intervención de Santa Teresa de Jesús para controlar, amansar y atar a un toro o buey que andaba suelto por Beas y que sembraba el pánico entre sus vecinos tras soltarse del yugo en que estaba uncido para realizar labores de arrastre en las obras del Convento de Monjas Carmelitas Descalzas de San José del Salvador. Y se dice que aquel extraordinario acontecimiento se empezó a festejar en los años sucesivos corriendo por las calles de Beas una o varias reses ensogadas por los cuernos y engalanadas de forma vistosa.

La segunda habla de una epidemia de glosopeda que diezmaba el ganado vacuno de la localidad y que misteriosamente cesó un 25 de abril, hecho que la población atribuyó al santo de la fecha: San Marcos. Y que por ello, en señal de agradecimiento, se estableció un voto colectivo en Beas consistente en entregar anualmente dos becerros a la Iglesia para que, después de acompañar a San Marcos en la procesión, fuesen vendidos y con el dinero se atendiese a los pobres de la localidad.

Si hablamos de fuentes escritas, consta en el capítulo 52 de las respuestas que dio la villa de Beas a las Relaciones Topográficas del rey Felipe II (1575) que:

"... Ansí mismo hay voto en esta villa, día de Señor San Marcos, que no se matan ningunas carnes ni se pesan, ni abren las carnecerías de esta villa. Lo cual se prometió en voto en años pasados, por grandes infortunios e plagas de la langosta. No se sabe el tiempo que ha que se prometió el voto, mas que de tiempo inmemorial a esta parte se tiene y guarda".

Este documento, que resulta valiosísimo por su antigüedad, incide en el voto a San Marcos como razón para la celebración de la festividad. Y a este respecto, la elección de San Marcos como santidad votiva protectora, no se debe olvidar que la repoblación de Beas en el siglo XIII se realizó con gentes del norte de Castilla, que es una región donde fue muy generalizada la devoción al santo.


Para conocer el programa de fiestas del presente 2010 y para visualizar fotos de buena parte de los toros adquiridos, podéis pinchar en el siguiente enlace de “Cosas de Beas”.
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Lagun
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NOTA: ruego a los propietarios de los derechos de autor de las fotografías publicadas que me permitan mantenerlas, pues con esta bitácora no tengo fines lucrativos.
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12/4/10

Las Caridades


La relación entre “votos” (religiosos), “correr toros” y “caridades” pudiera parecer extraña a quienes no se hayan acercado a la historia de nuestros encierros, capeas y demás festejos taurinos populares; pero quien lo haya hecho sabe que en la interrelación de esas tres manifestaciones está el origen de un buen número de fiestas de nuestro país y, como parte de ellas, de los festejos taurinos populares que se celebran en las mismas.


Un voto es una promesa deliberada, voluntaria y libre por la cual los fieles cristianos se obligan solemnemente a realizar alguna obra piadosa o virtuosa con la intención de agradar a Dios.

Desde los tiempos del Antiguo Testamento, los votos se solían hacer cuando los hombres, individual o colectivamente hablando, estaban angustiados, en peligro o tenían el deseo de recibir un favor divino. Y en la Edad Media, y hasta el siglo XVIII incluso, fueron una práctica muy común ante situaciones como epidemias, plagas, hambrunas, sequías, etc.

William A. Christian, en su obra Religiosidad local en la España de Felipe II, nos detalla que las calamidades sanitarias y los desastres naturales constituían el 79,50 % de los motivos concretamente especificados para la práctica de los votos que hacia 1575 se incluyen en las Relaciones Topográficas de los pueblos de Castilla la Nueva:

el 36,7 % por pestilencias, mortandades y enfermedades
el 16,6 % por plagas de la vid
el 14,8 % por plagas de langostas
el 11,4 % por granizos, tormentas o sequías

La devoción es otro de los motivos que aparece expresamente indicado, pero en este caso sólo se corresponde con el 8 % de los votos incluidos.

Se puede decir por ello que la práctica del voto se fue generalizando durante la Edad Media en la religiosidad popular por la sensación de impotencia que los hombres sentían frente a la naturaleza y porque consideraban que su único recurso de auxilio posible era Dios, ya sea directamente o de forma indirecta a través de la Virgen o algún santo intercesor, contándose entre los más reputados a San Sebastián, San Gregorio Nacianceno, San Gregorio Ostiense, San Roque, San Marcos, San Blas, San Agustín o Santa Ana.

Así, la práctica totalidad de los pueblos y ciudades de España contaba con algún tipo de voto emitido bajo la guía de la Iglesia, y para su cumplimiento, generalmente, se prometía solemnemente celebrar misas, procesiones u otros oficios religiosos, realizar obras virtuosas como observar vigilias de ayuno o de abstinencia de comer carne (con lo que ello conllevaba en aquellos tiempos), respetar fechas señaladas en las que se imponía la obligación de no tener que trabajar (con el riesgo que se asumía en jornadas de recolección de frutos, por ejemplo), o asumir la obligación de hacer caridades entre los pobres, que solían consistir en ofrecerles pan, queso, aceite, vino...

Es en ese marco donde, entre los distintos ofrecimientos votivos que hacían los miembros de una comunidad o los habitantes de un pueblo para honrar a “su santo”, también fue apareciendo el compromiso solemne de correr toros en un fecha determinada y, como caridad, el reparto al día siguiente de su carne entre los pobres y los fieles que se congregasen con motivo de la celebración de los actos prometidos con el voto.

Una de las primeras noticias de este tipo de votos aparece en un manuscrito conservado en el Monasterio de Silos, y de ella nos dio cuenta el Conde de las Navas en su obra El espectáculo más nacional (Madrid, 1899):

El Concejo de Roa (Burgos), por una pestilencia que afectaba a la localidad, se obligó en el 4 de enero de 1394 con un voto a Dios y a la Cofradía del Corpus Christi de la villa a dar cada año mil quinientos maravedís que debían pagar todos: caballeros, escuderos, dueñas, doncellas, fijosdalgo, legos, clérigos, indios y moros, para comprar cuatro toros que serían corridos por amor a Dios y para que, por su santa merced y misericordia, les librara de la pestilencia. Dos de esos toros serían corridos el día del Corpus, y al domingo siguiente se darían cocidos con pan y vino a los “envergoñados i pobres” que llegaran a la villa.

A lo largo de nuestra geografía, y de nuestra historia, fueron muy numerosos los pueblos con votos que contenían el ofrecimiento de correr toros y la caridad de dar su carne, principalmente a los pobres. A este respecto, Plácido González Hermoso tiene publicado en su blog “MITOTAURICO” un elaborado artículo donde nos ofrece una amplia relación.

En este texto, en cambio, nos vamos a centrar únicamente en la fiesta votiva de Fuentelencina en honor de San Agustín, puesto que José Ramón López de los Mozos tiene publicado un estudio en la web de la Fundación Joaquín Díaz que nos permite observar toda su evolución histórica. De él vamos a tomar las siguientes notas.


En Fuentelaencina (Guadalajara), se erigió como patrón a San Agustín por decisión del Concejo tomada en 1520, que votó el día de su nacimiento, 28 de agosto, como fiesta principal, y le tomó como defensor contra la peste, que entonces padecía la villa, la langosta, las tempestades, el pedrisco, la falta de lluvia, las calenturas y cualquier otro mal o calamidad que pudieran padecer.

En las Relaciones Topográficas de Felipe II correspondientes a la localidad, realizadas en 1575, podemos leer en la respuesta 52 como se describía el voto en una época prácticamente coetánea a la de su constitución, pues sólo habían transcurrido cincuenta y cinco años:

“Hay votada la fiesta de San Agustin de ayunar su vigilia, y holgar el dia, y correr toros en tiempo permitido, y el dia en la hermita se da de caridad doscientos arreldes de vaca con pan e vino para esta fiesta. Cuando se votó, un carnicero dio un novillo de cien arreldes con condicion que todos los carniceros lo den cada año para ayuda de la caridad. Siempre se guarda esta costumbre...”

La fiesta comenzaba el día de la víspera, que era de ayuno, no se debía trabajar y se corría un toro siempre que estuviera permitido, según “dicen”.

No hay que olvidar que Pío V estableció en 1567 la prohibición de correr toros con la publicación de la bula De salutis gregis dominici, y que en el Concilio de Toledo (1566-67) se prohibió la emisión de votos con el ofrecimiento de correr toros. Aunque dichas prohibiciones, en la práctica, apenas fueron respetadas en España.

Una vez sacrificada la res, por la noche y junto a la ermita que a las afueras del pueblo se erigió en honor del santo en 1524, se cocinaban los mejores trozos de la carne y a las doce se distribuía el caldo de su cocción, que era bebido como cosa bendita y aún milagrosa, según entendía la fe de las gentes.

Aunque no queda detallado suficientemente, debemos suponer que en el día de la fiesta de San Agustín, tras los oficios religiosos, se servía el resto de la carne, acompañada de vino y dos panecillos o tortas que se cocinaban especialmente para la ocasión.


En el siglo siguiente, fray Francisco de Ribera escribió en el año 1684 una obra sobre la vida de San Agustín, y en ella ofreció datos sobre el voto al santo en Fuentelencina en dicha época.

La fiesta comenzaba el día de la víspera con la suelta de una res enmaromada, toro o vaquilla, que se corría por las calles del pueblo y cuya carne, una vez sacrificada, se ponía a cocer al anochecer junto a la ermita del santo. A la media noche comenzaban a repartir el caldo resultante, ya que tal cocción se consideraba como medicina protectora contra las fiebres tercianas.

El hecho de que, en vez de toros, se deje abierta la posibilidad de que se corran vacas, nos puede estar indicando que, como consta documentado en la población de Loeches (Madrid), se estaría acatando la literalidad de la prohibición eclesiástica de correr “toros”, pero se seguiría cumpliendo el voto corriendo “vacas”.

La carne se dividía en cuatro partes correspondientes a otras tantas cuadrillas, tres formadas por los propios del lugar y la cuarta por forasteros, que a veces llegaban desde hasta diez leguas (entre 50 y 60 kilómetros), pues tenían derecho a participar todos los asistentes, tanto los vecinos del pueblo como los forasteros, generalmente pobres y enfermos que acudían para saciar su hambre los unos y en busca de un milagro sanatorio los otros. Y en cada cuadrilla se repartía la caridad con dos panecillos o tortas del santo, que se confeccionaban para la ocasión, además de un cuartillo de vino (medio litro) por persona.


Muy interesantes son dos testimonios que ofrece el autor del estudio: uno de 1955, de Ernesto Navarrete, y otro de 1973, de Antonio Herrera Casado, porque con ellos nos situamos en la segunda mitad del siglo XX y observamos la evolución de los ceremoniales del voto en fecha tan cercana a la actual.

Según Ernesto Navarrete, en 1955 la fiesta comenzaba el día 27 de agosto, la víspera, con la salida de una vaquilla ensogada que se corría por las calles del pueblo hasta llegar a la plaza del ayuntamiento, a una de cuyas columnas era atada y apuntillada por el propio alcalde. Este último dato del alcalde se niega en la versión de Herrera Casado en 1973.

Después, la vaca era descuartizada, dejándose los mejores trozos para freírlos detrás de la iglesia, y con el aceite resultante, el resto de la carne y los huesos se hacían en grandes calderas las denominadas Sopas de San Agustín. En 1973 serían los hombres los únicos encargados de la preparación.

Se calculaba el fuego para que a las nueve de la noche estuvieran a punto (en 1973 tras los oficios religiosos de las vísperas) y, previa bendición del sacerdote, servir las sopas, que preservaban y curaban las fiebres tercianas, según creencia, siempre que se invocase el nombre del santo con devoción y las sopas se tomasen con fe. El dato de la hora es significativo, pues en un principio era a las doce, es decir que se ayunaba toda la jornada y sólo se comía a partir de los primeros minutos del día de la fiesta; en cambio, dando las "sopas" a las nueve ya no se estaría cumpliendo con la antigua promesa del ayuno en la víspera.

El día del santo, una vez concluida la misa, sacerdote, autoridades, funcionarios e invitados se trasladaban al ayuntamiento, donde tomaban un chocolate seguido de la carne de la vaca. Finalizado ese acto, el alcalde y el sacerdote salían al balcón que da a la plaza, donde se arremolinaba la gente en espera de que les echasen los huesos de la vaquilla que habían sido usados para condimentar las sopas, disputándoselos como reliquia protectora y milagrosa. Este acto no se llevó a cabo en 1973, según la versión de Herrero Casado.


Como es lógico pensar, en la actualidad ha desaparecido completamente ese carácter caritativo de las fiestas de Fuentelencina.

En el año 2007, según el programa de fiestas, la suelta de vaquillas comenzó desde la misma madrugada del día 27 hasta las nueve y media de la mañana. A las cuatro de la tarde estaba programada la preparación de las calderas, y la degustación de la tradicional sopa a las ocho. Posteriormente, el día 28, el de la fiesta, a las nueve se entregó el cesto de las caridades; y, después de la misa de doce, la degustación del chocolate y de la carne.

Si bien se mantiene la señalización de los días tradicionales, los actos han perdido el carácter que les dio origen y variado sus contenidos y horarios. Además, se añaden nuevos encierros los días 29 y 30 de agosto, y una nueva caldereta el día 31.

Y desde “diez leguas” o más siguen acudiendo gentes al reclamo de las fiestas de Fuentelencina en honor de San Agustín, pero no son, precisamente, ni pobres ni enfermos.

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Con la institución religiosa de los votos y las caridades, el pueblo pudo arrogarse en los siglos XV y XVI, fundamentalmente, su derecho a correr toros frente a lo establecido por el poder real, que sólo se lo concedía a los nobles y haciéndolo a caballo. Y, por otro lado, ese enfrentamiento del hombre a pie con el toro en base a habilidad y valor únicamente era una práctica que la Iglesia venía declarando como una pervivencia pagana, pero en un primer momento la cristianizó de hecho al integrarla en fiestas patronales, no sin polémica doctrinal de por medio.

No obstante, la prohibición de correr toros y más concretamente por promesa realizada mediante voto alcanzó su mayor cota con la bula de Pío V (1567) y el Concilio de Toledo (1566-67). De ese mismo tenor fueron el Sínodo de Cartagena (1583), el Sínodo de Coria (1606) o el Sínodo de Málaga (1671).

En todos ellos se prohibían los votos de correr toros por honra de Dios; ahora bien, no se siguió prohibiendo el acto de correr toros propiamente dicho, siempre y cuando fuese por libre voluntad y no por voto.

Del contenido del Sínodo de Toledo celebrado en 1682 (un siglo después) se deduce que las prohibiciones no surtían efecto, ya que por entonces, además de celebrarse festejos taurinos por libre voluntad, también se seguían cumpliendo votos que llevaban aparejados correr toros. Y, es más, se siguieron emitiendo y cumpliendo durante el siglo XVIII. Una tradición tan antigua no podía erradicarse fácilmente.


En la actualidad están en desuso prácticamente aquel tipo de votos, pero aún perduran muchas de las fiestas que surgieron a raíz de su emisión. A modo de ejemplo, podríamos señalar El Domingo de Calderas en Soria, o Las Mondas en Talavera de la Reina (Toledo). Y en algunos casos nos han llegado con sus festejos taurinos populares, mientras que en otros no ha sido así.

Y, por otro lado, se podría decir que las caridades con carne de toro aún perviven, aunque han evolucionado a comidas comunales de simple carácter festivo, en las que han desaparecido los matices caritativo y religioso que antaño tuvieron. Así, se siguen celebrando con el nombre de Caridad de... San Roque, por ejemplo, que es una de las más recurrentes.

Mi amiga “Chon” comenzando a cocinar una de las quince calderetas de toro que todos los años se preparan en el “Día de la Carne” de las fiestas de un pequeño pueblo de La Alcarria, del que me van a perdonar que me reserve el nombre


Pero también hay muchos casos de pueblos en los que esa comida comunal no ha conservado la denominación de “caridad” que, sin duda, debió tener en su día, aunque sí que se habla del “Día de la Carne” y el “Día de los Toros” para distinguir ambas jornadas.


Todo lo anterior nos lleva a pensar que, tanto en unos casos como en otros, los vecinos que habitaron esos pueblos hace unos cinco siglos, cuando menos, con la emisión de votos y al obligarse con caridades forjaron la tradición de que hombres a pie corrieran toros por sus calles. En cada pueblo con su propia y específica modalidad. Y que, generación tras generación, han ido preservando esa costumbre: su actual encierro, su capea o su festejo taurino popular.

Lagun


NOTA: Quiero agradecer a “Chon” su amistad, el hecho de que en los dos últimos años me haya permitido actuar de “pinche” en la elaboración del caldero que ella cocina para las fiestas y que me haya autorizado a publicar la fotografía con su imagen para esta entrada. Por ello mismo, queda prohibida su publicación en cualquier otro medio sin la debida autorización del autor de esta bitácora, que también lo es de las fotografías primera y tercera que aquí se han insertado.

5/4/10

Cien años de soledad


Como ya adelanté en el “Prólogo” de esta bitácora, en la sección que denomino “Biblioteca” voy a incluir algunos títulos que no guardan relación con el mundo de los toros, pues hay que leer sobre muchas otras temáticas, además de la taurina.

Y, así, si el año pasado os recomendé la lectura de El Quijote en las semanas previas al Día Mundial del Libro, en éste, aprovechando también la inminencia de esa misma jornada conmemorativa, os voy a recomendar la lectura de otra obra maestra:

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.


La crítica es unánime al considerar que Cien años de soledad es una de las mejores obras de la literatura universal de todos los tiempos y la segunda más importante en lengua castellana, después del Quijote, precisamente.

En Cien años de soledad, Gabriel García Márquez ideó una maravillosa mezcla de realidad y magia, combinando sin una línea de demarcación definida sucesos cotidianos de la vida real con episodios fantasiosos, para recrear la historia de la familia Buendía en la aldea de Macondo. Un círculo repetitivo y depravado de nombres y de actos; de josearcadios, de aurelianos... de buendías; de amores, desamores, alegrías, tristezas, tragedias, fatalidades, incestos, espejismos... y, sobre todo, de SOLEDAD.

Una novela que no puede faltar en nuestra biblioteca ni en nuestro bagaje de obras leídas o, incluso, releídas.

Correr un encierro es un lance fantástico, leer un libro es una aventura maravillosa y ambos tipos de experiencias se cruzaron hace un año en esta bitácora, cuando entre todos compartimos recomendaciones para el Día del Libro. Ahí, al menos para mí, surgió la magia: un grato recuerdo, la lectura de un libro fabuloso y nuevas amistades. Ojalá que en éste suceda algo parecido. Para ello, os rogaría que todos recomendarais la lectura de un libro.
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Lagun
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