1/2/11

Elche de la Sierra


Municipio de la provincia de Albacete, en la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha (España). Está situado a unos 100 kilómetros de su capital provincial, en dirección suroeste, y forma parte de la Mancomunidad de Municipios de la Sierra del Segura.

Elche de la Sierra ..... Autor: Misterfanhero ..... Fuente: Wikipedia


Históricamente hablando, esta comarca tiene una gran tradición taurina y, como fruto de ella, un enorme arraigo en todos los aspectos relacionados con el toro bravo, entre los que destaca sobremanera el referente a los festejos taurinos populares.

En Elche de la Sierra, que es la localidad más poblada de la comarca y, a la vez, su capital, también está consolidado ese fuerte arraigo de los festejos taurinos populares. De hecho, sus habitantes llevan muy a gala que la localidad sea conocida con el sobrenombre de “cuna de los encierros”.


Historia

Útiles tallados en sílex de tiempos del calcolítico atestiguan la existencia de vida humana en los lugares de Cuevas Blancas y Loma del Mojón. Por otro lado, la tendencia general a ir habitando en lugares abiertos se confirma en la zona con el poblado de La Muela. Y, además, existen vestigios de un poblado ibérico en el lugar conocido como La Peña.

En el 228 a.C. está fechada la muerte del caudillo cartaginés Amílcar Barca en sus avances colonizadores por Iberia. Aunque respecto al lugar concreto donde se produjo tal acontecimiento existe una duda histórica y su consiguiente polémica bibliográfica, cuenta la tradición local de Elche de la Sierra que ese hecho ocurrió en las cercanías de la localidad, y una tumba excavada en roca señalaría el lugar concreto del enterramiento.

Y es que: la divisoria de aguas entre la cuenca del Guadalquivir y la del Segura condicionó la historia de la zona en los avances de las distintas culturas que dominaron la Península.

La comarca pasó a dominio de Roma. Pruebas de la cultura visigoda las encontramos en algunos topónimos, como el de “Gutta”, que corresponde a la actual Villares. Además de otros de ese mismo tipo, la gran cantidad de torres y torreones de la comarca nos atestiguan la dominación de la comarca en época musulmana, en la que Elche de la Sierra perteneció a la Cora de Todmir.

Alfonso VIII conquistó la ciudad de Alcaraz en el año 1213, y Elche de la Sierra pasó a pertenecer a su alfoz. Esta situación se mantuvo hasta el siglo XVI, cuando a Ayna, en 1565 concretamente, le fue concedido el título de villazgo y Elche de la Sierra quedó como aldea de dicho municipio. No fue hasta 1834 cuando la localidad, finalmente, logró la independencia administrativa de Ayna y se constituyó como ayuntamiento propio.

Desde entonces, la importancia del municipio no hizo sino crecer y en la actualidad Elche de la Sierra es el centro administrativo de la Mancomunidad de Municipios de la Sierra del Segura.


Monumentos y arte

Elche de la Sierra ..... Autor: Misterfanhero ..... Fuente: Wikipedia


El monumento más representativo de Elche de la Sierra es la Iglesia de Santa Quiteria (siglo XVIII). El templo fue proyectado sobre la base de una iglesia anterior del siglo XVI, que estaba en ruinas, a la que se añadió el terreno de 18 casas de vecinos que se derribaron para la ocasión. Fue concebido en estilo neoclásico, con una estructura de una sola nave dividida en seis tramos y planta de cruz latina con una magnífica cúpula central en el crucero. En el espacio central de la cabecera destaca el Altar Mayor, con un retablo que enmarca un cuadro dedicado a Santa Quiteria. Flanqueando la nave, dispone de seis capillas laterales. En el exterior, una fachada de aspecto sobrio, con aire herreriano, se presenta con dos torres laterales.

Para una mayor información, pulsad en este enlace.


Excursiones

Turismo.- La comarca a la que pertenece Elche de la Sierra está situada al suroeste de la provincia de Albacete. Teniendo en cuenta como es la geografía más común de la provincia, esta comarca aparece como una zona de gran singularidad, al estar conformada por sierras, valles encajados, bosques y, sobre todo, por una gran cantidad de cauces de ríos y arroyos.

Para tener una idea de conjunto, resulta conveniente recorrer las doce localidades que conforman la Mancomunidad de Municipios de la Sierra del Segura: Ayna, Bogarra, Elche de la Sierra, Férez, Letur, Liétor, Molinicos, Nerpio, Paterna del Madera, Riópar, Socovos y Yeste. La página web de la Mancomunidad sirve de fuente de información previa para visitarlos.


Naturaleza.- No se encuentra dentro del término municipal de Elche de la Sierra, pero conviene desplazarnos tan sólo unos 40 kilómetros para llegar hasta Riópar y, allí, poder visitar y conocer la que, para mí, es una de las más impresionantes maravillas de nuestra naturaleza: el Nacimiento del río Mundo.

Autor: Juancar85ab ..... Fuente: skyscrapercity (foto final del reportaje)


Al filtrarse las aguas de las lluvias y de las nieves que caen en la extensa plataforma del Calar del Mundo comienzan un recorrido por galerías y cuevas hasta conformar un caudal fluvial subterráneo que encuentra su salida a la luz en la denominada Cueva de los Chorros, que está situada en una pared rocosa con forma de anfiteatro, y desde donde el agua salta al vacío creando una preciosa cascada, así como una serie de saltos con los que comienza su curso el río Mundo, un afluente del Segura.

La cascada se torna espectacular cuando sucede el fenómeno que en la zona se conoce como el “reventón”, que consiste en una sorpresiva y enorme crecida del caudal que suele durar horas, y en las que se hace palpable la fuerza y la belleza de la naturaleza.

Os enlazo un vídeo colgado en Youtube con imágenes de un “reventón”.


Fiestas: San Blas

Elche de la Sierra celebra en septiembre las fiestas en honor de la Virgen de los Dolores y el Cristo de la Consolación, en cuyo programa se incluyen hasta cinco días de encierros, por lo que vienen a ser las más importantes de la localidad en lo referente a festejos taurinos populares. No obstante, su gran afición ha llevado a que también celebren con encierros la festividad de San Blas.

El hecho de que, comparado con el mes de septiembre, en febrero sea muy inferior el número de localidades que programan este tipo de festejos, proporciona una posibilidad inmejorable para acercarse hasta Elche de la Sierra y conocer su encierro. Un festejo que tiene un preámbulo campero, en el que las reses son conducidas al paso desde el Corral Colorao hasta llegar al pueblo, siendo en el recinto urbano donde ya comienzan a desarrollarse las carreras.

Como se detalla en el programa que enlazo, en el presente 2011 se celebrará un encierro el domingo 6 de febrero, a las 11:00 horas. Posteriormente, a las 16:30 se procederá a la suelta de reses.
.
.

Lagun
.
NOTA: La procedencia de cada una de las fotos es la indicada a su pie; y ruego a los respectivos propietarios de los derechos de autor que me permitan mantenerlas en esta entrada, pues con mi bitácora no tengo fines lucrativos.
.

27/1/11

En capilla


Sobre el origen de la expresión que da título a esta entrada hay dos versiones. Una de ellas hace referencia a un tema con marcado tinte funesto y, como el mundo de los toros está lleno de supersticiones, ni la voy a citar. La otra proviene de una antigua costumbre que ya os contaba en el texto anterior al hablar de los toros del Doctorado: los aspirantes al grado de licenciado en la Universidad de Salamanca debían permanecer desde la noche anterior a la prueba final hasta la finalización del ejercicio en la capilla de Santa Bárbara del claustro de la Catedral Vieja, por lo que se decía de ellos que “están en capilla”.

Pero el ámbito de aplicación de esta expresión se ha ido generalizando con el paso del tiempo, y actualmente se usa para definir cualquier situación de tensa espera ante la proximidad de un acontecimiento trascendente o difícil. Por ejemplo: los estudiantes ante un examen, los novios ante su boda y, ¿por qué no?, los corredores que están en vísperas de participar en un encierro; y con mayor motivo aún si se trata del primero de la temporada. O los toreros, ante un compromiso inminente.

Es verdad que ya ha habido algunos festejos taurinos populares en los pocos días transcurridos en el presente año 2011, pero no es menos cierto que la festividad de San Blas es la que concita la programación de las primeras ferias taurinas de la temporada en España y, con ellas, los primeros encierros con reses de cierto renombre; como ocurre en Valdemorillo. También en Ajalvir, aunque aquí son distintas las reses para cada tipo de festejos. Además, también hay otras localidades que, sin contar con corridas de toros, celebran con encierros de reses bravas esta festividad, como es el caso de Elche de la Sierra. Así, dada la proximidad de estos esperados festejos, se puede decir que son muchos los corredores que están en capilla ante sus primeros encierros de la temporada.


Tomando como ejemplo las tres localidades antes citadas, en Elche de la Sierra (Albacete) está programada la celebración de un encierro para el domingo 6 de febrero, a las 11:00 h., en el que se correrán dos novillos de Trifillas. A las 16:30 h. será la suelta de reses.

En Ajalvir (Madrid), si bien las corridas de toros de su Feria de San Blas están anunciadas para los días 29 y 30 de enero, los festejos taurinos populares tendrán lugar entre los días 4 y 6 de febrero. El viernes, día 4, encierro y suelta de reses a las 20:00 h. El sábado, día 5, encierro y suelta de reses a las 11:00 h.; y a las 16:30 h. se procederá a otra suelta de reses. El domingo, día 6, tendrá lugar la tercera suelta de reses de las fiestas a las 16:30 h.

Por otro lado, en la localidad madrileña de Valdemorillo están programados cuatro días de encierro:

El viernes 4 de febrero se correrá el primer encierro con novillos de José Cruz, que serán lidiados esa misma tarde por el rejoneador Álvaro Montes y los novilleros Juan del Álamo y Víctor Barrio, mano a mano.

Para el encierro del sábado 5 de febrero está anunciada la ganadería de Peñajara, con toros que se lidiarán en el festejo vespertino por Fernando Robleño, Iván Fandiño y Alberto Aguilar.

El encierro del domingo 6 de febrero estará protagonizado por toros de la ganadería de Buenavista, cuya lidia corresponderá a Antonio Ferrera, César Jiménez y Rubén Pinar.

Y el lunes 7 de febrero serán erales de Gabriel Rojas los que se corran en el encierro y posteriormente lidien los novilleros de la Escuela de Tauromaquia de Madrid Álvaro Montalvo, Favio Castañeda y David Garzón.

Los cuatro días se anuncia el encierro para las 11:00 h.; y posteriormente se procederá a una suelta de reses. Además, para el sábado y el domingo también está programada la celebración de sendos encierros infantiles.


Para estos festejos taurinos populares y para todos los de esta temporada, quiero desear a los corredores:

........ ¡ SUERTE !

Y, como viene ocurriendo todos los años cuando llega este momento, un amigo les ruega tanto a corredores como a aficionados que:




“¡Tengan cuidado ahí fuera!”

Sargento Phil Esterhaus
... Hill Street Blues
.
.


.

19/1/11

El Misacantano y el Doctorado

El Misacantano ..… Autor: Luis López ….. Fuente: su blog, "Tercio de Pinceles"


Introducción

Hay que convenir con Francisco J. Flores Arroyuelo (“Correr los toros en España – Del monte a la plaza”) en que la afición del hombre por medirse ante el toro es muy antigua, y que debe traer causa del traslado hasta el poblado que el hombre prehistórico debía realizar con los uros que cazaba vivos en el campo, para lo que se servía, entre otros elementos, de maromas para poder conducirlos al recinto en el que serían encerrados, sin que en aquellas acciones, lógicamente, faltasen carreras, desplantes, así como sustos, golpes y hasta cogidas. Por ello, esa primitiva forma de conducir los toros hay que considerarla como fuente de inspiración de la que es una de las más antiguas modalidades de festejo taurino popular: el toro ensogado.

Y también cabe adelantar que, en España, la afición por los festejos taurinos fue siempre propia de hombres de toda clase y condición: desde gentes del pueblo llano hasta dignatarios de la más alta jerarquía del estado, pasando por representantes de la aristocracia y, como veremos en este texto, personalidades con una ilustre titulación académica y miembros de la Iglesia.

Tan arraigada es desde antaño nuestra costumbre de correr toros que, ya en el Medievo, no precisábamos de la programación de un acto específico para ello. Bastaba el mero traslado al matadero de un toro sujeto con una maroma para que en torno al astado se arremolinasen los viandantes y que algunos practicasen desplantes y suertes. Así queda recogido, por ejemplo, en el Fuero de Madrid de 1202. No obstante, lo más común era que para correr toros se programaran festejos concretos, que solían tener como fin agasajar a visitantes ilustres, conmemorar fechas señaladas y, entre otros motivos, celebrar rituales, festividades civiles y religiosas o acontecimientos sociales como nacimientos, bodas... Así, se puede decir que los juegos de toros solían asociarse con acontecimientos festivos y felices. Como ocurría en los dos casos que aquí nos van a ocupar: la celebración de la primera Misa por un sacerdote y la obtención del grado de Doctor por un universitario.


El Misacantano

Con el término misacantano se denomina al sacerdote que dice o canta su primera misa.

Para ese día tan memorable, los sacerdotes nunca estuvieron obligados a programar actos sociales extraordinarios ni a celebrar una misa con pompa, pero siempre fue tradición muy seguida que en dicho oficio religioso, conocido con la expresión misa nueva, se realizase algún ceremonial especial y que, después, a modo de celebración, se organizase en la localidad una jornada festiva, en la que lo más común era dar un banquete en casa del misacantano.

El resto de los actos de esa fiesta variaría dependiendo de las costumbres locales y, como es lógico, de las disponibilidades económicas del sacerdote o de su familia. Pero de lo que hay prueba documental es que en el Medievo, y cuando menos en un territorio que hoy corresponde a Navarra, debió ser tradición muy importante y consolidada que se corriesen toros con motivo de las celebraciones festivas en honor del misacantano.

Tras ser conquistada Tudela en 1119, el rey Alfonso I el Batallador otorgó a la villa un fuero que señalaba en su capítulo 293:

De qui encarnizare buey ó baca ó toro

Qui encaniçare buey o uaca o toro o qualquiere otra bestia e ficiere algun dannio es fuero el sennor de la bestia que la pierda, el sennor tayendola por la uilla, pero el trymiento o solaz fuesse por bodas o esposamiento o de nueuo missacantano: si danno alguno auiniere no es alli penna ni periglo alguno si doncas el tenedor o tenedores no fizieren soltura maliciosanent por facer danno o escarnio ad aquella persona e alli do esto sea prouado que perdra la bestia en la manna ante dita.


(Literal recogido por Luis María Marín Royo en “El Fuero de Tudela”)

Lo que venía a establecer esta norma del Fuero de Tudela es que quien llevase por la villa un buey, una vaca, un toro o cualquier otra bestia debía hacerlo con cuidado y mantenerla bien sujeta, porque el dueño perdería la bestia si la enfurecía y causaba algún daño. Pero si el traslado o la diversión era por bodas, esposamiento o nuevo misacantano, no tendría ninguna pena si hiciese algún daño, a no ser que el tenedor o tenedores de la cuerda la soltasen maliciosamente para hacer daño o escarnio a alguna persona. Pues, en el caso de que eso fuese probado, el dueño también perdería la bestia.

Sin entrar a analizar la polémica histórico-jurídica sobre si el Fuero de Tudela trae origen del Fuero de Sobrarbe o de algún otro fuero aragonés, y por tanto si el contenido de sus normas está basado en usos y costumbres de todo el territorio navarro-aragonés, lo que sí es absolutamente cierto es que el Fuero de Tudela es un corpus jurídico adaptado para los usos y costumbres de dicha villa, y que en ella, al menos, queda probado que debió tener gran arraigo la tradición de correr toros ensogados para celebrar y honrar al misacantano. Tanto, como que esta costumbre y la corrida nupcial aparecen en el Fuero como las únicas excepciones a una norma de carácter general.

No conozco otras pruebas directas de este ritual festivo, pero sí indirectas.

Como señala Alberto del Campo Tejedor (“Diversiones clericales burlescas en los siglos XIII a XVI: las misas nuevas”), la celebración del misacantano dio pie en el Medievo a fiestas jubilosas y a diversiones burlescas, lo que despertó muchos resquemores en las altas jerarquías de la Iglesia y ocasionó que fueran frecuentes en el siglo XVI los concilios y sínodos eclesiásticos que limitaron los excesos que, a juicio de dichas instancias, se cometían en los festejos de las misas nuevas. Así, en lo que atañe a la tradición que nos ocupa, este autor indica que se cita el correr toros entre los actos lúdico-festivos que se prohibió a los clérigos en el sínodo de Calahorra de 1545.

Por su parte, Beatriz Badorrey Martín (“Principales prohibiciones canónicas y civiles de las corridas de toros”) nos señala otros ejemplos de restricciones canónicas para las misas nuevas, entre las que se puede destacar la siguiente: el obispo de Orense Antonio Ramírez de Haro promulgó en un sínodo celebrado en su diócesis en 1539 “Que ningún clérigo dance ni bayle ni cante cantares seglares en missa nueva ni en bodas, ni en otro negocio alguno público, ni ande corriendo toros, so pena de diez reales aplicados como dicho es”.


Se evidencia, por tanto, que las celebraciones que se llevaban a cabo en la tradición festiva del Misacantano fueron, cuando menos hasta el siglo XVI, fuente y marco de festejos taurinos.

Unos festejos taurinos en los que debía ser frecuente que se contase con la participación activa del sacerdote y que, al menos en la villa de Tudela, se celebraban bajo la modalidad de toro ensogado.

(El pintor Luís López ha reflejado el ritual del Misacantano en el precioso dibujo que encabeza esta entrada considerando esos dos elementos, así como el hecho de que el territorio navarro-aragonés fuese una región donde las suertes del toreo a pie se practicaban en sus inicios a cuerpo limpio.)

Cabe señalar, además, que en las dos celebraciones que se citan en los textos analizados, la del Misacantano y la del Toro Nupcial (que ya la estudiamos aquí), los festejos taurinos tenían lugar en vías públicas, de donde se desprende que contaban con una participación popular, que se caracterizaban por la improvisación y que, como señala Ángel Álvarez de Miranda (“Ritos y juegos del toro”), fueron gérmenes de las corridas modernas.

Además, y a modo de curiosidad, del término misacantano también se debe una derivación semántica que aún se usa en el mundo de los toros: toricantano, neologismo con el que se designa al torero que torea su primera corrida de toros.


Pero las bodas y las misas nuevas no fueron las únicas fiestas que dieron lugar a la celebración de festejos taurinos. La obtención del grado de Doctor, que es el supremo de todos los académicos, siempre fue un motivo de felicidad para los pocos universitarios que lo lograron. Y, como vemos que solía ocurrir en el Medievo, ese feliz acontecimiento también se celebraba en las universidades con festejos taurinos.


Los toros del Doctorado


Desde el nacimiento de las universidades en el Medievo, muy pocos fueron los estudiantes que llegaron a obtener el grado máximo de doctor, puesto que a la propia dificultad de ir aprobando y ascendiendo en la carrera académica se unía el hecho de que en las universidades más importantes se celebraba el logro final con gran solemnidad y eran los doctorandos los que tenían que abonar los elevados costes de las ceremonias de concesión de grados, que incluían, entre otros actos protocolarios, ofrecer obsequios a la comunidad universitaria, preparar opulentos banquetes para gran número de invitados y programar corridas de toros.

Estas particularidades, y en especial la de ofrecer un festejo taurino, que debemos imaginar que en un primer momento debieron surgir y realizarse de una forma espontánea y voluntaria por el doctorando, llegaron a incorporarse hasta con detalles sobre la cantidad y la calidad en los estatutos de universidades tan importantes como las de Salamanca, Alcalá de Henares o Valladolid, pasando a convertirse así en requisitos obligatorios para los aspirantes al cargo de doctor y con la amenaza de severas sanciones en caso de obrar con parquedad en los preparativos (como luego veremos).

Así, a modo de ejemplo, y según detalla Beatriz Badorrey Martín en su artículo “Los Toros y la Universidad”, en Valladolid se disponía que, para conmemorar la obtención del grado de doctor en las facultades de Cánones, Leyes, Medicina y Artes (todas excepto en la de Teología), cada doctor debía ofrecer cuatro toros, que aportaba directamente o pagaba a la Universidad a razón de 3.000 maravedís por cada toro; y sólo en el caso de graduaciones múltiples, ante el riesgo de una excesiva duración del festejo, se abría la posibilidad de pactar una reducción del número total de toros y, por tanto, de la cantidad que tenía que aportar cada doctorando. En Salamanca, en cambio, estaba convenido entre la Universidad y la ciudad que se corriesen diez toros de muerte si se graduaban entre uno y tres doctores; y doce toros, si eran más los graduados (Luis Enrique Rodríguez-San Pedro Bezares “Historia de la Universidad de Salamanca: estructuras y flujos”).

Se cuenta que los amigos del graduado, en los casos de doctorados de ciencias, utilizaban la sangre de los toros del festejo de la celebración para elaborar un pigmento con el que pintaban en cualquier fachada de la ciudad un vítor (un anagrama como el de la fotografía que encabeza este párrafo) para inmortalizar el logro del nuevo doctor. En los casos de doctorados de letras se dice que el pigmento era vegetal, pero igualmente en tono rojo.

Dada la inmensa popularidad de las corridas de toros en el Medievo y en épocas posteriores, no es de extrañar que el día de la prueba final de la licenciatura en Salamanca, y después de que los aspirantes hubiesen estado velando los libros durante toda la noche anterior en la capilla de Santa Bárbara del claustro de la Catedral Vieja, los que no superaban el examen eran obligados a salir en descrédito por una puerta trasera que es conocida como “Puerta de los Carros”, en medio de los abucheos y vejaciones de la gente; en cambio, los que superaban la prueba salían por la Puerta principal de la Catedral y, a hombros de sus compañeros y amigos, eran aclamados por toda la ciudad. Y es que, para la fiesta de celebración y, con ella, la corrida de toros, sólo restaba que el recién licenciado hiciera la solicitud del honorífico grado de doctor.

Ahora bien, como se precisaba de una economía muy saneada para costear los doctorados, no todos optaban a ese grado en las universidades importantes. Había quienes se conformaban con el grado de licenciado, y también quienes solicitaban el grado de doctor en universidades menores, que realizaban unas ceremonias más modestas y menos onerosas. Además, como indica Águeda María Rodríguez Cruz (“Mexicano ilustre, hijo de las aulas salmantinas”), también existía la posibilidad de solicitar el grado máximo aprovechando épocas de luto de la familia real, pues en ese caso estaban dispensados los toros, regocijos y pompas.

Por el carácter estatutario, y por tanto obligatorio, de las celebraciones de los grados, la falta de algunos de los componentes protocolarios que se establecían o la parquedad en su preparación conllevaba la posibilidad de que en la misma universidad se abriese un proceso para juzgar la conducta de los graduados infractores, pues las universidades del Antiguo Régimen eran unas corporaciones autogestionadas e independientes, que contaban con órganos judiciales propios para enjuiciar el incumplimiento de las normas estatutarias.

Así, he tenido acceso a una carta ejecutoria dictada por la Real Audiencia de Valladolid en 1595 para el cumplimiento de la sentencia que adquirió firmeza en un proceso seguido contra seis doctores por faltas que cometieron en la celebración de su graduación. Un proceso que, aunque en su día tuviese una gran gravedad, a fecha de hoy cabe calificar de curioso y nos ofrece la medida de la seriedad con la que los doctorandos de la época tenían que obrar en las celebraciones de sus grados.

El rector de la Universidad de Valladolid inició un proceso el 22 de septiembre de 1593 contra Felipe de Vaca Santiago, Alonso de Santiago, Juan Fernández de Talavera, Francisco Martínez Polo, Antonio del Campo y Antonio de Herrera, doctores médicos todos ellos, a los que se acusaba de lo siguiente:
-que en las colaciones para la universidad sólo habían dado dos platos de avellanas con tres libras de confitura, siendo uso y costumbre dar más de cien libras de confitura, conservas y frutas;
-que en la comida había habido muy notables faltas, pues en vez de gallinas dieron “pollos secos” y habían servido vino nuevo en vez de añejo;
-que en la fiesta de toros que ese mismo día se celebró en la plaza de Santa María habían cometido una muy notable falta en los toros, pues en vez de los 24 toros que correspondían según los estatutos, usos y costumbres de la universidad, ya se convinieron 8, y los que dieron no fueron añejos, como se debe, sino terneros y bueyes, ni cumplieron con lo prevenido de que fueran de “Zamora o de otras partes que fuesen de dar e tomar”, sino de Cuéllar y que no eran bravos;
-y que, además, el doctor Juan Fernández de Talavera había hecho soltar dos toros sin correrse, desobedeciendo las órdenes del rector públicamente.

Por todo ello el rector mandó que, preventivamente, se apresase a los doctores en la cárcel pública de la universidad y ordenó que depositasen prendas para provisionar una repetición de la corrida con cuatro toros de Zamora, sus colaciones y demás condenas que se les impusieren.

El proceso, que duró más de un año, concretamente hasta el 7 de febrero de 1595, se siguió en tres instancias: en la propia Universidad, en la Audiencia en grado de apelación y una posterior de revista, en las que se dictaron sus correspondientes sentencias, todas ellas con pronunciamientos distintos, siendo el contenido del fallo de la que terminaría adquiriendo firmeza que se condenaba a los doctores procesados a pagar 100.000 maravedís, que debían abonar: 20.000, el doctor Juan Fernández de Talavera; y los 80.000 restantes, los otros cinco doctores a partes iguales (16.000 cada uno).

(Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 1781-44.)

Respecto al tipo de festejos que se realizaba en estas corridas de toros de los doctorados, por la pompa que se seguía en todos los ceremoniales y por la asistencia de las más altas personalidades de las respectivas ciudades, cabe pensar en que fuesen del tipo caballeresco; si bien también es factible que se tratasen de festejos mixtos, con participación popular en la parte final de la lidia de cada toro. Por otro lado, como los doctorandos formaban parte del cortejo de la universidad que asistía al festejo y éste disponía de palcos especialmente señalados al efecto, se hace difícil imaginar que participasen activamente en él. De hecho, en la corrida de toros que fue causa del proceso antes visto, la documentación sitúa al doctor Juan Fernández de Talavera en el mismo palco que ocupaba el rector de la universidad.

Las celebraciones de los doctorados con corridas de toros, colaciones y demás pompas, que tan onerosas resultaban para los graduados, se mantuvieron en las universidades españoles hasta el siglo XVIII. Y no parece casual que ello coincidiera con la llegada al trono de España de la dinastía Borbón, cuyos primeros representantes fueron contrarios a todo tipo de festejos taurinos.

Así, Fernando VI suprimió las pompas en las graduaciones de doctor de la Universidad de Salamanca por una Provisión de 1752. Tres años después se dictó la misma medida para Valladolid por otra Provisión de 1755. Y en Alcalá de Henares, que es la otra ciudad que se viene citando, varias Reales cédulas dictadas entre 1720 y 1764 fueron prohibiendo vítores, toros y otros festejos y gastos en el nombramiento de catedráticos, así como las vejaciones a los estudiantes forasteros que opositaban a cátedra.
.
.
Lagun
.
.
NOTAS:
……En primer lugar, quiero agradecer al pintor Luís López que aceptase mi proposición de realizar un dibujo original para ilustrar este texto, así como felicitarle por la calidad de su creación; y recomiendo a todos los internautas que entréis en su blog (“Tercio de Pinceles”) para conocer sus obras.
……Y en segundo lugar, por la ayuda y la información que me han facilitado, también quiero dar las gracias a Beatriz Badorrey Martín, Profesora de Historia del Derecho, y a Rafael Cabrera Bonet, Presidente de la Unión de Bibliófilos Taurinos; habituales conferenciantes ambos en jornadas de temática taurina.

..

9/1/11

Almuerzo taurino con café, copa y puro


No fue difícil encontrar un local donde reunirnos en torno a un almuerzo para intercambiar impresiones sobre la actualidad, especialmente sobre la taurina, con la posibilidad de poder fumar tranquilamente y, por tanto, sin que ninguno de los allí reunidos tuviera que salirse a la calle y perderse parte de la tertulia.

Tertulia en la que, por cierto, ocurrió lo que está pretendiendo el vergonzoso Presidente del Gobierno que nos ha caído en desgracia en esta delicada época en la que vivimos. Sobre el tema más importante: la crisis y la desastrosa gestión que de ella está realizando José Luís Rodríguez Zapatero, apenas hablamos. Inevitablemente, por un motivo o por otro, la conversación terminaba derivando hacia las cortinas de humo (y no es una metáfora) que este inepto gobernante lanza cuando le interesa desviar la atención pública. Y, como es fácil imaginar, la que se llevó la palma en comentarios fue la tan manida “ley antitabaco” que en su día impulsara la estiradísima ministra Elena Rottenmeier Salgado y que definitivamente “ha dictado” (esto sí es una metáfora) la adoctrinadora Leire Pajín.

Desde que ocupara el sillón presidencial, “el del talante” se ha comportado cuando le ha interesado como el mayor reavivador de las dos Españas; ya sea en su versión más clásica: izquierda-derecha, ya sea en otras versiones más modernas: fumadores-no fumadores o taurinos-antitaurinos.

Con la prohibición radical de fumar en cualquier espacio público cerrado (amén de algunos abiertos), ha trazado una tajante brecha fronteriza entre fumadores y no fumadores. Y, lo que es más grave, ha colocado en la siempre peligrosa “tierra de nadie” a los dueños y regentes de los establecimientos hosteleros, que son definitivamente los que pagarán las consecuencias de esta nueva prohibición. Claro que: bien empleado les tiene por haber estado, y seguir, tan calladitos.

Ya veríamos cuál sería la reacción del Gobierno si el supuestamente poderoso gremio de la hostelería convocara una semana de cierre de establecimientos a nivel nacional. ¿Prorrogaría Zapatero el estado de alarma y mandaría al ejército a que, cetme en mano, se abrieran bares, restaurantes, discotecas, hoteles...?

Por otro lado, sobre el tema de los toros, sólo cabe calificar de hipócrita la actitud del PSOE, tanto la de su Secretario General como la del resto de los miembros de su cúpula (ya sean del sexo masculino o del femenino, porque me niego a decir aquello de “miembras”). Si Montilla ya se comportó como Poncio Pilatos en el debate sobre la prohibición de los toros en Cataluña, ahora roza el cinismo que José Luís Rodríguez Zapatero, en una entrevista a Onda Cero, haya declarado que él no habría prohibido la Fiesta de los toros en Cataluña. Es una fiesta que tiene tradición, dijo; y añadió que, más allá de que guste o no, no se debería haber prohibido.

¡Tendrá jeta el tío!

Porque ahora el PSOE, con el beneplácito del falsario Zapatero, ha vuelto a sacar su “mejilla” antitaurina y ha incluido a los toros en la sección “violencia con animales” en el Manual de Estilo de RTVE, decretando la prohibición de retransmitir corridas en el ente público. ¡La de todos!

Habría que recordarle sus propias palabras: más allá de que guste o no, no se debería haber prohibido (que muchos aficionados que no pueden desplazarse tengan la posibilidad de ver toros en televisión, por ejemplo).

Es más, en este caso, la hipocresía de la medida queda reflejada en ese mismo Manual, ya que en él se ensalza la relevancia que tiene el mundo de la tauromaquia y su influencia en muchos aspectos socio-culturales.

Zapatero ya vendió los toros en Cataluña por un plato de lentejas llamado Montilla que, al final, ni se lo pudo comer, puesto que los catalanes se lo tiraron a la basura en las elecciones autonómicas. Y, ahora, tras decir públicamente que los toros “es una Fiesta que tiene tradición” y que él no la habría prohibido en Cataluña, los declara “violencia con los animales” y los prohíbe por televisión a todos los aficionados españoles. Porque no hay que olvidar que los toros, le pese a quien le pese, es el segundo espectáculo de masas de España.

Y, mientras los españoles nos enzarzamos hablando de estos temas que nos dividen, sobre los problemas que asolan a toda España nadie dice ni comenta nada. Claro que lo más importante es que en los bares no haya humo. Y, para ello, la Pajín anima públicamente a que se delate a los que fuman. Ella, que fue fumadora (ya se sabe: los conversos siempre son los más radicales). Investiga tú, Pajín, que para eso te pagamos.

Y yo, lo siento, no voy a decir donde tuvo lugar el almuerzo en el que, aromatizados por el humo de nuestros puros, comentamos estos temas. ¿Era un local público? ¿Era un local privado? ¿Existió realmente este almuerzo?

Como dijo el gran Groucho Marx: “Perdonen, ¿les molesta que no fume? Gracias”.

Lagun

4/1/11

Tauroética


Al tiempo del debate que en el año 2010 se desarrollaba en el Parlamento de Cataluña sobre la prohibición de las corridas de toros en su comunidad autónoma, finalmente aprobada después, el filósofo Fernando Savater escribió un ensayo titulado Tauroética.

Los partidarios de la prohibición de las corridas de toros cuestionan su moralidad, principalmente; por lo que el núcleo de la cuestión es, sin duda, de carácter ético, y conlleva que, dejando al margen otros aspectos de tipo sentimental o folklórico, haya que centrar la discusión en el ámbito de la filosofía. Y eso es lo que, precisamente, hace Fernando Savater en este ensayo: trascendiendo incluso del ámbito de la Fiesta, reflexiona sobre la relación de los hombres con los animales.

Dado que se plantean razones éticas en contra de las corridas de toros, como la crueldad o la tortura hacia los animales, el filósofo vasco explica que la ética no trata sobre nuestra vinculación con todos los seres vivos, sino sólo sobre la relación de los humanos con sus semejantes; y lleva a cabo una reflexión en la que analiza como los hombres, históricamente, hemos ido acomodando el mundo de los animales para nuestro servicio y complementar nuestra vida y nuestra civilización en función de nuestros intereses. Y es únicamente en ese ámbito donde dice Fernando Savater que hay que centrar nuestra relación con la animalidad, pues la Naturaleza no entiende de derechos de interrelación entre las distintas especies de animales; simplemente, unos se sirven de otros. Por ello, mantiene que los hombres no tenemos obligaciones morales con los animales, sino únicamente cierta consideración hacia aquellos con los que mantenemos una más estrecha relación simbiótica.

En cambio, parte de la sociedad moderna, no sólo equipara a ciertos animales a los humanos, sino que los convierte en una especie de “seres divinos” a los que hay que respetar por encima, incluso, del resto de los humanos; y lo que pretenden los animalistas es dotarlos de derechos. Eso, al margen de un error, conlleva una gran contradicción en nuestra propia forma de actuar. ¿Reconocemos a las ratas, a las cucarachas o a los piojos el derecho a la vida y a no provocarles sufrimientos; o, por contra, tratamos de exterminarlos de forma inmisericorde? ¿Por qué a unos animales no y a otros sí? Claro que la peor contradicción de todas es la que cometemos en nuestro comportamiento con “nuestras queridas mascotas”. Hablando de pajaritos, hámsters o tortugas, a los que mantenemos siempre enjaulados: “... ¿hay algo peor que ser mascota?”, se pregunta Fernando Savater.

Título: Tauroética.
Autor: Fernando Savater.
Edita: Ediciones Turpial, S.A.
Precio (aprox): 12,00 €.

Un ensayo corto, de fácil lectura y de contenido muy interesante. Además, con un precio muy asequible. Un regalo perfecto para la inminente llegada de los Reyes Magos.


Lagun
.

31/12/10

A por el 2011


La imagen que encabeza esta entrada no es una tarjeta de felicitación al uso. Ni, mucho menos, es alegre. Al fin y al cabo, la situación que actualmente tenemos en España tampoco lo es; ya que, de hecho, y por si alguien lo ha olvidado, estamos viviendo aún en estado de alarma y, por otro lado, nos tienen alarmados nuestros parámetros sociales, laborales y económicos.

Un nivel de paro galopante, la eliminación de subsidios, la rebaja de sueldos, la subida de impuestos y el aumento inmisericorde de los precios, incluido el escandaloso de la luz, conforman una serie de vectores que rompen el suelo de las economías familiares de nuestro país y nos sumergen en un nuevo horizonte, decadente y cada vez más sombrío. Además, para remate, el retraso de la edad de jubilación y el aumento del número de años de cotización para el cómputo de la pensión.

Un amigo me ha deseado, directamente, un “Feliz 2015... ó 2017”, que son los años donde Rodríguez Zapatero ha resituado recientemente el desarrollo de sus flemáticos brotes verdes. Claro que, primero, y en base a muchas “tacitas de café”, habrá que afrontar el inminente 2011.

Será un año difícil, pero estoy convencido de que los días que vayamos de encierro sí que serán gozosos. Él, el Toro, se entregará y nos lo dará todo.

Junto a esos momentos, para todo el conjunto del año, os deseo que no os falte trabajo, que la salud os respete y, a ser posible, un...

.............................¡¡¡ FELIZ 2011 !!!
.
.
Lagun
.

20/12/10

El culto al Toro en Grecia


Desde el 2600 a.C., aproximadamente, la mayor parte del área geográfico del mar Egeo ya se encontraba bajo la influencia de la primera civilización europea, la minoica, que tuvo su asiento en la isla de Creta y, desde allí, controlaba gran parte de las islas y de la zona costera del continente.

Fue hacia el 1800 a.C. cuando un pueblo indoeuropeo, denominado por la tradición como los aqueos, se adentró desde el norte en la península balcánica, se extendió hasta el Peloponeso y, tras dominar a sus habitantes primitivos, creó la civilización micénica; llamada comúnmente así porque fue en la ciudad de Micenas donde erigió su reino más importante.

Ambas civilizaciones llegaron a coexistir, pero en el 1450 a.C. desapareció la minoica por causas aún no concretadas con exactitud, y fue la micénica la que pasó a ostentar la supremacía en toda la región. Incluso, según las narraciones épicas, los aqueos llegaron a controlar el estrecho de los Dardanelos, en la costa del Asia Menor, al triunfar las tropas que comandaba el rey Agamenón de Micenas en la guerra de Troya.



Según algunos tratadistas especializados, hubo otros pueblos indoeuropeos que, al tiempo, también fueron asentándose en distintas zonas de la península balcánica; como los jonios, que se afianzaron en el Ática, y los eolios, que lo hicieron en Tesalia.

El dominio de los aqueos debió durar hasta el 1200 a.C., pues fue por entonces cuando los dorios, otros indoeuropeos más, se internaron desde el norte y se impusieron, entre otras circunstancias, gracias a que ya dominaban la técnica de la fundición del hierro y su armamento era notablemente superior al de bronce de los aqueos. El lugar principal de asiento de los dorios fue el Peloponeso, y Esparta su ciudad más importante.

Resulta difícil determinar si la entrada de cada uno de estos pueblos fue determinando el desplazamiento de los anteriores o si, como parece, hubo algún grado de fusión poblacional. Pero, en todo caso, fue bajo esas bases tribales como se fue formando la población helena.

La configuración que adoptaron sus sociedades en un primer momento fue la de unos reinos independientes, que comprendían la comarca dominada con una ciudad como eje central. Y la forma de gobierno evolucionaría desde esas primeras monarquías a un poder ejercido por oligarquías de aristócratas que, luego, derivaron en las denominadas “tiranías” y finalizaron en la mayoría de los casos con regímenes basados en la democracia, siendo Atenas el motor y el ejemplo de este último tipo de gobiernos.

La civilización griega protagonizó un proceso de expansión por todas las zonas costeras del Mediterráneo, lo que dio lugar a la fundación de un gran número de colonias que contribuyeron en la difusión de la cultura helena y, como parte de ella, de su religión.


Aspectos generales de la religión en Grecia

Los habitantes primitivos de la península balcánica y de las islas del mar Egeo tenían una cultura mediterránea, eran agricultores y, por ello, oficiaban ritos de fertilidad y rendían culto a divinidades relacionadas con el cultivo de la tierra. En cambio, todos los pueblos que fueron invadiendo la región eran de cultura indoeuropea y su panteón divino se componía de dioses celestiales. Así, la religión griega se fue conformando en un largo proceso de fusión entre ambos tipos de culto, y se caracterizó finalmente por ser politeísta, pues se rendía culto a numerosos dioses, y también por ser antropomórfica, pues se representaba a los dioses con forma humana y se les dotaba de las mismas características, virtudes y defectos que los hombres; salvo su inmortalidad y sus poderes sobrenaturales.


Entre los principales dioses de la religión en la Antigua Grecia hay que destacar a Afrodita, Apolo, Ares, Artemisa, Atenea, Demeter, Dionisio, Hades, Hefesto, Hera, Hermes, Hestia, Poseidón, y, sobre todos ellos, Zeus: el dios supremo; soberano de los dioses, de los hombres y del mundo. Todos ellos residían en la cumbre del Olimpo, la montaña más alta de Grecia. Además, en un grado inferior a estos dioses mayores, también había una serie de divinidades secundarias y, por otro lado, unos héroes, todos ellos mortales, entre los que cabe destacar a Hércules, Teseo, Icaro o Perseo.

Otra de las características de la religión griega es que careció de un libro sagrado y, por ello, que no era dogmática. Lo que sí tenía era una serie de mitos y leyendas respecto a la naturaleza del mundo y sus orígenes, sobre los cultos religiosos y prácticas rituales que oficiaban a sus dioses, así como sobre las memorables acciones de los héroes antes citados. El conjunto de esos mitos y leyendas conforma la denominada mitología griega.

Dado el marcado antropomorfismo de la religión en la Antigua Grecia, en su panteón divino no aparece el Toro como uno de sus dioses. Y, al contrario de lo que ocurría en otras religiones de la antigüedad, en la generalidad de las divinidades griegas tampoco encontramos ya la conjunción, combinación o confusión de figuras hombre-toro. Ahora bien, en la mitología sí hay pasajes en los que el dios Dionisio aparece con figura de toro, para relacionarlo con el concepto de fecundidad; o Eros adornado con un toro; o Poseidón asociado al caballo y al toro, para relacionarlo con el concepto de potencia; y no se debe olvidar que uno de los atributos de Zeus era el Toro, como símbolo de poder y fecundidad, y que para raptar a Europa adoptó la figura de un toro blanco.

Lo que sí resulta muy frecuente en la mitología griega es encontrarnos a toros en las acciones de los dioses y en las hazañas de los héroes; o asociados al concepto de belleza e inspirador del amor en la mujer; o, incluso, como seres mitológicos, individualmente hablando. Son múltiples los mitos al respecto, pero podemos encadenar varios de ellos para encontrar todos esos supuestos.


Minos, que era hijo del dios Zeus y de Europa, pidió apoyo a Poseidón para que fuese él, entre todos sus hermanos, el elegido a suceder al rey de Creta Asterión. Poseidón le ayudó, y Minos le prometió en señal de agradecimiento que sacrificaría al animal que el dios eligiese. Entonces, Poseidón hizo surgir del mar a un hermoso toro blanco, pero Minos quedó maravillado del animal y, olvidando su promesa, lo ocultó entre su rebaño y sacrificó a otro toro.

Al enterarse, Poseidón se llenó de ira y decidió vengarse de Minos a través de su esposa, Pasifae. Para ello, Poseidón inspiró en Pasifae un incontenible deseo por el toro blanco; y la reina, para satisfacer su pasión, recurrió a Dédalo, quien construyó con madera una figura de vaca hueca para que se introdujese en ella Pasifae y, de esa manera, pudiese ser montada por el toro blanco. El resultado de esa relación zoofílica fue que Pasifae quedó encinta y parió un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro: el Minotauro.

Dada la monstruosidad del ser, así como su maldad y voracidad por la carne humana, el rey Minos mandó a Dédalo que construyese un intrincado laberinto en cuyo centro encerraría al Minotauro para que no pudiese salir de él.

Al tiempo, un hijo de Minos fue asesinado en Atenas después de quedar campeón en una competición olímpica. En venganza, el rey de Creta atacó a Atenas, y ésta se rindió. Entre las condiciones que impuso Minos para aceptar la rendición fue que Atenas entregase a Creta un tributo anual consistente en siete jóvenes y siete doncellas como sacrificio para el Minotauro.

Cuando correspondía la tercera entrega del tributo, un hijo del rey de Atenas llamado Teseo se ofreció voluntario para ser uno de los jóvenes ofrecidos al Minotauro y, así, poder enfrentarse a él y tratar de matarlo. Una vez que Teseo fue conducido a Creta, se enamoró de él una hija del rey de Minos, Ariadna, y planeó una estrategia para ayudar a su amado a matar al Minotauro y poder regresar del interior del laberinto. Así, Teseo ató a la puerta del laberinto un cabo del ovillo de hilo que le había dado Ariadna y, después, se introdujo en su interior. Una vez que se encontró con el Minotauro, Teseo se enfrentó a él y consiguió matarlo con una espada mágica que también le había dado Ariadna. Después, recogiendo el hilo del ovillo, consiguió realizar el camino de vuelta y salir del laberinto.


Son varias las leyendas que ya han quedado encadenadas en el anterior relato, pero aún se puede enlazar una más, en la que el protagonista es el máximo exponente de los héroes de la mitología griega: Hércules.

Uno de los doce trabajos encomendados a Hércules fue capturar al Toro de Creta, que era, precisamente, el hermoso toro blanco con el que se apareó Pasifae y que, después de aquel suceso, fue enloquecido por Poseidón y comenzó a causar estragos por toda Creta.

Hércules y el Toro de Creta – Louis Tuaillon


Hércules se trasladó a Creta y, tras obtener el permiso del rey Minos, buscó al toro por la isla. Una vez que le localizó se enfrentó a él y, agarrándolo por los cuernos, consiguió inmovilizarlo y someterlo. Después, cargándoselo sobre las espaldas, lo llevó al continente, a la ciudad de Micenas, para entregárselo a Euristeo. Éste, al ver su ferocidad, lo dejó libre, y el toro comenzó a causar daños allá por donde iba. Tras cruzar el istmo de Corinto, el toro llegó a la llanura de Maratón, donde finalmente le mató el héroe ateniense Teseo.


Al igual que ocurría en el mito del rapto de Europa por parte de Zeus, en el de Pasifae se nos está presentando al toro asociado a una divinidad, en este caso a Poseidón, y como exponente de potencia fecundadora.


Sacrificios de toros en la religión griega


A modo de simples apuntes de todo lo recogido por Francisco J. Flores Arroyuelo en su libro “Del Toro en la Antigüedad: animal de culto, sacrificio, caza y fiesta”, cabe decir que el Toro perdió entidad como divinidad en el proceso de fusión entre la religión de los habitantes más primitivos de Grecia y la de los pueblos indoeuropeos que la fueron invadiendo, pero se mantuvo asociado mitológicamente con Zeus, Poseidón, Eros o Dionisio como vestigio de su antigua categoría de deidad.

Ahora bien, aunque perdiese la categoría específica de divinidad, el toro siguió siendo un animal venerado en la región griega, ya que su ritual más frecuente e importante fue el de los sacrificios y, en ellos, el toro se mantuvo como la ofrenda preferida de los dioses.

Esa catalogación del toro, lejos de ser banal, tiene una gran importancia religiosa. El sacrificio era un eslabón que unía al hombre con la divinidad, al considerarse, por un lado, como un ritual de purificación, en el que se entregaba una víctima expiatoria para apartar las impurezas o los males de la comunidad; y, por otro, como un ritual de comunión, en el que a la víctima, al toro en nuestro caso, no sólo se la otorgaba carácter sagrado, sino que se la identificaba con la divinidad para que los fieles, al alimentarse con la carne del animal sacrificado, pasaran a unirse con dicha divinidad.

A veces, incluso, se llegaba al extremo de comerse la carne cruda, como aparece en rituales orgiásticos dedicados al dios Dionisio y como queda descrito en la tragedia de Eurípides Las Bacantes.

El hecho de que los griegos considerasen que el animal inmolado pasaba a la esfera de lo sagrado resulta más evidente, si cabe, con el análisis de Martin P. Nilsson en su obra “Historia de la Religión Griega”, donde expone que: si bien la carne del animal, como materia corrupta, la consumían los fieles, pues los hombres son mortales y también están condenados a la putrefacción; la osamenta del animal, como no se descompone fácilmente, se consideraba que pertenecía a los dioses porque eran inmortales, y era a ellos a quien se ofrecía esa parte del animal, ya fuese en enterramiento o en incineración.

Y, si había ocasiones o ritos concretos en los que los animales elegidos podían ser cerdos, corderos, carneros o perros, el preferido por los griegos para los sacrificios fue, sin duda alguna, el toro. De hecho, en el sacrificio más famoso de todos, denominado “hecatombe”, se llegaban a inmolar hasta cien reses.


Las celebraciones taurinas en Tesalia

Relieve de Taurokathapsia - Ashmolean Museum de Oxford


Sabido es que en la isla de Creta hubo unas celebraciones taurinas durante el II milenio a.C en las que jóvenes practicaban arriesgados saltos de toros. Lo que ya no es tan conocido a nivel popular es que, unos mil años después, en Grecia también hubo celebraciones taurinas. Tomando como fuente un estudio de don Manuel Serrano Espinosa, profesor titular de la Universidad de Alicante, vamos a conocer los festejos taurinos que en la Grecia Clásica se celebraban en la región de Tesalia.

No se conoce la denominación exacta de los juegos taurinos de Creta; en cambio, gracias a la documentación de la época clásica de Grecia, sí sabemos que la tauromaquia de Tesalia recibía el nombre de “Taurokathapsia”. Y, en lo que respecta a su cronología, las piezas numismáticas que se han conservado indican que la taurokathapsia de Tesalia tuvo lugar a principios del siglo V a. C., y no se descarta que incluso se remontara al siglo VII a.C.

La taurokathapsia de Tesalia era una modalidad de festejo taurino diferente a los saltos del toro. En primer lugar, no se trataba de saltadores a pie, sino jinetes que, a lomos de sus cabalgaduras, encelaban a los toros con carreras y requiebros que tenían la intención de minar las fuerzas del animal para, después, poder saltar desde el caballo al cuerpo del toro y, agarrándole por la cornamenta, tratar de derribarlo y quebrarle el cuello. Una vez concluido el lance, la cabeza del toro era ofrecida a la divinidad local como símbolo de poder y ofrenda de fertilidad.


El testimonio literario más antiguo de la taurokathapsia de Tesalia lo tenemos en Eurípides; aunque es una referencia indirecta, ya que sólo menciona las habilidades de los tesalios en la doma de caballos y en el sacrificio de los toros. Heliodoro, en cambio, nos ofrece una versión más pormenorizada de la celebración. La sitúa en Etiopía, pero el protagonista es un tesalio de nombre Teagenes que logra derribar al toro, y después, ante un público enfervorizado, se presenta ante el rey etíope Hidapes para pedir, y obtener, la mano de su hija.

Otro testimonio es el de Artemidoro, que preconiza un origen jonio de la taurokathapsia. Según dice, llegaron desde Éfeso (ver el mapa de la segunda imagen) y se expandieron por el Ática; aunque también aclara que el lugar donde destacaron fue en Larisa, en Tesalia. Platón, por su parte, describe una ceremonia similar procedente de Tracia, en la costa norte del mar Egeo.


Las inscripciones que se conservan constituyen un grupo esencial para el estudio de varios aspectos de estas celebraciones. Paradójicamente, las primeras que nos atestiguan su existencia no proceden de Tesalia, sino del Asia Menor (lo que podría sugerir cierta coincidencia con lo afirmado por Artemidoro). Ahora bien, el grueso de las inscripciones con esta temática pertenecen a la región de Tesalia. Y es muy destacable que todas nos indican que las taurokathapsias se encontraban ligadas a cultos locales y adscritas al ámbito religioso.


Por otro lado, la Numismática nos proporciona varios ejemplos de la popularidad que estos juegos adquirieron en la Tesalia de la época clásica. La mayoría de las monedas datan del período 480-400 a.C.; dato importante porque nos indica la antigüedad de tales celebraciones. En las monedas podemos observar un esquema que se repite con asiduidad: una de las caras representa al joven jinete en el instante que agarra al toro por los cuernos e intenta pasarle una especie de banda entre la cornamenta, mientras que en el reverso aparece el caballo galopando sin jinete con la inscripción del topónimo "Larisa".


En el reverso de algunas monedas aparece la imagen de la divinidad Zeus Eleutherios, lo que prueba su adscripción a festividades religiosas donde se honraba a Zeus Eleutherios, y también a Poseidón Taurios.


Por último, indicar que se conservan dos relieves con representaciones de taurokathapsias. En uno de ellos, procedente de Esmirna, y que se conserva en el Ashmolean Museum de Oxford, se muestra una escena completa dividida en sus distintas fases: las carreras y quiebros a caballo, el salto del jinete para asirse a los cuernos del toro y el desenlace final, con el toro ya derribado. En cambio, en el otro relieve, que se conserva en el Museo de Arqueología de Estambul, sólo se muestra el momento en el que el jinete se ha lanzado desde su montura y está agarrado a los cuernos del animal.


Sin duda, la taurokathapsia de la época clásica de Grecia difiere de la tauromaquia cretense en varios aspectos de su realización, y no se puede decir que tenga su antecedente directo en Creta, pero sí existe un elemento común: todos los documentos hallados hasta el momento nos hablan claramente que los certámenes taurinos se hallaban adscritos en la época clásica a festividades y cultos de carácter religioso, lo que confiere a estas celebraciones un carácter que supera el ámbito del mero espectáculo deportivo o profano.
.
Lagun
.
.
Off topic: dada la proximidad de las fiestas de Navidad, les quiero desear a todos unos días de paz, felicidad y, con los tiempos que corren, de trabajo.

...............¡¡¡Feliz Navidad!!!
.
.
Y, como es obligado, ruego a los propietarios de los derechos de autor de las imágenes que he publicado con este texto que me permitan mantenerlas, pues con esta bitácora no tengo fines lucrativos, y el hecho de haberlas incluido se debe únicamente a querer facilitar su conocimiento a los usuarios de esta página para una mejor comprensión del texto.
..