20/10/08

Desde otro prisma

Tiempo atrás pedí a “Media Verónica” que me escribiera un texto sobre encierros. No recuerdo si, al comentárselo, me referí o no a algún encierro en concreto o si la pedí que se ciñera a algún aspecto determinado. El caso es que hace meses me mandó un texto; y que el texto me gustó. Me gustó especialmente su enfoque: nos narra lo que ella vio y sintió una mañana de sanfermines en la hora y media que transcurre desde que salió del piso camino del encierro hasta pocos minutos después de terminar la carrera.

Yendo camino del recorrido, recién despertada, las sensaciones surgen a golpe de flash, son básicas y, según llegan, se procesan y asimilan; sin más. Luego, ya en el recorrido, mientras espera a subir al balcón desde el que ella vería pasar el encierro, los sentidos se la van agudizando y llega a captar hasta matices en el semblante y el ánimo de los corredores. La carrera... tal y como es. Y, por último, una lección de persona inteligente: no se conforma con ver, quiere aprender, necesita comprender todo lo que ve.

Aclaro que el texto no tiene título. El que veis arriba corresponde a toda la entrada. Espero que os guste. ¡Seguro que sí!


“Son las siete menos diez de la mañana y echamos a andar, calle adelante, casi sin hablar. No sé por donde me llevan, veo portales en una acera muy ancha, paradas de autobuses que no pasan. Gente sola y aprisa con la cara gris y las manos en los bolsillos. Hace fresco para ser verano. Se nota que vuelven. Es muy pronto. Paramos a tomar un café para llevar algo en el cuerpo. El sitio es un bar moderno que parece un pub. Se nota que no ha cerrado en toda la noche. Me voy despertando.

Seguimos caminando, se me está haciendo largo. Llegamos a un parque donde parece que han vaciado sus entrañas todos los camiones de la basura del mundo. Hay bolsas de plástico de todos los colores, botellas y envases vacíos repartidos por toda la extensión de césped. Gente dentro de sacos de dormir tirados en medio. Son cadáveres después de una batalla. Los empleados de la limpieza han llegado y se afanan en cargar la mierda en espuertas hasta los contenedores. Huele a alcohol pasado y orines. Cerca resuena la música de una discoteca de la que salen cuerpos (de élite o bucaneros de la juerga).

Llegamos a la zona de los puestos callejeros donde siguen vendiendo camisetas y objetos de todo tipo. Nos ofrecen el periódico comarcal. Grupos de adolescentes todavía con ganas de beber y cantar. No se han acostado aún.

No nos detenemos. Cruzamos hasta delante de la iglesia donde duerme el Santo. Nos acompañan las botellas vacías y el olor ahora es más intenso. Entramos en el casco antiguo de Pamplona. Nos cruzamos con personas que llevan la actividad opuesta, ellos vuelven, nosotros vamos. Son formas distintas de verlo.

Por fin llegamos al recorrido después de atravesar la talanquera donde un guardia se afana en buscar señales en la gente que le hagan separar a los que tienen que estar al otro lado.

Me gusta pisar el empedrado de la calle limpio y brillante de agua. La luz del amanecer se va haciendo protagonista.

El grupo de corredores, ¡ahí está! Conozco a casi todos, nos saludamos. Hay besos, abrazos y manotazos amistosos entre ellos, como si se despidieran antes de emprender un largo viaje.

Entonces comprendo que estoy en un punto mágico y me siento privilegiada. Es como si estuviera en medio del vestuario donde se concentran los jugadores antes de salir al encuentro deportivo.

Estoy allí, entre todos ellos, esperando a que me abran la puerta del portal de la casa de enfrente donde voy a subir. ¡Me van a dejar ver el encierro desde un balcón! No me lo puedo creer.

Pasan los minutos y mis sentidos se agudizan, van llegando más y más corredores, reconozco a mucha gente. Siento que algo está cambiando en el ambiente. Hay tensión. Pasa una pareja de guiris de la manita, con sus pantalones cortos y su cámara de fotos, están fuera de sitio. Yo también me siento así, como si estuviera profanando un ritual de iniciación que no comprendo.

A lo lejos se oyen los cánticos al Santo, quedan pocos minutos para que salten los toros desde el corral. Lo había visto siempre en la tele pero ahora lo siento de cerca, me doy cuenta de lo estrecha que es la calle y lo empinada que está. Llega hasta mis oídos el runrún de la gente que está esperando desde mucho antes para verlo.

Algo pasa de repente: hay un olor especial. Es producto de unas palabras: miedo y emoción, y se va concentrando a nuestro alrededor. Está creciendo. Es como la densa atmósfera antes de la tormenta. No se ve pero se siente.

Ya no son palabras, han explotado y todo el significado que llevan dentro empapa como una lluvia fina las casas, el empedrado, los balcones, los ojos de la gente. Todo. Mis amigos y los que me rodean están calados hasta los huesos. Acaban de transformarse a mis ojos. Ahora los siento como corredores de encierros y soy consciente de sus movimientos nerviosos, sus besos a la medalla que llevan en el cuello, sus miradas perdidas y sus conversaciones aceleradas. Son tensos los gestos que les delatan. Se van dispersando calle arriba para alcanzar el sitio donde van a iniciar la carrera con los toros. Pienso en el riesgo.

Deseo suerte con mucha fuerza y mucha fe, no sólo para que tengan una oportunidad de hacer una buena carrera y pillen toro (hay mucha gente en el recorrido) sino también para que no les pase nada. La verdad me importa más esto último.

Me importa especialmente la suerte de un corredor.

Tengo demasiada presión a mi alrededor, necesito que me abran el portal ya y ponerme a salvo. Pienso en que yo no voy a correr el encierro y tengo mucha angustia con todo lo que he visto y sentido. Así que ¿cómo no deben de estar pasándolo esta gente?.

Por fin subo al piso, saludo y agradezco el ofrecimiento a las personas que amablemente me han abierto la puerta de su casa. Me asomo a uno de los balcones y la vista es impresionante.

Comparto el balcón. Una de las mujeres que me acompañan rompe a llorar, quedamente. No le pregunto por no importunar el silencio de sus lágrimas.

Dos minutos después suena el chupinazo.

En un instante pasa todo. Casi no te da tiempo a ver como ocurre, los toros suben la cuesta como un vendaval. Me pregunto qué clase de personas son los corredores para poder echar a correr de esa manera, casi sin ver. Yo necesito ver la película de un encierro varias veces para darme cuenta de lo que ha pasado y a ser posible a cámara lenta.

Mi admiración crece.

Ha pasado todo, me despido y bajo las escaleras con el corazón acelerado. ¿Le habrá pasado algo malo? me pregunto. Alcanzo la calle y camino aceleradamente. Hablo con los corredores que me voy encontrando por el recorrido, me siento descortés por no quedarme más tiempo de conversación pero estoy muy nerviosa. Hay mucha gente que no me deja pasar y yo quiero ir más aprisa. Los de la Cruz Roja atienden a alguien en el suelo. Sigo calle arriba. Por fin le veo, de lejos, está entero. Intento relajarme, yo no he corrido el encierro y pienso que no tengo derecho a estar tan nerviosa. Le alcanzo y le pregunto. Con su mirada me responde. Le quiero.

Vamos hasta la esquina donde están llegando los demás corredores. Necesitan beber mucha agua. Están muy excitados. Se suceden los relatos de las pequeñas batallas que han experimentado. Alguno es pródigo en su relato y se me hace incomprensible como pueden ver todo eso que cuentan con tanto detalle en tan poco tiempo, casi en décimas de segundo.

Se suceden las felicitaciones y las explicaciones. Observo como traen la ropa. Cada uno con su camiseta especial y única, con la que corren siempre los encierros. Les distingue y les da suerte Alguno se ha rozado los codos, las rodillas otro. También los hay con algún chichón.

Me siento muy honrada cuando me dejan compartir el significado de todo esto.

Y no dejo de aprender y de agudizar mis sentidos porque necesito comprenderlo. Así es como he ido viviendo los encierros taurinos y como se me han ido metiendo en el cuerpo, poco a poco pero intensamente. Y lo llamo mi enfermedad. Claro que alguno está mucho más grave que yo.

Mi infinita gratitud al “Cruzado” por haberme abierto los ojos a este mundo de los toros. No dejo de aprender todo lo que me enseña.

Gracias a todas las personas que he conocido y me han hecho pasar momentos inolvidablemente intensos.

Gracias por la pasión."

"Media Verónica"

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(NOTA: Respecto a la foto incluida en esta entrada, tengo que reconocer que es una de esas fotos que te bajas un día de internet y luego, por más que la buscas, no vuelves a dar con ella; por lo que pido disculpas al propietario de los derechos de autor. Aún así, le ruego que me permita mantenerla)

14/10/08

¡Te odio, Telecinco!

No había habido encierro ni la gente con la que quedé eran corredores, aunque sí aficionados a los toros; fue la aparición de las primeras setas de la temporada lo que sirvió de excusa para que cuatro amigos quedáramos para salir al campo y preparar un almuerzo después.
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El campo fue generoso con nosotros. Recogimos setas más que suficientes para cocinar un primer plato con ellas, salteándolas con ajo y perejil, y destinar otro buen puñado a una caldereta de cordero.
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Durante el almuerzo y la larga sobremesa que siguió después apenas hablamos de encierros, y de toros sólo un poco. Finalmente, la conversación terminó derivando por los derroteros del automovilismo, pues Telecinco empezó a emitir la repetición del Gran Premio de Japón de F1: que si Alonso por aquí, que si Hamilton por allá; que si Ferrari, que si Renault...
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Una vez terminada la carrera, nos disponíamos a pedir unas cartas y unos chinos para echar un mus, cuando en la pantalla apareció la imagen de José Ribagorda presentando el informativo del fin de semana y entre los titulares: ¡Zas! Unas imágenes sueltas de bous al carrer en las que sólo salían cogidas mientras una voz en off decía algo sobre Paterna.
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Lancé un improperio, muy gordo, y me dirigí a la mesa donde íbamos a jugar para elegir la silla que mejor me permitiría controlar la televisión.
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Cuando ya iban muchos minutos de informativo y mi compañero y yo teníamos encarrilada la primera vaca, comenzaron a ofrecer la noticia que a mí me interesaba, por lo que pedí a la mesa que paráramos un momento para escucharla.
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La noticia daba cuenta de la polémica que se ha creado en Paterna (Valencia) a raíz de la decisión del Ayuntamiento de convocar desde el día 3 de noviembre y vía internet una consulta popular entre los censados en la localidad para que manifiesten su opinión respecto a si desean o no que en las fiestas se celebren bous al carrer.
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Como suele ser habitual en Telecinco, con la noticia se ofrecía una cascada de imágenes donde predominaban de forma muy mayoritaria las cogidas de aficionados, ¡viva la objetividad!, y todo ello bajo un “muy bien pensado y escogido” título: Toros sí o no.
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Seguimos con el mus, pero entre juegos y vacas comentábamos la noticia.
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Aquellos que me conocen saben de mi aversión a la televisión en todo lo que se refiere a los encierros en particular y los festejos taurinos populares en general. Un motivo de base para que no desee la retransmisión de encierros, festejos taurinos populares y, por extensión, costumbres de una concreta localidad es que su difusión provoca que aquello que sólo es una costumbre local se termina universalizando y, con ello, que tanto en su evolución lógica como en los debates polémicos se abra el abanico de intervención y se desvirtúe el proceso de cambio, pues lo que se debería dirimir únicamente en su propio foro local se termina decidiendo en un foro globalizado y ajeno a dicha costumbre.
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Pero, además, no hay que olvidar que la televisión es el medio de comunicación con mayor índice de audiencia y que la línea editorial de un programa, especialmente de los emitidos en “prime time”, puede llegar a mediatizar la conformación del pensamiento de la audiencia; especialmente cuando se utilizan imágenes impactantes de acompañamiento.
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Y, por otro lado, hay que resaltar que las cadenas de televisión son entes generalmente privados, con ánimo de lucro y que adoptan sus decisiones en función de la audiencia y pensando en su único y exclusivo beneficio. Puntualización ésta que alcanza una mayor significación cuando una cadena decide utilizar el morbo de forma esporádica y mucha mayor aún cuando lo hace de forma habitual.
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Así, son muchas las ocasiones en las que distintas cadenas de televisión han ofrecido imágenes, reportajes o noticias de encierros y otros festejos taurinos populares que han hecho mucho daño a nuestra afición.
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A modo de ejemplo, no puedo olvidar el reportaje emitido hace unos años por Telemadrid con ocasión de los encierros de Móstoles o la emisión por Antena 3 de las imágenes del último montón en el encierro de San Sebastián de los Reyes repetidas, ralentizadas y con círculo de detalle.
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Pero si hay una cadena de televisión que se viene significando desde hace años por sus ataques contra los festejos taurinos populares es, sin duda alguna, Telecinco.
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¿Qué decir del programa “El buscador” o de su sucesor “Está pasando”?
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Y de un programa chabacano siempre te puedes esperar unos contenidos indocumentados, morbosos y repugnantes, pero lo que ya no resulta de recibo es la línea editorial del Director de Informativos de Telecinco.

Pedro Piqueras, a quien desde hace años se le otorga un “parecido razonable” con Chucky, “el muñeco diabólico”, aprovecha todas las ocasiones en que dispone de un vídeo con algún tipo de percance para lanzar ataques despiadados contra los encierros y los festejos taurinos populares en el Informativo de noche que él dirige y presenta.
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¿Cómo se puede calificar de buen periodista, o simplemente de profesional, a un director de informativos de una cadena nacional de televisión que en el noticiario de máxima audiencia, en “prime time”, ocupa parte de su preciado tiempo en ofrecer una cogida en un encierro (con los debidos respetos a los heridos que ahí han aparecido)?
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¿Cómo se puede entender eso, no ya en cualquier fecha, en unos tiempos en los que existe una crisis financiera a nivel mundial que pasará a los libros de historia y por la que cada día surgen decenas de noticias al respecto?
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¿Cómo se puede restar tiempo a un noticiario de difusión nacional con un percance en un encierro que afecta a una única persona (con los debidos respetos también) cuando en España ha ascendido la cifra de parados en el mes de septiembre a 2.625.368 personas?
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¿Por qué Pedro Piqueras odia tanto a los encierros y a los festejos taurinos populares?
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En fín, no preguntaré sobre la objetividad e imparcialidad de las imágenes que se volcaron con la noticia de la consulta popular de Paterna, ya que la respuesta la dan ellas mismas, pero sí quiero preguntar: ¿qué criterio siguieron Pedro Piqueras, Director de Informativos de Telecinco, y José Ribagorda, Editor y Presentador de Informativos del Fin de Semana de esa misma cadena, para después de nueve días y dos fines de semana dar el 12 de octubre una noticia que era del día 3? Quizás la respuesta tenga algo que ver con que acababa de terminar la repetición del Gran Premio de Japón de F1, que es uno de los momentos del fin de semana con mayor audiencia de esa cadena.
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Al margen de las respuestas a esas preguntas, una cosa es evidente: la cadena Telecinco tiene declarada la guerra a los encierros y, por extensión, a los festejos taurinos populares. Y, lógicamente, desde esta modesta bitácora no puedo luchar contra ese gigante de la información, pero sí puede manifestar mi malestar con su línea editorial al grito de:
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¡TE ODIO, TELECINCO!
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Y lo que también puedo hacer desde aquí es mostrar mi apoyo a los partidarios de los bous al carrer en Paterna:
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¡¡¡VISQUEN ELS BOUS AL CARRER!!!

(...)Post-entrada: la información sobre cómo terminó la partida de mus no es relevante, pero a lo mejor la ofrecen Pedro Piqueras o José Ribagorda.

10/10/08

El toro bravo

Octubre es un buen mes para que todos los corredores de encierros adquieran un libro.

Según vaya avanzando el otoño se irán reduciendo los días que tendremos para correr encierros, pasaremos muchas más horas en casa y leer un libro es una de las mejores recomendaciones que puedo hacer para el tiempo libre que iremos teniendo.

Apuntad éste para aumentar vuestra biblioteca: “El toro bravo”, de Álvaro Domecq y Díez.

El autor de este libro creció entre los toros de la ganadería de su padre, Juan Pedro Domecq Núñez de Villavicencio, y vivió entre los toros de su propia ganadería, Torrestrella, por lo que se puede asegurar que atesoró en vida conocimientos y méritos más que sobrados para poder escribir sobre el toro bravo en el campo.

El libro que os apunto resulta muy interesante, ya que refleja la vida del toro bravo desde que nace hasta que es incluido en el lote de una corrida: el nacimiento de los becerros, el destete, el herradero, los tentaderos, la vida del toro en el campo, las peleas, el lenguaje de los toros, el apartado, etc. Además, también trata otros asuntos relacionados con las ganaderías de bravo: temas clásicos, como los sitios y condiciones de una finca, y más actuales, como la investigación científica.

Al margen de las ideas de don Álvaro Domecq sobre algunos temas de índole personal, como los criterios de selección, que pueden ser compartidas o no por los lectores, el conjunto de la obra resulta muy didáctico para todo aficionado y, especialmente, para aquellos que desean empezar a adquirir conocimientos sobre la vida del toro bravo en el campo.

Espasa-Calpe editó por primera vez este libro en 1985 y la histórica portada con la que encabezo esta entrada es, cuando menos, la correspondiente a la cuarta edición, de marzo de 1987, cuyo diseño es de José Fernández Olías e incluye una fotografía de Arjona. Lo digo a efectos de rogar a quien posea los derechos de autor que se me permita mantener dicha reproducción, ya que con esta bitácora no tengo fines lucrativos. Y también para advertir a los interesados en adquirir el libro que las últimas ediciones de esta obra aparecían con una cubierta distinta, tal y como se puede comprobar en el catálogo que aparece en la web de la editorial.

Título: El toro bravo
Autor: Álvaro Domecq y Díez
Edita : Espasa-Calpe
Precio (aprox): 20,00 €

(...)

Añorando a un amigo, dejo hoy esta amplia NOTA:

Habitualmente dedico este espacio de cada entrada para dejar constancia de mi gratitud a las personas que me han ayudado, apuntar las autorías de las fotografías que he publicado y solicitar a los propietarios de los derechos de autor que me permitan mantener dichas reproducciones. Pero en esta entrada ya he cumplido con ese compromiso en el último párrafo de la misma, al que me remito, porque hoy quiero dejar este espacio para realizar un pequeño comentario a raíz del fallecimiento de un gran corredor de encierros ocurrido el pasado día 7 de octubre.

Es sabido que todos los años tenemos que lamentar la pérdida de varios compañeros en este ancestral rito y, como todos se merecen un homenaje y siempre podría ocurrir que alguno quedara en el olvido por falta de noticias, al abrir esta bitácora decidí que todos los años publicaría en el mes de noviembre una entrada con un homenaje conjunto a todos los corredores de encierros fallecidos y que no haría reconocimientos particulares a lo largo de cada temporada.

Pero la desgracia ha querido que ya en el primer año de singladura haya tenido que volver a meditar la decisión que tenía tomada.

Aunque soy consciente de que puede ocurrir, cuesta creer que sea uno mismo o alguien conocido quien vaya a tener la desdicha de perder la vida corriendo en un encierro; pero esta vez el infortunio ha recaído demasiado cerca, en un corredor por el que sentía un gran afecto, en un amigo: Iván Moreno Báez (a quien apodaban “Buty”, aunque en mi cuadrilla le llamábamos el “Pinky”).

De ahí mi desazón y mis dudas.

Pero, a la vez que pensaba en Iván, no podía olvidar que en la corta trayectoria de esta bitácora ya había habido más casos de corredores que habían perdido la vida, como le ocurrió a José Vicente (“el Pincho”) en Benifairó de Les Valls, por citar tan sólo al último del que yo tenía conocimiento.

Así, finalmente, he decidido seguir con la misma línea que ya me había trazado. Entre compañeros de encierros no cabe reclamar un trato distinto; y Él lo decía cuando salía a relucir el tema en los almuerzos, que no quería tener ningún tipo de protagonismo.

Por ello, a los amigos de Iván que me lo habéis sugerido os ruego que me perdonéis porque ahora no publique una entrada en su memoria y permitidme que sólo le llore mientras escribo esta nota. Algún día, cuando se calme el dolor, le dedicaré una entrada en la sección que Él realmente se merece, en la de “corredores de encierros”, porque era un gran corredor, un ejemplo en el que deberíamos fijarnos todos los compañeros y de manera especial los más jóvenes.

Iván Moreno Báez, “Pinky”: descansa en paz.

3/10/08

Encuesta (3)

............Fotografía antigua de un toro de Vaz Monteiro


¿Cuál es la causa principal de la desaparición de algunas de las castas fundacionales del toro de lidia y del absoluto predominio en el campo bravo de la casta Vistahermosa?
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25 ...................... Total de votos
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02 ... 08,00 % ... La avidez de los empresarios
14 ... 56,00 % ... Las exigencias de las figuras del toreo
04 ... 16,00 % ... El anhelo lucrativo de los ganaderos
05 ... 20,00 % ... Los cambios de gustos en el aficionado

Para ilustrar la posición dominante entre los votantes de esta encuesta os recuerdo que, en las corridas reales celebradas en 1789 para festejar la jura de Carlos IV, dos de los máximas figuras de aquella época, los sevillanos Joaquín Rodríguez (“Costillares”) y José Delgado (“Pepe-Hillo”), solicitaron la exclusión de los toros de casta Castellana en estos festejos.

Llama la atención este hecho porque hacía tan sólo unos 65 años que había comenzado la historia del toreo a pie y ya por entonces las figuras del toreo intentaban vetar toros de un determinado origen. En aquella ocasión no fructificó el intento por la postura de la otra gran figura de la época: el rondeño Pedro Romero.

No obstante, volviendo al resultado de la encuesta, yo no restaría importancia a la opción de los cambios que a lo largo de la historia se han ido produciendo en los gustos de la afición. Y, por supuesto, no es cuestión de andar exigiendo a los ganaderos que pierdan dinero por mantener la pureza del origen de sus toros, pero ya me gustaría que aquellos que tuvieron reses de castas o encastes primigenios hubiesen conservado alguna rama de sus vacadas sin cruzar.

En base a este último deseo he escogido la fotografía que encabeza esta entrada. El enlace del blog de Bastonito, que es de donde la he tomado, os lo dejo aquí: “Taurofilia”. Leed la entrada que os enlazo, por favor.

Por último, quiero hacer mención a dos asociaciones que luchan por la conservación o recuperación de dos de nuestras castas fundacionales del toro de lidia: la “Asociación Cultural Amigos de la Casta Navarra”, de la que os enlazo la web, y la entidad “Casta Jijona - Asociación para la recuperación del toro bravo de lidia jijón”, de la que os enlazo su blog.

(NOTA: Como he dejado reseñado más arriba, enlace incluido, la fotografía la he tomado del blog de Bastonito: Taurofilia. Con esta bitácora no tengo fines lucrativos y ruego se me permita mantener la fotografía que encabeza esta entrada; no obstante, será eliminada si así me lo solicita quien posea los derechos de autor)

27/9/08

Guadarrama

Municipio de la Comunidad de Madrid (España), situado hacia el noroeste de la misma, en la vertiente sur de la sierra del mismo nombre y a unos 48 kilómetros de la capital.


Muchas localidades de la Comunidad de Madrid celebran sus fiestas en septiembre. Se podría decir que los corredores tienen hasta problemas para elegir los encierros en los que quieren participar y que, incluso, se ven obligados a descartar pueblos que en cualquier otra fecha habrían tenido su recorrido repleto de mozos dispuestos a correr.

Y es precisamente en este mes cuando coinciden los festejos de un buen número de municipios cercanos a la Sierra de Guadarrama. Unos pueblos que pareciera como si tuviesen entablada cierta rivalidad entre ellos por ofrecer el mejor encierro; algo que redunda en beneficio de los corredores que acuden a esta comarca y, por supuesto, de nuestra afición.

Por alguno de estos pueblos serranos habría que empezar y, por tener el mismo nombre que la sierra que lo cobija, he elegido para esta temporada a Guadarrama.

HISTORIA

Guadarrama es la puerta hacia una de las pocas zonas de paso entre las dos grandes mesetas de la Península, por lo que es lógico que distintas civilizaciones hayan dejado su impronta en el municipio. Así, respecto a vías de comunicación propiamente dichas, quedan vestigios de la época de la dominación romana; por otro lado, el topónimo de Guadarrama, referido al río, procede de la lengua árabe (río de arena, vendría a significar); y la localidad, por citar un último ejemplo, fue fundada (repoblada definitivamente según otras líneas de investigación) en plena reconquista cristiana, en concreto en 1268 por Alfonso X “el Sabio”.

Dado que sus tierras se encuentran en la vertiente madrileña de la sierra y que, en cambio, aquellos primeros pobladores del s. XIII provenían del Concejo de Segovia, durante años hubo disputas entre Madrid y Segovia por lograr su titularidad, sin que los distintos monarcas que se fueron sucediendo adoptasen una decisión definitiva.

Guadarrama, englobada en el conjunto denominado el Real de Manzanares, fue donada a la familia de los Mendoza en 1383, pasando a ser población de señorío hasta el año 1504, que fue cuando recibió del rey Fernando “el Católico” el título villa-villazgo y, con él, el derecho de jurisdicción propia.

El traslado de la Corte a Madrid en 1561 y la construcción de El Monasterio de El Escorial entre 1563 y 1584 supusieron un importantísimo impulso para el pueblo, tanto por el aumento del número de habitantes como por la apertura de nuevas actividades productivas, laborales y comerciales que se sumaron a las que tradicionalmente provenían de la agricultura y la ganadería.

Una nueva época de expansión se produciría en el s. XVIII cuando se proyecta un nuevo trazado para unir a las dos Castillas por el Alto del León, lo que hoy es la carretera nacional y entonces recibió el nombre de Camino Real, que se terminó de construir en 1749. Pocos años después, en 1785, junto al Camino Real se construyó la Fuente de Piedra, también conocida como de Los Caños. Ese hito de la vía se convirtió en parada obligatoria de viajeros y, con el tiempo, en el nuevo eje dinamizador de la vida de Guadarrama; hasta el punto que el pueblo se desplazó hacia allí desde su núcleo originario, que estaba en el entorno de la antigua iglesia.

La condición de importantísimo lugar de paso, que siempre fue determinante en el desarrollo de Guadarrama, también conllevaría graves perjuicios en los episodios bélicos más recientes: la Guerra de Sucesión, la Guerra de Independencia y la Guerra Civil, que terminó siendo la más traumática para el pueblo, pues quedó prácticamente arrasado. En su reconstrucción intervino decisivamente el Estado a través del organismo denominado “Regiones Devastadas”.

Posteriormente, la cercanía a la capital, el encanto del pueblo y su privilegiado entorno contribuyeron para que Guadarrama se fuese convirtiendo en centro de referencia de la actividad turística en la comarca y, además, para que su población experimentase un significativo aumento.

MONUMENTOS Y ARTE

Paseando por Guadarrama puedes encontrar su Plaza Mayor, que es de estilo escurialense; la antigua iglesia de San Miguel Arcángel, que ha sido reconvertida en centro cultural, aunque conserva su ábside mudéjar y su torre medieval; o, como un último ejemplo, el nuevo templo que se levantó sobre la base del antiguo Pósito.

Por otro lado, los corredores no necesitaréis desplazaros del recorrido del encierro para contemplar otro monumento de Guadarrama: deteneros en el punto exacto donde la larga recta adoquinada desemboca en la antigua carretera nacional, asomaros por encima del vallado que cierra la curva y podréis ver la Fuente de Piedra, o Fuente de Los Caños, que ha sido restaurada recientemente.

Está construida a base de sillares irregulares de granito y su composición asemeja al alzado de una iglesia barroca. Acercaros un momento y, de abajo hacia arriba, podréis ver dos cabezas de león, de cuyas bocas asoman los caños por donde brota el agua; la inscripción donde figura el año de su construcción: 1785; el escudo del Duque del Infantado, señor que fue de estas tierras; y, arriba, en una hornacina bajo el frontón de remate veréis una imagen de San Miguel Arcángel, uno de los dos patronos de Guadarrama que se veneran en estas fiestas.


EXCURSIONES

Los últimos días de encierro de este año coinciden con fin de semana, lo que representa una oportunidad ideal para preparar alguna excursión.

Naturaleza.- En Guadarrama hay zonas aptas para que personas de cualquier edad y condición puedan disfrutar de la naturaleza, como el Área Recreativa La Jarosa o el propio embalse de La Jarosa. También se pueden hacer rutas de montaña con distintos niveles de dificultad y, pensando en corredores con chavales, os voy a recomendar una de nivel bajo, pero muy curiosa, porque combina naturaleza y literatura: la ruta al Monumento Natural Peñas del Arcipreste de Hita.

Este espacio fue declarado en 1930 Monumento Natural a petición de la Real Academia Española de la Lengua, como homenaje a los 600 años del “Libro del Buen Amor”, obra del Arcipreste de Hita en la que se describen los senderos de esta zona de la sierra.

Os dejo un enlace con la ruta.

Turismo.- La construcción de El Monasterio de El Escorial supuso un gran impulso para Guadarrama. Esta joya, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1984, se encuentra a escasos quince minutos en automóvil, por lo que sólo tenéis que elegir el día para acercaros hasta allí.

Os dejo un enlace.

FIESTAS

Guadarrama honra en estas fechas a sus dos santos patronos: San Miguel Arcángel el 29 de septiembre y San Francisco de Asís el 4 de octubre. Para ello, esos dos días y la semana que media entre ambas celebraciones se programan toda una serie de festejos, entre los que destacan actos religiosos, verbenas, espectáculos taurinos y, por supuesto, encierros; tanto para adultos como para chavales.
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El ciclo de encierros de Guadarrama ha ido creciendo en espectacularidad en los últimos años.

Todo comenzó a finales del siglo pasado, cuando se apostó por echar a la calle las novilladas que se anunciaban en los carteles. Luego, se pudo ver una firme determinación por querer completar una gran feria de novilladas picadas, con ganaderías de renombre y reses muy bien presentadas. Y, finalmente, cuando en el 2006 hubo que derribar el edificio de la plaza de toros y elegir sitio para colocar una portátil, Guadarrama sorprendió de forma grata a los corredores con un gran recorrido: bonito, especialmente la recta adoquinada que hay al principio; con una zona intermedia quebrada, curva cerrada incluida, que sirve para definir la composición de la manada; y con un largo tramo final en el que los mozos pueden acortar las distancias y realizar templadas carreras.

Tres decisiones que han llevado a que Guadarrama cuente en la actualidad con un encierro espectacular y que los corredores tengan en su calendario marcada en rojo la semana posterior a San Miguel.

(Plaza de toros levantada junto a la actual iglesia en la época en que ésta era reconstruida. Fotografía cedida por Javier Iglesias.)

Sólo resta desear que en el futuro, y especialmente cuando se construya una nueva plaza de toros, se sigan tomando decisiones encaminadas a consolidar el ciclo de encierros de Guadarrama como una de las grandes referencias de la Comunidad de Madrid.
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(NOTA: Las fotografías insertadas en tercer y cuarto lugar me las ha cedido Javier Iglesias, autor del blog “quintos94” (de Guadarrama, lógicamente), al que públicamente quiero mostrar desde aquí mi agradecimiento por su gentileza y amabilidad. Sobre el resto de fotografías sólo puedo decir que la primera está tomada de “la comunidad el pais.com” y que la segunda aparece en “sierra guadarrama manzanares.org”, pero en ninguno de los casos consta el nombre del autor. Con esta bitácora no tengo fines lucrativos y ruego se me permita mantener dichas reproducciones; no obstante, serán eliminadas si así me lo solicitan quienes posean los derechos de autor)

19/9/08

Castas fundacionales del toro de lidia

...................................Foto: Etienne Barbazan

Entre la fauna que predominaba en la Península Ibérica durante el paleolítico estaba el uro, que se habría asentado ahí como consecuencia de una expansión natural o de migraciones, también naturales, por razones climáticas.

Fue posteriormente, en el neolítico, cuando el uro comenzó a ser domesticado y, a partir de entonces, las nuevas razas de vacuno que iban surgiendo de ese proceso acompañaban al hombre en sus movimientos migratorios, colonizadores y comerciales. Así, otro tipo de uro apareció por el norte de la península con la cultura celta; varios siglos después, las culturas del norte de África introducirían una nueva variante por el sur; y, lógicamente, debemos pensar que se tuvieron que producir cruces naturales o inducidos entre estos nuevos prototipos de uros y los ancestrales que se encontraban en las zonas en las que aquellos fueron introducidos.

Las barreras que suponen los grandes accidentes geográficos limitaron aquellos primitivos movimientos migratorios, tanto del hombre como de los animales que lo acompañaban y, por supuesto, de las especies autóctonas, lo que coadyuvó para que se fueron formando en la Península Ibérica diferentes concentraciones de ganado vacuno que, dado el cierto grado de aislamiento al que estaban sometidas, presentaban unas características morfológicas distintas entre sí por su variado origen y, además, por el diverso clima, entorno y pastos de la concreta región en la que cada una de esas concentraciones quedó asentada durante miles de años.

Por ello, se puede hablar de tres grandes raíces del toro de lidia:
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A) Una raíz navarra, que se correspondería con el ganado asentado en la cuenca fluvial del Ebro y que podría tener una procedencia derivada de uros autóctonos de la zona con posibles cruces de otros uros salvajes que llegaron hasta allí desde zonas más septentrionales y las reses que introdujo el hombre por el norte de la península.

B) Una raíz andaluza, que se correspondería con el ganado asentado en la cuenca fluvial del Guadalquivir y que podría proceder del introducido por el hombre desde el norte de África con posibles cruces con uros autóctonos de la zona.

C) Una raíz castellana, que se correspondería con el ganado asentado en las dos mesetas centrales de la península, con una rama ubicada en la cuenca fluvial del Duero y otra distinta que ocupaba las de los ríos Tajo y Guadiana, con una posible procedencia derivada en ambos casos de uros autóctonos, aunque siempre cabe la posibilidad de hablar de contactos con reses introducidas por el hombre en zonas aledañas.

Los propietarios de ganado mantuvieron sus vacadas sin realizar una selección orientada de forma específica a los primitivos juegos de toros.

Hablando en términos generales, se podría decir que fue con el inicio del toreo a pie, en la primera mitad del siglo XVIII, cuando algunos ganaderos contemplaron la posibilidad de realizar selecciones y programar la reproducción de sus vacadas con la finalidad de criar unos ejemplares que reuniesen una serie de características para poder destinarlos a la lidia. Entre esas características, que han ido cambiando o evolucionando con el devenir del tiempo, ha habido una que se mantenido como eje: la bravura.

Fue así como surgió el toro de lidia. Y esas primeras vacadas dedicadas a su crianza han sido denominadas castas fundacionales, ya que posteriormente resultaron ser las matrices de la totalidad de la cabaña brava.

Los tratadistas no se ponen de acuerdo respecto a su número, pero siguiendo un criterio bastante generalizado vamos a fijar las siguientes castas fundacionales del toro de lidia:
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1.- Casta Navarra. Aunque parece ser que hubo ganaderos desde siglos anteriores, fue a finales del XVII cuando don Joaquín Antonio de Beaumont de Navarra y Ezcurra Mejía, Marqués de Santacara, tras recoger y seleccionar el ganado salvaje existente en los términos próximos a las Bárdenas Reales, se erigió en el primer ganadero de relevancia de reses de raíz navarra con destino a la lidia y, a posteriori, en el tronco del que arrancaron las más prestigiosas ganaderías de reses de esta procedencia.

El ganado de casta Navarra era, muy mayoritariamente, de capa colorada, pequeño tamaño y con astas acarameladas, veletas y de escasa longitud.

2.- Casta Morucha Castellana. Dada su antigüedad, las reses que se criaban en El Raso de Portillo, en el término de La Pedraja de Portillo (Valladolid), tenían el privilegio de romper plaza en los festejos reales. Unos tratadistas dicen que era ganado autóctono de Castilla, mientras que otros argumentan razonamientos para defender la existencia de cruces con reses de casta Navarra. Aún cuando en un principio se criaron en régimen de comunidad de bienes, a nivel individual se nombra a don Alonso Sanz como el primer ganadero que, hacia mediados del s. XVIII, crió reses de este origen.

Eran toros de hechuras grandes, cornalones y, generalmente, de pelaje negro.

3.- Casta Jijona y Toros de la Tierra. Aprovechando las posibilidades que le ofrecía su cargo de intendente de la vacada del Real Patrimonio, don Juan Sánchez Jijón Salcedo fundó a principios del siglo XVII una ganadería en Villarrubia de los Ojos, seleccionando toros de los que pastaban en tierras de Madrid, Toledo, Ciudad Real y Albacete.

Uno de los criterios que siguió el fundador fue elegir toros de pelaje colorado encendido. Por otro lado, eran reses de cornamenta muy desarrollada y de gran alzada, corpulencia y peso.

Los denominados como “Toros de la Tierra” tienen realmente el mismo origen que los de casta Jijona, aunque se podría establecer como mínima diferenciación que, en su génesis, hay más presencia de reses procedentes de la cuenca del Jarama y del área de Colmenar Viejo; por otro lado, sus capas eran más variadas, incluso predominaba el pelaje negro, y eran toros muy recios de patas, quizás derivado de la dureza del terreno donde pastaban.

El primer ganadero de Toros de la Tierra fue el colmenareño José Rodríguez García, a mediados del siglo XVII.

4.- Casta Cabrera-Gallardo. Hay opiniones encontradas entre los tratadistas respecto a si el ganado de origen Gallardo debe considerarse como una de las castas fundacionales o si, por el contrario, debe quedar incluido dentro del grupo de casta Cabrera. Ante la discrepancia, he optado por hacer una denominación conjunta.

Fue hacia mediados del siglo XVIII cuando don Luis Antonio Cabrera fundó en Utrera una ganadería con reses de las que se ignora su procedencia, aunque históricamente se viene manteniendo que era ganado de alguna comunidad andaluza de religiosos que, a su vez, traía origen del cobro de los diezmos.

Los toros de Cabrera eran largos, de gran alzada, corpulencia y peso, pero de aspecto agalgado, con defensas desarrolladas y pelajes muy variados.

Con reses del mismo tronco frailero, aunque cruzadas con otras de casta Navarra, partió en el siglo XVIII el sacerdote de Rota Marcelino Bernaldo de Quirós para crear una vacada que posteriormente adquirió don Francisco Gallardo. Este ganadero de El Puerto de Santa María, tras eliminar lo de procedencia navarra y llevar a cabo una rigurosa selección, fue quien fijó los caracteres de estas reses: corpulentas, de gran trapío, muy dotadas de cuerna y con gran variedad de capas; muy en consonancia con los de casta Cabrera.

5.- Casta Vistahermosa. En la segunda mitad del siglo XVIII fundó su ganadería don Pedro Luis de Ulloa, el primer Conde de Vistahermosa, al comprar la vacada de los hermanos Rivas, de Dos Hermanas (Sevilla), que estaba compuesta de reses de origen desconocido.

Los pelajes primordiales de los toros de esta ganadería eran negros, cárdenos y colorados; por otro lado, presentaban unas cornamentas proporcionadas y eran finos de hechuras, aunque algo terciados.

6.- Casta Vázquez. Con toros de procedencia desconocida, don Gregorio Vázquez fundó una ganadería en Utrera (Sevilla) a mediados del s. XVIII. Años después agregó reses de casta Cabrera, que proporcionaron a la ganadería mayor corpulencia y peso; pero sería su hijo, Vicente José Vázquez, quien daría el elemento definitorio decisivo a la vacada: consiguió reses del Conde de Vistahermosa que, al cruzarlas, aportaron una mayor dosis de bravura.

Eran toros cortos de patas, anchos, muy bien armados y, por la diversidad de sangres, salían con capas variadísimas.

La suerte que han corrido estas castas fundacionales es muy dispar. Hay práctica unanimidad en dar por extinguidas las castas Morucha, Jijona y de Toros de la Tierra. Respecto a la casta Navarra, si bien se mantienen ganaderías con reses de este origen, actualmente se descartan para los festejos de lidia ordinaria. De la casta Cabrera sólo resta como representante en la actualidad la ganadería de Miura; y Partido de Resina de la casta Gallardo. De Vázquez se citan como supervivientes a Concha y Sierra, Prieto de la Cal y la ganadería portuguesa de Fernando Pereira Palha, aunque algunos especialistas les niegan la pureza a todas ellas. Finalmente, la historia más fecunda la proporciona la casta Vistahermosa, pues de ella proceden la práctica totalidad de las ganaderías bravas actuales; incluso se han ido formado estirpes de ella, “encastes”, que presentan diferencias morfológicas entre sí.

Precisamente, la encuesta que dejaré abierta en el lateral durante las dos próximas semanas versa sobre la cuestión apuntada en el párrafo anterior. Y digo apuntada porque en próximos textos se tratará de analizar la historia y evolución de cada una de las castas fundacionales del toro de lidia.
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(NOTA: Los dos gráficos que os ofrezco son de autoría propia. Dados mis escasos conocimientos de informática, son demasiado simples y toscos, por lo que pido disculpas por ello; no obstante espero que sirvan al lector para, al menos, hacerse idea de la información que he tratado de ofrecer. En cambio, la fotografía que encabeza esta entrada es de Etienne Barbazan y está colgada en la web "toroslidia.com". Con esta bitácora no tengo fines lucrativos y ruego se me permita mantener dicha reproducción; no obstante será eliminada si así me lo solicita el propietario de los derechos de autor)

12/9/08

Entrevista a un veterano corredor de encierros de Fuenlabrada

Para preparar la ficha de Fuenlabrada (Madrid) conté con la ayuda de Candelas Naranjo, una fuenlabreña de pura cepa, licenciada en Historia, que se ha preocupado de investigar la historia de su pueblo. Además, casualmente, esta mujer es hija de un veteranísimo corredor de encierros.
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Esta circunstancia me proporcionaba una oportunidad única que no iba a desaprovechar: realizar una nueva entrevista para esta bitácora y recuperar el pasado de los encierros de otra localidad. En este caso, además de presentaros a un nuevo compañero, trataremos de averiguar cómo eran los encierros de Fuenlabrada en tiempos de la posguerra.
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Cecilio Naranjo González, “Bonifa”,
de Fuenlabrada (Madrid). 83 años.
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(P) ¿CÓMO SE LLAMA?
(R) Cecilio Naranjo González.

(P) ¿ES CONOCIDO POR ALGÚN APODO EN FUENLABRADA?
(R) ¡Sí! Por el mismo que toda la familia de mi padre: “Bonifa”.

(P) ¿DÓNDE NACIÓ Y EN QUÉ FECHA?
(R) En Fuenlabrada, el 15 de febrero de 1925.

(P) ¿EN SU FAMILIA HABÍA ANTECEDENTES DE CORREDORES DE ENCIERROS?
(R) ¡No! Nunca escuché a mi padre que le gustase correr, ni nadie me lo ha dicho tampoco.

(P) ¿A QUÉ EDAD COMENZÓ A CORRER ENCIERROS?
(R) Desde que en Fuenlabrada se reanudó la tradición después de Guerra, por lo que tendría 14 ó 15 años, depende de que el primero fuese en 1939 ó 1940.

(P) ¿Y AÚN SIGUE EN LA BRECHA?
(R) Correr, lo que se dice correr, ya no puedo. ¡Qué más quisiera! Pero me gusta estar cerca de los toros y, como aún estoy bastante ágil, me muevo por la calle, voy de puerta en puerta y de ventana en ventana para ver lo que ocurre. Procurando siempre no estorbar a los chavales.

(P) ¿CÓMO FUE ESE PROCESO DE CORREDOR A ESPECTADOR PRIVILEGIADO?
(R) Hasta los 35 años trabajé con mi padre en la huerta y tuve mucha libertad para ir de encierros, ya que planificaba el horario de trabajo a mi manera.
Luego entré en una fábrica y ya sólo pude ir de encierros en el mes de permiso, pues trabajaba todos los días de la semana, incluidos los domingos. Por eso, y porque la responsabilidad ya era mayor, empecé a pensármelo más y fui quitándome poco a poco, hasta que llegó el momento en el que me limité a observar, pero siempre lo más cerca posible del toro.

(P) DESPUÉS DE CASARSE, ¿SU MUJER LE PEDÍA QUE LO DEJASE?
(R) Ella ahora lo está negando con la cabeza, pero sí que empezó a decírmelo cuando llegaron los hijos.

(P) ¿CÓMO ERAN LOS ENCIERROS DE FUENLABRADA EN SUS AÑOS MOZOS?
(R) Hay que distinguir dos períodos: En los años 40’s los toros pasaban la noche anterior al encierro en un prado llamado “Taraza”, a un kilómetro y medio del pueblo. Por la mañana íbamos allí, unos a pie, como yo, y otros a caballo, y los traíamos al paso hasta que se empezaban a ver las casas. Ahí era cuando los jinetes arreaban a la manada y la traían a la carrera para encerrarla en el corralón de “Pichorronco” por una puerta que daba a las traseras (esquina de la avenida Francisco Javier Sauquillo con callejón de la Huerta en la actualidad).
Luego, después de dejar pasar un tiempo para que pudiéramos llegar los que habíamos salido a pie, volvían a soltar la manada por otra puerta del corralón que daba a una calle del pueblo, y el encierro terminaba en la plaza del Ayuntamiento, donde se montaba una plaza con carros y se podía recortar a los toros hasta que entraban en el toril. En esta segunda parte sólo había un jinete que era el que abría el encierro gracias a una subasta.
Pero había veces que uno o varios toros se espantaban antes de entrar al corralón y, entonces, además del encierro por la calle con los toros que habían entrado, el del campo podía durar todo el día.
Después, en los años 50’s y en los 60’s, ya no se traían los toros desde el campo. Unos días antes de la fiesta los traían en camiones al corralón de “Pichorronco” y el encierro sólo era por las calles y en la plaza. Y tampoco salía ya el jinete abriendo carrera.

(P) ¿QUÉ CALLES ERAN LAS QUE COMPONÍAN EL RECORRIDO URBANO?
(R) La puerta del corralón de “Pichorronco” por donde comenzaba el encierro daba a la calle de la charca y a muy pocos metros estaba la esquina de la calle Madrid; seguía por esta calle hasta la esquina donde empieza el “Pelagatos”, y por ahí subía hasta la entrada al Ayuntamiento.
[Actualizado: calle Miguel de Unamuno (15 metros), calle de la Paz (80 metros) y calle Maximino Pérez (60 metros). Total 155 metros. Un encierro corto, con calles de tierra y la última en cuesta y cerrándose en embudo].

(P) ¿SABE SI HABÍA ALGUNA RAZÓN CONCRETA PARA QUE EL ENCIERRO SE ORGANIZARA DE ESA FORMA?
(R) Después de Guerra, “Taraza” y otros prados comunales estaban arrendados a “Pichorronco” y a cambio, entre otras condiciones, tenía que dar gratis los toros para la fiesta; y él montaba el encierro así. Luego se dejaron de hacer a caballo porque se pusieron de acuerdo todos los ganaderos de los pueblos de la comarca para dejar de hacerlo por el campo, ya que hacen falta muchos cabestros para mover el ganado y no les compensaba tenerlos todo el año para los pocos días de las fiestas.

(P) ¿CORRÍA MUCHA GENTE ENTONCES EN EL ENCIERRO DE FUENLABRADA?
(R) Por el “Pelagatos” corríamos todos los mozos del pueblo, unos más “apretaos” y otros menos, pero a recortar ya salíamos menos.

(P) ¿RECUERDA LOS NOMBRES DE OTROS MOZOS DE SU ÉPOCA QUE ANDASEN BIEN CON LOS TOROS?
Así, de repente, me acuerdo de “Burrión” y de “el Chato”, aunque éste era más de andar trasteando. Y el que era bueno toreando era “el tío Canete”.

(P) HA DICHO QUE EN FUENLABRADA SE PODÍA RECORTAR, ¿QUÉ LE GUSTABA MÁS A USTED: CORRER O RECORTAR?
(R) Las dos cosas, pero más recortar.

(P) PUES, DIGANOS: ¿CÓMO RECORTABA?
(R) Yo lo que hacía era entrar al toro por delante y en la reunión le ponía entre los cuernos la vara que siempre llevaba para que el toro derrotara; entonces, me ajustaba todo lo posible a sus riñones para forzarle y si me buscaba salía corriendo hacia los carros para saltar a lo alto de la rueda.

(P) Y ¿DÓNDE CORRÍA: EN EL CAMPO O EN LAS CALLES? ¿EN QUÉ TRAMO?
(R) En el campo, más que correr, iba moviendo a los toros apoyándome con los caballos, por si se venía alguno.
Luego, cuando soltaban los toros por el pueblo, lo que yo pretendía era entrar a la plaza, por lo que corría al final, en el “Pelagatos” (calle Maximino Pérez). Me ponía en la esquina de “Paca, la Esquila” (calle de la Paz con calle Maximino Pérez), esperaba a que aparecieran los toros por la esquina de la charca (calle Miguel de Unamuno con calle de la Paz) y yo arrancaba cuando los toros pasaban por “en ca el Chato”. Y, como el “Pelagatos” se estrechaba, lo que hacía era medir al primer toro que venía para tratar de entrar a la plaza justo delante de él. Pero hubo alguna vez que me vi muy “apretao” antes de llegar y la única solución era tirarse al suelo y rezar.

(P) APARTE DEL ENCIERRO DE FUENLABRADA, ¿CORRÍA EN LOS DE OTROS PUEBLOS?
(R) Cuando trabajaba en la huerta iba a todos los pueblos en los que había encierro entre Madrid y Toledo: Humanes, Móstoles, Navalcarnero, El Alamo, Carranque, Cedillo...; ¡A todos, vamos! Luego, al entrar en la fábrica, ya sólo iba a los que había en septiembre, que es cuando cogía el permiso.

(P) ¿CÓMO SE DESPLAZABA EN AQUELLA ÉPOCA?
(R) Iba en bicicleta; hasta que me compré una Vespa al año de entrar en la fábrica.

(P) ¿ALGÚN PERCANCE SERIO?
(R) Sí, uno. Con 28 años me cogió un toro en Fuenlabrada y me pegó una cornada en una pierna. ¡Bueno! Otro año me pegó un pisotón un toro al ir a recortarlo, pero no me llegó a coger.

(P) ¿Y NO LE ENTRARON DUDAS A RAIZ DE ESA COGIDA?
(R) Mis padres, porque aún no me había casado, se pusieron muy serios conmigo y algo sí que bajé el pistón, pero seguí corriendo encierros bastantes años más.

(P) ¿POR QUÉ CORRÍA ENCIERROS?
(R) ¡Anda! ¡Porque me gustaba!

(P) ¿ENTRENABA PARA LOS ENCIERROS?
(R) ¡Sí! ¡En la huerta con el azadón!

(P) ¿USABA ALGUNA ROPA ESPECIAL PARA CORRER?
(R) ¡No! La ropa de diario.

(P) ¿ANTES DEL ENCIERRO REZABA, TENÍA ALGUNA MANÍA O SUPERSTICIÓN QUE CUMPLIR?
(R) ¡No!

(P) APARTE DE CORRER EL ENCIERRO, ¿PARTICIPABA DE ALGUNA OTRA FORMA EN LAS FIESTAS DE FUENLABRADA?
(R) Lo típico: iba a la procesión el día del Cristo y al baile todas las noches. Lo que también hice muchos años fue ir con “la Justicia” a escoger los toros del encierro.

(P) Y, POR ULTIMO, ¿HASTA CUANDO PIENSA DEJARSE VER POR EL ENCIERRO?
(R) Mientras tenga salud y fuerzas...

(...)

(NOTA: Deseo que la salud y las fuerzas acompañen por muchos años a nuestro compañero corredor de encierros “Bonifa”. Por otro lado, sólo me resta dar las gracias a Candelas Naranjo por toda la ayuda prestada y a Miguel Pedrero, nieto del protagonista de esta entrevista, por conseguir la difícil tarea de realizar la fotografía que encabeza esta entrada)