26/7/11

Fiestas de Toros – Bosquejo Histórico


Fruto de un convenio entre la Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla y la Universidad de Sevilla, en el año 2010 se publicó el libro Fiestas de toros – Bosquejo Histórico, de Bernardino de Melgar y Abreu, Marqués de San Juan de Piedras Albas.

Esta obra, que fue editada por primera vez en 1927, es una historia de la tauromaquia que analiza el origen de la Fiesta, la presencia del toro en la Biblia, en el Derecho, en las Cortes de Castilla y en el Consejo de Castilla; profundiza de forma muy particular en las relaciones de Santa Teresa de Jesús con el mundo de los toros y, entre otras muchas secciones, contiene un estudio del festejo popular conocido como "El Toro de San Marcos".

Para incluir una valoración de este libro, no será necesario que esboce unas notas propias, pues resultan mucho más solventes las ofrecidas en Ritos y Juegos del Toro por don Ángel Álvarez de Miranda, Catedrático de Historia de las Religiones en la Universidad de Madrid:

… a pesar de sus deficiencias y sus limitaciones, es necesario considerar [a la obra del Marqués de San Juan de Piedras Albas] superior, en conjunto, a todas las publicadas hasta entonces”.

Fiestas de toros – Bosquejo Histórico abrió nuevos cauces a los interesados por la investigación del origen de este espectáculo taurino y asentó pilares sobre el conocimiento de la historia del toreo. Un libro que ha sido y siempre será referencia obligada para todo aquél que quiera conocer la Fiesta de los Toros.
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Título: Fiestas de Toros. Bosquejo Histórico.
Autor: Bernardino de Melgar y Abreu, Marqués de San Juan de Piedras Albas
Edita: Universidad de Sevilla Publicaciones
Precio (aprox): 35,00 €
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Lagun
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15/7/11

La “penúltima” ocurrencia en los sanfermines: el encierro en las casas de apuestas



Todos somos conscientes de la evolución que los encierros vienen experimentando en las últimas décadas. Y Pamplona, donde tanto se habla de tradición y esencia, viene a ser la localidad que más contribuye a ese proceso, pues nos suele sorprender cada año con alguna iniciativa que se agrega al rito del encierro y que contribuye a su progresiva transfiguración.

En estas fiestas de San Fermín 2011 también hemos tenido un hecho novedoso que, si bien no afecta al desarrollo de la carrera propiamente dicha, nos da la medida de cómo el encierro puede ser transportado a nuevas dimensiones que hacen de él algo muy distinto a lo que siempre fue.

En el mes de octubre de 2010 aparecieron las máquinas de apuestas en la Comunidad Foral de Navarra, tanto en locales especializados de casas de apuestas deportivas como en establecimientos de hostelería; y para los sanfermines de este año 2011 ya ha habido empresas que han ideado la posibilidad de realizar apuestas sobre el encierro. Concretamente, sobre su duración.

Cualquier persona (mayor de edad, lógicamente) podía realizar apuestas sobre el tiempo de duración de cada uno de los encierros, tomando como referencias el cohete de salida y la entrada del último toro en los corrales, y eligiendo entre cuatro posibilidades: menos de 160 segundos de duración; entre 160 y 210 segundos (ambos inclusive); entre 211 y 240 segundos (ambos inclusive); y más de 240 segundos.

La imagen que encabeza este texto es de una foto que tomé a la pantalla de una de las máquinas de apuestas, en la que aparece el cuadro correspondiente al encierro del día 12 de julio, que correrían los toros de Victoriano del Río. Como se preveía rápido, los premios para ese día iban desde multiplicar la apuesta 2,60 veces en el caso de elegir un encierro que durase menos de dos minutos cuarenta segundos, hasta multiplicarla 4,75 veces en el supuesto de decantarse por una duración superior a los cuatro minutos. Las otras dos posibilidades intermedias se pagaban a 3,00 y 3,85 veces, respectivamente.

Los tiempos de duración de los encierros de este año han sido los siguientes:

Día 7, Torrestrella, 2:30.
Día 8, Cebada Gago, 3:10.
Día 9, Dolores Aguirre, 2:56.
Día 10, Miura, 2:29.
Día 11, Fuente Ymbro, 2:33.
Día 12, Victoriano del Río, 2:16.
Día 13, El Pilar, 2:11.
Día 14, Núñez del Cuvillo, 2:20.

Es decir: salvo los días 8 y 9, que la opción que resultó ganadora fue la segunda: entre 160 y 210 segundos; los otros seis días de encierro ganó la opción más rápida de la carrera, la de menos de 160 segundos, y quien acertase esas apuestas habrá ganado una cantidad de dinero a costa del encierro que irá en proporción a lo apostado, lógicamente.

Es verdad que se ha elegido como criterio de apuesta el aséptico (en principio) factor de la duración del encierro, que es fácil de determinar, tiene estadísticas históricas y, en principio, se puede presentar y vender bajo la fórmula de una apuesta "deportiva" más. Pero se me plantean una serie de interrogantes al respecto:

¿Cabría la posibilidad de que los titulares de las ganaderías, a título particular, o la Unión de Criadores de Toros de Lidia, como colectivo, intenten negociar en las próximas ediciones de los sanfermines un tanto por ciento del dinero que se genera en estas apuestas, al igual que ocurre con las quinielas en el fútbol? ¿Por qué no?

¿Y los corredores del encierro? Sí, ya sé que resulta imposible, pues la participación es voluntaria, anónima (¡?) y no estamos representados por ningún colectivo.

Pero, ¿y los pastores del encierro? Al fin y al cabo, de la labor de este colectivo y de su elección de los cabestros que corren cada día puede depender en gran medida la duración del encierro.

Y... ¿Cabría la posibilidad de establecer apuestas sobre el número de corredores heridos en cada encierro? Ese particular queda fijado cada día y, además, también hay estadísticas históricas tomando como referencias tanto las ganaderías como los días de la semana. Por lo tanto, los elementos se dan para que sea factible, pero... ¿Sería ético? ¿Se permitiría?

Está claro que no suelo acertar cuando me pongo a hacer predicciones. Para este año pensé que tendría repercusión mediática la iniciativa de dos compañeros de correr el encierro con casco protector, y mi impresión se vio ratificada por el hecho de que la popular web “sanfermin.com” se hiciese eco por dos veces de la entrada que yo publiqué aquí en su día. Pero me equivoqué y, afortunadamente, no me consta que en este sanfermin 2011 se haya tratado mediáticamente ese tema. Ahora bien, el melón de las apuestas está abierto y, a partir de aquí, vamos a ver si alguien o algún colectivo opta por pedir su “rodaja”.

Por cierto, hablando de iniciativas pamplonesas en relación al encierro y el tiempo de duración de los mismos, la medida innovadora que se adoptó en el año 2005 de aplicar un líquido antideslizante en el tramo intermedio del recorrido del encierro y especialmente en la curva de Mercaderes con Estafeta sí que ha modificado en estos últimos años la dinámica, la configuración de manada y la velocidad en los encierros de Pamplona. Del mismo modo, el criterio de elección de los cabestros del encierro que se viene siguiendo desde el año 2007 también ha venido condicionando la configuración de las manadas en los encierros y, con ello, la dinámica y la velocidad de los mismos. Este año, en cambio, han sido muchos los días en los que los toros han abierto carrera.

Y ello me lleva a recordar otra iniciativa de la que se viene hablando en los últimos años en relación con los encierros de Pamplona: el hecho de que haya ganaderos que “preparan” a sus toros durante los meses previos a los sanfermines para que realicen un “buen” encierro y, ya de paso, pensando también en la lidia de la corrida vespertina.

De este tema, concretamente, se habló en las tertulias que cada mañana de encierro presenta y dirige Javier Solano en un salón del Hotel Maisonnave (por cierto: que vuelva Solano a presentar el especial de TVE, por favor; que el de este año ha sido igual de malo que el anterior, y Patxi Fernández sigue demostrando que carece de capacidad para sostener todo un programa de televisión sobre el encierro y menos aún la tendría para aguantar una tertulia de una hora en un salón que siempre está abarrotado de corredores del encierro).

Pues bien, en esas tertulias del Maisonnave se comentó que la supuesta “preparación” de los toros está contribuyendo a elevar la velocidad con la que se vienen desarrollando los encierros en los últimos años, pero que también se está viendo que estos toros “preparados”, más poderosos y musculados, pueden realizar estragos en las calles del recorrido de la Vieja Iruña cuando se rompe el encierro y se quedan sueltos. Y Javier Solano puso el ejemplo del toro Universal, de la ganadería Marqués de Domecq.


Cabeza de Universal, de Marqués de Domecq, que se exhibe en el salón del txoko Adarraunditxokoa


Universal, que se quedó suelto en la Plaza Consistorial, protagonizó el encierro corrido en Pamplona el día 12 de julio de 2007, causando seis de los siete heridos por asta de toro de aquel día y provocando escenas de enorme poderío en los distintos tramos del encierro que hizo en solitario.

Terminada la tertulia, en un aparte, le recordé a Javier Solano otro toro que se enseñoreó de las calles del encierro el día 11 de julio de 2005: Vaporoso, de Jandilla, que se quedó suelto desde Mercaderes y causó tres de los cuatro heridos en aquel encierro, entre ellos un sargento de la Policía Municipal que se encontraba detrás del vallado, incluso. Un toro que demostró tal poderío que en los últimos 20 metros de la calle Estafeta pegó un arreón tremendo contra los mozos que tiraban de él hasta que consiguió alcanzar, embestir y zarandear a un corredor contra el vallado de la derecha de Telefónica.

Son sólo dos ejemplos de este nuevo tipo de toro que en los últimos años se está seleccionando para Pamplona y que junto a innovaciones como el antideslizante o medidas como la elección de los cabestros están condicionando la velocidad con la que se viene corriendo el encierro desde el año 2005; siendo rapidísimos en particular los de este año 2011, en el que destaca la carrera que realizó Resistón, de El Pilar, que voló por la calle Estafeta el día 13 y arrolló a cuantas corredores quisieron aguantar su velocidad.

Por último, no quiero dejar en el olvido de este comentario que en los sanfermines 2011 sólo se han registrado cinco heridos por asta de toro. Un número inferior a la media habitual y que, sin olvidar a los afectados y desearles una pronta recuperación, es motivo de felicitación. Y también un dato estadístico. Lo digo por la “penúltima” idea en relación con los encierros:


“se abren las apuestas”.
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Lagun
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NOTA: quiero agradecer a mi amigo y compañero C. B. las atenciones que siempre tiene conmigo y, para esta entrada en concreto, que me haya abierto las puertas de “Adarraunditxokoa” y me haya dado autorización para publicar la foto de la cabeza del toro “Universal”.
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6/7/11

Toreo a la Suiza, Suerte del Palenque o Toro de los Mozos Molineros

Apunte a tinta – Autor: José Puente – Fuente: ABC 26.05.1992


Fue Francisco Montes, “Paquiro”, quien fijó en el segundo tercio del siglo XIX los cimientos de la estructura y el orden de las corridas de toros tal y como hoy las conocemos. Hasta entonces los festejos taurinos tuvieron un desarrollo que no estaba sujeto a unas reglas tan concretas como las actuales, de tal forma que a cada toro que se soltaba en el ruedo se le solía dar un tipo de lidia distinto y se le practicaban unas suertes muy variadas. Una de ellas recibía en la mayor parte de España la denominación de “toreo a la suiza” o “suerte del palenque”.


Desde la Edad Media, al menos, era costumbre que los reyes que acudían a presenciar una función taurina ocupasen un palco principal, a cuyo pie se disponía un zaguanete de guardias reales con la misión de proteger dicha instalación de las posibles acometidas de los toros, haciendo huir a los animales con las alabardas que los miembros de ese cuerpo de guardia portaban habitualmente como armamento. Alabarda a la que popularmente se llamaba "suiza", por haber sido introducida en España por la infantería de ese país centroeuropeo, y dio nombre a la expresión "toreo a la suiza".

Esa disposición de los guardias reales en los festejos taurinos fue usual en tanto en cuanto el desarrollo de los mismos tuvo lugar en recintos que no disponían de barrera o ésta carecía de la suficiente solidez o seguridad. No obstante, cuando se empezaron a acondicionar cosos especiales, se mantuvo después como elemento protocolario de las funciones reales más extraordinarias.


La fotografía anterior debe ser, muy posiblemente, de la última vez que se dispuso esta formación de la Guardia Real en un festejo taurino. Lo que resulta difícil es ponerla fecha. Al menos para mí; pues en las distintas webs donde aparece publicada se da una distinta: de 1879, con ocasión de la corrida celebrada en Madrid para festeja la boda de Alfonso XII con Maria Cristina de Habsburgo; de 1902, durante la corrida celebrada en Madrid con motivo de la coronación de Alfonso XIII; y de 1929, en una corrida celebrada en Sevilla. Personalmente, la barrera de la instantánea no me recuerda a la de la antigua plaza de Madrid por varios detalles, sino más bien a la de Sevilla, y en 1929 se celebró allí la Exposición Iberoamericana, que pudo dar a pie a una exhibición de esta antigua misión de la Guardia Real, pero...

En todo caso, resulta impactante la imagen de los guardias reales aguantando la formación ante la cercanía del toro con sus alabardas apoyadas en la barrera para resistir el empuje de las embestidas.

Esa maniobra de defensa practicada por los miembros de la Guardia Real con sus alabardas derivó en un tipo de suerte taurina que, como ya queda apuntado, recibía los nombres de "Suiza" o "Palenque".

Francisco de Goya – Grabado 17: “Palenque de los moros hecho con burros


Esta suerte taurina, como forma de lidia ya específica que se incluía en la programación de los festejos, se caracterizaba por ser predominantemente popular y por el hecho de que su finalidad era la de dar muerte al toro y no la de defenderse de él.

La definición más antigua nos la ofrece el humanista e historiador Gonzalo Argote de Molina (1549-1596), a quien debemos una compilación de textos medievales de extraordinario valor y, concretamente, en “La montería de los toros en el coso” nos dice que: “En Andalucía, en la ciudad de Baeza, se acostumbra por los mancebos de una villa a ella sujeta, llamada Vilches, esperar en la plaza al toro un escuadrón de piqueros, y al tiempo que el toro embiste en ellos, lo levantan por el aire sobre las picas, y le tienden en la plaza muerto, que es suerte de mucha destreza, a cuya forma de regocijo llaman la suiza”.

Ni que decir tiene que, además de destreza, para esta suerte era preciso que los hombres tuviesen valor, fuerza y experiencia para saber actuar de manera conjuntada y armónica. Y, por otro lado, que a la forma de sentir actual se antoja que la suerte era muy cruenta.


Esta forma de lidia popular debió estar bastante extendida por la Península, pues también fue practicada en la Villa y Corte, como nos indica Rafael Cabrera Bonet en su artículo “La iniciativa empresarial privada en el devenir del festejo madrileño del siglo XVIII”, donde recoge que en la programación de los festejos que tuvieron lugar en Madrid los días 19 y 30 de septiembre de 1737 aparecía la suiza entre las distintas formas de lidia previstas; y que sería ejecutada por “mancebos”, lo que confirma su índole popular. Cabrera Bonet recoge en ese mismo artículo otros festejos en la Capital de 1758 y 1766 en los que también se programó la misma suerte.


El hecho de que la suerte del palenque, o la suiza, se practicase en la capital del Reino nos da cierta medida de la posible popularidad que debió tener en distintas regiones de la Península. De hecho, también se realizaba en la zona del valle del Ebro, pues contamos con documentación que nos acredita que fue costumbre muy arraigada incluir esta suerte en Pamplona con ocasión de las fiestas del Glorioso San Fermín. Y hay que dejar señalado que allí, en Pamplona, a la suerte del palenque se la conocía con una denominación que resulta muy llamativa: “Toro de los Mozos Molineros”.


Luis del Campo, en su obra “Pamplona y Toros. Siglo XVII”, nos da cuenta de la raigambre que tuvo el palenque en Pamplona durante los siglos XVII, XVIII y parte del XIX, y que era realizado por los “mozos molineros” como “número que rarísima vez faltó en las corridas de toros pamplonesas”.

Se pregunta el insigne historiador pamplonés que si fueron ejecutores sobresalientes de esta suerte los servidores de los molinos para arrogarse el monopolio de su práctica. Y dice que, hipotéticamente, lo considera posible.

Por otro lado, también nos descubre Luis del Campo que la lanza o pica con la que ejecutaban la suerte los mozos molineros recibía el nombre de “garrochón”. Y continúa explicando que “en cualquier época el palenque lo dieron, ocho o diez hombres o mozos valientes y formando cuadrilla con garrochones o picas, pero con la finalidad no de frenar las acometidas de la res, sino de forcejear con ella e intentar matarla. Se comprende que no se autorizara el palenque en Pamplona hasta que se considerara como normal matar el toro en el ruedo, razón para encontrar una de sus primeras citas, posiblemente sin ninguna otra anterior, en 1650”. Además, Luis del Campo aporta partidas de gastos de otros años posteriores que acreditan la continua inclusión de la suerte en los festejos taurinos de la capital navarra.

Tan arraigada era la costumbre que hasta bien entrado el siglo XIX perduró la práctica de esta suerte. Koldo Larrea, en “Pamplona y Toros. Siglo XIX”, deja anotado que en 1831 “el llamado toro de los molineros toca a su fin. Lo que fue tradicional durante siglos se maleó en los últimos años al pretender remuneración”. Aún así, anota su inclusión en las fiestas de los años 1832, 1833, 1844 y 1845.


Precisamente por esas fechas, como decía al principio, Paquiro impulsó la estructura y el orden actuales de las corridas de toros, y ello debió ser la causa principal de la eliminación en los ruedos españoles de antiguas suertes taurinas como la del palenque. No obstante, su carácter popular debió propiciar que se siguiera practicando en las fiestas de las localidades donde era tradición.

Ahora bien, hay que convenir que el palenque traía causa de la primitiva suerte de la lanzada, y que su crudeza fue provocando la paulatina desaparición de todas las prácticas derivadas de aquélla. Actualmente, en España sólo perdura un festejo popular con una práctica que tiene su origen en la suerte de la lanzada, aunque en este caso se realiza de forma individual: el Toro de la Vega, en Tordesillas (Valladolid), que obtuvo la declaración de Fiesta de Interés Turístico de España por Resolución de la Secretaría de Estado de Turismo de 18 de enero de 1980.
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Lagun
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NOTA: Con mi bitácora no tengo fines lucrativos, por lo que solicito a los propietarios de los derechos de autor de las imágenes publicadas en esta entrada que me permitan mantenerlas.
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22/6/11

Coria



Municipio de la provincia de Cáceres, en la Comunidad Autónoma de Extremadura (España). Está situado en el noroeste de la provincia, en la comarca de Valle del Alagón, a unos 70 kilómetros de su capital.


Lámina a plumilla – Autor: Jaime Valiente – Fuente: “Extremadura Perdura


Según todos los estudiosos, los “sanjuanes” de Coria tienen su base festiva en la cultura prerromana de los vetones, que rendían culto al Sol y al Toro.

Por otro lado, la forma de celebrar los juegos de toros en los sanjuanes contaba también con elementos que provenían de la ancestral tradición del “Toro Nupcial”: las banderillas de los mozos, el afán por lograr las turmas del toro y, muy posiblemente, hasta los soplillos, como se puede desprender de la Cantiga CXLIV.

Dos raíces que encuentran su eje en una consideración totémica del Toro.


Historia

En el término municipal de Coria se han hallado algunas evidencias humanas prehistóricas que se remontarían al Paleolítico Inferior, pero el primer indicio de un asentamiento continuado no lo tenemos hasta los tiempos previos a la dominación romana:

Coria se encuentra en un punto limítrofe entre los territorios que, antes de la llegada de los romanos, ocuparon los lusitanos y los vetones. Ptolomeo no la encuadra como vetona, pero se han encontrado vestigios que indican que sí lo fue, pues uno de los núcleos neurálgicos vetones fue la antigua Caura, de donde derivaría el nombre de Coria en latín: Caurium, que es como se denominó definitivamente a la población una vez conquistada por Roma tras un largo período de confrontaciones con los pobladores autóctonos.

De esa época romana es la Muralla de la ciudad.

El siglo V fue un período convulso en el que se produjo la caída del Imperio de Roma y, en la Península Ibérica, las invasiones bárbaras. Nada más comenzar el siglo VI, los visigodos crearon un reino hispanovisigodo con capital en Toledo, en el que Coria destacó como ciudad de importancia, ya que de esta época es cuando se data con certeza la existencia de la Diócesis de Coria.

La localidad pasó a formar parte del territorio musulmán a mediados del siglo VIII y, pese a los continuos intentos de reconquista por parte de los cristianos, estuvo bajo dicho dominio hasta el año 1142, que fue cuando la conquistó definitivamente el rey Alfonso VII.

Una vez reconquistada, Coria quedó constituida como localidad de realengo, pero en el siglo XIV fue donada su tenencia al maestre de la Orden de Alcántara, y en el siglo XV pasó a ser feudo de la Casa de Alba. En esta época fue cuando se erigió el Castillo de la ciudad.

Por su parte, la Catedral se comenzó a construir a finales del siglo XIV, pero tardaron tres siglos en concluirla, combinándose por ello varios estilos artísticos en su obra.

El siglo XVI debió ser, sin duda, el de mayor prosperidad en Coria, como lo prueba el hecho del gran número de edificios que tiene de esa época. A partir de entonces fue languideciendo el esplendor de la ciudad.

La condición de ciudad amurallada continuó siendo determinante a lo largo de la historia de Coria para verse implicada en episodios bélicos, como ocurrió en el siglo XVII en la guerra contra Portugal y en el siglo XIX en la Guerra de la Independencia. Entre ambas, el famoso terremoto de Lisboa de 1755 también sacudió a Coria, provocando severos daños en la Catedral, algunos de ellos aún visibles, así como la variación del curso del río Alagón, lo que motivó a su vez que el puente de piedra que lo cruzaba quedara alejado del nuevo cauce.

En 1959 ocurrió un hecho que causó una gran conmoción en Coria. Ese año se constituyó la nueva Diócesis de Coria-Cáceres y, de facto, todo lo relativo al organigrama se trasladó a la capital provincial, lo que provocó numerosas protestas vecinales.

Tras varias centurias de estancamiento, Coria experimentó un innegable desarrollo durante las últimas décadas del siglo XX, afianzando su histórica condición de cabecera comarcal.


Monumentos


Ara romana incrustada en la Muralla de Coria


Coria posee un rico y valioso patrimonio monumental, del que resulta difícil destacar una única obra arquitectónica. Pero la que mejor puede aunar su valor arquitectónico con la implicación en la historia de la ciudad es, sin duda, la Muralla.

La Muralla de Coria es un extraordinario ejemplar de arquitectura militar romana que fue edificada entre los siglos III y IV, aunque cuenta con agregados y refuerzos árabes y medievales. Su conservación es magnífica, una de las mejores de Europa. Tiene un trazado casi trapezoidal y posee cuatro puertas de acceso abiertas: dos romanas y otras dos posteriores.


Turismo

Urbano.- No resulta necesario salir de la localidad de Coria para disfrutar de una enriquecedora jornada turística recorriendo su Casco Histórico Artístico y visitando el resto de sus monumentos, como el Castillo (del siglo XV-XVI), la Catedral (entre los siglos XV y XVIII) o el Palacio Episcopal (s. XVII). Os dejo un enlace para ampliar la información.

Naturaleza: los Canchos de Ramiro.- Aguas abajo de Coria, el río Alagón se encañona a su paso por las sierras de la Garrapata y la Solana, conformando un enclave rocoso conocido como los Canchos de Ramiro, en el que su vegetación, de tipo monte mediterráneo, y especialmente su fauna han determinado su declaración como Zona Especial de Protección de Aves, ya que allí habitan cigüeña negra, alimoche, águila imperial, águila real, buitre negro y buitre leonado, entre otras.



Es un enclave idílico para la práctica del senderismo, existiendo una ruta que parte desde el municipio de Cachorrilla (a unos 20 kilómetros de Coria), perfectamente señalizada y con paneles explicativos. Hay, además, un Centro de Interpretación Ambiental.


Fiestas de San Juan

No contamos con datos fidedignos del verdadero origen de estas fiestas. Pero, como el pueblo de los vetones era eminentemente ganadero y rendían culto al Toro y al Sol, se asocia ese conjunto de ideas para defender que son unas fiestas que deben tener un origen vetón, que debían festejar el Solsticio de Verano y que, posteriormente, se habrían cristianizado, pasando a celebrarse en el día que se honra a San Juan Bautista.

Respecto a la concreta costumbre de correr toros en estas fiestas, tampoco se puede asegurar su origen, aunque existen varias leyendas que tratan de aportar la razón del inicio de esta tradición. No obstante, lo que sí es cierto es que, cuando el Papa Pío V dictó en 1567 la bula “De salutis gregis dominici”, prohibiendo los espectáculos en los que se corrían toros, en Coria se aplicó el mandato que recogió Fray Manuel Rodríguez Lusitano en 1593: se prohibió correr toros por las calles de la ciudad cerradas de tal manera que no pudieran huir.

En 1606 se desobedeció ese mandato y fueron excomulgados el corregidor y los regidores, que llevaron su caso ante la Real Audiencia de Valladolid y lograron su absolución demostrando que “en esta ciudad había costumbre inmemorial de correr los toros por las calles, con las puertas cerradas, en los días de San Juan Bautista (24 de junio), Santiago Apóstol y Santa Ana (25 y 26 de julio) y Visitación de Nuestra Señora (8 de septiembre), con conocimiento y aprobación de los Prelados, canónigos y clérigos, participando éstos activamente en las fiestas”.

Ese legado histórico inmemorial es el que marca el arraigo que los caurienses siguen teniendo por sus sanjuanes.

En la actualidad, las Fiestas de San Juan de Coria, declaradas de Interés Turístico Nacional, se celebran entre los días 23 y 29 de junio, y en la web del Ayto. de Coria que os enlazo contáis con toda la programación del presente 2011, incluido el cartel de los toros que se correrán durante estos días de Fiesta.
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NOTA: Con mi bitácora no tengo fines lucrativos, por lo que solicito a los propietarios de los derechos de autor de las imágenes publicadas en esta entrada que me permitan mantenerlas, especialmente a Jaime Valiente, el autor del magnífico dibujo a plumilla que encabeza el texto, y con el que comparto en esta entrada el ideario de su blog (“extremaduraperdura”): dar a conocer, en este caso, la ciudad extremeña de Coria.
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13/6/11

Toros de la Tierra

Fig. 1: Ciervo, de D. Manuel García Puente López (ganadería de Aleas). Lidiado: 13.05.1855
................ Óleo sobre papel .... Autor: Pablo Moreno Alcolado
................ (basado en el dibujo original de Manuel Castellano)



No son pocos los conceptos e ideas “oficiales” de las castas fundacionales del toro de lidia que se van cuestionando con el paso del tiempo y la labor de los investigadores. El motivo más importante de crítica es que en la relación oficial de castas no se incluyeron líneas ganaderas que, en su día, también contribuyeron a la lidia, ya que los antecedentes históricos ofrecidos se suelen limitar al siglo XVIII, omitiéndose generalmente referencias al siglo XVII, que es cuando se piensa que se empezó a fraguar la diferencia entre toros criados para el consumo alimenticio y toros seleccionados para la lidia, y por tanto donde estaría el origen de algunas otras castas fundacionales.

La casta denominada “Toros de la Tierra” sería una de las que no han sido tratadas con rigor. A esta casta de reses bravas asociada a la localidad madrileña de Colmenar Viejo no se la viene considerando como fundacional propiamente dicha, sino como asimilada a la casta Jijona, dado que en las vacadas asentadas en dicha localidad se incorporó mucho ganado de esa sangre entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. No obstante, lo que no se puede olvidar de la historia ganadera de la región madrileña y, en especial, de la comarca de Colmenar es que antes del último cuarto del siglo XVIII ya se lidiaban “toros de la tierra” y que por entonces estaban desligados por completo de los “jijones” que se criaron en Villarrubia de los Ojos.

Así, a modo de ejemplo contrastado, Francisco López izquierdo (“Los toros en la Plaza Mayor de Madrid. Documentos”) refiere que en 1616 se corrieron “toros de la tierra” en Madrid, pero que saliera muy malos, por lo que los regidores decidieron traerlos de Salamanca para los festejos de 1617, y que ello provocó tal malestar en los ganaderos postergados que corría el rumor por la Villa de que tenían intención de salir al encierro para desbaratarlo.

De esta noticia se pueden extraer tres conclusiones. Primera: en los festejos taurinos de principios del siglo XVII ya se corrían reses que denominaban “toros de la tierra”. Segunda: dichas reses eran propiedad de unos ganaderos que, no es que se viesen obligados a ofrecer ejemplares para ser lidiados en los festejos por tener asignado el abasto de carne, sino que criaban toros con la intención de venderlos para la lidia, y de ahí el disgusto por ser excluidos. Y tercera: los “toros de la tierra” corridos en Madrid en 1616 no podían ser de casta Jijona, ya que la versión oficial de la historia de dicha casta sitúa la fundación de la ganadería de Juan Sánchez-Jijón de Salcedo en 1618, y en un estudio de los hermanos Candelas y Cecilio Naranjo González (“Linajes de los primeros criadores de toros jijones”) incluso se posterga ese hecho hasta mediados del siglo XVII; estando admitido, por otro lado, que es de 1679 la primera noticia fidedigna de toros de la familia Jijón corridos en Madrid.


Origen


La expresión “toros de la tierra” parece un tanto ambigua, pues podría hacer referencia a cualquier zona de la Península. Pero, al realizarse la clasificación de las castas fundacionales, se denominó “Toros de la Tierra” concretamente a la casta de toros que se criaban en la comarca de Colmenar Viejo.

Como solía ocurrir en la formación de las más antiguas vacadas, el origen de estos toros tuvo que ser el ganado autóctono que se venía criando salvaje en la localidad de Colmenar y, por extensión, en la zona central de la Sierra de Madrid y sus cuencas fluviales, especialmente en la del Jarama.

Respecto al fenotipo de los toros primigenios de estas comarcas, carecemos de una fuente que lo describa. Por tanto, no disponemos de datos tan básicos como, por ejemplo, si eran de un tronco negro o castaño, y por ello tampoco cabe asegurar categóricamente que las reses que dieron origen a los “Toros de la Tierra” eran idénticas a las empleadas para crear la casta Jijona. Es más, difieren a la vista de la descripción más antigua que disponemos de los toros que se criaban en la cuenca del Jarama a finales del siglo XVI. Según Jerónimo de la Huerta, eran “por la mayor parte negros o de color fusco o bermejo; tienen los cuernos cortos y delgados, acomodados para crueles heridas y para levantar cualquier cosa del suelo; la frente remolinada; la cola, larga, hasta tocar en la tierra; el cuello corto; el cerviguillo, ancho y levantado; los lomos, fuertes; los pies, ligeros, tanto que alcanzan a la carrera a un ligero caballo...”.

Y hay que suponer que, a medida que subamos de cota, aún debían ser más ligeros los toros que se criaban en la zona de Colmenar Viejo y en la serranía.

Tampoco nos ha llegado información sobre el proceso histórico de creación de las más antiguas vacadas en Colmenar, pero es lógico pensar que la elección de Madrid como residencia permanente de los reyes desde 1561 debió incidir considerablemente en la formación o aumento de ganaderías en sus áreas aledañas, incluida Colmenar, para abastecer de carne a la Corte y, por otro lado, para proporcionar toros a los festejos taurinos que se daban en la Villa, dada la gran afición a los mismos de los monarcas de la Casa de los Austrias.


Ganaderos de “Toros de la Tierra” hasta finales del siglo XVIII


Hasta bien entrado el siglo XVIII era muy común que en las contrataciones de toros para festejos taurinos se siguiese más el criterio genérico de las zonas de crianza que el específico de las ganaderías, y esa puede ser una de las razones para que la documentación existente apenas facilite noticias de nombres de ganaderos que destinaban toros para la lidia. Eso mismo es lo que ocurre en el caso de Colmenar Viejo.

Como hemos visto, ya había ganaderos que criaban “toros de la tierra” en 1616, cuando menos; pero el primer nombre que se conoce es de mediados del siglo XVII: José Rodríguez García. El dato lo proporciona Luis Uriarte (“El toro de lidia español: ensayo de revisión histórica de las ganaderías en su origen”), que califica a la vacada de José Rodríguez como la “ganadería básica” de los “Toros de la Tierra”. Uriarte dice que José Rodríguez era abastecedor de carne hacia la mitad del siglo XVII, y que también dedicaba parte de los toros para la lidia. Respecto a su procedencia, mantiene que se surtía para su explotación de reses de Colmenar y sus zonas aledañas, así como de ganado de la ribera del Jarama y comarcas más alejadas, como los Montes de Toledo o Salamanca.

Partiendo de don José Rodríguez, Uriarte ofrece una copiosa información de las distintas líneas de descendientes que siguieron con la ganadería, así como los nombres de otros criadores de Colmenar Viejo, en la mayoría de los casos emparentados por vía de matrimonio con aquellos, hasta llegar finalmente a una serie de ganaderos de los que ofrece el año en el que tomaron antigüedad en Madrid: Pedro Jusdado (en 1775), el presbítero Manuel Rodríguez González (en 1776), Antonio y Fernando González Segura (en 1776), Antonio Rodríguez (en 1777), Pedro Lasso (en 1778), Juan Alamín (en 1782), Juan Bañuelos (en 1785) o Antonio Hernán Chavetanas (1786), entre otros.

Hay que destacar a esta generación de criadores colmenareños de “Toros de la Tierra” pertenecientes al último cuarto del siglo XVIII por varios motivos.

Por un lado, por que conforman una lista muy amplia. Ahora bien, debemos suponer que sus vacadas debían estar formadas por un reducido número de cabezas de ganado. Esta deducción se corrobora con un contrato de 26 de abril de 1770, obrante en el Archivo Regional de Madrid, en el que se acordó comprar todos los toros de saca mayores de cinco años de los ganaderos de Colmenar Viejo; pero finalmente (sólo) fueron 51 las reses lidiadas ese año en Madrid, según figura en otro documento de 22 de octubre. Dato que parece muy significativo sabiendo que eran “todos los toros de saca” de una localidad con tantas ganaderías.

Por otro, tanta presentación de ganaderos denota que en el último cuarto del siglo XVIII había una gran demanda de toros en Madrid. Y, además, toros que fueran de la zona de Colmenar. Una razón para ello está en el auge que adquirieron los festejos taurinos en aquella época con la enconada rivalidad entre Pedro Romero, Costillares y Pepe-Hillo. Además, es conocido que los dos últimos diestros citados no eran partidarios de enfrentarse a toros castellanos, por lo que se fue reduciendo la contratación de esas reses y aumentó la presencia de toros de casta Navarra, Jijona y de los “Toros de la Tierra”.

Por último, también es destacable esa relación de criadores colmenareños del último cuarto del siglo XVIII porque estamos ante la última generación de ganaderos que, como norma general, lidió ejemplares de la primitiva casta de “Toros de la Tierra” antes de que a Colmenar empezasen a llegar masivas puntas de ganado de casta Jijona, modificando la cabaña brava preexistente.

Es por este motivo que esa nueva época se tratará en el siguiente apartado, pero quiero concluir éste con un caso singular, con una dinastía de ganaderos que perteneció mayoritariamente al siglo XIX y que también realizó cruces con reses de casta Jijona, pero que desistió de seguir adelante con los resultados, eliminó todo lo de esa nueva sangre y continuó lidiando toros de la primitiva casta colmenareña. Esa dinastía ganadera es la de “Los Bañuelos”.

Fig. 2: Vidrioso, de D. Manuel Bañuelos. Lidiado: 18.06.1854
.................. Óleo sobre papel .... Autor: Pablo Moreno Alcolado
.................. (basado en el dibujo original de Manuel Castellano)


La dinastía de los Bañuelos estuvo encabezada por Juan Bañuelos, quien ejerció de ganadero durante una veintena de años como padre de Manuel Bañuelos Rodríguez, que fue quien realmente heredó la ganadería por línea materna siendo un niño de corta edad. El ganado heredado por los Bañuelos provenía de la rama del presbítero Manuel Rodríguez González, la más selecta de cuantas se habían ido forjando desde que fundara la ganadería su creador.

Tras la gerencia del citado patriarca, Manuel Bañuelos entró en posesión de la vacada en 1808 y se estrenó en Madrid cinco años después. Don Manuel, en su afán de mejorar la casta de sus reses, agregó sementales de Gaviria y de El Barbero de Utrera, y vacas de Antero Martín oriundas de las que tuvo José Manzanilla con sangre jijona. Pero ese intento de cruce no proporcionó buenos ejemplares y el ganadero optó por deshacer la cruza, eliminando el ganado mezclado y todos sus frutos, para volver a incidir en la selección de los ejemplares de la primitiva casta de los “Toros de la Tierra”.

A la muerte de don Manuel en 1852, pasaría la ganadería a su hijo Pablo Bañuelos, pero falleció tempranamente, y de forma inmediata la heredaron sus descendientes, entre los cabe destacar en primer lugar a Manuel Bañuelos Salcedo, que gozó de gran prestigio y muy buen cartel tanto en Madrid como en otras provincias. En 1894 vendió la ganadería a su hermana Prudencia Bañuelos Salcedo, quien la conservó durante un cuarto de siglo.

No sería hasta el año 1914 cuando doña Prudencia Bañuelos, aconsejada por sus hijos, permitió cruzar la antigua sangre colmenareña de sus reses con la que aportó un semental de procedencia Saltillo llamado Africano.


Los “Toros de la Tierra” con sangre jijona

La ganadería que fundara la familia Jijón en Villarrubia de los Ojos sufrió muy pocas divisiones durante su primer siglo de existencia; y a mediados del siglo XVIII se reagrupó incluso, al fallecer don Pedro Jijón sin descendencia en 1752 y pasar su vacada por vía de herencia a los miembros de la otra rama familiar que, por entonces, ostentaban la titularidad de la línea más importante de casta Jijona: los célebres hermanos don José y don Miguel Jijón. Tras esa reagrupación, entre los descendientes directos de los fundadores de la afamada vacada sólo debió quedar con ganado de esa casta doña Elena Jijón. Al margen, lógicamente, de los hermanos José y Miguel antes citados.

No obstante, por aquella época había otros ganaderos que en todos los tratados se les adjudica la condición de ser propietarios de ganado de casta Jijona, como el Marqués de Malpica o Diego Muñoz Vera, por ejemplo. Y, al margen, también hay que reseñar los nombres de tres personajes de la época relacionados con el mundo del ganado bravo: don Benito Torrubia, vinculado por lazos comerciales o administrativos con doña Elena Jijón; don José Manzanilla, que adquirió ganado de doña Elena por intermediación o compra directa a Torrubia; y don Vicente Perdiguero, que compró a Manzanilla parte de las reses de casta Jijona que éste había adquirido.

Se hace difícil imaginar que José y Miguel Jijón, en el cenit de su carrera, se dedicasen a traspasar reproductores a otros ganaderos en el último cuarto del siglo XVIII para que pudieran hacerles competencia con toros de su misma procedencia. Pero, dada precisamente la fama que por entonces atesoraban los toros jijones de Villarrubia de los Ojos, es fácil entender que los otros propietarios de ganado de esa casta sí que atendieran la fuerte demanda que provenía de Colmenar por adquirir reproductores de casta Jijona para realizar cruces o formar nuevas ganaderías directamente. Y en la intermediación o en las ventas, además del Marqués de Malpica o Diego Muñoz Vera, tuvieron una especial significación José Manzanilla y Vicente Perdiguero.

Así, como escribió Alberto Vera “Areva” (“Ganaderos de antaño”), rara fue la ganadería del contorno de Colmenar Viejo que en los últimos lustros del siglo XVIII no llevase en su venas algún cuarterón de la preciada sangre jijona.

A partir de ahí, en los 150 años que mediaron entre finales del siglo XVIII y el primer tercio del XX, fueron muchos los ganaderos de Colmenar que lidiaron con éxito reses que eran conocidas como “Toros de la Tierra” pero tenían procedencia jijona, encumbrando a las más altas cotas de la fama a aquella localidad serrana. Y este texto, cuya finalidad principal es dejar constancia de la raíz que representó la más primitiva casta de los “Toros de la Tierra”, debería finalizar aquí, pues la casta Jijona ya “reinaba” en Colmenar Viejo. No obstante, sería injusto si no hiciese una breve reseña de, al menos, tres de las ganaderías de Colmenar Viejo que más fama lograron en el siglo XIX para indicar su procedencia inicial.


La ganadería de los Gómez

Fig. 3: Cardador, de D. Elías Gómez. Lidiado: 12.06.1854
................... Óleo sobre papel .... Autor: Pablo Moreno Alcolado
................... (basado en el dibujo original de Manuel Castellano)


Don Elías Gómez, para cumplir el deseo de su hijo Félix, compró en 1829 la ganadería colmenareña de don José López Briceño, que había sido formada en el año 1776 por don Manuel García Briceño con vacas del marqués de Malpica y Diego Muñoz Vera, de sangre jijona, y sementales de su misma casta.

La ganadería adquirida por don Elías estaba muy abandonada y era muy corta: una treintena de cabezas, la mayoría hembras, y dos sementales; por lo que decidió agregar medio centenar de vacas de los ganaderos de Colmenar Viejo Manuel Salcedo y Pedro Lasso.

Tanto en la época de don Elías como en la de don Félix, los toros de los Gómez gozaron siempre de gran cartel. Predominaba en ellos la capa retinta, y su trapío, bravura y codicia fueron las notas más destacadas por todos los públicos; incluso por toreros como el célebre Francisco Montes “Paquiro”, que llegó a decir que “se mataban bien porque eran bravos y manejables”.


La ganadería de Aleas


Don Manuel Aleas López adquirió hacia 1783 una punta de 20 vacas y un semental de Vicente Perdiguero, procedentes de las reses de casta Jijona que José Manzanilla había comprado anteriormente a Benito Torrubia. También adquirió reses de otros criadores de Colmenar y Chozas de la Sierra con idéntica procedencia. Con esos mimbres comenzó su andadura esta vacada, que pronto adquirió renombre y, al tiempo, alcanzaría la cumbre de la fama en la época del hijo del fundador, don Manuel Aleas Fernández.

A lo largo de la historia de esta ganadería se siguió refrescando su sangre con reses jijonas de Diego Muñoz Pereiro, Manuel Gaviria y Antero Martín. Incluso hubo un cruce con un toro vistahermoseño de El Barbero de Utrera que, parece ser, se llevó la reata por separado.

Con todo ello y como se puede apreciar en la figura 1 del texto, los toros de Aleas adquirieron una morfología que, aunque apretada y de gran finura, lucía un excelente trapío; y era muy habitual en ellos la capa retinta. Por otro lado, su comportamiento resultaba tan bravo y codicioso que hasta llegaban a resultar temidos. “A los de Aleas ni los veas”, se llegó a decir.


La ganadería de Vicente Martínez

Fig. 4: Balleno, de D. Vicente Martínez; antes de Juan José Fuentes. Procedencia Jijona. Lidiado: 9.04.1855
................. Óleo sobre papel .... Autor: Pablo Moreno Alcolado
................. (basado en el dibujo original de Manuel Castellano)



La envidiable posición económica de don Vicente Martínez le permitió cumplir su deseo de hacerse ganadero de bravo sin poseer previamente fincas ni ganado; pero fue su gran afición la que le llevó a convertirse, además, en un extraordinario y afamado criador de toros.

Don Vicente Martínez compró en 1852 la ganadería de Juan José Fuentes, que había sido fundada en 1797 por Julián Fuentes con sementales de José Jijón y vacas salmantinas que, según Uriarte, sustituiría después por otras jijonas.

Su continuo deseo de mejorar las reses de su ganadería le llevó a ensayar diversos cruces con sementales andaluces, llegando el acierto con uno berrendo en negro de Joaquín de la Concha y Sierra que dio una excelente descendencia y, en morfología, aportó mayor finura y amplió la variedad de pelajes, pasando del colorado simple a diversas gamas berrendas.

A la muerte de don Vicente, tras 42 dos años de trayectoria ganadera, la vacada pasó a ser regentada por sus hijos políticos, que acentuaron el crédito de la ganadería con la incorporación del toro Diano, de Eduardo Ibarra.



Terminar este texto con la ganadería de Vicente Martínez ha tenido como intención que también fuese la imagen del toro Balleno la última que apareciese publicada.

Balleno lucía el hierro de Juan José Fuentes, su propietario hasta hacía tres años, cuando en 1855 fue lidiado en Madrid a nombre de Vicente Martínez. Como queda indicado, la procedencia de la ganadería de Fuentes era jijona y, por tanto, también la de este toro. Por ello, y dada su espectacular presencia, el dibujo que de él realizara Manuel Castellano se viene usando para ilustrar la morfología típica de los toros de casta Jijona.

En mi bitácora, en cambio, he decidido incluirlo en el capítulo de los “Toros de la Tierra”, aunque indicando su procedencia real. Al fin y al cabo, la vacada de Juan José Fuentes radicaba en Moralzarzal, en una zona serrana de Madrid aledaña a Colmenar Viejo. Y lo he decidido así para facilitar la visualización de como, por efecto de los cruces, las capas coloradas de los reproductores de procedencia Jijona que se introdujeron en la comarca de Colmenar fueron evolucionando en sus crías hacia las retintas que predominaron en los “Toros de la Tierra” del siglo XIX. Una evolución que provendría de un oscurecimiento natural por el cruce entre la colorada de los jijones y un posible tronco originario de color negro o retinto en la casta colmenareña más primitiva.

Un motivo más para defender que, en vez de una casta totalmente asimilada a la Jijona, en los “Toros de la Tierra” siempre estuvo latente su sangre primitiva particular, y que su erradicación sólo devino con los nuevos gustos en el toreo de principios del siglo XX y nuestra desastrosa Guerra Civil.
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Lagun
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6/6/11

Feria del Toro 2011



El tema de conversación más recurrente en las cenas que esta noche se celebrarán en Pamplona para festejar el sexto escalón de la escalera sanferminera será, sin duda, la definitiva configuración del cartel de la Feria del Toro 2011, con la combinación de los toreros que lidiarán las ganaderías previamente anunciadas para las próximas fiestas de San Fermín, así como los días concretos que los toros de dichas ganaderías correrán este año por las calles de la vieja Iruña.

Además de la novillada del día 5 y los rejones del día 6, los carteles de las corridas de toros son los siguientes:

Jueves, 7 de julio. Torrestrella.
Rubén Pinar, Arturo Saldívar y Esaú Fernández.

Viernes, 8 de julio. Cebada Gago.
Francisco Marco, Morenito de Aranda y David Mora.

Sábado, 9 de julio. Dolores Aguirre.
Salvador Cortés, Alberto Aguilar y Joselillo.

Domingo, 10 de julio. Miura.
Juan José Padilla, Rafaelillo y Serafín Marín.

Lunes, 11 de julio. Fuente Ymbro.
Antonio Ferrera, César Jiménez e Iván Fandiño.

Martes, 12 de julio. Victoriano del Río.
Curro Díaz, El Juli y Miguel Angel Perera.

Miércoles, 13 de julio. El Pilar.
El Cid, El Fandi y Daniel Luque.

Jueves, 14 de julio. Núñez del Cuvillo.
Juan Mora, El Juli y Sebastián Castella.


La Comisión Taurina de la Casa de Misericordia se suele caracterizar por su conservadurismo a la hora de confeccionar la programación de los sanfermines, y en este 2011 se ha mantenido fiel a esa filosofía.

En la lista de ganaderías hay tan solo dos cambios respecto al 2010: Peñajara y Jandilla han sido sustituidas por Torrestrella y Núñez del Cuvillo. Y, además, los seis hierros que repiten han sido ubicados prácticamente en los mismos días que el año pasado: Dolores Aguirre y Miura para el sábado y el domingo de Feria, respectivamente; Cebada Gago, el día 8; Victoriano del Río, el día 12; El Pilar, el día 13; y sólo se ha movido de jornada la ganadería de Fuente Ymbro para salvar la ubicación del fin de semana.

Además, La Meca sigue insistiendo en no abrir la variabilidad de encastes del serial. Este año la ha cerrado, incluso.

Y, para colmo, si se comparan las combinaciones de diestros y ganaderías, se pude apreciar que cinco de los ocho carteles tienen una conformación muy parecida.

La plaza se llenará todas las tardes, pero faltan alicientes en esta Feria del Toro 2011, y algún que otro guiño de originalidad, o de variación, si se prefiere. Y ello también repercute en la programación de los encierros. Aunque por las mañanas, si los cabestros no lo impiden, cada carrera es distinta.

Por otro lado, muchos corredores del encierro comentarán esta noche en esas cenas de la escalera que tenían ganas de volver a correr un encierro de Torrestrella. A priori, ese es uno de los platos fuertes de los sanfermines de este año.

¡Ya falta menos!
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Lagun
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23/5/11

Soria

Capital de la provincia homónima situada en el extremo oriental de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (España).





Soria - Ermita de San Saturio

Lo que realmente se celebra en Soria para las fiestas de San Juan es el solsticio de verano: el día en el que el Sol vence al duro invierno castellano, reina en el cielo a mayor altura y, poderoso, se muestra durante más tiempo. Por ello, uno de los principales protagonistas en esas fiestas es una ancestral divinidad solar: el Toro.

En estas fiestas se han venido repitiendo una serie de actos tradicionalmente, aunque con su inevitable evolución histórica. Unos días antes de las fiestas, las Cuadrillas de la ciudad acudían al prado donde pacían los toros, para verlos y decidir cuál de ellos seleccionaría cada una de dichas cuadrillas (Lavalenguas). Después, los compraban (La Compra). Ya en fiestas, trasladaban todos los toros desde el campo a la ciudad (La Saca). Una vez allí, cada cuadrilla corría por su barrio su propio toro enmaromado y, finalmente, lo sacrificaba (Viernes de Toros). Luego, los miembros de las cuadrillas despiezaban su res, elegían las mejores carnes y degustaban una de esas tajadas. El resto del toro, lo que no habían elegido, se subastaba (Sábado de Agés). Y, para culminar el rito, se comía la carne del Tótem, con todo su poder genésico (Domingo de Calderas). Sólo restaba festejar el hecho de haber celebrado un año más la fiesta (Lunes de Bailas).


Historia

La primera evidencia de vida humana la encontramos a unos ocho kilómetros de la ciudad, en Valonsadero. En este paraje de monte, miembros de una sociedad neolítica plasmaron en abrigos rocosos representaciones de Arte Esquemático que son una expresión simbólica de sus patrones de vida.

Muy cerca también de la ciudad, el nombre de Numancia nos traslada a otro momento histórico de la comarca soriana, a la época de la invasión de Roma. Numancia era una población de origen celtíbero que se resistió durante más de veinte años a cuantos ataques le lanzaron distintos ejércitos romanos, hasta que fue sitiada por Escipión y, tras un implacable asedio de nueve meses, cayó derrotada en el 133 a.C.

Su ubicación, a orillas de Duero, confirió a Soria carácter de enclave fronterizo en la época de la invasión musulmana y, también, tras su definitiva conquista y repoblación a comienzos del siglo XII. Soria fue declarada entonces “Cabeza” de la “Tierra de Soria” y de “Estremadura”, y adquirió trascendencia.

Esa importancia que adquirió Soria en los siglos finales de la Edad Media se vio mermada al perder su valor estratégico una vez consolidado el territorio peninsular por los Reyes Católicos; y, al tiempo, al verse privada de una de sus más importantes fuentes de pujanza financiera con la expulsión de los judíos. Así, desde el siglo XVI al XVIII, la actividad económica de Soria se centró en el comercio de la lana, al ser cabecera de varias cañadas reales.

El siglo XIX marcaría el inicio del declive económico de Soria. La ciudad quedó asolada por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia, y el principal motor económico de la provincia se extinguió con la desaparición de la Mesta. Posteriormente, el olvido de los sucesivos gobiernos de España fue cerrando posibles canales de progreso y provocando su estancamiento.

Soria es en la actualidad una pequeña ciudad, con una actividad económica basada en gran parte en el sector servicios, y con un encanto turístico que emana de sus primeros hitos históricos, de su monumentalidad religiosa y civil, así como por el hecho de haber sido fuente de inspiración literaria a eminentes escritores de nuestra literatura.

Soria:
“Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Soria”
“Soria Pura, Cabeza de Estremadura”
“Soria, la Bien Cantada”
“Soria, Ciudad de los Poetas”


Monumentos

Soria goza de un gran atractivo monumental, tanto civil como religioso; y en este último ámbito destaca, sobre todo, por su arquitectura de estilo románico. Es difícil reseñar un único monumento, pero...


La Concatedral de San Pedro (s. XVI) es uno de los edificios religiosos más importantes del patrimonio soriano. Además del propio edificio, su interior acoge numerosas obras de arte y una auténtica joya: el Claustro románico del siglo XII.

Lo podéis ver todo mucho más detallado en este enlace.


Visitas

Soria tiene dos referencias históricas muy importantes, y ambas son de obligada visita. Una es Valonsadero, pero a este paraje nos acercaremos con toda seguridad porque es el centro de celebración de los festejos taurinos populares en las Fiestas de San Juan. Por ello, como visita extrataurina, os voy a recomendar para estas fechas la visita que se corresponde con la segunda referencia: Numancia.

Los restos arqueológicos de la ciudad de Numancia se encuentran en el Cerro de la Muela, en Garray, a unos siete kilómetros de la ciudad de Soria. A través de los trabajos de excavación realizados en el yacimiento, se van obteniendo datos que evidencian la superposición de varias ciudades, correspondientes a la evolución urbanística que siguió Numancia desde su fundación hasta su definitiva despoblación, ya en la Edad Media.


Fiestas de San Juan



La Saca ... Foto: El Mundo

Resulta difícil señalar el origen concreto de las actuales Fiestas de San Juan de la ciudad de Soria, pero parece evidente que estamos ante una adaptación cristianizada de una fiesta pagana que se remontaría, cuando menos, a una época prerromana.

La referencia para el inicio de estas fiestas es el jueves posterior al 24 de junio, que es la festividad de San Juan, o esa misma fecha si coincidiese que es jueves. Ese día será La Saca (con su larguísimo encierro a caballo desde Valonsadero hasta Soria), que marca todo el calendario festivo de los actos que siguen en días sucesivos, así como de otros festejos que tienen lugar desde semanas antes, como el Lavalenguas y La Compra (con sus respectivas sueltas de reses en Cañada Honda). En este año 2011 es el siguiente:

-Catapán (ya ha tenido lugar): el 1 de mayo.
-Desencajonamiento: el 4 de junio.
-Lavalenguas: el 11 de junio.
-La Compra: el 19 de junio.
-La Saca y sucesivos actos: el 30 de junio y ss.

Para una mayor (y mejor) información de todo lo referente a las Fiestas de San Juan de Soria, os recomiendo el enlace de “sajuaneando.com”.

Lagun


Nota: Ruego a los titulares de los derechos de autor de las fotografías incluidas que me permitan mantenerlas en esta entrada, pues esta Bitácora no tiene una finalidad lucrativa.