29/3/10

Arcos de la Frontera


Municipio de la provincia de Cádiz, en la Comunidad Autónoma de Andalucía (España). Está situado a unos 65 kilómetros de su capital provincial en dirección noreste.


Hay un pueblo en la provincia de Cádiz que es uno de los más bonitos de España: Arcos de la Frontera. Declarado Monumento Histórico Artístico desde 1962, cualquier época del año es buena para visitarlo, pero estas fechas en las que entramos son las más significativas y espectaculares de todas, pues su Semana Santa está declarada de Interés Turístico Nacional.

En Arcos, las angostas calles de su casco histórico son el escenario de las procesiones que reproducen la Pasión y Muerte de Cristo, en las que el dolor se hace patente a la vista de los pasos de las hermandades y cofradías. Y el domingo de Resurrección, para sacralizar el paso de la muerte a la vida, del dolor a la alegría, las gentes de Arcos de la Frontera lo celebran con un rito taurino: el Toro del Aleluya.

¿Hay quien de más?


HISTORIA

Rex Brigus Arcobrigam fundavit, Alphons Sapiens a mauris restauravit”. Es la inscripción latina que aparece en el escudo de Arcos de la Frontera y que hace referencia a que fue Alfonso X el Sabio quien reconquistó de los moros la localidad, que tendría, según cuenta la leyenda, el nombre de “Arcobriga”, al haber sido fundada por el rey Brigo, que sería un nieto de Noé.

Leyenda al fin y al cabo.

En el territorio de Arcos se han hallado vestigios que nos indican la presencia del hombre en tiempos que se remontan al Paleolítico, aún cuando no nos aseguran la existencia de una población permanente.

El origen de su nombre (del latín Arx-Arcis: fortaleza) nos indica que Arcos fue fundada por los romanos, partiendo posiblemente de un asentamiento previo. De aquella época se conservan restos arqueológicos e, igualmente, existen muestras de origen visigodo. Pero su recinto amurallado y la configuración del trazado de su casco histórico provienen de la época de la dominación árabe.

Fue una importante plaza para los Omeyas desde los primeros momentos de la ocupación de la Península y un lugar siempre codiciado en sus propias rebeliones. Hasta el punto que, tras el desmembramiento del Califato, se llegaría a convertir en reino de taifa bajo el dominio del bereber Ben Jazrum. Posteriormente quedaría anexionado al de Sevilla.

En un primer momento, Fernando III el Santo incorporó a Arcos para la causa cristiana y el reino de Castilla a cambio de respetar la permanencia en la ciudad de la población musulmana. Pero, tras una insurrección de esos ciudadanos hostiles a Castilla, fue definitivamente reconquistada en 1264 por el rey Alfonso X el Sabio. Fue entonces cuando se expulsó de la ciudad a la colonia árabe, se repobló con cristianos y pasó a convertirse en baluarte fronterizo al reino nazarí de Granada, de donde proviene su definitivo nombre: “Arcos de la Frontera”.

Juan II, a principios del siglo XV, pone la ciudad en manos de su privado Ruy López Dávalos y posteriormente fue elevada a rango de Condado y entregada a don Pedro Ponce de León en régimen de señorío, situación que perduró hasta el siglo XVIII.

Durante esas centurias, al típico caserío blanco de Arcos se le fueron añadiendo nuevas construcciones, tanto civiles como de orden religioso, que irían dando a la ciudad esos destellos de monumentalidad que la adornan. Una fisonomía que se vio convulsionada por el Terremoto de Lisboa de 1755, al hundirse el muro norte del castillo, que cayó al foso y quedó enterrado, dando origen a la calle Nueva.

A partir de entonces, la ciudad de Arcos se expandió fuera de las murallas, surgiendo tres barrios distintos: el barrio de la Corredera, el barrio de San Francisco y el barrio Bajo.

En el siglo XIX, al margen de los daños que se derivaron en tiempos de la invasión francesa, sería la desamortización de Mendizábal la que provocaría mayores transformaciones en el patrimonio de la localidad.

Finalmente, es en la segunda mitad del siglo XX cuando se produce el mayor crecimiento urbano de Arcos de la Frontera. Por ello, y como medida tanto de protección como de promoción del núcleo original, es cuando en 1962 se la declara Monumento Histórico Artístico.


MONUMENTOS Y ARTE

En Arcos de la Frontera destaca, principalmente, la Basílica de Santa María de la Asunción, que goza de su propia declaración como Monumento Nacional en 1931.


Sus orígenes provienen de un edificio anterior, que fue templo visigótico, que se transformó en tiempos de la invasión musulmana para erigir una mezquita, que se reconvirtió en templo cristiano tras la reconquista de Arcos y que fue base para construir entre los siglos XVI y XVIII el edifico actual.

Consta de tres naves de igual altura que están rematadas en un ábside monumental y siguiendo, para todo ello, un planteamiento bajo estilo gótico.

La monumental fachada principal muestra una gran portada en la que se fusionan el gótico final y un naciente plateresco. La Torre es de planta cuadrada y, aunque inacabada, presenta tres cuerpos: portada, balcón y campanario. Fue trazada en la segunda mitad del siglo XVIII, pues la antigua torre se vio afectada por el Terremoto de Lisboa de 1755.

Una mayor información, tanto del templo como de las obras de arte que se conservan en su interior, podéis obtenerla pulsando el siguiente enlace.


TURISMO

Conjunto Histórico de Arcos de la Frontera.- Acomodado al medio, está ubicado sobre una peña que se levanta sobre la vega del río Guadalete y se conforma en base a un caserío popular de impresionante blancura, entre el que emergen casas solariegas, interesantes iglesias y edificios monumentales, aglutinado todo ello entre una amalgama de calles estrechas y empinadas que crean un sinfín de rincones cruzados por unos arcos muy singulares. Un conjunto urbano que fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1962.

Para conocerlo, y disfrutarlo, es necesario pasear sin prisas por sus calles, hablar con sus gentes y dejarse llevar por la imaginación. Un adelanto de lo que os podéis encontrar aparece en el siguiente enlace.


Naturaleza.- El Paraje Natural conocido como Cola del Embalse de Arcos está situado en el término municipal de Arcos de la Frontera, muy próximo a su núcleo urbano, y ocupa una superficie de 120 hectáreas que se corresponden con el reculaje del embalse del río Guadalete.

Águila Pescadora (Pandion haliaetus) ... Foto: Miguel Lasa


Este espacio natural es una zona de remanso de agua donde surge una vegetación palustre, constituida por carrizo, espadaña y caña común, que es aprovechada por aves acuáticas como área de nidificación e invernada, lo que determinó que en 1989 fuese declarado Paraje Natural.

Como ave sedentaria se encuentra el Calamón; como aves migradoras invernantes se detectan el Ánade Real, el Pato Cuchara, la Focha Común y el Águila Pescadora; y como ave migradora en paso aparece la Cigüeñela. También pueden observarse el Zampullín Chico, el Somormujo Lavanco, la Garcilla Bueyera y otras aves ligadas a este tipo de hábitat. Entre los reptiles se encuentra el Galápago Leproso.

Las especificaciones de la fauna y flora de esta paraje natural las podéis encontrar pulsando el siguiente enlace. Y, entre todas, os recomiendo muy vivamente pulsar el enlace del Águila Pescadora. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón de haber elegido para este apartado la espectacular y fabulosa fotografía de Miguel Lasa? La explicación es que la presencia del Águila Pescadora en Cádiz (y en Huelva) es debida a un proyecto para su reintroducción en Andalucía, ya que esta especie estaba extinguida en el territorio peninsular español desde hace unos setenta años. Y la gran noticia: se ha conseguido que dos de las parejas hayan tenido crías. Un hito histórico, pues es la primera vez que se consigue recuperar para nuestra fauna un animal vertebrado.


EL TORO DEL ALELUYA

Cartel del Toro del Aleluya 2010


Según las nociones y las noticias que nos aportó el antropólogo Pedro Maya Álvarez en la revista “Demófilo” (núm. 25 – 1998), el Toro del Aleluya es un ceremonial taurino con el que se celebra la Resurrección de Cristo, un rito de los de paso que solemniza la colectividad arcense para celebrar el tránsito de la Cuaresma a la Pascua, del dolor a la alegría, de la muerte a la vida.

El Toro del Aleluya era un toro de cuerda que en el siglo XIX se corría el Sábado de Gloria. El gremio de zapateros organizaba el festejo, y eran los que recibían a los toros en el puente del Barrio Bajo para conducirlos hasta la Plaza del Cabildo y permitir que todos los mozos de la localidad se enfrentasen a los astados.

Con el estallido de la Guerra Civil se suspendió el festejo, pero fue restaurado en los años de la posguerra. Ahora bien, su recuperación conllevó un cambio en la fecha de celebración, pues del Sábado de Gloria se pasó al Domingo de Resurrección para darle mayor realce o notoriedad; y también se realizó un cambio en el itinerario, pues el Toro del Aleluya se empezó a soltar en la Cuesta de Belén para llegar hasta la calle Bóvedas. Un nuevo recorrido que giraba en torno al centro de la localidad y que en 1954 se amplió a la calle Corredera.

A finales de los años sesenta se observó una nueva evolución: se había logrado la notoriedad buscada y se fue haciendo patente la incorporación de muchos participantes foráneos, forasteros y extranjeros, que acudían al reclamo del Toro del Aleluya, que se convirtió en uno de los espectáculos turísticos más importantes de Arcos de la Frontera. Pero esa fama comenzó a acarrear el peligro que conlleva toda universalización de un rito local: la participación de personas que ignoran las reglas básicas de la tauromaquia popular y la aparición de críticas al festejo por personas y medios ajenos al núcleo de participación original.

Por ello, y ante la paulatina desaparición de otros festejos de características similares en la zona, se tomó la decisión de preservar el Toro del Aleluya realizando nuevos cambios, como fueron la modificación de su naturaleza originaria, pues se suprimió la peá, la cuerda, para no dar lugar a situaciones equívocas entre los participantes poco conocedores del peligro que acarrea un toro, aunque sea ensogado; otro cambio directamente relacionado con el anterior fue el necesario vallado del recorrido; y, por otro lado, se siguieron realizando continuas modificaciones en dicho recorrido hasta, finalmente, eliminar los tramos del recinto monumental que acarreaban una mayor peligrosidad.

Así, el Toro del Aleluya ha ido viendo como se le han ido modificando casi todos sus elementos característicos: su naturaleza, pues de un toro de cuerda ha pasado a ser una suelta de reses; su fecha de celebración, que del Sábado de Gloria se pasó al Domingo de Resurrección; su lugar de celebración, pues se ha sacado del que era su recinto tradicional; y sus participantes, ya que se ha universalizado la participación.

Unos cambios sumamente significativos, pero orientados en un principio a dar mayor realce al festejo y posteriormente a preservar su continuidad. Y se podría decir que ambos fines se han ido cumpliendo, pues en Arcos se sigue cumpliendo el rito del Toro del Aleluya y, además, con un gran poder de convocatoria.

Ahora es responsabilidad de nuestra generación seguir preservándolo. Y debemos hacerlo tratando de que no se produzca otro cambio sustancial: el de su transformación de “rito” a mero “espectáculo”. Con el Toro del Aleluya debemos seguir celebrando el final de la Cuaresma y poner broche a la Semana Santa. Sólo así (y permítaseme la siguiente expresión) nos podremos considerar dignos herederos de la vieja Iberia, que contaba con ritos taurinos para preparar la Cuaresma, como en el caso de Mirobriga, y también para despedirla, como en Arcobriga. ¡Aleluya!


Lagun

...

22/3/10

El encierro en el Madrid de los Austrias. Recorrido por la calle de Alcalá.

Corrida de Toros en la Plaza Mayor de Madrid (Museo Municipal, Madrid)


(Nota previa: recomiendo que volváis a leer el primer capítulo de esta serie, pues lo he reeditado para modificar parte del texto, añadir algunos párrafos e incorporar planos del siglo XVII. Podéis hacerlo pulsando sobre esta nota)


Por don Francisco López izquierdo, y su libro “Plazas de toros de Madrid y otros lugares donde se corrieron”, ya conocemos la noticia de que fue el 3 de julio de 1619 cuando se celebró la corrida de inauguración de la Plaza Mayor.

Ahora, a través de otra obra de este mismo investigador, “Los toros en la Plaza Mayor de Madrid. Documentos”, vamos a conocer algunos datos, hechos y anécdotas que tienen relación con los encierros que por entonces se celebraron en Madrid y cuyo tramo final del recorrido era la entrada a la Plaza Mayor.


Aunque la Plaza Mayor no estaba totalmente terminada y su Majestad, el rey Felipe III, se encontraba en Lisboa, se había programado correr toros por primera vez en la plaza nueva el día 1 de julio de 1619 y se llevaron a cabo todos los preparativos.

Así, dos semanas antes se acordó poner en la Puerta de la Vega a un portero, con un salario diario de tres reales, para que ordenase que dejaran en la Cuesta toda la tierra que por allí se sacase y que dos peones allanasen los regueros que se solían formar y adecentasen el barranco para que los toros pudiesen subir más fácilmente.

El día anterior, a las once de la noche, se había conseguido que los toros subieran desde La Tela hasta la Puerta de la Vega, que la cruzaran y que quedaran encerrados en el toril descansadero que se instalaba intramuros. A las ocho de la mañana del día señalado, el primero de julio, se inició la última fase del encierro: la conducción de los toros desde la Puerta de la Vega hasta la Plaza Mayor. Pero los toros se escaparon por la calle de la Amargura, que estaba a la altura de la Puerta de Guadalajara, y finalmente no se pudo celebrar el festejo previsto para aquel día.

Se cuenta que “regocijaron el lugar los toros y no hicieron mal”. Es decir: que los madrileños se lo debieron pasar en grande con los toros del encierro sueltos por la ciudad. Uno de ellos llegó a entrar incluso en la iglesia de San Sebastián.

El festejo se volvió a programar para el día 3. Y el día antes se mandó pregonar que ninguna persona podría salir al encierro, ni a pie ni a caballo.

Ignoro si esa prohibición se dictó por el incidente del día 1, y para tratar de que no se volviera a repetir, o si una orden similar se había dado también previamente a la celebración de aquel primer encierro, pues las autoridades siempre trataban de evitar cualquier tipo de problema que afectase al buen desarrollo del acto. Como ocurrió, por ejemplo, uno años antes.

En 1616 se habían corrido en Madrid “toros de la tierra” y resultaron muy malos, por lo que en 1617 se decidió traerlos de Salamanca. Así, hasta las autoridades municipales llegó el rumor de que los ganaderos postergados tenían intención de salir al encierro para desbaratarlo, y se acordó que el alcalde don Gregorio López de Valenzuela y sus tenientes salieran a caballo al encierro, acompañados de alguaciles, para velar por el buen desarrollo del acto, y también se acordó prohibir que ninguna otra persona saliese al encierro.



Por ello, y porque esa misma orden la veremos repetida en años posteriores, bien pudiera ser que la prohibición de salir al encierro se implantase siempre. Señal inequívoca, por otro lado, de que los madrileños participaban activamente en los encierros, pues sería ilógico pensar que se prohibía algo que nunca sucedía.


Aquel día 3 de julio de 1619 todo debió salir bien, incluido el encierro, y se dio la corrida inaugural de la Plaza Mayor con 15 toros que resultaron buenos.

Dos días después, el Sr. D. Lorenzo de Olivares propuso en el Concejo la posibilidad de que para otras ocasiones, en vez de celebrar el encierro de la forma tradicional, los toros se trasladasen en “jaulas” hasta la Plaza Mayor para reducir el coste que conllevaba la preparación de la infraestructura del encierro.

No debió ser tenida en cuenta esa propuesta, que conllevaba la desaparición del encierro de Madrid, porque en 1620 se volvió a dictar la misma prohibición del año anterior de que ninguna persona saliese al encierro, ni a pie ni a caballo, bajo pena de quinientos ducados más la pérdida del caballo, y si fuese oficial veinte mil maravedís más la vergüenza pública.

No obstante todas esas precauciones, y como había ocurrido el año anterior, algún toro debió escaparse del encierro en 1620, por que el 11 de enero de 1621 el Concejo acordó nombrar a dos personas para que buscaran los cinco o seis toros huidos y perdidos en los encierros de los dos años anteriores.

En marzo de 1623, el Príncipe de Gales viajó de incógnito hasta Madrid con la pretensión de tratar de culminar las negociaciones para poder casarse con una hermana del rey Felipe IV. Su estancia, y la del Duque de Buckingham que le acompañó en el viaje, se extendió durante varios meses. Para agasajarlos, Felipe IV organizó una corrida de toros en el mes de junio de aquel año. Se cuenta que, durante toda la noche anterior a su celebración, Madrid fue una continua fiesta con el encierro de los toros de aquel festejo.

Posiblemente, ese día los regidores de la villa levantasen la mano en cuanto a las prohibiciones. Pero siguieron ordenándolas en años posteriores.

Así, el 25 de junio de 1625 se dictó un Auto por el Corregidor de la Villa y Corte prohibiendo a los vecinos de la Puerta de Guadalajara (hay que entender que es a todo el entorno de la calle Mayor) que dejaran abiertas las puertas de sus casas, que estuvieran en ellas y que permanecieran con la espada en la mano cuando se celebrase el encierro, bajo pena de diez días de cárcel.


La noticia que da pie al título de esta entrada la encontramos el 2 de julio de 1627. Debía estar programada una corrida de toros para el día 30 de junio de aquel año y, con ese motivo, se llegó a celebrar el encierro previo hasta el toril de la Puerta de la Vega. En el último momento, y debido a una indisposición de la Reina, Felipe IV ordenó aplazar el festejo al día 5 de julio, por lo que los toros fueron devueltos al campo. Para el nuevo encierro que debía tener lugar en las horas previas al festejo, López Izquierdo nos descubre el acuerdo que se adoptó el día 2 de julio de dicho 1627 respecto al recorrido:

“... que por ser los mismos toros dificultan a los vaqueros volverlos a encerrar por la Puerta de la Vega por donde se encerraron, y porque no hay otros toros que correr ni tiempo para prevenirlos y porque no se deje de hacer la fiesta, se acordó que se encierren por la calle de Alcalá, por la parte que se encerraron el año pasado...”

Es decir: que en el año 1626 y, muy posiblemente en julio de 1627, porque así se acordó, el encierro de Madrid no transcurrió por su recorrido clásico de la calle Mayor, sino por la calle de Alcalá.

Calle de Alcalá, Madrid. Autor: Luis García.



No he encontrado noticias respecto al recorrido completo que, tras entrar por la calle de Alcalá, siguieron esos encierros de 1626 y 1627. Pero, dada la configuración de la ciudad por entonces, debió entrar por el Paseo del Prado, pues hasta ahí era donde llegaban las construcciones. Y es de imaginar que subió por toda la calle de Alcalá hasta desembocar en la Puerta del Sol; y que, desde ahí, entró a la Plaza Mayor por alguna de las puertas que daban a la calle de su mismo nombre. Es lo más lógico, pero sólo es una deducción producto de mi imaginación.

Ahora bien, hablando de mi imaginación, lo que sí podemos hacer es, con la configuración urbana que tiene actualmente la ciudad, idear a fecha de hoy como se podría organizar un encierro que, finalizando en la Plaza Mayor, partiera de la calle de Alcalá.

En primer lugar, para adecuarnos a los mil metros de recorrido que exige el actual Reglamento de la Comunidad de Madrid, el encierro no podría comenzar en la Plaza de Cibeles, debería hacerlo desde un poco más arriba, desde el Círculo de Bellas Artes.

Luego, para salvar de la forma más limpia posible el trazado urbano de la Puerta del Sol, nos desviaríamos de la calle de Alcalá por la calle Sevilla y en la Plaza de Canalejas cogeríamos la Carrera de San Jerónimo para cruzar toda la Puerta del Sol sin obstáculo alguno.

Finalmente, para culminar el recorrido, desde la calle Mayor subiríamos por Postas y sería por el arco de la calle de la Sal por donde entraríamos a la Plaza Mayor.

Ese recorrido completo lo podéis ver en el siguiente mapa:

Tras dejar unos prudenciales 80 metros de zona libre de corredores, aún quedarían otros 188 metros, aproximadamente, para que la calle de Alcalá fuese el marco de las primeras carreras. En un tramo que, además, presenta una pendiente ascendente del 3 % de media, que resulta ideal en los primeros compases de todo encierro.

La entrada a la calle Sevilla es con una amplia curva a izquierdas, que las reses podrían tomar perfectamente y a gran velocidad. Pero, tras unos 168 metros en ligera cuesta abajo, encontraríamos en la Plaza de Canalejas una curva mucho más cerrada a derechas para entrar en la Carrera de San Jerónimo, lo que serviría de punto de inflexión para afrontar el siguiente tramo, que podría ser donde se viesen las carreras más largas.

La Carrera de San Jerónimo, toda la vía que cruza la Puerta del Sol por la fachada del antiguo edificio de Correos, actual sede de la Comunidad de Madrid, y la parte de la calle Mayor que se precisa acotar, todas ellas en conjunto, forman una larguísima recta de unos 356 metros, con una ligera pendiente descendente, que se constituiría en el tramo ideal para que los corredores pudiesen intentar las carreras más largas en este encierro. Por supuesto, el marco sería fantástico: ahí, en la Puerta del Sol, ante la atenta mirada del famoso reloj del edificio de Correos.

Tras cerca de 800 metros de recorrido, se antoja un tanto complicada la curva que habría que tomar en la esquina de la calle Mayor con Esparteros y Postas, pero el trazado es el que manda y habría que procurar abrir al máximo dicha curva. A partir de ahí, la calle Postas se presenta como una cuesta arriba de unos 120 metros y un 4 % de pendiente. Un tramo final exigente que daría lugar a carreras muy templadas para llegar hasta la calle de la Sal, con su gran arco de entrada a la Plaza Mayor.


En definitiva, un escenario fabuloso para un encierro de un kilómetro de longitud, con un recorrido variado, quebrado, dos puntos de inflexión, largas rectas y un precioso final. ¡Qué más se puede pedir!

Sí, claro, dos cosas: que las autoridades lo aprobasen y, como no, el Toro.

Os dejo el plano del recorrido con los apuntes técnicos tomados, muy aproximadamente, a través del Google Earth:


01 ... 080 m. ... + 3,0 % ... Calle Alcalá - zona libre
02 ... 188 m. ... + 3,0 % ... Calle Alcalá
03 ... 168 m.-...-– 1,8 % ... Calle Sevilla
04 ... 356 m.-...-- 1,5 % ... San Jerónimo, Puerta del Sol y Mayor
05 ... 122 m. ... + 4,0 % ... Calle Postas
06 ... 084 m. ...---0,0 % ... Calle de la Sal y Plaza Mayor


Si al recorrido clásico del encierro de Madrid, el de la calle Mayor, lo definimos como muy exigente, a este recorrido alternativo que parte de la calle de Alcalá y cruza por la Puerta del Sol, y que es muy parecido al que se debió utilizar en 1626, lo podríamos calificar como muy variado. Y a ambos, sin duda, como espectaculares.

Y ahora, como si estuviéramos en uno de esos almuerzos que tanto nos gusta frecuentar, os pregunto: ¿Cuál de los dos recorridos os gusta más a vosotros?
...
Lagun
...
...
............................. (Anterior: recorrido clásico por la calle Mayor)
..............................(Continuación: recorrido por la calle Toledo)
...

15/3/10

El culto al toro en Creta


Hasta finales del siglo XIX, la isla de Creta no aparentaba a simple vista tener importancia en la Historia Antigua de la humanidad ni, menos aún, en la historia del Toro. No obstante, sí que aparecía mencionada en mitos clásicos y la mayoría de ellos tenían componentes taurinos. Uno de esos mitos hace referencia a que fue en Creta, precisamente, donde debió surgir la primera gran civilización europea y uno de sus protagonistas principales es un toro: el rapto de Europa.

Cuenta una de las versiones de ese mito que el dios Zeus había puesto sus ojos en una bella joven fenicia llamada Europa, hija del rey de Tiro Agenor, y que urdió un plan para acercarse hasta ella sin ser rechazado previamente, que consistía en tomar la forma de un precioso toro blanco y mezclarse entre el resto de los toros del rey.

La manada fue divisada por la bella Europa y otras doncellas de la Corte que estaban jugando en la playa, y todas se asustaron en un primer momento, por lo que se refugiaron en lugar seguro. Entonces, Zeus salió del rebaño y se acercó hasta ellas, adoptando un comportamiento de toro manso. Confiadas por ese comportamiento y como el toro les pareció de gran belleza, las jóvenes se arrimaron a él, empezaron a acariciarlo y hasta lo adornaron la cabeza y las astas con guirnaldas de flores.

En un momento en que el toro se había echado en la arena, la bella Europa se sentó sobre su lomo. Aprovechando esa circunstancia, el toro blanco, Zeus, se incorporó y rápidamente se lanzó a la carrera hacia la orilla del agua para introducirse en el mar Mediterráneo con la ansiada carga en su grupa.

Zeus llegó con Europa hasta las costas de la isla de Creta, donde volvió a recobrar su apariencia normal y allí la poseyó. De aquella relación nacieron tres hijos, que tuvieron por nombres Sarpidón, Radamantes y Minos.

Cuando tuvo que regresar al Olimpo, Zeus concertó el matrimonio de Europa con Asterión, el rey de Creta, quien adoptó a los tres hijos. Y uno de ellos, Minos, heredó la corona de aquel reino.

Mientras tanto, el rey Agenor no dejó de buscar a su hija, mandando a sus barcos por todo el Mediterráneo. Y cuenta la leyenda que los habitantes de la costa norte de dicho mar, como su continente aún no tenía nombre con el que denominarle, decidieron ponerle uno que escuchaban frecuentemente, un nombre que, a modo de grito, provenía de la orilla del mar y retumbaba tierra adentro: “Europa, Europa...”

La cultura clásica griega nos legó con este mito una historia legendaria de la que habría sido la primera gran civilización europea: Creta. Y, en efecto, aunque hasta finales del siglo XIX no había en la isla ningún vestigio de un pasado glorioso que apuntase en ese sentido, la arqueología se está encargando de descubrir numerosos restos que han ido confirmando ese dato.


Creta


Creta es una isla del mar Mediterráneo, ubicada al sur del Egeo y a una distancia más o menos equidistante de las actuales Grecia y Turquía. Esa situación la atribuyó en la antigüedad el privilegio de ser el centro de la comunicación marítima entre Asia, África y Europa, lo que fue fundamental para que allí surgiera la primera gran civilización europea, a la que Sir Arthur Evans (el descubridor del templo de Cnosos) denominó “civilización minoica” en honor del mítico rey Minos.

Los primeros habitantes que se asentaron en la isla de Creta llegaron muy probablemente de Anatolia (la actual Turquía) en torno al 6000 AC, crearon sus primeros asentamientos en base a cabañas de madera y fabricaban herramientas con huesos y piedras.

Hay pocos datos sobre el grado de civilización en Creta antes del 2700 AC, pero sí se sabe que a partir de esa fecha comenzó a tener un gran auge debido a un aumento demográfico, producto de movimientos migratorios que también debieron provenir principalmente de Anatolia, y a la introducción en la isla de la alfarería y la metalurgia del bronce.

Entre el 2600 y el 2000 AC comenzó la época de expansión comercial de Creta por el mar Mediterráneo, destacando los intercambios por el Egeo, con Anatolia, Egipto y las ciudades-estado fenicias. Creta tuvo en esa época una organización comunal, con una agricultura y una orfebrería muy avanzadas.

Entre el 2000 y el 1700 AC, coincidiendo con una de las fases de mayor poderío económico de la isla, en Creta se construyeron grandes palacios que se constituyeron como centros administrativos, religiosos y comerciales: Festos, Malia y, sobre todo, Cnosos, que fue el más importante.

Esos palacios fueron destruidos hacia el año 1700 AC. Hay indicios de que un terremoto afectó de forma importante a la isla, aunque también se especula con una posible invasión hitita desde Anatolia. Sin embargo, la civilización minoica volvió a florecer, se reconstruyeron los palacios y Creta vivió entre el 1700 y el 1400 AC su período de mayor auge y esplendor.

Hacia el 1400 AC se volvieron a destruir los palacios por causas que aún se desconocen. Se especula sobre la posible coincidencia de este hecho con la violentísima erupción del volcán Thera, en el Egeo, pero los estudios recientes situarían la fecha de ese fenómeno coincidiendo con la primera destrucción de los palacios y no con la segunda. Lo cierto es que, a partir de esa fecha, la isla pasó a ser dominada totalmente por los micénicos, lo que también sugiere la idea de un ataque de sus reyes. Y lo más trascendente: entonces, hacia el 1400 AC, llegó el fin de la civilización minoica.


La religión minoica

Diosa de las Serpientes ................ Cnosos, h. 1600 AC ... (Museo de Heraklion, Creta)
Ritón con forma de cabeza de toro... Cnosos, h. 1450 AC ... (Museo de Heraklion, Creta)


En todo lo concerniente a la civilización minoica, y especialmente en temas concretos como la religión, hay que hablar con suma cautela, puesto que no obtenemos datos significativos de los escasos hallazgos de tablillas con textos, ya que su escritura no ha sido descifrada. Todas las deducciones de los tratadistas tienen su base únicamente en interpretaciones de los restos arqueológicos que se vienen descubriendo desde finales del siglo XIX y principios del XX, y siempre cabe la posibilidad de la aparición de nuevos hallazgos que aporten teorías distintas sobre cualquier tipo de materia.

Por todo ello, la religión minoica es aún una cuestión enigmática. Nada se sabe con certeza total sobre teologías o rituales concretos.

En un primer momento, parece ser que la religión minoica tuvo un carácter naturalista: en lugares como las cimas de las montañas, en cuevas o frente a un árbol adoraban a divinidades representadas por medio de objetos, como la doble hacha y los cuernos de consagración.

La doble hacha no aparece en manos de dioses masculinos, lo que descarta que simbolice al rayo o un dios de la tormenta. Se piensa que la doble hacha fue el instrumento destinado al sacrificio de grandes animales, especialmente toros, y que posteriormente pudo llegar a convertirse en símbolo de culto.

Los cuernos de consagración es un objeto con dos puntas córneas que aparece en altares y lugares de culto. El origen de este elemento sagrado parece estar en Anatolia y, dada su forma, estaba ligado a las más primitivas formas de culto naturalista e, indudablemente, al culto al Toro. En la época de los palacios fue incorporado a las edificaciones.

Posteriormente, las divinidades comenzaron a ser representadas con formas humanas y las incorporaban los objetos que antes eran considerados divinos por sí mismos, pasando así de ídolos a simples atributos de la divinidad. Del mismo modo, con la urbanización de la civilización, los lugares de culto se situaron preferentemente en los grandes palacios, aunque se siguieron manteniendo los antiguos recintos sagrados de impronta naturalista.

Tratándose de una civilización con una base agrícola proveniente de culturas neolíticas, resulta lógico imaginar que, entre las divinidades con forma humana, la supremacía divina estuviese encabezada por la “Diosa Madre”. Y, en efecto, existen numerosos hallazgos de figuras de diosas cuyas representaciones sugieren interpretaciones relacionadas con un culto a la fertilidad, como en todo el Próximo Oriente.

Una de las iconografías más conocidas es la denominada “Diosa de las Serpientes”. Un término que puede ser inapropiado, ya que pudiera tratarse de una sacerdotisa en vez de una divinidad. La más representativa de todas las figuras fue hallada en Cnosos. Está representada con el típico vestido de falda acampanada, un delantal superpuesto y un estrecho corsé en la cintura que estiliza la figura y deja los pechos al descubierto. Algo que siempre se vincula a la fertilidad. Sobre el tocado que lleva en la cabeza aparece la figura de un felino y en cada mano porta una serpiente (de ahí su denominación). Es ese elemento de las serpientes el que puede que tenga realmente un mayor significado divino, pues en toda la cuenca del Mediterráneo oriental la serpiente se vinculó con lo cósmico y con potencias subterráneas relacionadas con ritos funerarios.

Respecto al elemento masculino que complementa la fertilidad del femenino, el Toro aparece como un animal sagrado símbolo de la fecundidad y su sangre es la esencia donde se condensa esa simbología. Con ella se transmitía en los sacrificios la idea de la regeneración de la tierra y, también, de la vida, lo que a la vez nos trasladaría a cultos de carácter funerario. Así, el Toro fue abundantemente representado en el arte minoico, a través de elementos simbólicos, de pinturas murales, figuras u objetos como los ritones.

Respecto a tipos de rituales, además de las adoraciones, los más practicados eran los sacrificios, y se han encontrado restos que indican que el toro debió ser uno de los animales más utilizados. También tuvieron que ser importantes las celebraciones solemnes acompañadas de juegos. Y es aquí donde se sitúa la manifestación más famosa de la civilización minoica: los juegos con toros.


Taurokathapsia

Salto del toro ... Cnosos, h. 1500 AC ... (Museo de Heraklion, Creta)

El término Taurokathapsia sólo designa a un juego determinado que el hombre practicó con toros en la región continental de Tesalia y dentro del marco histórico de la Gracia clásica. Un estilo de juego que, además, era diferente al que siglos antes se practicó en Creta. No obstante, se tiende a extender su uso para englobar los distintos tipos de juegos que el hombre practicó con toros en la antigüedad. De ahí el título de este apartado.

Aclarado lo anterior, también es preciso indicar que, dada la fama que han alcanzado en todo el mundo por uno de los frescos hallados en el palacio de Cnosos y, como no, dada su relación directa con el ámbito al que se dedica esta bitácora, resulta obligatorio dedicar una atención especial a los juegos con toros que se practicaron en la isla de Creta durante la civilización minoica; para lo cual me voy a servir particularmente de los estudios específicos que a este tema ha dedicado el profesor titular de la Universidad de Alicante don Manuel Serrano Espinosa, de quien he tomado la práctica totalidad de las conclusiones que iré realizando en este texto.


El Salto del Toro

El arte minoico nos ha legado abundantes muestras de arriesgados saltos de toros que practicaban jóvenes cretenses.

Como ocurre con el resto de temáticas relativas a la civilización minoica, la carencia de documentos escritos nos impiden tener una explicación de todos los aspectos concernientes a estos juegos con toros que se practicaron en Creta, especialmente sobre su origen y razón o finalidad. Todas las conclusiones de los tratadistas parten de la interpretación de los restos encontrados, con la impronta de relatividad subjetiva que ello puede conllevar.

Respecto al origen, no se han hallado pruebas que evidencien que estos juegos de los saltos de toros ya se hubiesen practicado en otras culturas anteriores y que pudiesen haber sido importados a Creta. Sí que se han encontrado algunas piezas aisladas en varios puntos de la costa oriental del Mediterráneo que podrían llevar a realizar un razonamiento en ese sentido, pero tanto el hecho de tratarse de piezas aisladas como la difícil datación de las mismas, pues la más significativa fue hallada en un bazar en fechas relativamente recientes, llevan por ahora a la conclusión de que los saltos del toro fueron una modalidad de juegos taurinos que tuvo su origen en la isla de Creta.

Respecto a la razón o finalidad de estos arriesgados saltos, en un principio hay que situarlos dentro del marco de una celebración religiosa. Dado el carácter sagrado que tenía el Toro para la civilización minoica y su condición de símbolo de fortaleza y fecundidad, estos saltos del toro pudieran ser en origen un rito de paso de la adolescencia a la madurez que practicaban los jóvenes cretenses. Un ritual a través del cual, por el contacto con el toro en la práctica del salto, ya fuese al apoyarse en los cuernos, en el morrillo o en el lomo, se transmitía de forma “mágica” su fortaleza y capacidad fecundadora.

Siguiendo ese razonamiento, cabe la posibilidad de que las celebraciones con saltos del toro finalizasen con el sacrificio del animal, pues la sangre del Toro estaba considerada como la esencia donde se concentran todas sus virtudes genésicas.

Por otro lado, el profesor Serrano Espinosa también explica que estos juegos con toros en el período final de la civilización minoica podrían haber traspasado el ámbito religioso para convertirse en un mero espectáculo lúdico, produciéndose algo tantas veces repetido como es la pérdida del componente sagrado de una celebración que pasa así a convertirse en un mero juego profano.


Los saltadores

Dado el papel preponderante que tuvo la mujer en la civilización minoica y relacionando detalles de sus iconografías en otros ámbitos, siempre se ha mantenido, y se mantiene, que los jóvenes cretenses que practicaban los saltos del toro eran de ambos sexos, señalándose específicamente que las mujeres tomaban parte activa en los mismos.

Ilustración de Rudolph F. Zallinger en la que presenta a una joven cretense protagonizando el salto del toro


Las iconografías del arte minoico no muestran explícitamente el sexo de los protagonistas en los saltos del toro. No obstante, hay un matiz que históricamente ha propiciado que los tratadistas se decanten por la opción de que los saltadores eran tanto hombres como mujeres.

Independientemente de la temática, en las pinturas murales que se han hallado en el palacio de Cnosos aparecen figuras humanas a las que se las asigna su sexo en función del color con el que aparecen representadas: los hombres con un tono oscuro y las mujeres con el color blanco. Esa especificación ha llevado a los tratadistas a mantener que los saltos del toro estaban protagonizados tanto por hombres como por mujeres, pues de ambos tonos son las tres figuras que aparecen en el famoso fresco que representa ese arriesgado juego.

No obstante, Serrano Espinosa pone en duda que las mujeres fueran las protagonistas principales de los saltos del toro, decantándose por la teoría de que los saltadores cretenses eran hombres. Y llega a esa conclusión en base a dos argumentos.

El primero es que todas las figuras, independientemente del color de su piel, visten el típico faldellín minoico, propio de los hombres y que remarca los atributos sexuales masculinos. Además, también son típicos del hombre minoico el resto de los elementos de la indumentaria, tales como la banda de la cabeza, los brazaletes y el calzado.

Y el segundo es que, al contrario de lo que ocurre en otras pinturas murales, en las que los senos de las mujeres son representados claramente, las figuras de los saltadores del toro, tanto las de tono oscuro como los de tono blanco, presentan un pecho que carece de formas femeninas y que, por contra, se asemeja al de un atleta varón.

Para el hecho de que parezcan un tanto asexuadas las figuras que ejecutan el salto del toro, pues tienen los detalles de varones antes indicados pero cierto aire femenino en el rostro, el profesor Serrano Espinosa aporta una teoría a modo de explicación. Argumenta, como queda indicado anteriormente, que estos juegos probablemente supusieran para los saltadores una prueba de madurez, un rito de paso, y que el autor del fresco se permitiese la licencia artística de jugar con los colores y la feminidad del rostro para representar la adolescencia de los saltadores.


Tipos de saltos


La celebración del Salto del Toro fue profusamente representada en la civilización minoica. A través de diversos objetos conocemos distintas modalidades que debieron ser utilizadas por los jóvenes cretenses:

La más conocida y popular, a la que Serrano Espinosa denomina el “Salto de Evans” (en recuerdo, imagino, del famoso fresco que el arqueólogo descubrió en Cnosos), es en la que el saltador se apoya en los cuernos del toro para, aprovechando el movimiento innato de la embestida del animal, impulsarse por encima de su cuerpo y, tras realizar una cabriola en el aire, apoyarse sobre el lomo para lanzarse al suelo.


En otra modalidad, a la que el profesor de la Universidad de Alicante denomina “Diving Leaper”, el saltador no se apoya en los cuernos del toro, sino que, con impulso propio, salta por encima de la cabeza del animal y se apoya en el cuerpo para realizar la voltereta y terminar el salto en el suelo directamente o bien realizando un segundo apoyo sobre los cuartos traseros.




Si bien la modalidad primera es la más popular, ésta es la que aparece más repetida en la iconografía cretense.

Una tercera modalidad que aparece representada es la que don Manuel Serrano llama “Bull Vaulting”, donde el saltador aparece suspendido en el aire con una mano en uno de los cuernos del toro y la otra sobre el morrillo, mientras que sus piernas aparecen en posición horizontal.

Al margen, también hay representaciones en las que, en vez de ser frontal, el salto es lateral, por encima tan solo del cuerpo del animal y, por tanto, sin tener que salvar sus astas.

Resulta imposible determinar si alguna de estas modalidades fue la original y el resto solamente derivaciones, o si todas formaban parte de un amplio repertorio.


El recinto
Ilustración de la colección "Historia del Hombre", publicada en la revista "Mampato", dirigida por Eduardo Armstrong. Fuente: "saladehistoria.com"


Acerca del lugar donde pudieron tener lugar los juegos con toros, no existen pruebas concluyentes que nos lo determinen. Siempre ha sido mayoritaria la idea de que debían tener lugar en el patio central de los palacios, por ser el espacio abierto más importante y el lugar neurálgico donde confluían todas sus edificaciones, en cuyo caso debía ser imprescindible la instalación de estructuras provisionales de madera que dotaran a la edificación de la necesaria seguridad. Sin embargo, algunos estudiosos han conjeturado con la posibilidad de que se celebraran en otros lugares específicos alejados de la edificación palacial.

En Cnosos no han aparecido restos arqueológicos de estructuras para la celebración de los juegos, ni fijas ni portátiles, aunque sí hay elementos en el palacio de Festos que llevan a incidir en la idea del patio central como lugar de celebración de los juegos con toros en la antigua Creta.

De ahí que siga siendo mayoritaria la idea de que los patios centrales de los palacios cretenses se acondicionasen para la celebración de juegos con toros en las solemnidades más señaladas cuando menos, sin descartarse la posibilidad de que se utilizasen otros recintos para eventos de menor rango y los necesarios entrenamientos.


Reflexión final

Que en Creta surgió la primera gran civilización europea está acreditado por la datación de los restos arqueológicos que se han ido descubriendo, y que en esta civilización se rindió culto al Toro resulta más que evidente por las iconografías encontradas.

Muy probablemente, el origen de las creencias taurinas de los cretenses debe provenir de Anatolia, pero todas las civilizaciones contemporáneas y próximas a la minoica (Mesopotamia, Canaán, las ciudades-estado fenicias, Egipto, etc.) eran también culturas de alto significado taurino, por lo que la evolución que se pudo llevar a cabo en las creencias religiosas cretenses por el contacto con otras culturas sólo pudo incidir en la sacralización del Toro.

La falta de documentos escritos descifrables nos impiden (hasta ahora) ahondar en los detalles o, incluso, saber de otras manifestaciones que estos momentos podemos desconocer. Pero, como decíamos al iniciar este texto, que el Toro estaba fuertemente arraigado en Creta ya era imaginable a la vista de los muchos mitos en los que aparecen relacionados, siendo quizás el más famoso de todos ellos el del Minotauro y su laberinto.

Cuenta el mito...
....
....
Lagun
...
NOTA: salvo en el caso en que cito la fuente, el resto de imágenes aparecen en innumerables páginas de la red y resulta difícil determinar cuál pueda ser la original; por lo que, en todo caso, ruego que se me permita mantenerlas por cuanto no tengo fines lucrativos con esta bitácora.
...

8/3/10

8 de marzo: Día Internacional de la Mujer

Foto: “Futuros corredores I”, de Candy Lopesino
Fuente: “Asociación Cultural El Encierro



El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer para conmemorar la lucha histórica por los derechos de las mujeres.

Precisamente, hoy es 8 de marzo, y lunes, que es el día de la semana en el que suelo publicar mis entradas. Por ello, hace tiempo que tenía señalada esta fecha en el calendario de la bitácora para publicar una entrada con la que celebrar el día que hoy se conmemora y, de alguna manera, darla un matiz relacionado con el mundo de los toros en general y de los festejos taurinos populares en particular.

Así, quiero rendir homenaje a todas aquellas personas que históricamente han luchado por la defensa de los derechos de las mujeres y quiero reivindicar que se adopten todas las medidas legales oportunas para salvaguardar sus derechos en todos los sectores de la vida.

Y, dado el ámbito al que está dedicado esta bitácora, quiero hacer hincapié en todas aquellas mujeres que han luchado por dedicar su vida, su profesión y su afición al mundo del toro, y por poder hacerlo en igualdad de derechos con los hombres. Desde las que se vistieron de luces hasta las que laboraron con un mono azul en nuestras dehesas, pasando por todas las posibles parcelas que están relacionadas con el toro bravo y sin olvidar, lógicamente, a las mujeres ganaderas que históricamente se han dedicado a la cría del toro bravo. Y quiero reivindicar los derechos que asisten a las que en la actualidad ocupan y ejercen esos oficios, labores y aficiones.

Naturalmente, y como no podría ser de otra manera, también quiero rendir un homenaje a todas aquellas mujeres que alguna vez sintieron la llamada de la ancestral costumbre de correr en nuestros encierros y, de forma consciente y reflexiva, se lanzaron a la carrera delante de un toro. Y, por supuesto, a las mujeres que actualmente son corredoras de encierros o participan en festejos taurinos populares. Que nadie ose menospreciarlas, pues deben merecer todo nuestro respeto y admiración, que nadie las niegue un consejo y que nadie las prive de ese “¡Suerte!” que es la mayor muestra de nuestra fraternidad.

Y, al hilo de un tema muchas veces debatido en nuestros almuerzos, ojalá que ahora, que tenemos las leyes más restrictivas de la historia para la incorporación de nuevas generaciones de corredores de encierros, sean muchas las chicas que se animen a participar en los encierros infantiles con carretones que se celebran en España y que aquellas madres que no pudieron cumplir su sueño de correr encierros puedan y sepan inculcar esa afición en las generaciones femeninas venideras, como se intuye en la foto de portada. Porque seguro que, así, esa aparentemente incomprensible llamada de los encierros prenderá en muchas jóvenes y en el futuro tendremos a más compañeras que ahora corriendo encierros “codo con codo” junto a nosotros, sus compañeros.
...
...

Lagun
...
...
NOTA: como dejo indicado al pie, la fotografía que encabeza este texto lleva por título “Futuros corredores I”, su autora es Candy Lopesino y apareció incluida en el calendario 2009 de la Asociación Cultural el Encierro, de San Sebastián de los Reyes, cuyos representantes me han asegurado que se contó con la autorización oportuna para su difusión y ahora me han dado el correspondiente permiso para incluirla en esta entrada.

27/2/10

La guerra contra los festejos taurinos populares


En la guerra que, de forma unilateral, tienen declarada algunas cadenas de televisión a los festejos taurinos populares, las fuerzas audiovisuales protagonizaron su último intento de ataque con ocasión del Carnaval del Toro 2010 y, más concretamente, aprovechando la gravísima cogida que el martes sufrió un compañero en el festejo del Toro del Aguardiente.

Una vez que se conoció la noticia, las cadenas de televisión enemigas desplegaron el miércoles sus avanzadillas de combate en busca de comprar con su obsceno dinero imágenes del percance, que es la gran munición que utilizan para confeccionar los reportajes que luego emiten en sus telediarios de mayor audiencia.

Pero, afortunadamente, quienes poseen esas imágenes rehusaron la tentadora cantidad de dinero que se les ofrecía y decidieron no vender sus películas. Ante ese fracaso en la tentativa de obtener su armamento preferido, las cadenas de televisión enemigas optaron por no hacer alusión al hecho en los telediarios de la noche del miércoles, renunciando así a lanzar el nuevo ataque contra los festejos taurinos populares que habían planificado durante toda la jornada.

...

Lo anterior bien puede parecer una “adaptación ficticia” del guión de uno de los capítulos de, por ejemplo, La Guerra de las Galaxias. Y adaptación puede ser, pero no es una ficción. Lo relatado es, a grandes rasgos, lo que sucedió el miércoles 17 de febrero tras la cogida que sufrió nuestro compañero el día anterior. Y analizando los pormenores de lo acaecido es cuando se hace mucho más evidente la ruindad de las cadenas de televisión que se vienen significando en la labor de desacreditar a los festejos taurinos populares.

...

Aún cuando el Carnaval del Toro está declarado Fiesta de Interés Turístico Nacional y todos los años concita en Ciudad Rodrigo a decenas de miles de personas, parece ser que ninguna cadena de televisión de cobertura nacional ofreció noticias sobre el desarrollo de los encierros, capeas y desencierros del sábado, domingo y lunes. Sólo alguna de ámbito regional o autonómico emitió resúmenes de los festejos de esos días.

Esa presunta falta de atención hacia una fiesta declarada de “Interés Turístico Nacional” por parte de los cadenas de televisión con cobertura nacional sólo se puede achacar a que sus respectivas cúpulas directivas son contrarias a los festejos taurinos populares; y a que, faltando a un mínimo sentido de la objetividad periodística exigible, esas cúpulas otorgan y deniegan a los hechos la cualidad de noticiables según su exclusivo punto de vista, y sin tener en cuenta algo tan sumamente tangible como es que al encierro a caballo del domingo de Carnaval asistan unas veinticinco mil personas todos los años.


[Me van a perdonar este paréntesis: ¿Alguien puede decirme si a alguno de los 43 desfiles de la pasarela Cibeles Madrid Fashion Week 2010 ha acudido un número de visitantes que se aproxime a esa cifra de veinticinco mil? Porque los telediarios de todas las cadenas realizaron conexiones en directo con el IFEMA y emitieron diariamente resúmenes de cada uno de esos desfiles. Y, no sé ustedes, pero lo que yo veo por las calles de nuestras ciudades no son modelos de Ángel Schlesser ni de Roberto Torretta ni de Ágatha Ruiz de la Prada, por poner tres ejemplos. Claro que: seguro que los directivos y presentadores de las cadenas de televisión, así como sus parejas, sí que se pueden dar el gusto de vestir con modelos de esos diseñadores.]


Y, por supuesto, si hasta el lunes no se habían dado noticias del Carnaval del Toro en los telediarios de difusión nacional es por una razón fundamental: porque hasta entonces los festejos se habían desarrollado sin incidencias graves en el capítulo de heridos.

No obstante, la desgracia quiso que el martes 16, durante el transcurso del Toro del Aguardiente, un compañero resultase cogido y que, como consecuencia de ese percance, sufriese lesiones de muchísima gravedad.

La Agencia EFE, al menos, hacía llegar la noticia a las redacciones de todos los medios de comunicación y, a partir de ese momento, se debieron poner en marcha las maquinarias de los gabinetes de prensa y de los equipos de redactores de las cadenas más beligerantes contra los festejos taurinos populares.

Me cuentan que en la mañana del miércoles estaban aparcados en la zona de El Registro varios vehículos de cadenas de televisión de ámbito nacional. ¡Como si estuviesen en formación! Su misión: la caza y captura de imágenes con la cogida del compañero.

Con lo que no contaban estos cazadores de imágenes morbosas es con una circunstancia; bueno, con dos.

La primera es que el tramo del encierro donde se produjo la cogida fue en el interior de La Bóveda: un estrecho túnel de unos veinte metros de longitud que atraviesa la muralla medieval para servir de puerta de entrada a las calles de la vieja Miróbriga. El hecho de que no fuese en una zona abierta, sino en el interior de un largo túnel, reducía considerablemente las posibilidades de que se hubiesen captado las imágenes por cámaras y fotógrafos.

Hasta ahora, que yo sepa, sólo se ha publicado una grabación del momento, que es la de la Agencia EFE, la que está colgada en Youtube. Pero las imágenes están tomadas justamente desde el techo de La Bóveda y, por tanto, en ellas no aparece lo que ocurre en el interior del túnel, aunque sí se ve la reacción de los participantes que estuvieron más cerca de la boca que da a El Registro.

Lógicamente, esa grabación de la Agencia EFE no les era válida a los equipos de reporteros de las cadenas de televisión que buscaban imágenes de la cogida, pues no aparece la escena. Esa grabación no produce morbo. No “vende”. Por tanto, debían buscar otra distinta. Y, por lo que me han contado, la mañana del miércoles fue de locura.

Que se sepa, y al margen de fotografías, al menos hay cuatro o cinco personas que tienen grabada la escena en vídeo. Contando por supuesto con el “reportero de encierros a pie de recorrido”.

Naufragando por internet, todos hemos sabido que los equipos de las cadenas de televisión enviados a Ciudad Rodrigo consiguieron contactar con una de esas personas. Y, por otro lado, a mí, personalmente, otra de las personas que también tiene las imágenes me ha confesado que recibió una llamada desde el gabinete de prensa de una de las televisiones que andaba tras la grabación.

La oferta en dinero que hicieron a ambas personas por la compra de la película fue de la misma cuantía. Una cantidad de dinero muy considerable. Tentadora. Muy tentadora. Demasiado.

Pero con lo que no contaban los reporteros de las televisiones y sus gabinetes de prensa era con la segunda circunstancia que se ha dado en esta ocasión.

A pesar de los tiempos de crisis en que vivimos y a pesar de lo tentadora de la oferta, la proposición fue rechazada por estas dos personas. Y habría que decir que también por aquellas otras con las que hayan podido contactar. Además, por lo que se ha visto después, nadie que tenga grabadas las imágenes de la cogida de nuestro compañero se ha dirigido a las cadenas de televisión para intentar vender su película.

Esta vez, gracias a todas estas personas, que han demostrado ser, eso, personas, las cadenas de televisión no lograron su objetivo. ¡Que se jodan!

El resultado: Si no hay imagen morbosa, no hay noticia. En los telediarios de la noche del miércoles no se hizo ninguna mención a la cogida que sufrió nuestro compañero en el Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo y, por ende, no se lanzó ningún mensaje subliminal contra los festejos taurinos populares. Pues lo más doloroso es que, además de repetir y repetir las escenas de los corredores que resultan cogidos, utilizan dichas imágenes para confeccionar las noticias de forma que desacreditan a los festejos taurinos populares. Utilizan nuestra imagen y además apalean nuestra afición.

Y, por si alguien pudiera pensar que la línea editorial que mantienen estas cadenas es por una cuestión de humanidad hacia las personas que resultan heridas en los festejos taurinos populares, puedo decir que un amigo muy cercano al compañero herido me ha confirmado que ninguna de esas cadenas de televisión se ha puesto en contacto con la familia para interesarse por el estado de nuestro compañero.

... ... ... ... ... ¡Son malos! ¡Carecen de humanidad!


Por todo ello, me hago eco de la petición que ha realizado la familia de nuestro compañero: que, por favor, todos aquellos que tengan imágenes o fotografías de lo ocurrido el martes en Ciudad Rodrigo no vendan ni publiquen su material. Y a los que ya tomaron esa decisión, renunciando a tanto dinero como les ofrecieron: GRACIAS.
A la familia del compañero la mando un abrazo y toda mi solidaridad. Y a él, un mensaje:

¡¡¡ÁNIMO, COMPAÑERO!!! ¡¡¡SIGUE LUCHANDO!!!
...
...

17/2/10

Linajes de los primeros criadores de “Toros Jijones”

Óleo sobre papel – Autor: Pablo Moreno Alcolado


La investigación referente al ámbito histórico de la crianza del toro bravo se suele detener en una época que se sitúa hacia la mitad del siglo XVIII y, por regla general, no se aventura en centurias anteriores. Sólo unos pocos autores aportan algunas vagas referencias del siglo XVII, y sus aseveraciones, ante la falta de estudios sobre el tema, son elevadas prácticamente a la categoría de dogmas de fe por la generalidad de la bibliografía taurina, que se limita a repetirlas sin intentar abrir nuevas vías de investigación.

Con la llegada de Internet, ese mal que padece nuestra bibliografía taurina se ha agudizado. En la inmensa mayoría de páginas de la red publicamos textos sobre los orígenes de las ganaderías del toro de lidia repitiendo las mismas nociones, fechas y nombres.

Así, por ejemplo, yo tenía planificado para este día tratar el tema de la casta Jijona y, para ello, había preparado un texto con un contenido que, aunque tenía una base documentada y una redacción propia, no se salía de los repetidos parámetros que aparecen en nuestra bibliografía taurina sobre el prototipo racial de esa casta y, como no, sobre su origen y fundadores.

No obstante, ese texto lo dejo postergado para otra fecha (y tendré que rectificarlo), porque tengo la fortuna de poder publicar previamente un artículo de dos aficionados a la genealogía que, fruto de la investigación que han llevado a cabo, contiene un estudio con nuevos datos sobre la fundación de la casta Jijona que, aunque sólo sea parcialmente, modifican lo que hasta ahora tenía fijado al respecto la bibliografía taurina.

Los hermanos Candelas y Cecilio Naranjo tienen dos grandes aficiones: los toros y la genealogía. Hace meses, ante las noticias confusas e inconexas que ofrece la bibliografía taurina sobre la fundación de la casta Jijona, iniciaron una investigación que, con los datos logrados, les ha permitido elaborar un artículo en el que ubican correctamente la línea familiar directa de los titulares de la prestigiosa ganadería que siempre se ha identificado con la casta Jijona y, como novedad, aportan nuevos datos sobre otra línea familiar que también fue protagonista del origen de dicha casta.

Un artículo con en el que, además, sus autores abren nuevas vías de investigación para una posible resolución de las incógnitas que aún rodean la fundación de la casta Jijona.

Por deseo de los hermanos Naranjo, el artículo ha sido cedido a esta bitácora para que sea publicado aquí desinteresadamente. Su única intención con este estudio es tratar de aportar más información al mundo del Toro, ya que no se dedican a la investigación de forma profesional. Por ello, y con mayor razón, quiero recordar la obligación legal de citar a sus autores si fuese reproducido total o parcialmente en cualquier otro espacio o publicación.


Linajes de los primeros criadores de “Toros Jijones”


... ... ... ... ... ... ... ... ... Candelas Naranjo González
... ... ... ... ... ... ... ... ... Cecilio Naranjo González


INDICE

Introducción

1. Aproximación a la fecha de inicio de una actividad productiva de ganado vacuno en Villarrubia de los Ojos

2. Consolidación de la ganadería de los Jijones

3. Genealogía de las dos ramas de la familia Jijón

... 3.A. Los orígenes familiares
... ..... 1. Los Sánchez Crespo o Sánchez Jijón
... ..... 2. Los Jijón González

... 3.B. La época clásica de los Toros Jijones
... ..... 1. Los Jijón de Salcedo o Sánchez-Jijón
... ..... 2. Los Jijón González
... ..... ... 2.a. Rama de Villarrubia
... ..... ... 2.b. Rama de Valdepeñas

4. El ocaso de los Toros Jijones
... Don Bernabé del Águila Bolaños
... Doña Manuela de la Dehesa y Ángulo
... Los Díaz Hidalgo
... Doña María de la Paz de Silva

5. Conclusiones

...


Introducción

Quien se interese por la historia de la casta Jijona y consulte las fuentes bibliográficas se encontrará con datos contradictorios hasta en lo más básico: la fundación de la vacada originaria, que unas fuentes atribuyen a Juan Sánchez-Jijón y otras a distintos descendientes suyos. También hallará datos inconexos, como las menciones a una serie de ganaderos de apellido Jijón (Pedro, Blas o Elena), que los tratadistas se limitan a citar sin determinar, en la mayoría de los casos, su grado de parentesco con el citado Juan Sánchez-Jijón ni su presunta implicación en la fundación de la casta Jijona. Por último, comprobará que la mayoría de los autores citan los datos sin indicar las fuentes que han utilizado, con lo que impiden su cotejo y dificultan la labor a nuevos investigadores interesados en el tema.

Ese combinado de noticias confusas, datos inconexos y rastros eliminados es el que nosotros, como aficionados a los toros, nos encontrábamos al leer libros de tauromaquia donde se incluye algún capítulo dedicado a la casta fundacional Jijona. Por ello, nos planteamos la posibilidad de tratar de buscar nuevas referencias que nos aportaran algo más de luz al tema y, como aficionados a la genealogía, dejamos aparcados los estudios privados que habitualmente nos ocupan y nos enfrascamos en la investigación de los primeros criadores de Toros Jijones.

Comenzamos reuniendo la información que ofrecen autores como Luis Uriarte, Filiberto Mira, Luis Villalobos, Antonio López Martínez, Rafael Cabrera Bonet, Francisco López izquierdo o, como no, José María de Cossio. Así mismo, buscamos información general en obras de diversas temáticas relacionadas con campos históricos, económicos y sociales de Villarrubia de los Ojos y la región de La Mancha escritas por autores como Carmelo Viñas y Ramón Paz, Luis Díaz de la Guardia, Jerónimo López-Salazar o Trevor J. Dadson, quien nos ha aportado información muy valiosa aún cuando su libro, Los moriscos de Villarrubia de los Ojos, no tiene relación alguna con la temática taurina.

Finalmente, buscamos nuevos datos en diferentes archivos: Archivo Histórico Nacional, Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, Archivo General del Palacio Real de Madrid, Archivo de la Real Chancillería de Granada, Archivo General de Simancas y Archivo Diocesano de Ciudad Real.

Debemos lamentar la escasez de protocolos notariales de Villarrubia de los Ojos anteriores a mediados del siglo XVIII, pues en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real sólo se conservan los de 1678 y 1679; y que las partidas de bautismo, matrimonio y defunción de Villarrubia comiencen a partir de 1586, 1587 y 1645, respectivamente. Esas dos circunstancias dificultaron nuestra investigación, pero cruzando e interpretando las referencias que hemos localizado, estamos en disposición de decir que la historia de la fundación de la casta Jijona debería rectificarse, aunque sólo sea de forma parcial. Conclusión que trataremos de explicar a lo largo de este artículo.

Disponemos de otros datos sobre los orígenes de la familia Jijón y el desarrollo de sus diversas ramas que nos pueden servir de base para un estudio genealógico que se publicaría en foros especializados, pero esos datos no parecen, en principio, relevantes en la fundación de la casta Jijona. Por ello, no nos remontaremos en el tiempo para entrar a debatir con Villalobos sobre el posible origen de la familia y el artículo arrancará en 1575, fecha de las Relaciones histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España hechas por iniciativa de Felipe II, que nos servirán de punto de partida para tratar de fijar el inicio de la actividad ganadera en Villarrubia de los Ojos.


1. Aproximación a la fecha de inicio de una actividad productiva de ganado vacuno en Villarrubia de los Ojos.

Mapa de situación de Villarrubia de los Ojos


Nadie ha aportado hasta ahora pruebas fehacientes que acrediten el origen de la casta Jijona, por lo que sólo cabe calificar como de teorías lo recogido al respecto por la bibliografía taurina.

La más repetida es que la casta jijona procede de la ganadería que en Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real) fundó Juan Sánchez-Jijón hacia 1618 aprovechando las posibilidades que le ofrecía su cargo de intendente del rey Felipe III en la vacada del Real Patrimonio.

Ese dato de la supuesta intendencia de Juan Sánchez-Jijón es tan significativo que lo rastreamos para evaluar la verosimilitud de esta teoría mayoritaria. Para ello, hicimos una consulta al Archivo General del Palacio Real de Madrid, que es donde se conserva toda la documentación del Real Sitio de Aranjuez, pidiendo que nos confirmara si habían ostentado los cargos de intendentes Juan Sánchez-Jijón o su padre, Gonzalo Sánchez. La respuesta recibida fue: “Consultada nuestra Sección de Expedientes Personales, no se ha localizado ninguna persona que coincida con los datos aportados”.

Quisimos constatar en persona ese desmentido oficial y pudimos comprobar que en el siglo XVII no existía el cargo de “intendente” en el Real Patrimonio y que el oficio de “mayoral” de la Real Vacada, que era el que más se acercaba a lo que estábamos buscando, fue ocupado sucesivamente entre finales del siglo XVI y mediados del XVII por: Juan de Aragón, Diego Peinado, Diego Peinado de la Higuera, Juan Martínez de la Higuera y Alonso Peinado.

Juan Sánchez-Jijón no aparece en el archivo.

Encontramos documentos relativos a un Juan Sánchez, que fue “Tenedor de Materiales del Real Sitio” entre 1624 y 1634. Ya no sería, por tanto, ni intendente ni mayoral de la vacada. Pero, en todo caso, creemos que no es el Juan Sánchez-Jijón que buscamos. En primer lugar, porque al tratarse de un nombre tan común aumentan las probabilidades de que sea otra persona; y, sobre todo, porque Juan y José Jijón de Salcedo, nietos del célebre Juan Sánchez-Jijón, solicitaron en 1730 copia de una carta de hidalguía otorgada a un supuesto antepasado suyo por la Real Chancillería de Valladolid en 1534 (ARCHGR: Sección de hidalguías. 4636-3 y 14419-24, 31 y 32), detallando en esa solicitud todos los títulos y cargos honoríficos ostentados por los miembros de su familia y no hacen mención alguna a que su abuelo hubiese servido en la Casa Real. Algo que, de ser cierto, sin duda hubieran incluido.

Por todo ello, salvo que aparezca una prueba fehaciente en contrario, creemos que Juan Sánchez-Jijón no fue intendente de la vacada del Real Patrimonio en tiempos de Felipe III ni ostentó ningún otro cargo en Palacio, con lo que la tesis mayoritaria de la fundación de la ganadería que dio origen a la casta Jijona pierde su verosimilitud. Y, por supuesto, negamos toda credibilidad a otros artículos en los que se dice que la ganadería fue fundada por Juan Sánchez-Jijón en 1598 dado que, en esa fecha, sólo contaba con cinco años de edad.

Estos desmentidos obligan a partir en la investigación del dato indubitado de que la supuesta vacada primigenia de la que surgió la casta Jijona estuvo asentada en Villarrubia de los Ojos para tratar de hallar el inicio de una actividad productiva de ganado vacuno en dicha localidad.

En las Relaciones Topográficas de Felipe II, fechadas en 1575, los vecinos de Villarrubia de los Ojos declararon que una gran parte del término estaba dedicada a pastos comunales con monte bajo y encinares, circunstancia que favorecía una actividad ganadera relativamente importante que se centraba, según consta en la respuesta al capítulo 42, en las especies de ovino, caprino y porcino. Los vecinos responden al capítulo 26 que “también hay algunos ganados vacunos”, pero eso no nos hace pensar en una ganadería ni específica ni trascendente, sino más bien en unas pocas cabezas de ganado: “vacas y bueyes de arada”, como se dice en la respuesta al capítulo 24.

Según detalla Jerónimo López-Salazar (López-Salazar: 1986, pág. 45), la producción ganadera de Villarrrubia de los Ojos a finales del siglo XVI era:

Lanar y cabrío.... 1.030.250 maravedís
Vacuno............ .... -----
Cerda.............. 1.500.000 maravedís
Otros................. 112.500 maravedís

Es decir, expresamente nos señala este autor la ausencia de actividad productiva de ganado vacuno en Villarrubia a finales del siglo XVI.

Ese hecho se vuelve a confirmar a principios del XVII. En Villarrubia se celebraba una feria de ganado anual el día de San Andrés, a la que acudían tanto ganaderos de la comarca como trashumantes, y en la feria de 1603 sólo se comercializó con puercos, caballos, mulas, yeguas y potros (AHPZ: Híjar. 4-288-1. Citado por Dadson: 2007, pág. 209).

No será hasta 1645 cuando hallemos la primera noticia de una actividad productiva trascendente de ganado vacuno en Villarrubia.

El duque de Híjar, señor de Villarrubia, estando inmerso en una disputa judicial contra un pariente de Juan Jijón de Salcedo, amplía el cerco familiar y ordena en 1645 que se instruya un proceso contra éste “sobre daños que sus ganados vacuno, ovejuno y yeguas hacían en las heredades de los demás vecinos” (AHPZ: Híjar, 4ª-288-1. Citado por Dadson: 2007. Pág 737).

Según declaran los testigos, Juan Jijón de Salcedo era propietario de: 300 cabezas de ganado vacuno, entre toros y vacas, 80 lechones, mucho ganado lanar y una gran yeguada, que pastaban libremente en Villarrubia invadiendo los sembrados (AHPZ: Híjar. 4-288-1).

Queremos dejar indicado que el nombre que aparece en el documento es “Juan Jijón de Salcedo”. Aunque en la bibliografía taurina siempre se habla del apellido “Sánchez Jijón”, y nosotros hasta aquí así lo veníamos utilizando, el apellido usado normalmente por la familia en esta época era “Jijón de Salcedo”. Por ello, a partir de ahora, al referirnos a este personaje utilizaremos la fórmula “Juan Sánchez-Jijón de Salcedo” para evitar confusiones y, de alguna forma, tratar de respetar el apellido familiar.

Es notorio, según este documento, que Juan Sánchez-Jijón de Salcedo en 1645 era criador de todo tipo de ganado: vacuno, ovejuno, yeguas y cerdos. Entendemos, eso sí, que por aquellos años debía estar incrementando notablemente el número de cabezas de ganado vacuno, y que pastaban libremente por los prados comunales de Villarrubia, de ahí que surja una primera denuncia por daños al resto de vecinos.

Aunque no aparece como denunciado, en este mismo documento se cita a otro propietario de vacuno: Francisco Jijón. Años más tarde, en 1650, su hijo don Pedro Jijón González es denunciado por haber vendido una partida de 25 ó 26 toros a un vecino de Tembleque (Toledo) sin haberlo declarado, tratando de evitar el impuesto de las alcabalas (AHPZ: Híjar. 4-288-1).

Más trascendente para la historia de la casta Jijona es el informe que la justicia de Villarrubia inicia en 1657 “sobre los daños que en dichas tierras hacen los ganados de los Jijones”, en el que los vecinos manifiestan que: “...tan gran multitud de ganado y reses vacunas, que pasaban de mil y quinientas, que era ganado indómito y sumamente nocivo, además de cuatro yeguadas y muchas muletadas y gran suma de ganado lanar, cabrío y de cerda que cubrían los campos de esa villa, sin que tuviesen dehesas fuera de los términos para ello, como los tenían los demás ganaderos de la comarca, ni querer encerrar en corrales de noche las vacas, toros y becerros. Que era el ganado más perjudicial que había...” (AHPZ: Híjar. 4-288-1. Citado por Dadson: 2007, pág. 743).

Ya no se trata de un mero enfrentamiento personal con el duque Híjar, sino de una auténtica denuncia de los vecinos que va dirigida contra cuatro personas:

-Doña Quiteria de Cervantes, viuda de Juan Sánchez-Jijón de Salcedo.
-Juan Jijón de Salcedo, el hijo que continuó al frente de la ganadería.
-Doña María de Salcedo Jijón, hermana del ganadero fallecido.
-Don Pedro Jijón González, el hijo de Francisco Jijón.

Analizando estos documentos podemos obtener algunos datos que nos parecen importantes a la hora de estudiar el origen de la casta Jijona.

El hecho de que se incluya a doña María de Salcedo Jijón junto a la viuda e hijo de Juan Sánchez-Jijón nos hace sospechar la posibilidad no documentada de que la explotación ganadera pudieran haberla heredado de su padre, Gonzalo Sánchez, en cuyo caso éste pasaría a ser el fundador primigenio de la vacada.

Por otro lado, la inclusión en la denuncia de don Pedro Jijón González es el primer indicio de que, en todo lo relacionado con el ganado, incluido el vacuno, la rama familiar de Juan Sánchez-Jijón de Salcedo actuaba conjuntamente con la de don Pedro Jijón González y que ambas conformaban todo un grupo familiar conocido como los Jijones.

Fuente: elaboración propia a partir de la documentación utilizada en este artículo.


Las partidas sacramentales de Villarrubia no alcanzan a documentar la más que posible relación de parentesco entre don Pedro Jijón González y Juan Sánchez-Jijón de Salcedo, pero todos los indicios apuntan a que podrían ser dos descendientes de un mismo tronco familiar, los Jijón González por vía masculina y los Sánchez-Jijón de Salcedo por vía femenina. De hecho, los dos aparecen citados entre los herederos de Juan González “el mayor” en 1637 (ARCHGR: 4636-3).

Ahora bien, más allá de la posible relación familiar entre Juan Sánchez-Jijón de Salcedo y don Pedro Jijón González, la importancia de que estas dos ramas familiares sean denunciadas conjuntamente en 1657 viene dada porque, como iremos viendo, las dos seguirán apareciendo unidas en los negocios de ganado. Lo que indica que, más que ante dos ganaderos individualizados, estamos ante una gran explotación ganadera familiar. Algo que quedaría definitivamente sellado con un doble matrimonio entre hijos e hijas de ambas líneas.

Además, ya podemos hablar de una actividad productiva de ganado vacuno importante, en la que se aprecia un claro incremento del número de reses. Hay que recordar en el proceso de 1645 se decía que Juan Sánchez-Jijón de Salcedo poseía 300 cabezas y ahora entre sus herederos y don Pedro Jijón González ha aumentado su número hasta las 1.500, por lo que, en conjunto, la explotación familiar de vacuno se habría duplicado en doce años.

Tras esta denuncia, las dos ramas de los Jijones actuaron unidas en la defensa de sus intereses, alcanzando un acuerdo con el Concejo consistente en arrendar las cuatro quintas partes de los pastos comunales para pastoreo del ganado de todo el grupo familiar. Cinco años más tarde, en 1662, don Pedro Jijón González y sus parientes volvieron a actuar unidos al solicitar la renovación del arrendamiento (AHPZ: Híjar. 1-120-82). Renovación que, por cierto, fue denegada por el Concejo. Y es en ese desencuentro en la negociación donde habría que encuadrar el pleito civil que la viuda de Juan Sánchez-Jijón de Salcedo planteó en 1662 contra dos vecinos de Villarrubia por haber matado a uno de sus toros (AHPZ: Híjar. 4-288-1).

Cerramos, pues, este capítulo con la siguiente conclusión: Francisco Jijón y, posiblemente, Gonzalo Sánchez Crespo eran propietarios de ganado vacuno en Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real) en la primera mitad del siglo XVII, aunque fue a finales de ese periodo cuando sus hijos, don Pedro Jijón González y Juan Sánchez-Jijón de Salcedo, impulsaron la creación de una gran explotación familiar, que era conocida como la ganadería de los Jijones.


2. Consolidación de la ganadería de los Jijones.

Casa de los Jijones. Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real)


Resulta imposible determinar la razón que llevó a los Jijones a incluir el vacuno entre las distintas especies de ganado con las que ya vendrían comerciando. Caben todas las posibilidades.

Hay constancia de que el Ayuntamiento de Madrid en 1628 ya comisionaba a veedores para ir a los montes de Toledo a buscar toros para ser corridos en los festejos de la villa (López Izquierdo: 1975), por lo que cabría pensar que los Jijones quisieran criar toros para la lidia. No obstante, la prudencia nos obliga a pensar que no debió ser esa su intención primordial sino la de ampliar su explotación ganadera con vacuno para dedicarlo al abasto de carne y sólo de forma ocasional, como era común en la época, destinar alguna res para la lidia si es que así se lo demandaban. Pero, hasta este momento, los documentos sólo permiten asegurar que los Jijones poseían ganado vacuno.

En la segunda mitad del siglo XVII, la política de casamientos llevada a cabo por las dos ramas familiares surtió efecto:

Juan Jijón de Salcedo y Juana Jijón (hijos de Juan Sánchez-Jijón de Salcedo), se habían casado respectivamente con Isabel Jijón y Pedro Jijón González (hijos de don Pedro Jijón González). Los cabezas de familia de esos dos matrimonios, Juan Jijón de Salcedo y Pedro Jijón González, siguieron llevando conjuntamente el negocio ganadero que ellos heredaron, de forma que la mayor parte del ganado de los Jijones continuó unido y bajo una misma línea de gestión.

Sólo algunas puntas del ganado heredado no habrían formado parte de ese gran acuerdo familiar. Así, por ejemplo, se tiene constancia de que doña Quiteria Jijón y Cervantes (hija de Juan Sánchez-Jijón de Salcedo), otorgó poder en 1678 para presentar una querella ante la Justicia Ordinaria de Villarrubia por la muerte de uno de sus toros (AHPCR: Leg. 670–1678, fol. 396). Y, por otro lado, Cristóbal Jijón González (hijo de don Pedro Jijón González) en 1679 otorgó poder para vender en Tembleque (Toledo) una corrida de hasta 18 toros de muerte de su vacada, (AHPCR: Leg. 670-1679, fol. 336).

Es en el marco de toda esta nueva generación de ganaderos donde podemos acreditar que vendían toros para la lidia y que lo hacían, además, en una cantidad significativa. Es muy probable que ya vinieran haciéndolo desde años atrás, pero la falta de documentos nos impide afirmarlo con rotundidad. Los únicos protocolos notariales del siglo XVII que se conservan de Villarrubia son de los años 1678 y 1679 y en ellos aparecen los siguientes contratos de ventas de ganado:

-Escritura de reconocimiento de deuda firmada el 21 de agosto de 1678 por un vecino de Solera, jurisdicción de Cuenca, a favor de doña María de Mora, de don Pedro Jijón González (viuda e hijo de don Pedro Jijón González) y de don Juan Jijón de Salcedo, por importe de 2.500 reales correspondientes a la venta de cuatro novillos de sus vacadas: dos de don Juan Jijón, uno de doña María y otro de don Pedro Jijón; es decir, dos de cada una de las ramas familiares (AHPCR: Leg. 670-1678, fol. 213).

-Escritura de reconocimiento de deuda firmada el 14 de noviembre de 1678 por don Juan Rodríguez Carretero a favor de don Juan Jijón de Salcedo, por importe de 1.875 reales correspondientes a la venta de tres novillos (AHPCR: Leg. 670–1678, fol. 341).

-Escritura de reconocimiento de deuda firmada el 16 de enero de 1679 por la “Justicia” de Lillo (Toledo) a favor de don Pedro Jijón y don Juan Jijón, por importe de 2.550 reales correspondientes a la venta de tres toros para correrlos y matarlos el día 20 de ese mes (AHPCR: Leg. 670-1679, fol. 10).

-Escritura de reconocimiento de deuda firmada el 1 de agosto de 1679 por la cofradía de San José de Lillo (Toledo) a favor de don Pedro Jijón y don Juan Jijón, por importe de 6.300 reales correspondientes a la venta de ocho toros para correr el 11 de septiembre (AHPCR: Leg. 670-1679, fol. 164).

-Escritura de reconocimiento de deuda firmada el 1 de octubre de 1679 por vecinos de Fuente El Fresno (Ciudad Real) a favor de don Pedro Jijón y don Juan Jijón, por importe de 1.600 reales correspondientes a la venta de dos toros de muerte y capeo para San Miguel (AHPCR: Leg. 670-1679, fol. 206).

Es evidente que los cuñados Juan Jijón y Pedro Jijón actuaron como socios en la práctica totalidad de los protocolos, lo que nos lleva a sostener que ambos ejercían de titulares de una única ganadería de carácter familiar, aunque cada uno de ellos fuera propietario de sus propias reses y las pudiera diferenciar por cualquier tipo de distintivo. Por otro lado, se aprecia que sus toros ya gozaban en 1679 de un prestigio que se extendía, al menos, por tres provincias: Ciudad Real, Toledo y Cuenca. A este respecto hay que tener en cuenta que los documentos reseñados sólo hacen referencia a ventas de reses con precio aplazado, pero hay que presumir que en aquellos años ya debían ser mucho más numerosas las ventas de toros que realizaban, pues en los casos en los que se pagaba al contado y la venta quedaba cerrada no se acostumbraba a protocolizar las ventas ante fedatario público.

Tenemos, además, noticias de otros ganaderos de vacuno que vendieron toros para la lidia:

-Escritura de reconocimiento de deuda firmada el 18 de enero de 1678 por la justicia de Lillo a favor de don Juan de Bustillo, por importe de 2.550 reales correspondientes a la venta de tres toros de su vacada para correr y matar el 20 de ese mes (AHPCR: Leg. 670-1678, fol. 9).

-Escritura de reconocimiento de deuda firmada el 9 de septiembre de 1678 por los alcaldes y regidores de Villarrubia de los Ojos a favor de don Pedro Jijón González, don Juan Jijón de Salcedo, Carlos de Bustillo, Juan Sánchez Terrinches y Diego López Valle, por importe de 700 reales a cada uno de ellos de la venta de cinco toros de muerte para correr y matar ese mismo día en la Plaza Mayor de Villarrubia con motivo de la festividad de la Natividad de Nuestra Señora. (AHPCR: Leg. 670-1678, fol. 226).


Todo apunta a que la ganadería de los Jijones se había consolidado. Y la mejor prueba la encontramos en este otro documento:

-Don Pedro Jijón González y don Juan Jijón de Salcedo firmaron un poder el 15 de agosto de 1679 a favor de “... Pedro del Moral, vecino de Caramanchel, para que representando nuestras propias personas venda en la villa de Madrid y otras partes donde le pareciere una corrida de treinta toros de los de nuestras vacadas ajustando el precio de cada uno de ellos y el plazo de la paga...” (AHPCR: Leg. 670-1679, fol. 356).

De los treinta toros que se citan en este protocolo del mes de agosto, veinte debieron ser los que se corrieron el día 25 de septiembre de 1679 en la Plaza Mayor de Madrid con motivo del voto anual de San Juan. Entre los pagos que se realizaron a los Jijones por dicha corrida cabe destacar los 16.000 reales que recibieron por los toros, a 800 por res (López Izquierdo: 1993, pág. 216).

Hay tratadistas que defienden que en el año 1618 ya había lidiado sus toros en Madrid Juan Sánchez-Jijón; y otros mantienen que un supuesto Blas Jijón lo hizo en 1654. Ambos datos, en principio, hay que rechazarlos. El primero porque es muy probable que en 1618 los Jijones no hubieran empezado a criar ganado vacuno. Y el segundo porque, como se explicará más detalladamente en otro capítulo, no aparece ningún Blas Jijón hasta 1667 y, por tanto, es imposible que nadie lidiara toros con ese nombre en 1654.

Nos parece mucho más fundada la opinión de Francisco López Izquierdo, pues ha revisado todas las cuentas del Archivo de la Villa de Madrid referentes a las corridas de toros de la época y sostiene que fue en ese festejo de 25 de septiembre de 1679 cuando por primera vez aparece lidiando en Madrid un ganadero de apellido Jijón, refiriéndose a don Juan y don Pedro Jijón (López Izquierdo: 1975, pag. 84).

Ese dato y esa fecha vienen a coincidir en el tiempo con la escritura de apoderamiento que los ganaderos otorgaron el 15 de agosto a favor de Pedro del Moral, un vecino de Carabanchel, ganadero o quizás tratante de ganado, que solía actuar por cuenta del Concejo de Madrid como veedor de toros para la Villa y Corte (López Izquierdo: 1993, pág 216). Pero en este documento no aparece como veedor, sino que es apoderado por los Jijones para ejercer de intermediario. Esto nos indicaría que Juan Jijón y Pedro Jijón no debían ser muy conocidos en la capital y que no tendrían otro tipo de contacto en la Villa, lo que reforzaría la idea de que la fecha de presentación en Madrid de estos toros no debió ser anterior a ese poder y sí la indicada por López Izquierdo: el 25 de septiembre de 1679.


La falta de protocolos nos impide saber las ventas que los Jijones hicieron en los años siguientes, pero se intuye que su intención era continuar con el negocio, pues el 1 de octubre de 1679, cinco días después de su presentación en Madrid, ambos otorgaron un poder a favor de Cristóbal Jijón González y de Diego Cabrero Jijón, vecinos de Almodóvar del Campo, para que ajustasen con Diego Muñoz de Molina el gozo del patio y tierra de Mochuelos y las lomas que se agregasen y concertasen para que pasten en ellos sus ganados (AHPCR: Leg. 670 - 1679, fol. 367).

Cinco años después, en 1684, morirían Juan Jijón de Salcedo y Pedro Jijón González. Casualmente, los dos en el mismo año. Como ganaderos habían logrado una de las grandes metas de todo criador de toros bravos: lidiar en Madrid. Y todo apunta a que la ganadería familiar estaba ya consolidada, pues disponer de más de cincuenta toros para la lidia implica un alto número de cabezas de ganado. Tras la muerte de ambos, sus herederos dividieron la ganadería en tres partes al menos:

-La correspondiente a los hijos de don Juan Jijón de Salcedo, Juan y José Jijón, que la siguieron gestionando juntos. De aquí procede la que, con el tiempo, llegaría a ser la más célebre ganadería de casta Jijona.

-La correspondiente a don Blas Jijón, hijo de don Pedro Jijón González, que lidiaría en Madrid en 1690.

-La de don Cristóbal Jijón, hermano del anterior, que se trasladaría a Valdepeñas, dando origen a otra línea clásica de este origen. Su nieta, doña Elena Jijón, debutaría en Madrid en 1776.


Llegados a este punto, nos surge la siguiente pregunta: si los documentos notariales nos indicaban que la ganadería de los Jijones estaba ya consolidada en 1679 con los cuñados Juan Jijón de Salcedo y Pedro Jijón González, ¿se puede dar también por fundada la casta Jijona?

Óleo sobre papel – Autor: Pablo Moreno Alcolado


La bibliografía taurina suele considerar fundadores de la casta Jijona a Juan Sánchez-Jijón de Salcedo, por el mero hecho de ser el supuesto creador de la vacada, o a sus nietos Juan y José Jijón, diciendo que fueron éstos los que realmente seleccionaron la ganadería, la dedicaron a la cría específica de toros de lidia y fijaron su prototipo racial, creando el toro de casta Jijona.

Respecto a la atribución más genérica de la fundación de la casta Jijona a Juan Sánchez-Jijón de Salcedo por ser el creador de la vacada, ya hemos visto en el capítulo anterior que dicho honor le corresponde tanto a él como a su consuegro don Pedro Jijón González. Por lo que, si se utiliza ese criterio genérico, la atribución debe otorgarse a esos dos ganaderos y no a uno sólo.

Ahora bien, quienes utilizan el criterio más específico de atribuir la fundación de la casta Jijona a Juan y José Jijón, afirmando que fueron ellos quienes años después crearon el prototipo racial, están incurriendo en un grave error, por cuanto esa afirmación implica una importantísima contradicción con la historia de la división del tronco Jijón original en sus diversas líneas ganaderas.

Así, por ejemplo, decir que el prototipo racial de la casta Jijona fue creado por Juan y José Jijón implica tanto como negarle el componente de dicha casta a las ganaderías que crearon Manuel Aleas y Gil Flores.

Que Manuel Aleas y Gil Flores adquirieron reses de casta Jijona para formar sus ganaderías es algo que viene manteniendo la bibliografía taurina y que ha sido ratificado por el profesor Javier Cañón con sus estudios sobre genética. Y también se mantiene que dichas reses procedían de las de doña Elena Jijón, vecina de Valdepeñas. Entonces, si hubieran sido Juan y José Jijón los que hubieran fijado el prototipo racial, lógicamente, de sus reses deberían proceder las de doña Elena.

Pues bien, doña Elena no era descendiente ni de Juan ni de José Jijón. Como hemos indicado anteriormente, provenía de la otra línea familiar: era biznieta de Pedro Jijón González. Así, si se mantiene que las reses de doña Elena eran de casta Jijona, forzosamente hay que convenir que el prototipo racial de la casta Jijona estaba ya fijado antes de que se dividiera la ganadería a la muerte de los cuñados Pedro Jijón González y Juan Jijón de Salcedo.

Cuadro de los criadores de Toros Jijones donde se puede comprobar la división del tronco original antes de la titularidad de los hermanos Juan y José Jijón


Respecto al posible origen de las reses con las que se conformó la vacada primigenia, unos tratadistas mantienen que procedían de la Real Vacada de Aranjuez, otros defienden que eran del Valle de Alcudia y también hay autores que aseguran que fueron escogidas entre las que se criaban por la comarca de los Montes de Toledo. Sobre este punto, cualquier postura que se adopte es una mera conjetura, pues no hay documentos para sostener ninguna de las tres. El hecho de que desde Madrid se mandasen veedores a la comarca de Los Montes de Toledo en 1628 nos está indicando que en la zona ya existían vacadas. Por tanto, lo más lógico sería pensar que las reses fueron adquiridas a ganaderos de la zona.


A modo de resumen de este capítulo, cabe concluir que la ganadería que a mediados del siglo XVII crearon Juan Sánchez-Jijón de Salcedo y don Pedro Jijón González fue heredada sin apenas división por sus hijos Juan Jijón de Salcedo y Pedro Jijón González, quienes debutaron en Madrid el 25 de septiembre de 1679. Estos dos ganaderos desarrollaron su labor hasta 1684, dejando la ganadería consolidada y habiendo fijado ya en su ganado unas singularidades propias por vía de selección que configuraron su reconocimiento como reses de casta Jijona. A su muerte, la ganadería quedaría dividida en tres lotes: el de Juan y José Jijón, el de Blas Jijón y el de Cristóbal Jijón, que pasó a Valdepeñas.


3. Genealogía de las dos ramas de la familia Jijón

Escudo de los Jijón de Salcedo


... A. Los Orígenes familiares

Para evitar la constante referencia a las fuentes, entiéndase que, mientras no se indique lo contrario, todas las referencias a datos de Villarrubia de los Ojos posteriores a 1586 proceden de los libros sacramentales, depositados en el Archivo Diocesano de Ciudad Real, y los datos anteriores a esa fecha o que hacen referencia a otras localidades proceden de una Real Provisión de 1732, que se conserva en la Real Chancillería de Granada (ARCHGR: 4.636-3).

... ... 1. Los Sánchez Crespo o Sánchez Jijón

Según la documentación presentada a la Real Chancillería de Granada, los hermanos don Juan y don José Jijón serían descendientes de un lejano antepasado llamado Juan Sánchez Jijón, natural de la villa de Arganza (en el reino de León) y vecino de Villar del Olmo (en la tierra de Alcalá de Henares), que obtuvo de la Real Chancillería de Valladolid una carta de hidalguía en 1534. Posteriormente, este Juan Sánchez Jijón pasó a residir a Barajas de Melo (jurisdicción de Huete, en Cuenca), donde nacería Gonzalo Sánchez, que fue quien terminaría avecindándose en Villarrubia de los Ojos.

Debemos advertir que hasta el siglo XIX no se normalizó el uso de los apellidos, por lo que en estas épocas encontramos irregularidades en su transmisión de padres a hijos e incluso en su utilización a lo largo de la vida de cada individuo. En este caso, por ejemplo, los hermanos Jijón no aportaron a la Real Chancillería transcripciones literales de los documentos originales, sino que fueron enumerando las partidas sacramentales y testamentos de las primeras generaciones de la familia, utilizando reiteradamente el apellido Sánchez-Jijón. Sin embargo, este dato no coincide con las partidas sacramentales de Villarrubia de los Ojos, donde el apellido familiar es Sánchez o Sánchez Crespo. Hemos encontrado otras discrepancias en los documentos aportados, pero eso nos llevaría a una larga disertación que omitimos porque en nada afectaría al origen de la ganadería que nos ocupa.

Fuente: elaboración propia a partir de la documentación utilizada en este artículo.


I. Gonzalo Sánchez Crespo, o Sánchez Jijón (1540-1597). Fue bautizado en Barajas de Melo el 10 de abril de 1540. Contrajo matrimonio en Villarrubia de los Ojos el 15 de octubre de 1564 con Beatriz de Jijón, hija de Pedro Jijón. Murió en Barajas de Melo el 20 de octubre de 1597, pero declara ser vecino de Villarrrubia en su testamento, otorgado el 29 de septiembre de ese mismo año (ARCHGR: 4636-3). Entre sus hijos cita a:

II. Gonzalo Sánchez Crespo, o Sánchez Jijón (1566-1617). Fue bautizado en Villarrubia el 8 de julio de 1566. Contrajo matrimonio con Elvira de Salcedo. Murió en Villarrubia el 10 de diciembre de 1617. En el testamento que otorgó ese mismo día (ARCHGR: 4636-3) declara que los bienes de su hijo, Juan Sánchez-Jijón de Salcedo, estaban incluidos dentro del patrimonio familiar, lo que deberían tener en cuenta sus herederos a la hora de partir la herencia. Como hemos visto, ésta será una constante en la familia. El patrimonio, y con él la ganadería, sufrieron pocas particiones y se gestionó más como una empresa familiar que como bienes privados de sus titulares.

Probablemente, Gonzalo Sánchez ya era criador de vacuno, lo que explicaría que en 1657 se incluya a su hija entre los denunciados por el Concejo.

Hijo de Gonzalo Sánchez fue:

III. Juan Sánchez-Jijón de Salcedo (1593-1647). Fue bautizado en Villarrubia el 4 de abril de 1593. El 20 de mayo de 1622 contrae matrimonio en Camuñas con doña Quiteria de Cervantes (AHN: Calatrava. Exp. 2369). Murió en Villarrubia el 22 de mayo de 1647.

Tradicionalmente se le atribuye la fundación de la ganadería y los documentos que hemos aportado confirman su condición de criador de ganado vacuno. En esta actividad se le relaciona con Francisco Jijón en 1645, lo que es indicio de una asociación económica que se confirmará en la siguiente generación.

Don Juan Sánchez-Jijón de Salcedo, familiar del Santo Oficio, siguió para sus hijos la política matrimonial que ya habían iniciado sus antepasados. Casó a una de sus hijas con el que años después sería I Conde de las Cabezuelas, y con el resto de sus hijos consolidó las relaciones con dos viejas familias de Villarrubia: los Díaz Hidalgo y los Jijón. Con un doble matrimonio entre sus hijos y los de don Pedro Jijón González refuerzan con un vínculo familiar la unificación de la ganadería que ellos ya habían comenzado por intereses comerciales.


... ... 2. Los Jijón González

Creemos que, en su origen, esta rama tuvo mayor relevancia social que la de los Sánchez Crespo o Sánchez Jijón. Hay indicios que nos hacen pensar que estamos ante descendientes de un mismo tronco familiar, los Sánchez Jijón por vía femenina y los Jijón González por vía masculina, pero este extremo no lo hemos podido documentar.

Diversas familias de apellido Jijón llevaban tiempo asentadas en algunos pueblos de la provincia de Ciudad Real. Además de en Villarrubia, los encontramos en Almodóvar del Campo, Argamasilla y Corral de Calatrava, entre otros. En Villarrubia tenemos constancia de su presencia, al menos, desde principios del siglo XVI, pero al primero que podemos relacionar directamente con el linaje que nos ocupa es a Francisco Jijón “el menor”.

Fuente: elaboración propia a partir de la documentación utilizada en este artículo.


I. Francisco Jijón “el menor”. El 15 de abril de 1602 contrae matrimonio con Isabel González. Nos consta que su suegro, Juan González “el menor”, era criador de caballos y, como hemos visto, él tenía vacuno entre sus ganados. Fruto de este matrimonio fue:

II. Don Pedro Jijón González (1609-1667). Fue bautizado en Villarrubia el 29 de octubre de 1609. Contrajo matrimonio el 12 de abril de 1638 en Madridejos con María Ortega, también denominada María de Mora en algunos documentos (AHN: Calatrava. Exp. 2369).

Don Pedro debió ser un hombre relevante en la Villarrubia de la primera mitad del siglo XVII. En los documentos siempre le dan el tratamiento de “don”. Fue Alguacil Mayor del Santo Oficio de Toledo y alcalde de Villarrubia en varias ocasiones. Fue él, y no los de otras ramas, quien dio nombre a la calle en la que vivía: la calle de los Jijones (Dadson: 2007, pág. 1209). Al margen del doble matrimonio de sus hijos con los de Juan Sánchez-Jijón de Salcedo, vemos que su tercer hijo, don Cristóbal, termina avecindado en Almodóvar del Campo, un enclave ganadero de primer orden debido a la importancia de sus pastos.


Las dos ramas familiares de los Jijón se debían dedicar a la ganadería desde hacía varias generaciones, aunque su producción se centrase en el ganado porcino, lanar y caballar. Sin embargo, alguna circunstancia les llevó a introducir el vacuno entre sus ganados en las primeras décadas del siglo XVII. Posiblemente pensaron en las ventajas que su producción les podía reportar y que no les sería difícil vender sus reses para el abasto de las carnicerías de las ciudades, teniendo en cuenta sus cada vez más amplios vínculos familiares y sociales y su poder económico. Lo cierto es que su producción de vacuno era más que considerable a mediados del siglo XVII y que su espectacular incremento fue causa de enfrentamientos entre los Jijones y los agricultores de la zona.


... B. La época clásica de los Toros Jijones

Igual que en el capitulo anterior, advertimos que, mientras no se indique lo contrario, todas las referencias a partidas sacramentales de Villarrubia y Valdepeñas están sacadas de los libros de esas parroquias, depositados en el Archivo Diocesano de Ciudad Real. El resto de los datos constan en el expediente 2369 de la Orden de Calatrava, depositado en el Archivo Histórico Nacional.


... ... 1. Los Jijón de Salcedo o Sánchez-Jijón

A partir de este punto, la sucesión en la titularidad de la ganadería de los Jijón de Salcedo es relativamente bien conocida. Con todo, creemos adecuado seguir la línea hasta su extinción.

Fuente: elaboración propia a partir de la documentación utilizada en este artículo.


IV. Don Juan Jijón de Salcedo (1630-1684), hijo de Juan Sánchez-Jijón de Salcedo y de doña Quiteria de Cervantes, con los que interrumpimos la rama en el capítulo anterior. Fue bautizado en Villarrubia el 17 de julio de 1630. Contrajo matrimonio el 22 de enero de 1657 con doña Isabel de Jijón González, hija de don Pedro de Jijón González y de doña María de Ortega. Muere en Villarrubia el 8 de noviembre de 1684.

Su actividad como ganadero de bravo, siempre en compañía de su cuñado don Pedro Jijón González, queda ampliamente documentada en los protocolos de Villarrubia que hemos reseñado y en el hecho de que lidiara 20 toros en Madrid el 25 de septiembre de 1679. Dejar constancia únicamente de que a ellos dos adjudicamos la consolidación de la ganadería y la fijación del prototipo racial de la casta Jijona.

De su matrimonio quedaron varios hijos, pero solamente los varones continuaron con la actividad ganadera:

V.a. Don Juan Jijón de Salcedo (1661-1743). Fue bautizado en Villarrubia el 1 de mayo de 1661. Murió sin sucesión el 15 de abril de 1743.

V.b. Don José Jijón de Salcedo (1679-1735). Bautizado en Villarrubia el 1 de abril de 1679. Contrajo matrimonio en Consuegra en 1724 con doña Josefa María de Torres Figueroa y Valdés, y las velaciones se celebraron en Villarrubia el 4 de octubre de 1724. Murió 1 de junio de 1735.


Don Juan, al ser el mayor de los dos hermanos, fue el que en un primer momento tomó las riendas de la parte de la ganadería que heredaron de sus padres.

El tardío matrimonio de don José, la soltería de don Juan y la diferencia de edad entre los dos hermanos, debieron condicionar el hecho de que nunca llegaran a partir sus bienes, incluida la ganadería. Don José declara en el poder para testar otorgado a favor de su hermano el 28 de mayo de 1735 que, salvo la dote de su esposa, el resto de los bienes de su hacienda “son partibles” con su hermano.

Meses antes de morir don José lo habían hecho su esposa y varios de sus hijos, posiblemente victimas de varias epidemias que se desataron en Villarrubia por esa época. En los protocolos encontramos varios poderes para testar que se van modificando según se suceden los acontecimientos familiares, sin duda consecuencia del temor a la epidemia. En el último, el de 28 de mayo al que antes hacíamos referencia, don José ordenó fundar un vínculo con el tercio de sus bienes a favor de su hijo don José Antonio, imponiendo la obligación de utilizar el apellido Sánchez Jijón y el escudo de armas a sus titulares (AHPCR: Leg. 671, fol. 138).

De su matrimonio habían quedado dos hijos menores, don José Antonio y don Miguel, por lo que nombró como administradores de sus bienes a don Juan Jijón de Salcedo, su hermano; a don Hermenegildo Alfonso Díaz Hidalgo, emparentado con los menores tanto por línea paterna como materna; y a don Dionisio de Torres y Figueroa, un tío de su esposa domiciliado en Tembleque.

Así, don Juan siguió dirigiendo la ganadería, como titular que era de la mitad y administrador de la parte de sus sobrinos. Posiblemente fuese en esa condición como aparece lidiando a su nombre el 22 de agosto de 1737 en Madrid (Uriarte: 1970, pág. 155, citando una documentación de la Archicofradía de la Sacramental de San Isidro, de la que no da referencia).

Don Juan murió sin sucesión en 1743 y, según consta en su partida de defunción, incrementó el vínculo creado por su hermano a favor de don José Antonio, creó otro a favor de don Miguel y confirmó como tutores de los menores a don Hermenegildo Alfonso Díaz Hidalgo y don Dionisio de Torres y Figueroa.

Villalobos publicó algunos datos de los inventarios procedentes de las testamentarías fechados en 1736 y 1743 que, junto a los del Catastro de Ensenada de 1753, nos permiten acercarnos a lo que pudo ser la realidad de la ganadería.

Fuente: Villalobos: 1967, págs. 39 y 54; Respuestas Generales del Catastro de Ensenada (AGS: CE- RG L469) y López Martínez: 2002, pág. 247.


Por el Catastro de Ensenada conocemos, además, la composición del patrimonio familiar y comprobamos que su ganadería era tan variada como había sido la de sus antepasados y que seguían manteniendo un importante número de mulos, caballos, yeguas, ganado lanar fino, cabras, cerdos y bueyes de labor (López Martínez: 2002, pág. 247).

Del matrimonio de don José y doña Josefa quedaron dos hijos:

VI.a. Don José Antonio Pantaleón Jijón (1725-1802). Bautizado en Villarrubia el 27 de julio de 1725. Contrajo matrimonio con doña Leonor del Águila Bolaños en Villarrubia el 4 de noviembre de 1798. Murió sin sucesión el 9 de junio de 1802. Caballero de la Orden de Calatrava desde el 17 de junio de 1737 (AHN: Calatrava. Exp. 2369).

VI.b. Don Miguel Sebastián Jijón (1731-1791). Bautizado en Villarrubia el 27 de julio de 1725. Murió soltero y sin sucesión el 14 de diciembre de 1791.

Con ellos, los toros jijones llegan a su cenit. Y, al mismo tiempo, sus circunstancias familiares llevarían a la práctica desaparición de una ganadería que la familia Jijón había manteniendo durante más de 150 años.


Tras la muerte de su tío, en 1743, la administración de los bienes recayó en los albaceas testamentarios, don Hermenegildo Alfonso Díaz Hidalgo y don Dionisio de Torres y Figueroa, aunque fue don Hermenegildo el que se encargó directamente de la ganadería. La empresa familiar debía ser boyante y, para satisfacer las necesidades del ganado, tenían arrendados pastos en Calatrava la Vieja (AGS: CE-RG-L469) y en el Valle de Alcudia (López Martínez: 2002, pág. 247). Los tutores adquirieron, además, los derechos sobre los pastos de la Encomienda de Carrión en 1749 (Villalobos: 1967, pág. 56). No todos debían estar destinados al ganado bravo. En Calatrava la Vieja, por ejemplo, tenían 100 yeguas y 38 bueyes en 1753.

Don José Jijón, que debía ser de carácter difícil, tuvo fuertes diferencias con don Hermenegildo, y éste decidió cesar en la administración de sus bienes. Algo parecido debió ocurrir con don Dionisio que, a principios de 1750, solicita de las autoridades el cese en sus funciones como administrador. Alegó que don José estaba a punto de cumplir los 25 años, con lo que alcanzaría la mayoría de edad; que don Hermenegildo se negaba a seguir ocupándose de la hacienda de los menores, como venía haciéndolo hasta entonces; y que él no podía asumir esas funciones por residir fuera de Villarrubia. Las autoridades declararon la mayoría de edad de don José y le nombraron tutor de su hermano Miguel, debido a que no encontraron a nadie que quisiera hacerse cargo de su tutela. A partir de ese año, don José pasa a ser el administrador único de la ganadería (Villalobos: 1967, pág. 60).

Aunque hasta este momento los datos conocidos sobre la lidia de toros jijones son escasos, la ganadería debía gozar de gran crédito. De hecho, para la corrida que se iba a celebrar el 15 de julio de 1760, con motivo de la entrada de Carlos III en Madrid, se mandó un mensajero solicitando a don José que enviase 20 toros (López Izquierdo: 1993, pág. 300). Según Villalobos, fue entonces cuando se trasladó a Madrid y, como muestra de la afición a los pleitos que mantuvo a lo largo de toda su vida, tras la corrida inició uno contra el Ayuntamiento de Madrid, reclamando que se le pagasen los toros al mismo precio que se habían pagado los toros de Aranjuez, con los que compartía cartel (López Izquierdo: 1993, pág. 302).

También habían comenzado las desavenencias con su hermano, y don José permaneció en Madrid llevando una vida de dispendios mientras que don Miguel, que ya era mayor de edad, seguía en Villarrubia haciéndose cargo de la hacienda familiar. La ruptura definitiva vino por una corrida que don José contrató en Madrid en 1762 sin consultar con su hermano. Éste, que consideraba que había sido un mal año de pastos y que el ganado no estaba en condiciones de lidiarse en Madrid, hizo volver al mayoral, a los vaqueros y al ganado cuando ya estaban en Puerto Lápice. Don José inició un pleito contra su hermano que mantuvo hasta su muerte. De las actuaciones de ese pleito se desprenden las quejas de don Miguel con respecto a su hermano, al que declara haber enviado a Madrid más de 1.O00.000 de reales. Fue así como, por decisión judicial, don Miguel pasó a ser administrador único de la hacienda familiar en 1766 (Villalobos: 1967, págs. 65 y ss.).

Aunque la bibliografía taurina ha vinculado el nombre de don José Jijón al momento de mayor auge de la ganadería, creemos que sería de ley reivindicar el nombre de don Miguel Jijón y su labor al frente de la misma hasta su fallecimiento en 1791.

Sería prolijo hacer una relación de las corridas en las que se lidiaron toros jijones bajo su administración, pero baste decir que, al margen de su presentación en Sevilla el 7 de junio de 1783 (Uriarte: 1970. Pág. 158), solamente en Madrid se lidiaron:



La mejor muestra de su preocupación por la ganadería la encontramos en su testamento, publicado íntegramente por Villalobos. En él nombra heredero universal de sus bienes a su hermano. Pero, seguro de los problemas que iban a surgir, ordena que a los mayorales y otros empleados de la casa se les debía pagar su salario integro hasta su muerte, aunque dejaran de servir en ella. Fue un claro intento de frenar los caprichos de su hermano y una forma de obligarle a mantener al personal que venía ocupándose de la ganadería, dado el alto coste económico que supondría su despido. Como era de esperar, don José denunció el testamento y se iniciaron nuevos pleitos entre él y los albaceas (Villalobos: 1967, págs. 191 y ss.).


En circunstancias aún sin aclarar, don José es detenido por orden real el 29 de septiembre de 1792 y puesto preso en el Sacro Convento de Calatrava la Nueva. Posiblemente en el origen de esta decisión esté algún tipo de protesta familiar. Recordemos que, aunque don José era soltero, tenía una parte de sus bienes vinculados por los testamentos de su padre y su tío, y que esos bienes debían pasar íntegros a los descendientes de su tía doña Isabel Jijón de Salcedo. Por otro lado, él mantenía relaciones muy estrechas con parte de su familia materna y, por entonces, ya debía tener concertado su matrimonio con un miembro de esa familia, doña Leonor del Águila y Bolaños, 49 años más joven que él. Estando preso, el 9 de julio de 1794, redactó un testamento cerrado, que no se legalizó hasta el 16 de septiembre. En él nombra heredera universal de sus bienes a su futura esposa, doña Leonor del Águila. Dada la edad de don José, que entonces contaba con 69 años, extraña que la boda se demorara aún cuatro años y que no se celebrara hasta 1798.

Los últimos toros que se anunciaron en los carteles a su nombre fueron los lidiados en Aranjuez el 29 de mayo de 1802, con motivo de la celebración del día de San Fernando, y el 31 de mayo de ese mismo año, en la quinta corrida de la temporada de la Plaza de Madrid. Pocos días después, el 21 de junio de 1802, doña Leonor del Águila lidiaba a su nombre en Madrid, en la séptima corrida de la temporada. (Diario de Madrid: 1802, págs. 594, 600, 684).


... ... 2. Los Jijón González

En la bibliografía taurina se incluyen noticias de otros ganaderos de apellido Jijón a los que se ha relacionado vagamente con los miembros de la rama de los Sánchez Jijón. Nos referimos a Pedro, Blas y Elena Jijón. A la vista de los documentos que hemos podido consultar, podemos afirmar que estos ganaderos eran descendientes de don Pedro Jijón González y de doña María de Ortega. Esta rama no ha sido estudiada hasta ahora debido a que, por diversos motivos, la mayoría de sus miembros abandonaron Villarrubia y terminaron avecindándose en Daimiel, Valdepeñas y Almodóvar del Campo. No alcanzaron la relevancia de los Sánchez Jijón, pero se les atribuye un papel importante en la formación de otras ganaderías de casta Jijona.


... ... ... 2.a. Rama de Villarrubia

A esta rama pertenecieron:

Fuente: elaboración propia a partir de la documentación utilizada en este artículo.


III. Don Pedro Jijón González (1639-1684). Hijo de don Pedro Jijón González y de doña María de Ortega. Fue bautizado en Villarrubia el 19 de enero de 1639. Contrajo matrimonio el 1 de octubre de 1663 con doña Juana Jijón y Cervantes, hija de don Juan Sánchez-Jijón de Salcedo y de doña Quiteria de Cervantes. Murió el 28 de octubre de 1684.

Con el matrimonio de don Pedro y doña Juana quedó sellada la asociación económica que habían iniciado sus progenitores y que él continuó con su cuñado, don Juan Jijón de Salcedo. Ya hemos hecho referencia a los contratos donde constan ventas de reses para la lidia, al hecho de que lidiara en Madrid en 1679 y a su protagonismo en la consolidación de la ganadería y la fijación del prototipo racial de la casta Jijona. Siempre junto a su cuñado.

El año 1684 fue fatídico para los Jijón. El 28 de octubre de ese año moría don Pedro Jijón y once días después lo haría su cuñado. Don Pedro murió relativamente joven, siendo sus hijos menores de edad, lo que condicionó el devenir de esta rama de la ganadería.


IV. Don Blas Antonio Jijón (1667-1722). Fue bautizado en Villarrubia el 3 de octubre de 1667. Murió el 10 de marzo de 1722. Pocos días antes había contraído matrimonio secreto con Ana María Fernández, una empleada de su casa, con la que tenía un hijo natural que quedó legitimado por este matrimonio.

No sabemos cuando se hizo público el matrimonio, pero en su partida de defunción no se hace referencia a su condición de casado. Sus sobrinos y albaceas testamentarios iniciaron un pleito para declarar nulo el matrimonio, pero la sentencia no les fue favorable y dos años después, el 24 de octubre de 1724, el matrimonio se inscribía en los libros parroquiales (Villalobos: 1967, pág. 202. La sentencia está inserta en el Libro 5º de Matrimonios de Villarrubia, fol. 271v). Esta historia, que puede parecer anecdótica, tendrá importantes repercusiones en el devenir de esta rama de los Jijón y en su desaparición de Villarrubia para avecindarse definitivamente en otras poblaciones manchegas.

Don Blas lidió sus toros en Madrid el 17 de agosto de 1690. En la documentación de esa corrida consta que cobró: 4.840 reales por 10 toros y un cabestro que le mataron en el encierro (López Izquierdo: 1993, pág. 246).

En su obra Los Toros, José María de Cossío dice que en 1654 lidió sus toros en Madrid don Blas Jijón, de Villarrubia de los Ojos. Uriarte, a partir de este dato, especula sobre un posible hermano de don Juan Sánchez-Jijón de Salcedo, que pudiera haber sido tutor de sus hijos. Después de examinar detenidamente los registros parroquiales de Villarrubia llegamos a la conclusión de que se trataba de un dato erróneo. No existió ningún Blas Jijón anterior al que nos ocupa que pudiera lidiar en 1654.

La confirmación de que se trata de un error la encontramos en la obra de López Izquierdo. José María de Cossío dice:

Este mismo año [1654] encuentro el nombre de doña Jacinta María Calvo y Manrique, viuda de don Antonio Maroto, y sobre todo, el de don Blas Jijón, de Villarrubia de los Ojos del Guadiana, primera vez que este apellido celebérrimo en los fastos ganaderiles aparece”. (Cossío: Tomo I, Ed. 1992, pág. 244).

Según los documentos que transcribe López Izquierdo, el 26 de junio de 1679 lidiaba sus toros en Madrid doña Jacinta María Calvo y Manrique, viuda de don Antonio Maroto, y el 25 de septiembre de ese mismo año lo hacían don Juan y don Pedro Jijón, vecinos de Villarrubia de los Ojos (López Izquierdo: 1993, pág. 213 y 216). La presencia en los carteles de ese año de doña Jacinta María nos confirma que la fecha no es 1654 sino 1679, y que no lidió don Blas sino su padre y su tío.


V. Don Pedro Jijón de Salcedo (+ 1752). Hijo natural de don Blas Antonio Jijón y de Ana María Fernández. No hemos logrado identificar su partida de nacimiento, pero fue legitimado por el matrimonio de sus padres en 1722.

De su actividad ganadera hemos localizado este dato procedente de la plaza de Valencia:

La Iltre. Ciudad ha acordado la fiesta de toros en los días 6 y 7 de Octubre.
Vienen 32 toros, 12 de Don Pedro Xigón de Villarrubia, 12 de D. Pedro Stuart de Torada de Jarama, cuatro de la torada del Rei y cuatro de D. Pedro Díaz de Benavente
” (Hospital Provincial de Valencia: 1951, pág. 106).

Aunque en el documento no consta el año, la presencia en el cartel de don Pedro Stuart (1720-1791), hermano del duque de Veragua, puede ayudarnos a situar la fecha en la década de los cuarenta.

Don Pedro Jijón murió soltero, de “accidente repentino”, el 5 de mayo de 1752. Y Su madre el 28 de julio de 1759. Posiblemente las diferencias con los sobrinos de su marido justifiquen el hecho de que dejara como únicos herederos a don José y don Miguel Jijón, los célebres ganaderos. Con ello, se corta esta rama, que pasó a integrarse en la famosa ganadería de los hermanos Jijón.


... ... ... 2.b. Rama de Valdepeñas

Todos los autores que se han ocupado de la historia de los toros jijones hacen referencia a doña Elena Jijón, vecina de Valdepeñas, dando por supuesta su relación familiar con la rama de los Sánchez Jijón, pero sin aportar ninguna documentación.

Hemos podido establecer la ascendencia de la rama familiar de doña Elena y encontrar la conexión, no con los Sánchez Jijón, sino con los Jijón González de Villarrubia.

Fuente: elaboración propia a partir de la documentación utilizada en este artículo.


IV. Don Cristóbal Jijón González (1669-1700). Hijo de don Pedro Jijón González y de doña Juana Jijón y Cervantes. Fue bautizado en Villarrubia el 4 de agosto de 1669. Contrajo matrimonio en Valdepeñas con doña María Manuela Muñoz de la Fuente Calero y las velaciones se celebraron el 9 de mayo de 1698 en Villarrubia. Fallece en Villarrubia dos años después, el 24 de julio de 1700, dejando dos hijos menores.

Murió muy joven y apenas ha dejado rastro en la documentación. Hay que suponer que continuaría con la actividad ganadera de sus padres.


V. Don Juan Antonio Jijón Muñoz (aprox. 1699-1769). Hijo de don Cristóbal Jijón González y de María Manuela Muñoz de la Fuente. Contrajo matrimonio en Valdepeñas hacia 1720 con doña Ana María Teresa Ortiz de la Mota. Murió en Valdepeñas el 19 de septiembre de 1769.

No tenemos noticias de que lidiara, pero sí de que criaba vacuno. Según las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada (AGS: Ensenada. RG-L469), el ganado vacuno que había en Valdepeñas era propiedad de don Juan Jijón y se especifica que tenía:

-100 vacas de vientre
-80 novillas
-50 machos de todas las edades


VI. Doña Elena Jijón y Mota (+ 1790). Hija de don Juan Antonio Jijón Muñoz y de doña Ana María Teresa Ortiz de la Mota. No conocemos su fecha de nacimiento, pero el 9 de septiembre de 1746 figura como madrina en el acta de bautismo de uno de sus hermanos. Murió soltera y sin descendencia el 18 de diciembre de 1790.

La descripción de esta rama se justifica porque consideramos que ésta es la doña Elena Jijón, vecina de Valdepeñas, que presentó sus toros en Madrid el 1 de julio de 1776 con divisa azul. Hasta donde hemos podido comprobar, esta noticia, que se repite una y otra vez en la literatura taurina, procede del catálogo de la exposición “El arte en la tauromaquia” publicado en 1918 por José María Palacio y Abarzuza, en el que se confecciona un listado de las ganaderías que lidiaron en Madrid a partir de los carteles de la colección de la familia Ortiz Cañabate.

Uriarte, que tuvo que consultar las fuentes originales de Valdepeñas, al referirse a la familia Jijón dice:

“Sé de un Manuel Jijón Salceda valdepeñero que usaba los apellidos de su madre y paisana Juana y casó con una Muñoz, María Manuela, valdepeñera a su vez; pero el tal Manuel murió en 1600...” (Uriarte: 1970, pág. 187).

Sin duda, debió sufrir un error en sus notas, pues el marido de doña María Manuela era don Cristóbal Jijón González, y no murió en 1600 sino en 1700.

Siguiendo con la filiación de doña Elena, Uriarte dice:

“Hija del MANUEL JIJÓN que sonó como de Valdepeñas en los primeros años del último tercio del siglo XVIII debió de ser ELENA JIJÓN, de Valdepeñas igualmente, que el l de julio de 1776 se presentó como ganadera en Madrid, con divisa azul. Y ella sería la esposa de BENITO TORRUBIA, de Granátula, de quien ya se sabe con seguridad que era hijo político del tal Manuel Jijón -¿de cuál otro podría serlo, por las fechas?- y que de él procedía su vacada, cuya divisa azul celeste y rosa disfrutó de sólido crédito...” (Uriarte: 1970, pág. 188).

Como hemos indicado, doña Elena murió soltera y sin descendencia, por lo que no pudo ser la esposa de Benito Torrubia. Este dato es importante porque se afirma que de la ganadería de Benito Torrubia derivó gran parte del ganado al que se le ha atribuido origen Jijón (Gil Flores, Manuel Aleas, José Manzanilla, etc.).

Creemos que el señor Uriarte tuvo acceso a una amplia documentación que, como es habitual en la literatura taurina, no citó en su libro. En sus investigaciones debió encontrar alguna fuente que le permitió sostener que las reses de Torrubia procedían de la ganadería de doña Elena, pero lo que él afirma en medio de tanta duda no pudo ser por vía de matrimonio, ya que doña Elena murió soltera, sino por vía de compraventa.


4. El ocaso de los Toros Jijones

Como hemos visto, los linajes ganaderos de los Jijón se extinguieron en 1790 en Valdepeñas y en 1802 en Villarrubia. Quedaron descendientes de estas familias pero lo fueron por vía femenina y utilizaron otros apellidos, sin que tengamos noticia de que tuvieran ninguna relación con la lidia. Ya nos hemos referido a la posible adquisición de la ganadería de doña Elena Jijón por parte de Torrubia. Ahora nos ocuparemos de otros ganaderos relacionados con Villarrubia a los que tradicionalmente se atribuye un origen Jijón para sus ganados y que, de alguna forma, son el epílogo de esta importante ganadería.


... Don Bernabé del Águila Bolaños (1759-1830)

Al morir don José Jijón, comenzó a lidiar su viuda, doña Leonor, conservando la antigüedad de la ganadería. Apenas un año después contrae matrimonio con su tío, don Bernabé del Águila y Bolaños, que se presentó en Madrid el 9 de abril de 1804, haciendo constar en los carteles la procedencia Jijón y conservando la antigüedad (Diario Madrid: 06/04/1804).

La ganadería siguió funcionando con regularidad. En 1808 renuevan el contrato para el aprovechamiento de los pastos de la Encomienda de Carrión por cinco años a 73.000 reales anuales (Diario Oficial de Avisos de Madrid: 4/08/1865), y su nombre aparece en los carteles, incluso durante la dominación francesa (Asín Cormán: 2008. Pág. 163). Los problemas vendrían algo más tarde. Don Bernabé era militar e hizo incursiones en el mundo de la política, con una participación especialmente destacada en el Trienio Liberal (1820-1823). Al término del periodo fue acusado de traición e injurias al Rey, delito que se castigaba con la pérdida de la mitad de los bienes y del que fue indultado a finales de 1824 (Díaz-Pintado: 1998). Posible consecuencia de estos acontecimientos sea el hecho de que, a partir de 1823, sus toros comienzan a aparecer en los carteles a nombre de don Manuel Gaviria (Diario de Madrid: 01/06/1823) y doña Manuela de la Dehesa (Diario de Madrid: 05/09/1824).


... Doña Manuela de la Dehesa y Ángulo (+ 1851)

Estuvo casada con el comerciante madrileño Pedro Bringas. Este matrimonio aparece citado en el testamento de don Miguel Jijón, con el que parece que les unía una estrecha amistad pese a la diferencia de edad. El 13 de octubre de 1822, ya viuda, doña Manuela presenta sus toros en Madrid (Diario de Madrid: 12/10/1822). En los carteles de las corridas del 6 y 23 de septiembre de 1824 se anuncia como “doña Manuela Angulo, de Villarrubia de los Ojos del Guadiana, que antes pertenecieron a don Bernabé del Águila y Bolaños” (Diario de Madrid: 5 y 22/09/1824). Su actividad continúa hasta 1840, y el 30 de junio de 1845 sus toros se anuncian a nombre de don Manuel de la Torre y Rauri (Diario de Avisos de Madrid: 29/06/1845).


... Los Díaz Hidalgo

Las relaciones familiares entre los Sánchez Jijón y los Díaz Hidalgo fueron muy estrechas a lo largo de los siglos siglos XVI y XVII. En el XVIII, la familia Sánchez Jijón quedó seriamente restringida, pero siguieron manteniendo lazos familiares a través de sus esposas.

Fuente: elaboración propia a partir de la documentación utilizada en este artículo.


Los miembros de esta familia que tuvieron relación con cría de reses bravas fueron:

I. Don Hermenegildo Alfonso Díaz Hidalgo (+ 1758). Nieto de doña Quiteria Jijón, contrajo matrimonio con doña Luisa María de Torres y Figueroa, prima hermana de la esposa de don José Jijón. Estuvo al frente de la ganadería de los Sánchez Jijón desde 1743 hasta 1750 como administrador de los bienes de José y Miguel. Tres años después de su ruptura con los hermanos Jijón se realiza el Catastro de Ensenada y entre los bienes de don Hermenegildo aparecen ganados de distintas clases pero ni una sola cabeza de vacuno. Hijos de este matrimonio fueron:

II.a. Don Juan Díaz Hidalgo (+ 1819). Nació en Tembleque hacia 1735. Contrajo matrimonio con doña Isabel del Águila Bolaños, hermana de doña Leonor. Presentó sus toros en Madrid el 21 de abril de 1800 (Cossío: Tomo I, Ed. 1992, pág. 315).

II.b. Don Hermenegildo Díaz Hidalgo (1746-1834). Hermano del anterior, fue bautizado el 12 de marzo de 1746 en Villarrubia. Se presentó en Madrid el 3 de junio de 1782 (Cossío: Tomo I, Ed. 1992, pág. 315), aunque ya desde 1780 se estaba ofreciendo a los Reales Hospitales, gestores de la plaza (Villalobos Racionero: 2000. Pág. 24).

El 5 de febrero de 1805 se publica la Real Pragmática prohibiendo las corridas de toros y, apenas un mes después, los hermanos Díaz Hidalgo ponen en venta sus ganaderías (Diario de Madrid. 05/03/1805 y 09/03/1805). Por estos anuncios conocemos la composición de las vacadas:



No sabemos si las ventas llegaron a realizarse, pero en 1815 los dos hermanos vuelven a aparecer en los carteles.

Don Juan muere en 1819 y en 1822 sus herederos venden la ganadería a la sociedad “Arratia y Sobrinos” (Vázquez y Rodríguez: 1886, pag. 36). A partir de 1830 don Hermenegildo vuelve a lidiar con regularidad. Posiblemente en esos momentos la ganadería ya estaba en manos de su hijo don Fulgencio.

III. Don Fulgencio Díaz Hidalgo (n. 1789). Hijo de don Hermenegildo y de doña Francisca de Losada y Plata. Fue bautizado en Villarrubia el 18 de enero de 1789. Sucede a su padre en la ganadería y se presenta en Madrid el 4 de septiembre de 1843 (Vázquez y Rodríguez: 1886, pag. 49). Las últimas noticias que tenemos de su actividad ganadera son de la década de los cincuenta.


... Doña Maria de la Paz de Silva.

Era nieta de don José Rafael de Silva Fernández de Híjar Portugal y Palafox, XII duque de Híjar y señor de Villarrubia de los Ojos. Su padre, don Cayetano de Silva y Fernández de Córdoba, utilizaba por esos años el título de Conde de Salvatierra y, con el tiempo, llegaría a ser el XIII duque de Híjar y señor de Villarrubia.

Presentó sus toros en Madrid el 29 de mayo de 1837 (Diario de Avisos de Madrid: 29/05/1837). Alguna vez se ha asegurado que esta ganadería procede de don Juan Díaz Hidalgo.

Murió siendo aún niña y la ganadería pasó a su madre, la marquesa de Salvatierra (Diario de Avisos de Madrid: 27/04/1845). Posteriormente la adquirió el Marqués de la Conquista. En ese momento contaba con 374 cabezas de ganado, incluidos 88 toros de todas las edades, y el precio de venta se fijó en 9.000 duros (La España: 10/12/1850).


5. Conclusiones

Al comenzar este trabajo, nos propusimos documentar la genealogía de la familia Jijón. Éramos conscientes de que sería muy difícil encontrar documentos que pudieran resolver las incógnitas que existían sobre el origen de la ganadería, temores que se confirmaron al comprobar la práctica inexistencia de documentación notarial del siglo XVII. Con todo, creemos que el esfuerzo no ha sido inútil:

-Sabemos que la introducción del vacuno en Villarrubia de los Ojos en la primera mitad del siglo XVII no fue el resultado de una decisión personal, sino la consecuencia de la ampliación del negocio de varias familias que ya venían comerciado con otros tipos de ganado.

-Hemos descubierto la figura de don Pedro Jijón González como impulsor junto a su consuegro, el conocido Juan Sánchez-Jijón de Salcedo, de una explotación de ganado vacuno en Villarrubia de los Ojos.

-Respecto al prototipo racial de los toros jijones, hemos acreditado que debía estar fijado en la época en que los cuñados Pedro Jijón González y Juan Jijón de Salcedo codirigían la ganadería familiar que habían heredado de sus padres, dado que a su muerte se dividió en varias ramas y todas ellas fueron consideradas de casta Jijona.

-Ha quedado documentada la hasta ahora desconocida genealogía de los Jijón González y, por tanto, la relación que existe entre los distintos ganaderos de apellido Jijón que la bibliografía taurina citaba sin saber ubicarlos.

-Y, sobre todo, esperamos que este trabajo sirva para abrir nuevas vías de investigación. Quedan lagunas en la historia de los Toros Jijones que habrá que resolver investigando en la documentación notarial del siglo XVIII.

...


ILUSTRACIONES: Pablo Moreno Alcolado
FOTOGRAFÍAS: Fernando Beneytez Peñuelas

Agradecemos a los autores la autorización para publicar sus obras en este artículo. Agradecimiento que hacemos extensivo a Ana Rosa Maesa Govantes y a la familia Peñuelas, de Villarrubia de los Ojos, por su buena predisposición para colaborar en nuestro trabajo.


DOCUMENTACIÓN Y BIBLIOGRAFÍA

Abreviaturas

ADCR: Archivo Diocesano de Ciudad Real.
AGS: Archivo General de Simancas.
AHN: Archivo Histórico Nacional.
AHPCR: Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real.
AHPZ: Archivo Histórico Provincial de Zaragoza.
ARCHG: Archivo de la Real Chancillería de Granada.


Bibliografía

Asín Cormán, Enrique (2008): Los toros josefinos. Corridas de toros en la Guerra de la Independencia bajo el reinado de José I Bonaparte (1808-1814).

Cabrera Bonet, Rafael: Los Toros en la Plaza Mayor de Madrid. Índices. Madrid, 1995.

Cossío, José María de: Los Toros. Tratado técnico e histórico. Madrid, varios años.

Dadson, Trever J. (2007): Los moriscos de Villarrubia de los Ojos (siglos XV-XVIII). Hisotria de una minoría asimilada, expulsada y reintegrada.

Díaz-Pitado, Jesús (1998): Revolución Liberal y neoabsolutismo en La Mancha (1820-1833). Manuel Adame, El Locho.

Hospital Provincial de Valencia (1951): Plaza de Toros de Valencia. Reseña histórica guía del visitante : Museo Taurino : Brevísimos apuntes sobre la fiesta de toros en los siglos XVII, XVIII y XIX.

López Izquierdo, Francisco (1975): “Ganaderos que lidiaron sus toros en Madrid en el siglo XVII”. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. Tomo LXXVIII, 1. Madrid, enero-junio 1975. Págs. 69-92.

López Izquierdo, Francisco (1993): Los toros en la Plaza Mayor de Madrid. Documentos.

López Martínez, Antonio (2002): Ganaderías de lidia y ganaderos. Historia y economía de los toros de lidia en España.

López-Salazar Pérez, Jerónimo (1986): Estructuras Agrarias y Sociedad Rural en La Mancha. (SS. XVI y XVII).

Palacio y Abarzuza, José María (1918): El Arte en la tauromaquia: catálogo de la exposición.

Uriarte, Luis (1970): El toro de lidia español: ensayo de revisión histórica de las ganaderías en su origen. Madrid.

Vázquez y Rodríguez, Leopoldo (1886): Un siglo taurino (1786-1886).

Villalobos Racionero, Isidoro (2002): “Villarrubia de los Ojos y el toro bravo”. Diario Lanza de Ciudad Real. Domingo, 16 de junio de 2002.

Villalobos Racionero, Isidoro (2000): “D. Hermenegildo Díaz-Hidalgo Torres (1746-1834). Otro Ganadero de reses bravas de Villarrubia”. El Mirador. Revista de Información sobre Desarrollo rural y Recursos Naturales. Nº 1. Villarrubia de los Ojos, julio 2000. Págs. 21-25.

Villalobos, Luis (1967): Siglo XVIII toros jijones: esplendor y ocaso de esta ganadería brava española.

Viñas Mey, Carmelo y Paz, Ramón(1951): Relaciones histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España hechas por iniciativa de Felipe II: Ciudad Real.